La Plaza del Congreso, como un museo

MIRÁ LA GALERÍA DE IMÁGENES. Un paseo que va desde "El pensador", de Rodin, padre de la escultura moderna, hasta las figuras que simbolizan la República, los ríos y la paz alrededor de la gran fuente

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“El Pensador tiene una historia. En días pasados, concebí la idea de ‘La puerta del Infierno’. Al frente de la puerta, sentado en una roca, Dante pensando en el plan de su poema. Detrás de él, Ugolino, Francesca, Paolo, todos los personajes de la Divina Comedia’. Este proyecto no se realizó. Delgado, ascético, Dante separado del conjunto no hubiera tenido sentido. Guiado por mi primera inspiración concebí a otro pensador, un hombre desnudo, sentado sobre una roca, sus pies dibujados debajo de él, su puño contra su mentón, él soñando. El pensamiento fértil se elabora lentamente en su cerebro. No es más un soñador, es un creador”.

Así describió Auguste Rodin (1840-1917), padre de la escultura moderna, el origen de esa obra, que le encargó el Estado francés en 1880. Lo hizo en una carta a un crítico, Marcel Adam, que publicó un periódico de allá en 1904.

Vista. La fuentes del Monumento a los Dos Congresos, y detrás el palacio legislativo. / Diego Díaz

Vista. La fuentes del Monumento a los Dos Congresos, y detrás el palacio legislativo. / Diego Díaz

Eduardo Schiaffino, pintor, crítico y primer director de nuestro Museo Nacional de Bellas Artes, pasó en 1906 por el Panteón parisino, donde estaba esa pieza, y no dudó: la escalinata del Congreso argentino debía tener su Pensador. La escultura llegó de Francia en 1907, hecha en bronce con el molde original y firmada por Rodin.

Schiaffino lo conocía bien. En 1894 le había encargado el homenaje a Sarmiento para el Parque 3 de Febrero. El Pensadormusculoso y desgastado por el esfuerzo y por el tiempo –más realista que esas bellísimas figuras fuera del mundo, inalcanzables como dioses, típicas del academicismo naturalista contra el que Rodin creó–, generó revuelo. Pero la obra sobre Sarmiento provocó un escándalo. Por ejemplo, tras su inauguración, en 1900, un diario publicó: “Sarmiento era feo, pero no tenía un cráneo de degenerado”.

Paz. Eso simbolizan los querubines que bailan alrededor de la gran fuente. / Diego Díaz

Paz. Eso simbolizan los querubines que bailan alrededor de la gran fuente. / Diego Díaz

Relax. Revovadas, las plazas del Congreso, Moreno y Lorea convocan a vecinos y turistas./ Diego Díaz

 

Relax. Revovadas, las plazas del Congreso, Moreno y Lorea convocan a vecinos y turistas./ Diego Díaz

Es domingo a la tarde, no hay manifestaciones y la Plaza del Congreso -diseñada sobre un proyecto del gran Carlos Thayspara el Centenario-, la Moreno –donde está El Pensador– y la Lorea, invitan a quedarse. Las arreglaron tras los desmanes en las protestas de diciembre.

Desde el Ministerio de Ambiente y Espacio Público porteño informaron a Clarín que volvieron a poner las baldosas arrancadas para armar “proyectiles”, 13 mil m2 de panes de césped, 5.000 plantas, el sistema de riego, bancos y cestos. También tuvieron que restaurar monumentos enrejados. Cambiar el mármol roto de los odeones de orquesta. Limpiar las pintadas sobre El Pensador. Dan ganas de quedarse a mirarlo pero allá está el Monumento a los Dos Congresos, con su fuente de aguas danzantes imponente.

Verde. Tras los destrozos de diciembre, sembraron 13 mil m2 de panes de césped, según fuentes oficiales. / Diego Díaz

Verde. Tras los destrozos de diciembre, sembraron 13 mil m2 de panes de césped y cinco mil plantas, según fuentes oficiales. / Diego Díaz

Árboles. Alrededor de este ejemplar durmió gente durante años. Desde el Gobierno dicen que se fueron por su cuenta. / Diego Díaz

Ahora una pareja toma mate en el pasto. Pasan algunos runners. De día, al menos, no se ve gente viviendo, ni en el viejo árbol de la esquina de Yrigoyen y Sáenz Peña, que llegó a estar tapado por ropa y frazadas. Desde el Gobierno porteño afirman que quienes estaban instalados allí se fueron por su cuenta.

