Historias de Buenos Aires

Calles con nombres de mujeres: Emma de la Barra y la literatura: maravillosa narradora pionera para su época (8) – Por María Lorena Belotti, exclusivo para Diario de Cultura.com.ar.

Muchos de los que pasean por Puerto Madero se preguntarán quiénes fueron las mujeres que dan nombres a esas calles. Tal vez, otros tantos no tengan esa inquietud, pero es inevitable percibir la nomenclatura femenina que caracteriza a este rincón urbano . No es casual que el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, sea el día de este barrio. En 1995, la licenciada Leticia Maronese, presentó una denuncia acerca de la actitud discriminatoria respecto del género femenino en la asignación de nombres de las calles porteñas. De ahí, que se haya revisado el tema y que el barrio se vea poblado de calles que responden a mujeres talentosas, comprometidas y luchadoras que enorgullecen al género. Hoy es el turno de Emma de la Barra.

Nació en Rosario en 1861. Los hombres que la rodearon fueron periodistas, por lo cual la producción de la escritura le fue familiar desde su infancia rosarina, donde su padre, Federico de la Barra, reunía en su casa a personajes acreditados en el mundo intelectual.

Sus dos maridos, Juan de la Barra, primero y Julio Llanos, en segundas nupcias, compartieron el oficio. A partir de 1904, se refugió en la literatura para mitigar el dolor por la pérdida de Juan de la Barra y no le fue nada mal. En 1905 se conoció Stella, novela que en primera instancia apareció anónima pero que luego firmó con el nombre de César Duayen. El éxito fue tal, que se convirtió en el primer “Best séller” en nuestro país.

Al año siguiente publicó Mecha Iturbe, que no logró la repercusión de la novela anterior. Esta maravillosa narradora también escribió un libro de lectura para niños, El Manantial, de 1908. Fuera de la ficción, Emma de la Barra soñó con la creación de un barrio obrero próximo a La Plata conocido como «Las mil casas» en el cual proyectó la construcción de una escuela y un teatro. Sin embargo, no le fue tan bien como en la literatura. La utopía fracasó y perdió parte de su fortuna.

También activó empresas que sí resultaron, como la fundación de la “Sociedad Musical Santa Cecilia” para encauzar el entusiasmo de los aficionados a la música, la primera escuela profesional de mujeres; la “Cruz Roja Argentina”, que fundó en unión con Elisa Funes de Juárez Celman, esposa del presidente Miguel Juárez Celman, en las postrimerías de su gobierno, jaqueado por la revolución de 1890; la exposición de obras de arte y joyas que organizó en 1893 con Delfina Mitre de Drago, con fines benéficos y que permitió admirar las más hermosas expresiones artísticas que había entonces en colecciones privadas. Incursionó en el periodismo y sustituyó a su marido, Julio Llanos, en las notas que enviaba en 1915 de París al diario La Nación durante la segunda Guerra Mundial.

Eleonora, su tercera protagonista femenina apareció en forma de folletín en la revista El Hogar a principios de 1933 y siempre bajo la firma de César Duayen. En una entrevista que le hizo esta revista, la autora comentó : ”Hace un cuarto de siglo las mujeres ocupábamos una situación especialísima dentro del ambiente social. No se concebía la posibilidad de que transpusiera los límites del hogar sin que violara los más elementales preceptos de su organización. Cómo iba a atreverme a firmar una novela? Qué esperanza!. Era exponerme al ridículo y al comentario”.

Emma falleció en Buenos Aires, en 1947. Esta bella mujer se abrió caminos en Buenos Aires y hoy se la homenajea con una calle que atesora su nombre y la inmortaliza cada vez que uno la recorre en Puerto Madero, uno de los últimos barrios porteños que cobró vida en la ciudad.