La nueva edición de BA Photo cerró con balance optimista

Galeristas y público destacaron la calidad de lo expuesto; "hay mejor ánimo de compra", dijo su director

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Por segundo año consecutivo, BA Photo tiene como sede el pabellón 8 de La Rural, donde se ubicaban las antiguas caballerizas, un espacio amplio y luminoso que le da a la feria de fotografía el marco ideal. Hoy es el último día para visitar la edición 2017 de este encuentro regional de galerías y artistas consagrados y emergentes.

En el sector principal, más de 35 galeristas exhiben series y obras de fotógrafos argentinos y extranjeros. El viernes, en el primer día de puertas abiertas al público, la galería Diego Ortiz Mugica ya había vendido una decena de fotografías. “Este año la feria arrancó fuerte para nosotros. Tuvimos muchas consultas y ventas a coleccionistas y clientes”, contó María Ortiz, directora de la galería. Con Michael Cooper, Hilda Lizarazu y Juan Solanas como figuras destacadas, en el stand de Ortiz Mugica hay obras que cotizan entre 2000 y 4500 dólares. Eleven Hands, de Cooper, una copia en gelatina de plata de Ortiz Mugica del negativo original del célebre fotógrafo inglés que retrató a The Beatles, fue adquirida por un coleccionista en 2300 dólares. Mientras que Eclipse sobre el Nahuel, del propio fotógrafo y galerista, se vendió en 4200 dólares. Claro que allí también ofrecen, al igual que en los espacios de las galerías emergentes, piezas de autor de 600 a 800 dólares.

Ubicada en el sector Fuera de foco, curado por Federico Curutchet, Hache, de Silvina Pirraglia, exhibe trabajos de Leticia Obeid e Ivana Vollaro. Su directora, Silvina Pirraglia, dijo a LA NACION que participar de la feria es para ellos “una apuesta más institucional que comercial”. Con precios de entre 800 y 3000 dólares, su objetivo es difundir la obra de los artistas de la galería. En cuanto a la edición décimo tercera de BA Photo, la galerista destacó “un importante crecimiento a nivel conceptual y curatorial”.

Si bien hasta ayer no hubo adquisiciones por parte de museos y organismos culturales, más allá de una compra del Museo Provincial Palacio Dionisi, de Córdoba, presente en el espacio institucional, Costa Peuser resaltó el interés de los privados. Como ejemplo, contó que Carlos Rosso, referente del sector real state, compró obra en nombre de Jorge Pérez, CEO y fundador de The Relate Group, el desarrollador más importante de Miami. No trascendieron las cifras de la operación. Para hoy se espera la visita de Eduardo Costantini, que adelantó el regreso al país de un viaje al exterior para asistir al cierre de BA Photo.

En otras galerías del sector principal, como Sessa Photogallery, también se destacaban los círculos rojos que indican venta en varias obras. Ayer había dos de esos puntos colorados en Testigos urbanos, de Aldo Sessa, y en Luna en piedras blancas, de Ortiz Mugica, mientras que una foto de Guillermo Napoli se vendió a tres compradores.

El hit de esta edición es la impresora que permite imprimir una foto en el mismo momento en el que se comparte en las redes sociales. También, los libros de Photobook Tijuana, feria de arte impreso.

Mateo, el artista más joven en una muestra de consagrados

Tiene cinco años y es la primera vez que expone sus fotos. Tercera generación de artistas de la fotografía, Mateo Kitzberger es nieto de Diego Ortiz Mugica e hijo de María, directora de la galería que lleva el apellido familiar. Las tres obras que Mateo exhibe en BA Photo se vendieron por 150 dólares cada una en el primer día de la feria en La Rural.

Tomadas con una cámara Leika, las fotos tienen nombre. Se los puso Mateo: El señor de seguridad, Zapatos caminadores y Señora sentada en el sillón. La primera y la tercera las sacó en el edificio del CCK: el chico eligió los encuadres, se ubicó y disparó sin dudar. La segunda imagen la registró en la puerta de su escuela, donde cursa el preescolar. “Esos zapatos -cuenta Mateo señalando la foto- eran dorados. Me agaché cerca del piso y la saqué”. Al hombre de seguridad del CCK lo encontró en un pasillo y lo retrató mirando a cámara, serio y de brazos cruzados. “La señora sentada en el sillón es mi mamá. Le dije que se sentara a un costado y que se quedara quieta, muy quieta”, agregó el minifotógrafo, el más joven de la feria.

Fuente: La Nación