El templo que esconde un barco en su interior, en pleno San Telmo

MIRÁ LA GALERÍA DE IMÁGENES. La iglesia luterana danesa fue inaugurada en 1931; guarda una réplica del buque København, que naufragó más allá de las islas Malvinas

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El culto luterano danés cuenta en la Argentina con alrededor de 1000 fieles. Las congregaciones más numerosas se encuentran en Tres Arroyos y Necochea, donde existen, respectivamente, dos templos. Tandil completa la lista, con la iglesia más antigua, de fines del siglo XIX. En la ciudad de Buenos Aires la feligresía es menor. La integran unas 150 personas, “entre aquellos que asisten a misa y quienes concurren por las actividades culturales que desarrollamos”, cuenta Maggie Tolderlund, secretaria del templo danés situado en el corazón de San Telmo (Carlos Calvo 257) desde 1931.

“La iglesia dinamarquesa ya es parte de los circuitos turísticos habituales del barrio. Por eso recibimos visitas, previamente acordadas, ya que quienes aquí trabajamos lo hacemos de forma voluntaria”, agrega la mujer. Y afirma que los asistentes más regulares a misa, junto con miembros de la colectividad, son personas del barrio, “por lo general excatólicos que decidieron acercarse a la fe luterana”.

Un detalle que subraya Tolderlund no es menor: en cercanías del Dique 1 del Puerto de Buenos Aires, además de este templo, se levantan otros de colectividades sajonas con culto protestante y tradición marinera: en Azopardo y Juan de Garay está la iglesia nórdica (fruto de la fusión de las iglesias noruega y sueca); sobre la avenida Belgrano, a menos de 50 metros de la esquina del edificio Otto Wulff, la iglesia presbiteriana escocesa; y en 25 de Mayo 276, la catedral anglicana de San Juan Bautista. Surgieron de la necesidad de recibir desde el siglo XIX a inmigrantes y marineros, y de conservar el acervo cultural, religioso y lingüístico.

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El Otto Wulff y esta iglesia dinamarquesa tienen un hacedor común: el danés Morten F. Rønnow (1877-1972), que conoció la arquitectura en su casa. Su padre fue constructor de templos en Europa; él continuó la profesión, con obras en su país, Rusia y Ucrania. A los 35 años, ya dueño de una fortuna, probó suerte en la pampa argentina, pero una plaga lo hizo fracasar y debió regresar a su oficio. Así llegó el encargo de su obra capital en Buenos Aires, el Otto Wulff.

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La iglesia danesa de Buenos Aires fue otra forma de reivindicar el pasado. Desde el siglo XIX, la comunidad danesa pretendía un templo donde rezar y rescatar su cultura, en un país mayoritariamente católico. El proyecto de Rønnow respondió a la perfección a la demanda de la colectividad de poseer una iglesia con biblioteca, salón de reunión y casa pastoral. Los planos denotan un estilo danés tradicional, propio de otros templos en la patria nórdica de los siglos XVIII y XIX, con ladrillo a la vista y alguna connotación bíblica: la torre representa el sueño de Jacob en el Génesis, es decir, una escalera al cielo. “Cualquier danés que nos visita sabe que esta es una iglesia danesa antes de entrar. La estructura es mayoritariamente de hormigón y se tardó nueve meses en finalizarla”, sostiene Tolderlund.

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Para esta construcción se trajeron tejas y ladrillos de Dinamarca, como también la pila bautismal del altar y el pequeño órgano, que llegó un par de meses después de la inauguración del edificio. La mujer apunta un detalle particular: que la torre carece de campana, pues en la década de 1930 estaba prohibida la colocación de estos artificios en templos no católicos.

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No hay placa recordatoria de Rønnow en la fachada de la iglesia. Sí alguna fotografía en la biblioteca. En un trabajo de Francisco Girelli se lee que el arquitecto danés partió de regreso a su país antes de ver terminada su iglesia.

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Inaugurada el 10 de mayo de 1931, la iglesia tardó en cumplir con la austera ortodoxia de un templo danés. “Todas las iglesias danesas tienen a un barco en su nave central –explica Tolderlund– y esta iglesia lo tuvo recién en 1984. Esto viene de los vikingos, para quienes uno de los elementos fundamentales de sus ritos eran las embarcaciones”. Un barco, con su proa apuntando hacia el altar, representación de los fieles en su intención de no apartarse del recto camino. La elección no es antojadiza: los dinamarqueses en Buenos Aires no dudaron de que el barco debía ser el København, un velero de madera de cinco mástiles construido en Escocia en 1913, que fue buque escuela de bandera danesa hasta su desaparición, más allá de las Malvinas, en diciembre de 1928, cuando se dirigía a Australia. Su réplica en escala cuelga del techo de este templo, con su proa hacia el crucifijo sin Cristo y los vitrales del altar.

Fuente: La Nación