Una muestra reúne los grandes tesoros fotográficos del Bellas Artes

Retratos y escenas urbanas, los dos grandes ejes. Hay piezas de Henri Cartier Bresson, Annemarie Heinrich, Robert Doisneau, Marcos López y Sara Facio, entre otros. Escenas urbanas. Uno de los ejes temáticos de la exposición rescata a la ciudad como un espacio físico, simbólico, político y subjetivo.

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Se inauguró en las salas del segundo piso del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) la exposición “En Tránsito. Fotografías de la colección del Museo Nacional de Bellas Artes”. La muestra itinerante llega a Buenos Aires después de haber pasado por Mendoza y por Córdoba durante el año pasado-. Curada por Verónica Tell –investigadora de la institución desde finales de 2014-, la muestra es una pequeña selección del acervo fotográfico del museo, que en total suma alrededor de 1650 piezas.

“Dentro de las colecciones del MNBA hay presente un fuerte cuerpo de fotógrafos argentinos, otra parte muy importante de latinoamericanos y luego, también hay trabajos de fotógrafos internacionales”, explica Tell. “En relación a los períodos que la exposición abarca, podría mencionar que la mayor parte de las fotografías que integran la colección fue realizada entre 1930 y finales del siglo XX. Las más tempranas corresponden a mediados del siglo XIX, aunque también pueden observarse fotografías contemporáneas.”

Los trabajos de fotógrafos célebres conviven en esta muestra con producciones de otros fotógrafos quizás no tan populares ni reconocidos a nivel masivo pero creadores de trabajos realmente interesantes.

Imagen. Cunningham y Twinka en Yösemite, 1994, obra de Judy Dater.

Imagen. Cunningham y Twinka en Yösemite, 1994, obra de Judy Dater.

Entre los primeros, cabe mencionar a los brasileños Claudia Andujar, Mario Cravo Neto y Miguel Rio Branco, de los franceses Henri Cartier-Bresson, Robert Doisneau y Jean Philipe Charbonnier, la alemana nacionalizada argentina Annemarie Heinrich, la alemana radicada en la Argentina Grete Stern (de quien en 2013 pudo verse una magnífica muestra de su serie “Los sueños” en Malba, fotomontajes realizados para la revista femenina “Idilio”, en la sección “El psicoanálisis le ayudará”), la franco-alemana Gisèle Freund (quien llegó a la Argentina debido a la Tercera Guerra Mundial, habiendo ya trabajado para las revistas Life, Paris Match y Weekly Illustrated, desempeñándose aquí para Sur, de Victoria Ocampo, escribió ese famoso libro, “La fotografía como documento social”), y los mexicanos Lola Álvarez Bravo, Graciela Iturbide y Manuel Alvarez Bravo (su primera mujer fue la anteriormente mencionada Lola; compró su primera cámara en 1924: en el 32 ya expuso con Cartier-Bresson).

Curada por Verónica Tell, la exhibición se organiza en dos grandes ejes temáticos: “Las ciudades y sus mundos” y “Formas de la subjetividad”. 

También el afamado estadounidense Robert Mapplethorpe, así como los de los argentinos Horacio Coppola (marido de Grete Stern), Juan Di Sandro, Eduardo Comesaña, Eduardo Gil, Humberto Rivas (exquisito fotógrafo que fue primero obrero textil, al igual que sus padres; tuvo la ambición de convertirse en un ciclista de circuito pero vendió su bicicleta en 1955 para comprarse primero un caballete de pintor, luego, una cámara Argus de 35 mm); Sara Facio, Alejandro Kuropatwa, Raúl Stolniker, Marcos López y Adriana Lestido.

Kuropatwa. El enfant terrible queer que retrató a las figuras del rock nacional.

Kuropatwa. El enfant terrible queer que retrató a las figuras del rock nacional.

Entre los menos conocidos a nivel masivo se encuentran, a su vez, Justo Liborio (Buenos Aires, 1902-2003), Arnold Newman (Nueva York, 1918-2006), Fernando Paillet (Santa Fé, 1880-1967), Duane Michals (Pensilvania, 1932), Werner Bischof (Suiza, 1916- Perú, 1954), y Judy Dater (Los Angeles, 1941).

Esta perspectiva abarcativa de la exposición, le da cabida a lecturas y aproximaciones múltiples, inesperadas: durante su recorrido cada cual puede elegir sus propios itinerarios, aun cuando la muestra se articula alrededor de dos grandes ejes temáticos: “Las ciudades y sus mundos” y “Formas de la subjetividad”.

