El palacio más curioso de Buenos Aires: lo construyeron para el agua y tiene una biblioteca “secreta”

Es de 1894. Para guardar hasta 72 millones de litros, lo “vistieron”, del suelo al techo, con cerámicas importadas. Tiene 15.000 textos.

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Impresiona. Por fuera, techos franceses y cerámicas inglesas y belgas. Escudos. “Cuadritos” con flores. Mármoles. Por dentro, vigas de hierro y tanques para más de 72 millones de litros de agua potable. Todo a lo grande. exuberante.

Con esos datos sobra para visitar el Palacio de Aguas Corrientes, inaugurado en 1894 sobre la actual manzana de Córdoba al 1900, en el Centro de la Ciudad de Buenos Aires. De hecho, Clarín le dedicó al edificio esta nota GPS. Pero el lugar, originalísimo, tiene más para tentar: allí funciona una biblioteca centenaria y “secreta”, útil para construir una historia de la sanitaria nacional.

Biblioteca secreta. La Agustín González cumple cien años. Funciona en el Palacio de Aguas Corrientes. / Gentileza Biblioteca Agustín González

Biblioteca secreta. La Agustín González cumple cien años. Funciona en el Palacio de Aguas Corrientes. / Gentileza Biblioteca Agustín González

Claro que es difícil llegar al Palacio y seguir de largo hasta la Biblioteca, que se llama Ingeniero Agustín González, sin parar a curiosear. Es una mole, donde influencias, materiales, colores y texturas fueron dispuestos de modo singular. Y apabullante.

El Palacio fue construido entre 1887-94 para proveer de agua potable a los porteños, sin aljibes ni aguateros, tras devastadoras epidemias. La más recordada es la de fiebre amarilla de 1871, dado que mató al 8 % de los vecinos (unos 14.000) y generó cambios clave, entre ellos, que quienes podían empezaran a mudarse desde el sur hacia el norte de Capital. Pero poco antes arrasaron la de cólera (1867) y la fiebre tifoidea (1869), entre otras.

Mirá el video sobre el Palacio de Aguas Corrientes / Archivo DyN

Al Palacio lo diseñó el ingeniero inglés John Bateman y se levantó bajo la lupa de su par sueco Carlos Nyströmer y del arquitecto noruego Olof Boye, con un mix de influencias europeas. Algunos especialistas subrayan las señoriales, del segundo imperio francés. Otros, el gran cuadro de fantasía victoriana de las fachadas.

Flores. En la fachada del Palacio de Aguas. / Juan José Traverso

Flores. En la fachada del Palacio de Aguas. / Juan José Traverso

Aunque -dijimos- trajeron hasta hierros de Bélgica y los techos de Francia, los muros externos, hiperdecorados, son protagonistas. Celebridades. Sólo en ellos, que estuvieron a cargo de Juan B. Médici, usaron 130.000 ladrillos esmaltados y 300.000 piezas de cerámica importadas de Inglaterra y Bélgica. Además, incorporaron mármoles y terracotas, también inglesas. Parecen inabarcables y lo son. Pero siempre se descubre algo: no cansan.

El interior del Palacio, en tanto, fue diseñado con paredes de hasta 1,8 metro de espesor y 180 columnas para contener 12 tanques y acá sí usaron ladrillos locales, de San Isidro. Hoy funcionan oficinas de Aysa y el Museo del Agua y la Historia Sanitaria.

Escudo. En la cúpula del Palacio de Aguas Corrientes. / Juan José Traverso

Escudo. En la cúpula del Palacio de Aguas Corrientes. / Juan José Traverso

También está la Biblioteca, un mundo aparte. Sobrio. Luminoso. Se impone con 15.000 libros y revistas especializadas en ingeniería sanitaria y otros temas clave para la salud pública y el cuidado del medio ambiente, muebles de roble fuerte y cálido y ventanales amplios. “Fue creada para asistir al personal de Obras Sanitarias. Es pionera en ingeniería sanitaria del país y una de las más importantes de América latina. En 2006 abrió sus puertas a la comunidad, incluso a los chicos”, cuentan desde allí.

Su historia arranca en mayo de 1919. “El entonces director de la Sección Técnica de Obras Sanitarias de la Nación, el ingeniero Antonio Paitoví – quien ocuparía después la presidencia de la institución-, propuso organizar un espacio en el que se recopilaran, ordenaran e interpretaran los datos de las obras realizadas, explican a Clarín desde la Biblioteca. Como dice la resolución del directorio que la creó, una fuente de “enseñanza valiosísima que servirá para aplicarla a las nuevas que se estudien y proyecten, sustituyendo la experiencia de las obras extranjeras con la obtenida de las propias”.

Al principio, ese espacio funcionó en el anexo de la sede central de la Administración de Obras Sanitarias, en Marcelo T. de Alvear 1840 y luego se trasladó al Palacio de Aguas donde tras, varias mudanzas, decidieron armarla donde está ahora, en la planta baja. Su puesta en valor mereció el Premio a la Mejor Intervención en Obras que involucran al Patrimonio Edificado de 2018, entregado por la Sociedad Central de Arquitectos y el Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio.

