De leyenda: los “secretos” de cinco pasajes antiguos de Capital

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Páramo. El Pasaje La Piedad, en Mitre al 1500, con sus casonas de aires italianos y franceses, invita a soñar. / Emiliana Miguelez

Es un oasis en medio del ajetreo y un viaje sin escalas a la Buenos Aires chic de principios de siglo XX. Entre columnas de mármol y locales decorados con curvas elegantes y rectas graciosas, el Pasaje Roverano (1918) permite dejar atrás enseguida el trajín de Avenida Mayo al 500, en el Microcentro porteño. Frenar.

Y entonces, se puede evocar al autor de El Principito, Antoine de Saint-Exupéry, en la década de 1930, subiendo por las escaleras de ese lugar para buscar cartas en la Compañía Aérea Nacional y llevarlas con su monoplano hasta la Patagonia.

Pasaje Roverano. En Avenida de Mayo 560 e Yrigoyen 561, ofrece acceso directo (y casi solitario) al subte A./ Gustavo Castaing

Pasaje Roverano. En Avenida de Mayo 560 e Yrigoyen 561, ofrece acceso directo (y casi solitario) al subte A./ Gustavo Castaing

Algo parecido -es decir, desenchufe ideal para redescubir rincones de Capital-, ofrece el Pasaje 5 de Julio, de 1822 y reformas, en Belgrano entre Balcarce y Defensa, con el empedrado, los bancos y los farolitos. Aunque ese páramo guarda otra clase de memorias, perturbadoras. Se cuenta que por ahí, en parte de lo que había sido la huerta de los dominicos, enterraron restos de soldados ingleses muertos en la Segunda Invasión, de 1807. Algunas fuentes hablan de hasta 3.000 cuerpos.

Empedrado. Ideal para frenar, en el Pasaje 5 de Julio, a metros de la avenida Belgrano. / Emiliana Miguelez

Empedrado. Ideal para frenar, en el Pasaje 5 de Julio, a metros de la avenida Belgrano. / Emiliana Miguelez

Todo lo recuerdan a Clarín desde la Dirección de Patrimonio, Museos y Casco Histórico de la Ciudad, que ofrece este mes visitas guiadas gratuitas por pasajes de Montserrat, como ésos, y de San Telmo. “Como pasadizos arbolados en manzanas densamente edificadas o viviendas señorialesconvertidas en conventillos, departamentos o galerías comerciales, los pasajes configuran ámbitos singulares, que muchas veces son‘descubiertos’ de casualidad”, explican. Y “cada uno tiene sus singularidades y anécdotas”.

"Mínima". Le dicen a esta casa del Pasaje San Lorenzo 380. Mide 2,5 metros de ancho. /Gustavo Castaing

“Mínima”. Le dicen a esta casa del Pasaje San Lorenzo 380. Mide 2,5 metros de ancho. /Gustavo Castaing

Puede ser el mito del esclavo liberto que vivió en la “casa mínima” (2,5 metros de frente) en Pasaje San Lorenzo 380. O el recuerdo de la filmación de Un guapo del 900 (Leopoldo Torre Nilsson, 1960) entre las casonas mitad estilo neorrenacentista italiano y mitad neoclásico francés del Pasaje de la Piedad, en Bartolomé Mitre al 1500.

La Piedad. Con la Iglesia Nuestra Señora de La Piedad, de fondo. / Archivo Clarín

La Piedad. Con la Iglesia Nuestra Señora de La Piedad, de fondo. / Archivo Clarín

El 5 de Julio es veterano. La mayoría de los pasajes porteños nacieron en 1880, cuando había que hacer espacio para los inmigrantes y las manzanas de la clásica cuadrícula española se dividieron. Las casonas coloniales con varios patios fueron reemplazadas por casas chorizo que un par de décadas después serían, a su vez, reemplazadas por viviendas colectivas con espacios de uso común: nuevos patios y pasillos en L, U y sin salida. O sea, pasajes.

Barolo. Una de las maravillas de Capital, une Avenida de Mayo 1370 con Yrigoyen. / Guillermo Rodríguez Adami

Barolo. Una de las maravillas de Capital, une Avenida de Mayo 1370 con Yrigoyen. / Guillermo Rodríguez Adami

Eran los años en los que Buenos Aires se convertía en metrópolis. El Roverano puede mostrar algo de aquel cambio. Los hermanos Ángel y Pascual Roverano hicieron en 1878 un edificio para alquilar en Victoria –hoy Yrigoyen–. Una década después, cuando empezaron a trazar la Avenida de Mayo y a expropiar construcciones para demolerlas, cedieron 135 m2 y pidieron indemnizar a sus inquilinos. En 1912, el arquitecto Eugenio Gantner rediseñó el lugar: 7 pisos, subsuelo y fachada neoclásica francesa para el viejo fondo, la Avenida actual. Hay más. El Pasaje guarda otro “secreto” antiguo y útil: una entrada directa al subte A.