Jorge Aguirre, mirada crítica. Durante su carrera, el fotógrafo argentino realizó varios reportajes sobre la ciudad de Buenos Aires.

Jorge Aguirre, mirada crítica. Durante su carrera, el fotógrafo argentino realizó varios reportajes sobre la ciudad de Buenos Aires.

El primero de los ejes –el vinculado a las ciudades- hace foco en fotografías que muestran escenas urbanas: la ciudad como un espacio (físico, simbólico, político); cómo se habitan los centros urbanos de forma personal; y los universos que cada fotógrafo descubre y recorta de la realidad, en pos de la imagen que desea construir.

La segunda gran sección en que se divide la exposición se centra en las diversas formas del retrato, detalla la curadora; incluye imágenes de personalidades, fotografías de grupos familiares, desnudos, autorretratos y registros etnográficos.

Sería bueno poder tener presente, al acercarnos a cualquiera de estos dos núcleos de la muestra, que desde los primeros tiempos de la fotografía, tanto la ciudad como sus habitantes solían presentarse por separado: las personas posaban firmemente sentadas en el salón del fotógrafo (especialmente preparado para tales fines) , y las ciudades, por su parte, se presentaban vacías o con los ciudadanos representados de acuerdo a los contornos (diversos, difusos o definidos) que cada técnica le permitiese al lenguaje fotográfico.

En relación a esto, Tell explica que durante los primeros tiempos de la fotografía (es decir, hasta alrededor de 1870, hasta la utilización de la gelatina de plata) el lenguaje fotográfico mantuvo grandes barreras o trabas a la hora de poder representar ya sea el movimiento, bien la quietud: sólo aquellos que permanecieran inmóviles durante varios segundos frente a una cámara quedarían registrados de forma fiel en una placa (placa: es decir, aquello que existía previamente a la película fotográfica, algo así como un soporte de vidrio recubierto de una emulsión que era sensible a la luz). Las placas desaparecieron del mercado a comienzos del siglo XX, cuando las películas de celuloide –mucho menos frágiles, infinitamente más prácticas, fáciles de transportar y flexibles- fueron puestas a la venta por Geroge Eastman, el fundador, en 1888, de la Eastman Kodak Company.

Se estructura en torno a dos grandes temáticas: “Las Ciudades y sus mundos”, con foco en escenas urbanas y las ciudades como espacio físico, simbólico y político y “Formas de la subjetividad”, eje que se centra en las diversas formas del retrato. 

La aparición, uso y popularización de la cámara Leica (la primera cámara de película de 35 mm, existieron y existen varios modelos), fue lo que dio origen a gran parte de las imágenes de ciudades que pueden observarse en la muestra del MNBA. Tal como sostiene la curadora de la exposición, “la Leica vino a provocar una verdadera revolución”.

El empleo de químicos más sensibles a la luz acortó los tiempos de exposición de la imagen; los artefactos (cámaras) fotográficas dejaron de ser pesadas cajas de madera para convertirse en “cajitas” transportables, manuables y livianas; y los objetivos de estas cámaras otorgaban una mayor luminosidad. Pero además, conformaron maquinitas compactas, manipulables: el mundo se capturaba desde ellas con mayor rapidez y espontaneidad.

Es importante poder ver, dentro del eje “Las ciudades y sus mundos”, la fotografía de Cartier-Bresson. Autor de la noción “del instante decisivo” –es decir, el momento capturado “in fraganti”, la vida sorprendida “en flagrante delito”, también se lo reconoce por sus fotorreportajes modernos y especialmente por sus fotografías de calle (producciones más azarosas).

Aquí aparece también la foto de Justo Liborio, hijo (“difícil, díscolo”, decían) del presidente Agustín Justo (en presidencia entre 1932 y 1938, por el Partido Demócrata Nacional), y seguidor del trotskismo local en los años 30 (tanto, que fundó la Liga Obrera Revolucionaria). Su trabajo puede verse ahora en el museo: refleja una manifestación de desocupados en la Buenos Aires de 1934.

Horacio Coppola (Argentina, 1906 - 2012). "Calle Corrientes al 3000", 1931.

Horacio Coppola (Argentina, 1906 – 2012). “Calle Corrientes al 3000”, 1931.

