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Número de edición:
Viernes 01 de Mayo de 2012
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Lenny Kravitz y Maná iniciaron Rock in Río en Madrid
Dos formas muy diferentes de hacer rock: ése es el sabor de boca que dejaron el neoyorquino y los mexicanos, platos fuertes de la jornada de inauguración de la tercera edición del festival Rock in Rio que acoge Madrid.

El ritmo sin tregua de su inconfundible rock-funk, la música contestataria y rebelde y la imponente presencia sobre el escenario Mundo de un Kravitz que ha hecho de la denuncia contra el racismo en la era post Obama el tema central de su último disco "Black and White America", contrastó con el lado más romántico del pop-rock latino que

mostró Maná, a un ritmo pausado, con signos de cansancio y echando mano de un repertorio trasnochado con escasas novedades.

Hasta 42.000 personas, según los organizadores, acudieron a la ciudad del rock en el arranque del festival, que calentó con la música de cuatro grupos españoles: El Pescao, Maldita Nerea, La Oreja de Van Gogh y Macaco, en espera de la llegada de la primera de las estrellas.

El cantante, compositor y multiinstrumentalista estadounidense Kravitz no defraudó con un directo impecable y un look imponente que resiste el paso de los años, pese a sus 48: pantalones oscuros estampados, los hombros al aire, pañuelo al cuello y sus imprescindibles gafas de sol.

Y aunque parecía que en un primer momento los asistentes estaban ahí más bien para ver a Maná, Kravitz supo conectar y seducir con su porte, sus movimientos y su música, en la que combinó temas de su nuevo disco con los clásicos que le lanzaron a la fama.

El espectáculo arrancó con la fuerza de "Come on Get In" de su último álbum, que encadenó enseguida con hits como "American Woman", "Always on the run" o "My mama said", para interpretar después "Black and White America". La puesta en escena del tema, que da nombre a su último trabajo, grabado entre Bahamas y París, se vio aderezada con proyecciones sobre el escenario de fotografías de familias mixtas estadounidenses de mediados del siglo pasado, acaso también de la suya.

En ocasiones tímido ante un público en cuyo idioma apenas se atrevió a decir más que un "hola", Kravitz lanzó un mensaje de agradecimiento a todos a quienes apoyan la música -"gracias por dar un propósito a lo que hacemos"- y no se olvidó tampoco de la final de la Eurocopa de fútbol, en la que están puestas hoy todas las miradas en España, que se juega el título contra Italia.

"¿Puedo preguntaros algo?", gritó el músico. "¿Quién va a ganar mañana el partido?", preguntó y recibió un gran grito por respuesta que sirvió para continuar el espectáculo con más clásicos como "Always on the run", "Fly away" o "Are you gonna go my way".

Y para terminar de encender el ánimo, Kravitz, en medio de un "Let love rule" final, se dio un baño de multitudes a las orillas del escenario y paseando por un corredor abierto entre el público, saludando y dejándose tocar y abrazar por sus fans, antes de marcharse para volver poco después, para terminar el espectáculo con sorpresa: dejando al descubierto sus ojos.

Pero si Kravitz logró invertir la tibieza inicial de los

asistentes, más bien fue inversa la progresión de la actuación de los mexicanos Maná, para cuyo concierto el público parecía haberse multiplicado por dos... y también la media de edad.

Tras un inicio con "Oye mi amor" -apto para despertar el recuerdo de esos temas que tanto sonaron en los bares a finales de los años 90 bajo el movimiento "rock en tu idioma"-, seguido de un "Déjame entrar" con algo más de ritmo, el vocalista Fher Olvera interpretó algunos de los temas de su último álbum "Drama y Luz", como "Lluvia

al corazón" o "El dragón", con una puesta en escena poco acertada.

También hubo lugar para las llamadas de hermanamiento al pueblo español y latinoamericano, plasmadas en el tema "Latinoamérica" de su último álbum y acompañado con la proyección de banderas de países del continente que terminaban en la yuxtaposición de los colores de México y España.

Tras gritos de ánimo -"Madrid, la vamos a pasar de puta madre"-, guiños al evento deportivo de la jornada del domingo -se bebió un largo trago de tequila a salud de la selección española para desearle la victoria- o intentos de conectar con el público tumbándose en el escenario y envolviéndose con una bandera de España a la que plantó

un beso, Olvera dejó dos temas al batería Alex Gonzalez y a los guitarristas de la banda, en lo que parecía más bien la pausa forzada de un vocalista que no puede esconder el cansancio y el paso de los años.

Esa pausa y la puesta en escena de un sofá, en el que se sentó con una asistente del público para interpretar temas de su repertorio mas lento y romántico, enfriaron a un público que no pudo ya reconectar ni siquiera con clásicos como "En el muelle de San Blas" o "Se me olvidó otra vez".

Recurrió luego imprescindibles como "Corazón espinado" y "Labios Compartidos", en medio del fuegos artificiales, pero al parecer, demasiado tarde: mientras la música seguía sonando, el público comenzaba a marcharse sin esperar al final.

Y sin esperar al DJ chileno suizo Luciano, que puso el cierre a una tibia primera jornada del festival, que se reanudará el próximo jueves y hasta el domingo con más promesas y reclamos como Rihanna, David Ghetta, Pittbull o Red Hot Chili Peppers.

 
 
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