Desde arriba. La Biblioteca, con 15 mil obras, en el Palacio de Aguas Corrientes./ Gentileza Biblioteca Agustín González

Desde arriba. La Biblioteca, con 15 mil obras, en el Palacio de Aguas Corrientes./ Gentileza Biblioteca Agustín González

¿Sus joyitas bibliográficas? Están, por ejemplo, las memorias, responden desde la Biblioteca a Clarín. Se trata de documentos anuales, desde 1877 hasta 1991, que permiten reconstruir trabajos realizados en la Ciudad y la historia de la institución. “Y las revistas de Obras Sanitarias de la Nación, editadas mensualmente entre 1937 y 1973, para que los especialistas dieran a conocer sus estudios y opiniones y se vincularan con la producción científica del mundo“, agregan.

Parece material muy técnico. Para expertos. Lejano. Pero no necesariamente, apuntan esas fuentes. En el primer ejemplar que tuvo la Biblioteca, la Memoria de 1877, 88 páginas con reseñas de trabajos y balances, aparece ya un problema que todavía existe: el derroche de agua.

El espacio dedicado a la Biblioteca cuenta con tres niveles, estanterías con pasarelas para recorrerlas y persianas que las protegen, a modo de los antiguos muebles secreter. Atención con las barandas: “Fueron hechas con cañerías de agua que el personal de Obras Sanitarias siempre tenía a mano”, señalan también desde la institución.

La Biblioteca abre de lunes a viernes de 9 a 13 y de 14 a 17. Y hay visitas guiadas gratuitas al Museo del Palacio y a ella, los lunes, los miércoles y los viernes a las 11, con ingreso por Riobamba 750 (más información, acá).

n antiguo depósito de agua que apabulla con lujo y belleza muy poco convencionales bien merece una de esas recorridas. Y por si faltaran imanes para dedicarle incluso varias salidas, vale recordar que, poco después de su apertura, se lo llamó “palacio fingido” y “lago escondido” en el corazón de Buenos Aires.

Cinco destacados:

1) Depósito de lujo. Había que decirles adiós a los aljibes y a los aguateros, dadas las tremendas epidemias. Así que el Palacio de Aguas Corrientes fue construido entre 1887-94 para proveer de agua potable a los porteños. Lo proyectó el ingeniero inglés John Bateman y se hizo bajo la lupa de su par sueco Carlos Nyströmer y del arquitecto noruego Olof Boye. El edificio, singularísimo, combina influencias europeas diversas: del Segundo Imperio francés y victorianas inglesas.

Monumental. El Palacio de Aguas, con su mix de estilos europeos, llama la atención en la avenida Córdoba. La puerta está al 1950. / Juan José Traverso

Monumental. El Palacio de Aguas, con su mix de estilos europeos, llama la atención en la avenida Córdoba. La puerta está al 1950. / Juan José Traverso

2) Fachadas. Por la profusa decoración, los muros externos del Palacio de Aguas Corrientes encandilan. En ellos usaron 130.000 ladrillos esmaltados y 300.000 piezas de cerámica importadas de Inglaterra y de Bélgica. Además, incorporaron mármoles y terracotas, también inglesas. Lo decoran desde escudos hasta cuadritos con flores. Conviene intercalar  miradas. Pared, cielo, pared. Porque los estímulos son fuertes y a veces cuesta encontrar un rinconcito donde los ojos y la cabeza puedan descansar.

Zoom. Una de las ventanas del Palacio de Aguas Corrientes. / Juan José Traverso

Zoom. Una de las ventanas del Palacio de Aguas Corrientes. / Juan José Traverso

Torrecita. De Palacio de Aguas Corrientes, alta en el cielo del Centro porteño. / Juan José Traverso

Torrecita. De Palacio de Aguas Corrientes, alta en el cielo del Centro porteño. / Juan José Traverso

3) Biblioteca. La Ingeniero Agustín González del Palacio de Aguas Corrientes tiene un siglo y mucho para contar. Alberga unos 15.000 volúmenes, entre libros y revistas especializadas. El ambiente, con mobiliario de roble, ventanales y barandas hechas ¡de cañerías!, es acogedor. Tiene un espacio para chicos. Y está abierta al público desde 2006.

Cálida. la Biblioteca, entre roble y desniveles. / Gentileza Biblioteca Agustín González

Cálida. la Biblioteca, entre roble y desniveles. / Gentileza Biblioteca Agustín González

4) Joyita I. Algunos de los tesoros de la Biblioteca Ingeniero Agustín González son las revistas de Obras Sanitarias de la Nación, que fueron editadas por mes entre 1937 y 1973. Su objetivo: difundir investigaciones y experiencias locales en el mundo científico internacional.

Puente con el mundo. Un ejemplar de la antigua revista de Obras Sanitarias de la Nación, atesorado en la Biblioteca del Palacio de Aguas. / Gentileza Biblioteca Agustín González

Puente con el mundo. Un ejemplar de la antigua revista de Obras Sanitarias de la Nación, atesorado en la Biblioteca del Palacio de Aguas. / Gentileza Biblioteca Agustín González

5) joyita II. Esta es la primera Memoria de la Biblioteca del Palacio de Aguas Corrientes. Data de 1877 y fue publicada por la imprenta de la Penitenciería -en el actual Parque Las Heras-. El documento de 88 páginas detalla obras, contratos, balances. Y habla de un problema arrastrado hasta hoy: el derroche del agua.

Memoria. Es la pionera, de 1877. Y ya se habla del derroche de agua. / Gentileza Biblioteca Agustín González

Memoria. Es la pionera, de 1877. Y ya se habla del derroche de agua. / Gentileza Biblioteca Agustín González

Fuente: Clarín