Paseo. Arreglado, el complejo de las tres plazas invita a quedarse un rato. / Diego Díaz

Paseo. Arreglado, el complejo de las tres plazas invita a quedarse un rato. / Diego Díaz

Hay mucho para contar acá. Y El Pensador sigue ofreciendo historias. Aunque se debatió varias veces su traslado al Congreso -según la idea original de Schiaffino-, todavía le da la espalda a ese edificio, como señaló el historiador Daniel Balmaceda.

Otra anécdota le suma a esta celebridad un significado distinto. En 1904, cuando el editor de la revista Las Artes de la Vida, Gabriel Mourey, presentó a El Pensador en París explicó: “Lo elegimos porque ya no muestra al poeta suspendido sobre los golfos del pecado y la expiación, aplastado por la piedad y el terror de la inflexibilidad de un dogma, ya no se trata del ser excepcional, del héroe; es nuestro hermano en sufrimiento, en curiosidad, en pensamiento, en alegría. Esa alegría amarga de conocer”.

En este GPS van algunos “secretos” sobre ése y otros emblemas de Plaza del Congreso y sus vecinas. Se trata de datos e interpretaciones, más o menos alegres, más o menos amargos. Es que antes de pasear por este pequeño gran museo a cielo abierto bien vale recordar que, en la variedad de puntos de vista, está el gusto.

Posible recorrido:

1) El gran bronce. “Lo que hace que mi Pensador piense es que él piensa no sólo con su cerebro, si no también con su ceño fruncido, con sus fosas nasales distendidas y sus labios comprimidos, con cada músculo de sus brazos, espalda y piernas, con su puño apretado y sus dedos de los pies agarrados“, dijo Auguste Rodin, su autor. En realidad, la obra nació cuando trabajaba sobre “la puerta al infierno” de la Divina Comedia de Dante Alighieri, por encargo del Estado francés. La copia local fue encargada por el primer director del Museo Nacional de Bellas Artes, Eduardo Schiaffino, para la escalinata del Congreso. Llegó en 1907 y aún no la colocaron en ese lugar. Está, enrejada, en la Plaza Moreno.

Perfil. Otro punto del vista de "El Pensador", de Rodin.

Perfil. Otro punto del vista de “El Pensador”, de Rodin./ Diego Díaz

2) Kilómetro 0. El monolito fue realizado por José Fioravanti y su hermano Máximo y colocado el 2 de octubre de 1935 en la Plaza Lorea. Lo diseñaron con la virgen de Luján al norte, un mapa de Argentina al sur, placas en homenaje a San Martín al oeste y la información sobre el decreto que definió su mudanza, al este. El traslado fue el 18 de mayo de 1944 a la actual Plaza Mariano Moreno, donde aún se encuentra.

Monolito Kilómetro 0. Inaugurado en 1935, lo mudaron a la Plaza Moreno en el 44. / Diego Díaz

Monolito Kilómetro 0. Inaugurado en 1935, lo mudaron a la Plaza Moreno en el 44. / Diego Díaz

3) A los Dos Congresos. El Monumento fue realizado por el arquitecto Eugenio D’Huique y el escultor Jules Lagae, ambos belgas, con piedra de Nancy y figuras de bronce patinado. Lo inauguraron el 9 de julio de 1914. Una escalinata da acceso a una gran plataforma sobre la que se erige un pedestal que sostiene a una figura femenina: una alegoría de la República. Está rodeada por otras dos, símbolos de la Asamblea de 1813 y el Congreso de Tucumán de 1816, que declaró la independencia. Al este, una fuente, también con figuras alegóricas (ver ítem 5), ofrece un oasis. Los querubines de alrededor son símbolos de paz.

Panorama. La fuente, el Monumento y, detrás, el Congreso. / Diego Díaz

Panorama. La fuente, el Monumento y, detrás, el palacio del Congreso. / Diego Díaz

4) República. Está representada por una figura femenina de bronce que sostiene una rama de laurel en la mano derecha y apoya la otra sobre la guía de un arado. A sus pies, serpientes simbolizan el mal y otra figura, el trabajo. Corona el Monumento a los Dos Congresos.

República. Con laureles y un arado, corona el Monumento a los Dos Congresos. / Diego Díaz

República. Con laureles y un arado, corona el Monumento a los Dos Congresos. / Diego Díaz

5) Bravos. Entre enérgicos caballos, figuras masculinas representan al Río de la Plata y -a los costados- a sus afluentes: el Uruguay y el Paraná. Animales autóctonos completan la escena. Como el ítem 2, las piezas integran el Monumento a los Dos Congresos.

Bravos. Los caballos relinchan entre las alegorías de los ríos De La Plata, Uruguay y Paraná. / Diego Díaz

Bravos. Los caballos, entre alegorías de los ríos De La Plata, Uruguay y Paraná. / Diego Díaz

Fuente: Clarin