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Fue la tercera función del Abono del Bicentenario. Un público expectante y ansioso esperó al pianista Lang Lang, considerado uno de las más importantes del momento. Asi fue... Lang Lang no defraudó al expectante y colmado Teatro Colón, que vivió una noche de gloria. Lang Lang toca el piano con todo el cuerpo. Su increíble carisma, energìa y forma de expresión , lo transforman en un pianista especial, alejándose de todos los prototipos convencionales. Sin fallos técnicos y con una fuerza mental increíble, Lang Lang ofreció un recital maravilloso. Su comienzo con la Partita No1 BWV 825 fue grandioso. Sonidos pianísimos, delicados y sutiles. Velocidades vertigionas, pero controladas. Fue muy emotiva su versión de la Sarabande. Brillante y virtuosa su Giga. Un momento sublime. La Sonata en Si Bemol Mayor Opus Póstumo 23 (D.960) fue ensoñadora y nostálgica. Maravilloso el Andante Sostenuto, al igual que los movimientos finales, tocados con Maestría por el pianista. Una obra monumental del romancticismo que pudimos escuchar en magnífica versión. En la segunda parte, Lang Lang ofreció lecciones de técnica y destreza. Pudimos corroborar que definitivamente nos encontrábamos ante uno de los pianista geniales de este siglo, al interpretar los Doce estudios Op 25 de forma magistral. No existe para él dificultad alguna, es decir, que pudo extraer del piano sonidos y colores maravillosos, difíciles de olvidar. Para rematar la velada... La Campanella de Liszt. Gracias Lang Lang!! Gracias Teatro Colón!!
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