El circuito B del arte crece con el boom de los espacios independientes

Una tendencia pese a la crisis económica. Combinan disciplinas, funcionan en locales o casas y, con muestras y talleres de calidad, llegan a los barrios.

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Obras en preparación en el Centro Imán de Chacarita, dedicado a la formación de creadores emergentes. / Juano Tesone

Espacios de arte independientes, autogestionados, dirigidos por artistas y emprendedores culturales, con el fin de ampliar las alternativas de exhibición y enseñanza, en distintos barrios de la ciudad de Buenos Aires. Proyectos realizados con frecuencia “a pulmón” y guiados por el deseo de lograrlos y mantenerlos, como principal rédito. Se trata de una tendencia que se afianza en los últimos años con características como la descentralización geográfica, el trabajo en red, la oferta diferenciadora respecto de los circuitos formales, el cruce de disciplinas artísticas y con una marca casi constante en nuestro país: la decisión de hacer más allá de los avatares económicos.

En San Telmo abrió hace dos años Urquiza (Pasaje Giuffra 370), una pequeña y dinámica librería y galería, en la cual se rotan las exposiciones alrededor de libros de arte, se realizan talleres, seminarios y ciclos. En este espacio que comparte entrada con una peluquería han expuesto los reconocidos artistas Elba Bairon, Marcelo Grosman, Magdalena Jitrik, entre otros. Financiado “muy a pulmón”, su creadora y directora Mercedes Urquiza dijo a Clarín que “las crisis de este país generan una búsqueda constante de gestores culturales que encuentran en el arte la respuesta a nuevas preguntas surgidas de la incertidumbre y el cambio”. Y agregó: “Siempre, el arte da revancha produciendo, experimentando, reuniendo artistas”.

Urquiza. La librería, acompañada por una expo de piezas gráficas. / Juan Manuel Foglia

Urquiza. La librería, acompañada por una expo de piezas gráficas. / Juan Manuel Foglia

Desde el 15 y hasta el 31 de enero seguirá allí en exhibición un conjunto de piezas gráficas de la Imprenta Rescate, que reúne afiches, cuadernos de lectoescritura y libros. El año pasado, Urquiza sumó la colaboración de las artistas Guillermina Grinbaum y Romina Costigliolo. En este momento están armando la venta online y aplicando a subsidios. Y un objetivo a corto plazo es editar material propio.

La apertura más reciente corresponde a Imán (Villarroel 1440), en Chacarita, hace cuatro meses. En una de las “activaciones” del espacio fue posible ver la impactante obra APNEA, del artista visual Manuel Ameztoy y la bailarina Inés Armas, en un cruce de disciplinas que marca el perfil del lugar, dedicado a la formación de artistas emergentes.

El edificio ofrece una gran sala de exhibición en la planta baja y un espacio de formación en el primer piso, donde se desarrollan las clínicas y el seguimiento de obra. Si bien el proyecto comenzó hace cinco años en Núñez, de la mano de la Fundación Cazadores, la novedad reside en su expansión edilicia y hacia una zona de la ciudad que desde hace un tiempo recibe el impulso del arte contemporáneo.

“Hay una necesidad de los artistas de formarse por fuera de los circuitos tradicionales de enseñanza”, comentó la directora de Imán, Viviana Romay –hija de Alejandro Romay–, que es una de las fundadoras del proyecto. El plantel docente incluye a nombres como Ameztoy, Armas, Sergio Bazán, Augusto Zanela y Alejandra Roux y el financiamiento proviene de los aranceles de los alumnos, el reconocimiento de mecenazgo de algunos de los programas y el aporte de los fundadores.

En Recoleta, ingresamos a través de un amplio pasillo rodeado de plantas y una atmósfera de tranquilidad en el espacio dos puntos(Uruguay 1223, Timbre 4), que desde hace un lustro expande una variada oferta artística dirigida a todo público, durante los doce meses del año. Todo comenzó cuando su directora, Tatiana Papazian, decidió dar forma a lo que ella misma no encontraba: cursos cortos, de grupos reducidos, personalizados y económicamente accesibles. Y concretó su objetivo de ofrecer una propuesta de formación en las áreas de arte, curaduría, fotografía, cine, escritura y gestión, que sea un espacio de disfrute, con calidad en los contenidos y calidez humana.

Su emprendimiento hoy es recomendado y muy valorado a través, sobre todo, del boca a boca. Incluso, han colaborado con reconocidas instituciones culturales en el área de formación en distintas ciudades del país. Uno de los 35 docentes de su plantel es el reconocido artista visual Daniel Joglar, quien dicta un taller anual sobre collage y experimentación plástica. “Me interesa poder vincularme en los procesos de realización desde la docencia. Y me asombra la pasión que ponen en el trabajo los asistentes a mi taller en este espacio”, expresó Joglar. Hasta el 30 de marzo se puede visitar la muestra anual de alumnos y docentes. Y atención: no perderse la intervención artística en el baño realizada por el proyecto Homenajes Urbanos, a cargo del artista Ale Giorgga y la curadora Melisa Boratyn.