Las visitas guiadas gratuitas se harán el 15 de septiembre y el 29, a las 10. Más información e inscripción, acá. Ojo: si llueve, pasan al sábado siguiente.

Posible recorrido:

1) “Mínima”. Así se llama a la casa del Pasaje San Lorenzo 380: tiene 2,5 metros de frente y 13 de profundidad, puerta de dos hojas y un balconcito. En Casco Histórico indican: “Existen versiones sobre su origen. Una se vincula con el sobrenombre ‘Los libertos’. Se decía que esta fracción de un terreno fue otorgada por Urquiza a uno de sus esclavos, liberado luego de la aprobación de la Ley de la Libertad de Vientres en 1813.  Pero no existen testimonios que apoyen esa hipótesis. En los últimos años se abonó otra explicación, más razonable. En un catastro de 1860, se indica que el terreno de la ‘casa mínima’ era una propiedad que tenía 16 metros de frente por 17 de fondo. Así que se supone que pudo haber sido objeto de sucesivas divisiones hasta quedar como se ve hoy”.

Casa Mínima. La de la puertita verde, en el Pasaje San Lorenzo 380. / Archivo Clarín

Casa Mínima. La de la puertita verde, en el Pasaje San Lorenzo 380. / Archivo Clarín

Los "históricos" de San Telmo

El arquitecto José María Peña, ex director del Museo de la Ciudad, también investigó sobre el predio y descubrió que perteneció a un pariente homónimo de él: el Dr. José María Peña, agregan las fuentes. Y cierran: “Durante el siglo XIX, fue subdividiendo la propiedad. En la década de 1960, la casa fue comprada por un anticuario, el principal propagador del mito de la ‘casa del esclavo liberto'”.

Una cabeza atormentada, un académico de papel y otras memorias porteñas de colección

2) 5 de Julio. Fue bautizado así en conmemoración de la defensa criolla contra la invasión de los ingleses en 1807. Nació en 1822, cuando se sancionó la Ley de Reforma Eclesiástica que confiscó bienes a los dominicos y partió en dos su convento de al lado, sobre la actual Avenida Belgrano, donde está justamente el mausoleo de Belgrano.

Remanso. A metros de la Avenida Belgrano, entre Defensa y Balcarce. / Emiliana Miguelez

Remanso. A metros de la Avenida Belgrano, entre Defensa y Balcarce. / Emiliana Miguelez

Empedrado, con sus farolitos y sus bancos, el Pasaje es un oasis a metros de avenida Belgrano. Pero se cuenta que en parte de lo que había sido la huerta de los dominicos enterraron restos de soldados ingleses muertos. La cantidad varía según la fuente: hay quienes sostienen que llegaron a 3.000. En Belgrano, entre Defensa y Balcarce.

3) Roverano. Aparte de Saint-Exupéry, autor de El Principito, quien subía esas escaleras en los ‘30 para buscar cartas y repartirlas, Jorge Bergoglio iba a la peluquería de este Pasaje antes de ser nombrado Papa. La entrada directa a la estación Perú del subte A es su “secretos” más práctico. En Avenida de Mayo 560, conecta con Hipólito Yrigoyen.

4) Barolo. El Palacio Barolo es una maravilla porteña. Su Pasaje, junto con la cúpula inspirada en un templo hindú de los siglos XI y XII y las postales desde el faro ubicado a cien metros de altura, tiene buena parte del mérito. Con 7,5 metros de ancho por 13,5 de alto y mantos perfectamente estirados de mármol de Carrara, resulta imponente y elegante.

Vista de pájaro. Del corazón del Pasaje Barolo./ Martín Bonetto

Vista de pájaro. Del corazón del Pasaje Barolo./ Martín Bonetto

Fue diseñado entre 1919-23 por el arquitecto italiano Mario Palanti (1885-1979). Quienes dicen que Palanti se inspiró en la Divina Comedia, de Dante Alighieri, consideran que el Pasaje representa “el círculo del infierno”, con “flores de fuego” dibujadas en el piso y un “bestias” en los capiteles de las columnas. En Avenida de Mayo 1370, conecta con Yrigoyen.

