El Louvre de Abu Dhabi, de la celebración al misterio por Leonardo

Cumplió un año, pero su pintura estrella, el “Salvator Mundi” de Da Vinci que iba a exhibirse desde septiembre, aún no fue colgada.

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La primera parada, obligada y necesaria, es quedarse alelado, sin pestañear, mirando el techo. En silencio. Esa enorme coraza de 180 metros de diámetro que cubre todo el horizonte superior y genera múltiples placeres de los sentidos es el cielo protector del Museo del Louvre de Abu Dhabi. Estamos en Emiratos Árabes Unidos, es un otoño de 30 grados pero aun así nos ponemos bajo los rayitos que deja pasar ese cielorraso de diseño árabe francés a través de ocho mil estrellas caladas. Hay fiesta, el 8 de noviembre el museo cumplió un año.

Lo que está debajo es la magnífica versión emiratí del museo parisino, asentada en la isla de Saadiyat, a orillas del mar y a unos cinco minutos en auto desde el centro de Abu Dhabi. En los alrededores hay desiertos y hoteles 7 estrellas que superan cualquier fantasía del lujo.

Salvator Mundi. Es el cuadro más caro de la historia pero no se exhibe. / EFE

Salvator Mundi. Es el cuadro más caro de la historia pero no se exhibe. / EFE

Este Louvre forma parte de un megapolo cultural que va a incluir un museo Guggenheim y un tercero pensado por el arquitecto británico Norman Foster, ambos en construcción. Aquí se invirtieron unos 700 millones de euros para el alquiler de obras del Louvre parisino; 400 millones por usar el nombre durante 30 años y seis meses; 1.000 millones en concepto de asesoramiento y gestión del Louvre y otros museos parisinos. Y siguen los gastos e inversiones.

Sin embargo, no todo es fiesta o por lo menos, no lo es tal como imaginaban iba a comenzar el segundo año. Por un lado, se frustró la exhibición del famosísimo cuadroSalvator Mundi, la obra perdida de Leonardo da Vinci que muy pocos han podido ver y que el museo compró en una subasta en Christie’s de Nueva York por 450 millones de dólares en 2017. El cuadro más caro de la historia.

“Perdido y escondido durante tanto tiempo en manos de privados, este Da Vinci es un regalo para el mundo. Pertenece a todos nosotros”, explicaba Mohamed Khalifa Al Mubarak, presidente del departamento de Cultura y Turismo de Abu Dhabi cuando se prometía que la fecha clave de la inauguración iba a ser el 18 de septiembre pasado. Se esperaba que pudiera ser apreciado por el público justamente para iniciar los festejos del primer aniversario pero eso no ocurrió. Desde la última comunicación del museo en octubre no se supo nada más de la obra ni de su exhibición al público. En el mundo del arte –especialmente en Estados Unidos, Francia, Inglaterra e Italia– ya hablan del “misterio del Salvator Mundi” y se preguntan dónde está.

Manuel Rabaté, director del museo se excuso de responder las preguntas de Clarín al respecto. El silencio alimenta todo tipo de fantasías respecto del destino de la obra justamente cuando se están por cumplir 500 años de la muerte del multiartista italiano en mayo de 2019.

Manantial en el desierto. El imponente edificio que se levantó cerca de los hoteles 7 estrellas. / AFP

Manantial en el desierto. El imponente edificio que se levantó cerca de los hoteles 7 estrellas. / AFP

Y por otro lado, la empresa que construyó el techo del museo –del tamaño de cinco campos de fútbol, con perforaciones para crear el efecto de una medina árabe y que también da la idea de un cielo estrellado– está a punto de quebrar. Según el sitio de la empresa constructora, el valor acordado fue de casi 80 millones de euros. Pero la compañía se vio obligada a asumir los aumentos en los costos que Abu Dhabi no aceptó pagar, informó el diario austríaco Die Presse.

El museo nació como deseo del emir de Abu Dhabi, Zayed bin Sultan al Nahyan (muerto en 2004) que consiguió el milagro del desierto de transformar petróleo en arte. En la fiesta de cumpleaños cantó la estrella del pop europeo Dua Lipa, inglesa de origen albano kosovar: una artista de la diversidad interreligiosa y política. Estaban celebrando, también, el millón de visitantes al museo en doce meses. De ellos, el 60 por ciento han sido extranjeros que visitan el país y el 40 por ciento residentes en Emiratos Árabes Unidos. De ese 60 por ciento, la mayoría son indios, seguidos por franceses, alemanes, chinos, británicos y estadounidenses. También recibieron mil excursiones escolares y cinco mil visitas guiadas y realizaron 115 encuentros culturales, entre proyecciones de películas, conciertos o simposios con la participación de 400 artistas, de 22 países. Las salas del museo diseñado por el arquitecto francés Jean Nouvel poseen una superficie de unos 24.000 metros cuadrados y el costo de la construcción ha sido estimado entre 83 y 108 millones de euros.

Fuente de luz. Del artista chino Ai Weiwei. AP

Fuente de luz. Del artista chino Ai Weiwei. AP

De paseo por el museo, se observa que una de las obras que más público congrega es La belle Ferronniére de Da Vinci prestada por el Louvre central. También posee obras propias, que van desde la antigüedad hasta el siglo XX. Algunas de estas adquisiciones son: Nature morte au cabas et à l’ail y Le Bohémien, pinturas de Édouard Manet; Breton Boys de Paul Gauguin; Composition With Blue, Red, Yellow and Black (1922) de Piet Mondrian (obra que antes perteneció a Yves Saint Laurent y Pierre Bergé); The Subjugated Reader de René Magritte; Retrato de una Dama de Pablo Picasso; Antropometría (ANT 110) de Yves Klein. Cuenta con una importante presencia de arte oriental. Y hoy se ven creaciones –prestadas– de Vincent van Gogh, Alberto Giacometti, una escultura de bronce de Auguste Rodin y la Fuente de luz de Ai Weiwei, su versión de la Torre de Tatlin.

Cuando nació el proyecto de este museo también hubo controversias. El mundo del arte francés miraba con desdén la iniciativa, el proyecto arquitectónico y la presencia francesa en Oriente Medio. En 2006, un colectivo de 4.650 personas, entre ellas muchos museólogos, arqueólogos, historiadores de arte, académicos y conservadores, consideraban la participación del Louvre en este “Las Vegas de las dunas” como una “derivación terrible de la ética del trabajo de los museos” y se subrayaba que “los museos no están a la venta”. En respuesta a esta polémica, el intelectual Jack Lang, en un artículo publicado en Le Monde el 1° de febrero de 2007, tomó posición a favor de un proyecto que, según él, reflejaba el reconocimiento del talento francés en los países árabes.

Desde principios de noviembre, las salas del Louvre árabe exponenCaminos a Arabia, tesoros arqueológicos de Arabia Saudí. Un conjunto de obras que recorrió Europa, Estados Unidos, Asia y que desembarca aquí en coincidencia con el asesinato del periodista saudí Yamal Khashoggi en el consulado saudí en Estambul. Más oportuna es la muestra Conexiones japonesas: el nacimiento de la decoración moderna que funcionó como un saludo a la presencia de ese país como invitado en la Feria del Libro de Sharjah que se realizó en noviembre en el emirato de Sharjah.

El público recorre maravillado el museo y se sienta a contemplar en ese patio selecto, la lluvia de luces del techo espectacular. Y siempre alguien pregunta: “¿Dónde está el Da Vinci nuevo?

Fuente: Clarin