Íconos porteños: Mitos y verdades de algunos de los edificios más emblemáticos de la Ciudad de Buenos Aires

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“Yo trabajo acá cerca, pero esto no lo conocía”. La frase es de una de las turistas que contrató a la arquitecta Cynthia Acher para recorrer su propia ciudad. Esa es la idea de esta profesional que decidió ampliar sus horizontes y hacer la carrera de guía turística: mirar Buenos Aires como si fuera la primera vez y reflexionar sobre por qué tenemos esta arquitectura.

Además de porteños, Acher recibe en su mayoría a europeos que vienen a descubrir nuestra historia. Uno de los lugares preferidos de ellos es la antigua casa de los Ezeiza, en pasaje Defensa, San Telmo. La arquitecta cree que esto se debe a que es uno de los sitios en donde mejor se percibe el nacimiento de la milonga. “No del tango” -aclara- “porque éste surgió en La Boca y era el que bailaban los marineros, incluso entre ellos, para practicar y ser buenos bailarines”.

La casa de los Ezeiza.

Los Ezeiza eran una familia aristocrática que, como muchas, abandonaron la zona sur de la ciudad para escapar del contagio de la fiebre amarilla. Su casa se organizaba en un conjunto de habitaciones alrededor de tres patios que con la llegada masiva de la inmigración fue ocupada por más de 30 familias que compartían esos espacios abiertos. En muchos casos, los inmigrantes no hablaban el mismo idioma pero encontraron el modo de usar un mismo lenguaje: la milonga.

Acher les cuenta a sus clientes que este baile tenía una fuerte carga sexual, y que por eso no era aceptado por las clases privilegiadas. “Hasta que el Vasco Aín fue en 1924 a visitar a Pío XI y bailó delante de él una versión más recatada. Al Papa le gustó y la milonga inició así un proceso de masificación que llegó a toda la sociedad. “Incluso el Palais de Glace, que lleva ese nombre porque era una pista de patinaje, cambió su función y se convirtió en una pista de baile para las familias ricas”, agrega.

De cada edificio la arquitecta cuenta lo que se dice de él, y la verdad. Del Palacio Barolo, por ejemplo, enseña todos los ornamentos que demuestran que Mario Palanti y Luis Barolo, su propietario, estaban obsesionados con la Divina Comedia, al punto que habían pensado que ese homenaje los ayudaría a traer los restos de Dante Alighieri para que descansaran en el edificio. Obviamente, no tuvieron suerte.

Y narra que en la orilla de enfrente, en Montevideo, existe unedificio gemelo que se llama Palacio Salvo que, como el porteño, se divide en tres partes:

El Palacio Barolo, desde adentro.

– en la planta baja el infierno;

– en el desarrollo el purgatorio;

– y en la cúpula el paraíso.

Palacio Barolo. Tiene un faro que ilumina hasta la costa uruguaya. (Foto: Guillermo Rodríguez Adami)

Palacio Barolo. Tiene un faro que ilumina hasta la costa uruguaya. (Foto: Guillermo Rodríguez Adami)

“Para llegar hasta aquí, en donde funciona un faro que alcanza a su par uruguayo, hacen faltan subir 140 escalones, una manera de demostrar el esfuerzo que se requiere para llegar al paraíso“.

Muy cerca de ahí, también sobre Avenida de Mayo, uno de los “hits” de sus recorridos es el Hotel Chile, un ejemplo del Art Nouveau local que fue recientemente restaurado.

El Hotel Chile también queda sobre Avenida de Mayo.

“No tiene ninguna historia en particular, salvo que nació como Hotel Lutecia y que sufrió un incendio que le hizo perder una cúpula de inspiración india que no se pudo recuperar. Pero en ese caso muestro fotografías para que la conozcan”, afirma.

Hotel Chile. Construido en 1905 por el francés Louis Dubois, mantiene su función original. (Fotos Alfredo Martinez)

Hotel Chile. Construido en 1905 por el francés Louis Dubois, mantiene su función original. (Fotos Alfredo Martinez)

En estilo Art Decó, el que más llama la atención es la ex sede del diario Crítica, en Avenida de Mayo 1333, y que ahora funciona como sede de la Superintendencia de Administración de la Policía Federal.

Ex diario Crítica. Se encuentra en Avenida de Mayo 1333. (Foto: Luciano Thieberger)

Ex diario Crítica. Se encuentra en Avenida de Mayo 1333. (Foto: Luciano Thieberger)

El Movimiento Moderno, en cambio, no arranca suspiros entre los turistas. Algunos, tal vez, el edificio Kavanagh, sobre el que Acher cuenta la leyenda de la rivalidad entre Corina Kavanagh y Mercedes Castellanos de Anchorena.

Edificio Kavanagh. En Florida 1065, Retiro. (Fotos: Juan José Traverso)

Edificio Kavanagh. En Florida 1065, Retiro. (Fotos: Juan José Traverso)

Se dice que Corina mandó a construir el edificio que lleva su apellido para tapar la vista a la Iglesia del Santísimo Sacramento, donada por los Anchorena, porque Mercedes no dejó que uno de sus hijos se casara con ella.

“Siempre aclaro que no es real, porque ni siquiera coinciden las fechas”, asegura la arquitecta. El Kavanagh se inauguró en 1936, 16 años después de la muerte de Mercedes de Anchorena.

Otro de los mitos que Acher desmiente durante sus recorridos es el que sostiene que en la tumba de Rufina Cambaceres, en el cementerio de Recoleta, se encontraron huellas de rasguños del lado interno, una prueba de que a esta jovencita de 19 años la habían enterrado viva.

“Es cierto que Rufina murió el día de su cumpleaños, en 1902, pero desde 1868 existía la obligatoriedad de esperar 24 horas para inhumar a un fallecido. Incluso se le ponía una pulsera con una campanita, para asegurarse que no se movía”.

Bóveda de Rufina Cambaceres. Una de las historias más atrapantes de la Ciudad. (Foto: David Fernández )

Bóveda de Rufina Cambaceres. Una de las historias más atrapantes de la Ciudad. (Foto: David Fernández )

La leyenda de Rufina no termina ahí y parte de un dato real. Se dice que ella tuvo un infarto cuando una amiga le contó que su madre, Luisa Bacichi, tenía una relación amorosa con Hipólito Yrigoyen, el prometido de la joven.

“Esto es cierto, de hecho se confirmó porque del vínculo entre Hipólito y Luisa nació un hijo”.

Acher destaca que “al extranjero le gusta lo colonial y la variedad de Buenos Aires. Como los palacios aristocráticos de Recoleta, porque no esperan ese lujo. Y de Puerto Madero les atrae la recuperación de los docks de ladrillo inglés, no las torres”.

Puerto Madero. La recuperación de los docks llama la atención de los turistas extranjeros.

Puerto Madero. La recuperación de los docks llama la atención de los turistas extranjeros.

Los recorridos se hacen a pie y duran dos horas. Existen circuitos preestablecidos y otros que se pueden hacer a medida. Incluso existe la opción de regalar un paseo a través de una Gift Card.

Fuente: Clarín