La calesita de Devoto cumplió 80 años y su dueño lo festejó con tres generaciones de vecinos

tlaZKeGXb_1256x620__2

Adelino Luis Da Costa parece un rockstar: un hombre de unos cuarenta y pico se le acerca y pide que les saquen una foto. Un nene, de cinco o seis años, llega con un dibujo y se lo entrega. Una señora acompañada por su nieto le comenta de las tardes en las que venía, pero con su hijo, a este mismo lugar. Los fotógrafos lo quieren retratar pero no pueden: le resulta imposible mirar a las cámaras. Mucha gente le hace señas para saludarlo y él les responde. La mirada se le va segundo a segundo. Los reconocimientos frenan porque Adriana, la cantante infantil, lo llama desde el escenario.

Entonces, Da Costa, muchísimo más conocido como Tito, sube, levanta los brazos y recibe una ovación de las más de mil personas, entre abuelos, padres y chicos.

Es un día especial en la plaza Arenales, de Villa Devoto: el barrio festeja los 80 años de la calesita. Se inauguró en 1938 y es atendida por Tito desde 1978: eso implica que al menos tres generaciones hayan jugado a agarrar la sortija. Adriana, en el medio de su show, hace la prueba. Pide que levanten la mano todos los que al menos dieron una vuelta en esta calesita, ubicada a 30 metros del escenario. Hasta ella las levanta.

Festejo y reconocimiento. Tito, el calesitero de la plaza Arenales, celebró con la cantante infantil Adriana, que de chica iba a la calesita. Foto: Juan Manuel Foglia.

Festejo y reconocimiento. Tito, el calesitero de la plaza Arenales, celebró con la cantante infantil Adriana, que de chica iba a la calesita. Foto: Juan Manuel Foglia.

Hay un dato que pocos conocen, aunque a los vecinos no se les escapa. A esa calesita llevaba Claudia Maradona a sus hijas Dalma y Gianinna, cuando la familia del Diez vivía den Devoto.

“La sortija es el primer triunfo del ser humano, después de su nacimiento”, dice Tito. “La calesita perdura por muchas circunstancias: primero, porque el chico tiene fantasías. La sortija se las genera. La ven y se creen súper héroes. Y segundo, por los padres. Muchos de los que vienen, están volviendo: los trajeron sus padres y hoy traen a sus hijos. Para ellos es transportarse a la niñez. Las primeras veces que vienen como papás se les pone la piel de gallina: sus hijos están frente al mismo tipo que les movía la sortija”.

Da Costa vive en Lanús y es hincha fanático de Banfield. Los chicos del barrio lo saben muy bien: se las pasa pidiéndoles que se hagan hinchas de su club. No le ha ido muy bien: dice que solo lo logró con una chica que hoy tiene entre 18 y 20 años. “Al menos hice a una”, cuenta sonriendo. Durante la década del 70, se ganaba la vida como ferroviario. Un vecino le había transmitido la pasión por la calesita, desde su adolescencia. Era calesitero, le vio pasta y le pidió que lo ayudara. Así se formó.

La calesita de la plaza Arenales, en Villa Devoto.

La calesita de la plaza Arenales, en Villa Devoto.

Más adelante se compraría la suya, una calesita precaria con la que giraba por los barrios. Podía quedarse una semana o dos meses, según la zona. La changa pasaría a oficio cuando en 1978, Don Manuel le dejó su calesita. Estaba en un terreno sobre la calle Nueva York, a la altura de la plaza pero de la otra vereda. “Lo que realmente quería era que se conservara, que no muriera la calesita. Fue un acuerdo sin papeles ni nada; de palabra de gallego”, recuerda. Y agrega que es la más antigua de la Ciudad: la que más años lleva en un mismo barrio, cumpliendo el deseo de Don Manuel.

En 2007, y después de juntar 10 mil firmas de vecinos y comerciantes, La calesita de Devoto se trasladó a la plaza. Es que el dueño del terreno prefería vender y no renovarle el contrato. Hoy, en el lugar hay un edificio y un local de una cadena. La que más se movió fue Sandra Castillo, una vecina que traía a su hijo, y que en ese momento era Directora del Departamento de Relaciones con la comunidad de la Ciudad.

La calesita de la plaza Arenales, en Villa Devoto.

La calesita de la plaza Arenales, en Villa Devoto.

Los vecinos lo reconocieron con placas, con un grupo de Facebook llamado Yo fui a la calesita de Tito de Villa DevotoLos festejos por los ochenta años también nacieron a partir de la idea de los vecinos, que se encargaron del escenario, los permisos y todo lo necesario. Y un domingo, una mujer que había acompañado a su hija, le preguntó a Tito si quería hablar por teléfono con Adriana, que también había pasado por su calesita. De ahí que levantó las manos desde el escenario. La invitó y, dos domingos después, pasó a saludarlo y le confirmó su presencia.

En los veranos, la calesita puede estar abierta hasta las doce de la noche. O más. Los domingos de sol, recibe entre 300 y 400 chicos. A eso hay que sumarle los que pasan solo a saludar a Tito: vecinos que tal vez ya no viven en el barrio, pero crecieron dando vueltas y mantienen la relación con el calesitero que, cuando los veía pasar, los llamaba por su nombre.

Fuente: Clarin