Hacia el sur de la ciudad, las curadoras Alejandra Aguado y Solana Molina Viamonte fundaron Móvil, en 2014, donde se suceden exposiciones que concretan su principal objetivo: ayudar a artistas jóvenes a concebir y realizar un proyecto individual de envergadura, cuyo desarrollo funcione como un momento clave de su producción. Ubicado en un galpón dentro de cheLA –Centro Autogestionado de Experimentación en Arte, Tecnología y Comunidad–, en Parque Patricios, (Iguazú 451), el funcionamiento de Móvil depende de subsidios, como el régimen de mecenazgo porteño y de los aportes de un grupo de amigos.

Una muestra de Julián D’Angiolillo fue la última de 2018 sumándose a una lista que incluye varios artistas contemporáneos interesantes como Irina Kirchuk, Tomás Maglione, Mercedes Azpilicueta y Leticia Obeid, entre otros. “Uno hace esto porque son proyectos que tienen sentido, más allá de lo que rinden económicamente. Porque son espacios necesarios de creación, de diálogo y significativos, al menos para quienes participamos en ellos”, expresó Aguado.

“En nuestro país, el circuito del arte institucional es muy pequeño en relación a la cantidad de artistas y la respuesta es abrirse camino con espacios alternativos”, explica Diego Cossettini.

En un primer piso en Colegiales se encuentra Escalería (Virrey Avilés y Conesa). Se trata de una casa de arte que nació en 2015, a la cual se llega por recomendación o con cita previa. Allí se promueve el desarrollo de instancias autónomas y autogestivas de producción y reflexión artística y de la obra de artistas jóvenes o de mediana edad de pequeño formato. Y funciona un atelier textil. En las paredes de una escalera se realizan muestras individuales, en este momento, una de la artista Lorena Tiraboschi y, en otro de los ambientes, se exhibe hasta el 5 de febrero una hermosa muestra colectiva, con el títuloPerros y montañas, con más de 70 trabajos de pequeño formato y oficios.

Con el impulso de la autogestión, su creadora, la artista visual y psicóloga Alma Estrella, contó que eligió el barrio de Colegiales por ser lindo, bien comunicado y tranquilo. En Escalería se desarrolla también un proyecto de agencia editorial, a cargo de Lucio Arrillaga, que acaba de publicar el primer libro: Lecturas del cuerpo en Japón de Christine Greiner. Para Estrella, la incertidumbre y las crisis son también condiciones de producción. Y sintetiza, de alguna forma, el espíritu que parece atravesar a todos estos espacios: “Creo que hacemos porque sentimos la necesidad de no negar lo que nos impulsa a arriesgar, algo así como no poder dejar de hacer eso que somos”.

Cursos cortos y para grupos reducidos en el Espacio dos puntos. / Constanza Niscovolos.

Cursos cortos y para grupos reducidos en el Espacio dos puntos. / Constanza Niscovolos.

También en una casa, en Almagro, los artistas Diego Cossettini y Mariano Balbuena abrieron El Ojo Errante (Lavalle 3476), en 2012, con el fin de ofrecer un espacio de exposición gratuito. En los últimos años, creció la parte educativa, a través de cursos vinculados al arte contemporáneo, consultorías, residencias artísticas y charlas. Los ambientes de la casa, como un camaleón, se transformaron una y otra vez con las muestras, en algunos casos de artistas conocidos como Mauro Koliva, Tomás Espina, José Luis Landet y muchos otros.

La artista Noelia Ponce expuso en El Ojo Errante sus dibujos y pinturas: “Estos espacios son fundamentales porque son puntos de encuentro y comunión con otros artistas y éste cuenta con el valor de ser un lugar gratuito. Además, Mariano y Diego son artistas y eso constituye una diferencia”, contó.

El espacio se financia con el alquiler de talleres fijos y actividades docentes. Y, si bien la dificultad de financiamiento les impide muchas veces alcanzar objetivos de máxima, los alienta poder dar una respuesta a lo que llaman los “baches endémicos” en el circuito de las artes visuales. “En nuestro país, el circuito del arte institucional es muy pequeño en relación a la cantidad de artistas y la respuesta es abrirse camino con espacios alternativos”, señaló Cossettini.

Abrir caminos, alternativas, posibilidades para los artistas, los gestores, el arte. Proyectos que a este mérito suman el del esfuerzo y la pasión. Donde la realidad y el idealismo van de la mano y aportan nada menos que diálogo, cultura y vínculos.

Fuente: Clarín