El “Interior de la hojalatería de Santiago Hubert”, la fotografía de 1922 del santafesino Fernando Paillet, es documento y obra viva de los colonos agrícolas de comienzos del siglo XX en nuestro país, y de aquello que se conoció como “la Pampa gringa”. Pero también su autor nos expone cómo los destinos cambian repentinamente: gestor cultural activo –fundó el Club de la Equis y la Sociedad de Canto, por ejemplo-, además de fotógrafo fue un dinámico músico: tocaba el violín, componía tangos, valses y marchas. Una temprana y progresiva sordera lo hizo entrar, a la fuerza, en un ostracismo duro y solitario: murió en la más absoluta miseria, en 1967. Con anterioridad, una depresión severa mal manejada, sufrida alrededor de los años 50, hizo que quemara el 80 por ciento de los archivos fotográficos con los que estaba construyendo el Museo Histórico de Colonia Esperanza y el Museo de Bellas Artes.

Estos trabajos inesperados que dejan en evidencia universos e imaginarios relacionados con la técnica pero especialmente con la subjetividad, con los mundos interiores, incluyen a la deliciosa fotografía de Gisèle Freund de 1965, mostrando la mesa de trabajo de la mítica escritora Virginia Woolf (Gran Bretaña, 1882-1941) –un cuaderno, una lapicera, el vaso con flores, la mesa de madera simple con vista al infinito-, indican la experiencia, la afectividad, tanto de una como de otra. Woolf escribía, en Diario de una escritora: “Dio en cavilar si la Naturaleza era bella o cruel; y luego se preguntó qué era esa belleza; si estaba en las cosas mismas o sólo en ella. Y así pasó al problema de la realidad, que la condujo al de la verdad, que a su vez la condujo al amor, la amistad y la poesía (como antes en la colina del roble); y que le hicieron anhelar, como nunca, una pluma y un tintero”. Este mismo universo asoma, bien captado, con cuidado, con delicadeza, en esta fotografía de Freund.

Graciela Iturbide (México, 1942). "Carnaval", 1974.

Graciela Iturbide (México, 1942). “Carnaval”, 1974.

Así como (el muy conocido) doble retrato de la gran fotógrafa Imogen Cunningham (Portland, 1883-San Francisco, 1976) junto a la joven modelo Twinka Thiebaud, en el parque de Yosemite, en California, tomado rondando 1974, en el que asoman formas diversas de exponer, también, los mundos personales. “Las diferencias de actitud, de edad y sobre todo, la ropa de la mayor (Cunningham) y la desnudez de la joven (Thiebaud) superan las subjetividades para referir, no sin humor y bizarría, a las distintas edades de la vida”, explica Tell.

Hay una pregunta flotando en el aire, mientras se recorre la exposición: ¿podría considerarse, de forma definitiva, completa, a la fotografía como una obra de arte?

“Creo que para varias de estas piezas no cabe hablar de ‘obras de arte’”, contesta la curadora. “Habría que contemplarlas desde un concepto más amplio, vinculado a la cultura visual, que pueda abarcar diversas producciones estéticas que no fueron originalmente concebidas, difundidas o consumidas como ‘obras de arte’. En concreto, en la muestra hay fotos que fueron realizadas por individuos que se sentían inscriptos en el campo y en el discurso del arte (como Lola o Manuel Álvarez Bravo, o Arnold Newman o Joan Fontcuberta, por ejemplo), y otras producidas desde prácticas muy diversas (las fotos de Claudia Andujar o de fotorreporteros como Jean Philippe Charbonnier o Juan di Sandro)”.

Gisèle Freund (Francia, 1908 - 2000). "Virginia Woolf 's working table, Sussex", 1965.

Gisèle Freund (Francia, 1908 – 2000). “Virginia Woolf ‘s working table, Sussex”, 1965.

Las ventanitas “móviles/inmóviles” que encarnan estas piezas sacadas de la intemperie y ahora protegidas del mundo (son de valor patrimonial, cultural, económico, son parte de la colección del museo más importante del país), nos señalan prácticas determinadas de capturar lo fugaz, lo ajeno, exigiéndole quietud al mundo: porque de esto también se trata la fotografía; de un deseo de la luz de permanecer allí. De un mundo vasto detenido.

Ficha

“En Tránsito”

Cuándo: Hasta el 17 de febrero, de martes a viernes, de 11 a 20 y sábados y domingos, de 10 a 20. Gratis.

Dónde: Museo Nacional de Bellas Artes, Av. Del Libertador 1473.

Fuente: Clarín