Cuatro bulevares de los sueños porteños

MIRÁ LA GALERÍA DE IMÁGENES. Son los de Caseros, en San Telmo; Charcas, en Palermo; Avenida de los Incas, en Belgrano R., y San Isidro Labrador, en Saavedra.

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Es casi como entrar en un mundo aparte. Chau ajetreo y chau bocinazos. Se imponen los senderos peatonales y -a veces- el empedrado. Entonces, uno puede relajarse y mirar los árboles: cómo pintan el cielo con rectas ocre y con hojitas verdes. Quizá pueda sentarse en un banco a reparar en algún edificio, en alguna escultura. Y redescubrir joyas que descansan, tranquilas, como supuestos detalles. Redescubrirlas, disfrutarlas y hasta evocar a través de ellas parte de la historia de la Ciudad de Buenos Aires. Es que en buena parte de los bulevares porteños manda -al menos durante el día- el ritmo amable de barrio. Ése que permite despejarse.

París ida y vuelta. La escultura "La Navegación" fue realizada para el Pabellón Argentino en la Expo Universal de París de 1889. La joya está en Los Incas y Zapiola./ David Fernandez

París ida y vuelta. La escultura “La Navegación” fue realizada para el Pabellón Argentino en la Expo Universal de París de 1889. La joya está en Los Incas y Zapiola./ David Fernandez

Como en casa. Un espacio cálido para comer en el bulevar Caseros. / Diego Waldmann

Como en casa. Un espacio cálido para comer en el bulevar Caseros. / Diego Waldmann

Cerviño. Muy coqueto, es un clásico renovado de Palermo. / David Fernández

Cerviño. Muy coqueto, es un clásico renovado de Palermo. / David Fernández

Su historia es larga. “Los bulevares públicos descienden de los paseos que surgieron en las murallas de Europa medieval cuando dejaron de servir como defensas, a partir del siglo XVII“, explica a Clarín la historiadora urbana Sonia Berjman. “Pero la influencia directa llegó a Buenos Aires de los diseños franceses de mitad del siglo XIX”. Amplios, simétricos y decorados con esculturas, copones, querubines y otras piezas.

San Isidro. Uno de los tesoros de Saavedra, donde también está el bulevar de García del Río./ David Fernández

San Isidro. Uno de los tesoros de Saavedra, donde también está el bulevar de García del Río./ David Fernández

Berjman lo contó en sus libros: las plazoletas nacieron “como huecos” casi al mismo tiempo que la Ciudad. El primer ejemplo es el Alto de las Carretas, que ya existía en 1856, y que hoy es Plaza Dorrego, sede de la Feria de Antigüedades de San Telmo. En tanto, las calles anchas, con árboles “de alineación” y las plazoletas adentro -como podrían definirse, grosso modo, los bulevares-, tomaron el gran envión en el siglo XX. De hecho, la Avenida de Mayo, de 1894, fue pionera.

Zoom. Sobre "La Agricultura", escultura que integró el Pabellón Argentino en la Expo Universal de París de 1889. Está en el bulevar San Isidro, de Saavedra. / David Fernández

Zoom. Sobre “La Agricultura”, escultura que integró el Pabellón Argentino en la Expo Universal de París de 1889. Está en el bulevar San Isidro, de Saavedra. / David Fernández

Bulevar Olleros. Un remanso en el extenso Belgrano, cerca de la trajinada Luis María Campos. / David Fernández

Bulevar Olleros. Un remanso en el extenso Belgrano, cerca de la trajinada Luis María Campos. / David Fernández

Mucho cambió -lógico- desde entonces. Se perdió, se ganó y se conservó. Hay ejemplos de esto último para destacar. En la ex “Villa Freud” de Palermo -llamada así por ser polo de psicoanalistas entre los años ’60 y ’90- se cuenta y se cuenta que vecinos pusieron las primeras plantas del bulevar Charcas en los ‘80. Y en Belgrano ellos fueron quienes defendieron los adoquines -sin los pozos- del de Olleros.

En la medida en que la Ciudad se complejizó, los bulevares como refugios de la vorágine se convirtieron en espacios cada vez más cotizados. Pero, incluso en aquellos que seducen como polos gastronómicos y se conocen con nombre de avenida, la promesa de desenchufe y redescubrimiento no se esfumó.