Imponente. El Palacio Barolo, en Avenida de Mayo 1370. / Alfredo Martínez

Imponente. El Palacio Barolo, en Avenida de Mayo 1370. / Alfredo Martínez

El palacio Barolo cumple 95 años y sus "bisnietos" le armaron un homenaje con entrada gratis

Dato I: El arquitecto Palanti creó en 1919 -tras la Primera Guerra Mundial, en la que peleó-, en Trieste, Italia, una escultura que representaba unáguila, en teoría, para que guardara en su interior las cenizas del Dante si había una nueva contienda. Se dice que, para lo mismo, la trajo a Buenos Aires, a su gran palacio porteño. Pero la original fue robada en los años ’90. Amelia, la abuela de los hermanos Thärigen, organizadores de visitas guiadas al Barolo, trabajó durante años en crear una réplica y, desde 2010, se expone justo en el centro del pasaje, donde la luz cae.

Escultura. Es una réplica de la original, realizada por el arquitecto Palanti en 1919. / Guillermo Rodríguez Adami

Escultura. Es una réplica de la original, realizada por el arquitecto Palanti en 1919. / Guillermo Rodríguez Adami

Esculturas curiosas: doncellas y forzudos que sostienen la Ciudad sobre los hombros

Dato II: En el Pasaje se luce el antiguo quiosco, que abrió con el edificio, en 1923. Desde los años ’60, pertenece a un mismo dueño. Prefiere no dar su nombre pero sí contó a Clarín que empezó a trabajar en el Barolo de cadete cuando tenía 17 años -ya pasó los 90- y, con esfuerzo, llegó a comprarlo. Recuerda que ahí mismo, en la planta baja, hubo un bazar gigante, pionero de las tiendas de “todo por dos pesos”, pero que la loza fina se mostraba en sus vitrinas. También fue de golosinas, de cigarrillos y de diarios. Hoy se entregan los tickets para visitas guiadas.

Quiosco. Otro hito del Pasaje, abrió en 1923. En el piso, una "flor de fuego". / Guillermo Rodríguez Adami

Quiosco. Otro hito del Pasaje, abrió en 1923. En el piso, una “flor de fuego”. / Guillermo Rodríguez Adami

5) La Piedad. Este Pasaje, con sus cartelitos para entrada y salida de carruajes y rejas desde fines de la década de 1990, “oculta” un rasgo único: su forma de herradura. La dibujan esos dos accesos que, perpendiculares a la calle, se unen en el corazón de la manzana. Lo edificaron entre 1880 y 1900 sobre un proyecto del arquitecto inglés Edwin Arthur Merry, según la Comisión Nacional de Monumentos, Lugares y Bienes Históricos. La misma fuente explica que lo encargó Arturo Gramajo, presidente de una comisión para terminar la iglesia de Nuestra Señora de La Piedad -ubicada frente al Pasaje- y luego intendente porteño -entre 1914 y 1916-. Se lo había pedido su esposa, María Adela Atucha Saraza, para ocupar terrenos comprados por el padre de ella, Jorge Atucha.

Cartelito. Con la referencia a los carruajes da una pista sobre su edad. / Emiliana Miguelez

Cartelito. Con la referencia a los carruajes da una pista sobre su edad. / Emiliana Miguelez

Las casas de atrás, de aires neorrenacentistas, con antejardines, arcos y columnas tipo corintias fueron terminadas en 1888 y los bloques del frente, con locales y mansardas y otros elementos decorativos de influencia francesa fueron realizados a comienzos del siglo XX.

Pasaje Rivarola. Un vecino ilustre de La Piedad, construido en la década de 1920, entre Mitre y Perón, con aire francés. / Emiliana Miguelez

Pasaje Rivarola. Un vecino ilustre de La Piedad, construido en la década de 1920, entre Mitre y Perón, con aire francés. / Emiliana Miguelez

Además de escenografía de cine -Leopoldo Torre Nilsson filmó Un guapo del 900 en 1960, por ejemplo- , se cuenta que en un sótano entrenaba Justo Suárez, “el Torito de Mataderos”. Y que en el tejado asesinaron a un matón de la banda de Rogelio Gordillo, “el Pibe Cabeza”. Lo cierto es que vivieron el bailarín Jorge Donn y Olmedo. Y que, aunque los portones estén cerrados, invita a viajar a otros ámbitos y otras épocas. Pese a que está en Bartolomé Mitre 1505-95, Montevideo 119 y Paraná 122, Congreso (formalmente, San Nicolás), será el broche de oro de las visitas guiadas de Casco Histórico.

Fuente: Clarin, JUDITH SAVLOFF