La primera edición de la Bienalsur conectará a 30 ciudades, desde Buenos Aires hasta Tokio

La Primera Bienal de Arte Contemporáneo de América del Sur (Bienalsur) conectará entre septiembre y diciembre a más de un centenar de museos, centros culturales, edificios y espacios emblemáticos de 15 países, desde la Argentina hasta Japón, mediante 379 muestras y acciones simultáneas de 250 artistas y curadores de todo el mundo.

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En Buenos Aires, más precisamente en el Museo de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (Muntref), frente al Río de La Plata, está el kilómetro cero de la iniciativa que se extenderá hasta Tokio e interconectará durante cuatro meses a instituciones tan diversas como el Museo Reina Sofía de España, la antigua cárcel de Valparaíso o la Floresta de Ilha Bela en Brasil.

Una serie de pantallas transmitirán en simultáneo muestras y eventos vinculados por temáticas comunes en distintas ciudades. Así, una persona podrá visitar una intervención en París, Marsella o Berlín que se completará o cobrará nuevos significados con acciones artísticas en La Habana, Palma de Mallorca, Sorocaba o las urbes argentinas de Rosario, San Juan, Tucumán y Salta.

Se trata de 30 ciudades que serán tomadas por el trabajo con sus comunidades de artistas emergentes y figuras de gran prestigio internacional como Cildo Meireles, Regina Silveira, Christian Boltanski, Tatiana Trouvé y Pedro Cabrita Reis.

“La selección de las sedes centrales en la Argentina se realizó en función de su importancia simbólica y su capacidad de público, las cuales se replicarán en espacios tan diversos como el Memorial de América Latina, en San Pablo, o la Fundación Zinsou en la africana república de Benín”, dijo a Télam Aníbal Jozami, director general de la bienal y rector de la Untref, universidad que organiza el evento.

La característica común de Bienalsur, remarcó Jozami, “será esa interconexión que permitirá a quienes visiten alguna muestra hacer un recorrido cultural por otros países, lo que forma parte de un intento de articulación e integración política cultural del que aún carecemos”.

Se trata de que los visitantes puedan atravesar esa experiencia como parte de un entramado mayor que, conformado por una red de universidades y centros de investigación sudamericanos, resitúa al arte de la región dentro del atlas mundial en un registro de paridad, con la intención de que deje de ser entendido como una cuota dentro de la diversidad y para que, puertas adentro del continente, refuerce sus lazos e identidad.

Un entramado que, cruzando los océanos Atlántico y Pacífico, “determina un territorio que supera lo geográfico”, señaló Jozami, animado por la consigna de una mirada situada en un “Sur Global”.

El concepto “Sur global” define asimismo la peculiar forma de Bienalsur: abierta y progresiva, ya que las muestras que se sucederán entre septiembre y fin de año ganaron cuerpo durante dos años de encuentros entre artistas, curadores, coleccionistas y académicos de los cinco continentes.

Algunos de los proyectos que podrán verse entre la primavera y el verano próximos son “Triángulo terrestre”, una acción llevaba a cabo por 14 artistas en la frontera en litigio entre Chile y Perú, dentro de Proyecto Hawapi, que brega por la integración cultural regional respetando las diversidades.

“Tierras de fuego” es otra opción, una videoinstalación realizada en el Glaciar Perito Moreno por la polaca Angelika Markul, que toma el nombre del archipiélago vecino como un disparador poético para referirse al impacto del calentamiento global y construir un paralelismo con la persecución y exterminio de los pueblos originarios americanos.

La argentina Graciela Sacco mostrará “¿Quién fue?”, una propuesta que se meterá en el espacio público y cuestionará a su vez el espacio íntimo, mediante gigantografías de un dedo señalador que montará en estaciones de tren latinoamericanas.

Mientras, “Misterios” es una instalación del francés Christian Boltanski que interviene sonoramente el paisaje patagónico de Bahía Bustamante; a la que se suma otra del brasileño Eduardo Srur, “Pets”, que reflexiona sobre la contaminación de las aguas; “Imágenes de mi mundo”, del iraní Reza, un trabajo realizado en talleres de fotografía con habitantes de Fuerte Apache y la Villa 21; y “Turn”, proyecto colaborativo del japonés Katsukiro Hibino con artistas argentinos en instituciones dedicadas a niños y jóvenes con trastornos emocionales.

Así, la bienal traza su propia cartografía y rompe moldes tradicionales mediante cuatro grandes líneas curatoriales en las que se integran los diferentes proyectos: arte en las fronteras; acciones e interferencias en el espacio público; curadurías a partir de la obra seleccionada; y colección de colecciones.

En este sentido, Jozami subrayó que “Bienalsur tendrá un rol fundamental desde sus características de originalidad”, en tanto anticipó que “la experiencia de las muestras, más los catálogos y la documentación audiovisual que surgirá a fin de año será la base, no solo de su continuidad, sino de la existencia de nuevas bases documentales y de archivo para el replanteo del arte de nuestros países”.

Consideró que “la situación sociopolítica del mundo está, lamentablemente, brindando el contexto adecuado para que esta iniciativa se convierta en un intento de destruir los muros y la discriminación a partir de la cultura” y que, en este marco, “la acción conjunta que venimos haciendo con instituciones de todo el mundo adquiere un simbolismo especial”.

A lo que añadió que “Bienalsur se ha planteado crear un nuevo estilo en el mundo del arte, haciendo que fluyan con total naturalidad y sin restricciones los discursos artísticos culturales; una libertad que se traduce en nuevos canales de comunicación y encuentro, persiguiendo el objetivo de que el sur del mundo logre un rol protagónico”.