"El conventilo de los ingleses". Así fue rebautizado el edificio Schindler (1910), hecho para jefes de los Ferrocarriles del Sur. "Ondula", siguiendo la pendiente de Caseros, entre Bolívar y Defensa. / Diego Waldman

“El conventilo de los ingleses”. Así fue rebautizado el edificio Schindler (1910), hecho para jefes de los Ferrocarriles del Sur. “Ondula”, siguiendo la pendiente de Caseros, entre Bolívar y Defensa. / Diego Waldman

Si uno va al mediodía al bulevar de Caseros, entre Bolívar y Defensa, aún desde la mesita de un bar puesta en la vereda, se planta el edificio Schindler (1910): 120 metros de fachada irregular con una cúpula en cada esquina. La mole distinguida, postal de la Belle Époque a la porteña, fue construida para jefes de los Ferrocarriles del Sur pero también permite recordar a los inmigrantes que llegaron después, dado que ellos la bautizaron “el conventillo de los ingleses”.

Al norte de la Ciudad, en Los Incas y Zapiola, esta mañana de lunes se recorta contra el cielo La Navegación, obra esculpida por el francés Louis Barrias para el Pabellón Argentino en la Exposición Universal de París de 1889. De vuelta en el país, a ese tesoro lo reconstruyeron en Plaza San Martín y hasta 1932 albergó al Museo Nacional de Bellas Artes. Luego lo desarmaron para ampliar la plaza. Pocas piezas sobrevivieron. Ésa es una. La Agricultura, en el bulevar San Isidro y Paroissien, Saavedra, otra.

No es fácil desacelerar en Capital. Pero sería infinitamente más difícil sin los bulevares, sin su verde y sin su arte. En este GPS van cuatro propuestas para empezar a comprobar que esos páramos son soñados, no solamente sueños.

Posible recorrido:

1) Caseros. Los restó y bares son un imán desde 2009. Pero guarda ecos aristocráticos y del apogeo fabril. El monumental distinguido edificio Schindler (1910), luego llamado “conventillo de los ingleses”, es “el” ejemplo de eso. Entre Defensa y Montes de Oca.

Plazoleta de Caseros. Es angosta pero en verano muchos se sentaban a tomar algo. Hubo quejas. / David Fernández

Plazoleta de Caseros. Es angosta pero en verano muchos se sentaban a tomar algo. Hubo quejas. / David Fernández

Pinturita. Sabores y colores, en una verdulería del bulevar Caseros. / Archivo Clarín

Pinturita. Sabores y colores, en una verdulería del bulevar Caseros. / Archivo Clarín

2) Charcas. Vecinos pusieron en los años ‘80 las primeras plantas del bulevar, que se extiende entre Coronel Díaz y Salguero, como un páramo de Palermo. La Basílica del Espíritu Santo, sede de la parroquia de Guadalupe (1907), sobre la Plaza Güemes, le da al paseo un broche imponente.

A disfrutar. Barcitos y restós, en el bulevar Charcas, de Palermo. /David Fernández

A disfrutar. Barcitos y restós, en el bulevar Charcas, de Palermo. /David Fernández

Imponente. La Basílica, frente a la Plaza Güemes, para despedirse del bulevar Charcas. / David Fernández

Imponente. La Basílica, frente a la Plaza Güemes, para despedirse del bulevar Charcas. / David Fernández

La Plazoleta Ararat, por el Monte Ararat, símbolo de Armenia, es otro hito del paseo.

Plazoleta Ararat. Un pedacito de Armenia en Palermo. / David Fernández

Plazoleta Ararat. Un pedacito de Armenia en Palermo. / David Fernández

4) Los Incas. Nace en Elcano, Crámer y el puente sobre las vías del Mitre y termina en Villa Ortúzar. En la esquina de Zapiola, está la escultura La Navegación, que fue parte del Pabellón Argentino en la Exposición Universal de París de 1889.

Arte. En Los Incas, uno de los bulevares más anchos y largos de la Ciudad./ David Fernández

Arte. En Los Incas, uno de los bulevares más anchos y largos de la Ciudad./ David Fernández

Fuente: Clarin