Una muestra reúne fotos de los trabajadores agrarios de comienzos del siglo pasado

Las imágenes acompañaban el célebre informe Bialet Massé, de 1904, que denunciaba la explotación de la clase obrera y había sido encargado por el Presidente Julio A. Roca al abogado y médico español.

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Escenas de cosecha de uvas y de prensado de orujos (piel de la uva) en campos, mujeres italianas en la vendimia de Mendoza; extensas plantaciones, maquinarias agrícolas, hombres trabajando en la destilación del mosto (jugo de uva) en viñas y en el entonelado del vino en bodegas de San Juan; imágenes de Ingenios azucareros y de depósitos de miel en Tucumán; todas de comienzos del siglo XX, se pueden ver en “Bialet Massé. Fotografías de trabajadores rurales en Argentina”, una muestra que se exhibe hasta el 7 de febrero en la sala Abraham Vigo del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini.

Era la época de los grandes terratenientes: “Argentina, granero del mundo”. En el sur de América, se erigía un país enorme y pujante con grandes extensiones de tierra fértil y todos los climas: un gran atractivo para la migración europea.

Bialet Massé. Taller de carpintería en San Luis

Bialet Massé. Taller de carpintería en San Luis

“Juan Bialet Massé, nacido en Mataró, España, había llegado a la Argentina a sus 27 años, ya estaba recibido de médico, pasó por diferentes provincias: estuvo en La Rioja, en Mendoza, luego, en Córdoba, se casó con Zulema Laprida, que era nieta de Francisco Narcizo de Laprida. Ellos tuvieron 9 hijos. Uno de ellos, fue Helima Bialet Laprida, que es mi abuela”. Así empieza hablando Patricia Díaz Bialet de su bisabuelo, a quien admira.

“Juan Bialet Massé, en Argentina, se recibió de abogado en tiempo récord y estudió agronomía, fue el constructor del dique San Roque, en Córdoba, junto con el ingeniero Carlos Cassaffousth. El dique y el Informe sobre la clase obrera argentina, a principios de siglo, fueron los dos grandes hitos de su vida”, anticipa su biznieta. En 1904, Joaquin V. Gonzalez, que era ministro del interior en la presidencia de Julio Argentino Roca, le pidió que hiciera un informe sobre la situación de los trabajadores. Entonces, Bialet Massé visitó muchas de las provincias argentinas pero, en lugar de alojarse en hoteles confortables, él se instalaba junto a los trabajadores. Se metió, por ejemplo, en las minas o en la cosecha del algodón, o con los trabajadores azucareros o con las lavanderas, o en las tolderías, se acercó a estos grupos de trabajadores que eran tres: los criollos, los inmigrantes y los indios –entre ellos, mujeres y niños y vio la gran explotación que sufrían. Y redactó estos informes lapidarios en donde denunciaba, con detalles minuciosos, las injusticias que estas personas sufrían.”

Bialet Massé. Trabajadores de un Ingenio en Tucumán

Bialet Massé. Trabajadores de un Ingenio en Tucumán

Patricia Díaz Bialet cuenta que también pensaba cómo se podrían remediar: “Él hablaba de las 8 horas de trabajo, del descanso dominical; decía que las mujeres embarazadas no podían trabajar y los niños, mucho menos. Hablaba de la ración de comida que necesita recibir una persona, no solamente para trabajar dignamente sino también para estar feliz. Era un hombre de avanzada, con una visión clara y certera de la realidad, como no se había visto hasta entonces. Cuando presentó este informe al presidente Roca, como te imaginarás, quedó cajoneado. Mucho tiempo después, se retomó y se convirtió enla piedra fundamental de la ley laboral que tenemos hoy día”, explica Patricia.

El informe, de unas 1400 páginas, iba acompañado de fotografías tomadas por un señor de apellido Rosich, que Bialet Massé había contratado para dejar registro visual de su trabajo, según cuenta a Clarín Mariela Staude, licenciada en Artes, especializada en historia de la fotografía quien, junto a Ignacio Giorgio, se ocupó de la curaduría de la muestra.

-¿Cómo surge la idea de rescatar estas fotografías?

-Es el emergente de un proyecto de investigación que hicimos junto con Ignacio con el cual ganamos una beca de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Nos enteramos de este informe muy conocido y estudiado pero cuyas fotografías, que son pioneras dentro del marco de un registro visual como documento, no habían trascendido. Las que exhibimos son copias, no tenemos acceso a las originales. Son fotografías que no son especialmente conocidas, ni siquiera por los historiadores de la fotografía, entonces nos pareció importante mostrarlas para reflexionar acerca de sus implicancias. Una percepción de la fotografía como una herramienta de veracidad, herramienta de prueba de que lo que se dice no es mentira. La primera vez que las exhibimos fue en el año 2015 en el Centro Cultural Borges. Parte de esta muestra estuvo en Oberá, Misiones, en la Universidad de Diseño y en la Universidad de Museo Sarmiento. Nuestra intención es que circule en espacios académicos.

-¿Además de su valor documental, tienen valor artístico?

-Las fotos tienen un carácter mixto, uno puede pensar que la intención es de denuncia; son imágenes que atestiguan lo que se describe, son fotografías ambiguas, testimoniales pero también artísticas, porque están absolutamente atravesadas por convenciones que provienen del retrato, del paisaje, del género pictórico. La foto en sí es un dispositivo que permite ser leído desde lugares muy distintos, no porque la foto pueda convertirse en un documento deja de tener características estéticas compositivas que uno no las pueda valorar desde un punto de vista artístico.

Además de las fotografías de época, en la muestra también se exhiben escenas del trabajo agrario en el presente: la serie “Raíz”, de Paula Méndez; “Soja”, de Matías Sarlo y “Lo que persiste. Huellas de la agricultura”, de Ilana Reck y Luján Olivera.

“Esta muestra se inserta dentro de una lógica del trabajo investigativo que hacemos en este centro de experimentación de las artes, las letras y las ciencias sociales. Es una curaduría con cierta intencionalidad práctica porque se traza un paralelo entre la historia y la situación actual de los trabajadores rurales”, explica, por su parte, Juano Villafañe, director artístico del Centro Cultural de la Cooperación.

También, en una vitrina, se pueden apreciar retratos del propio Bialet Massé junto a su familia y hasta una carta manuscrita de su propio puño y letra. Por último, se pueden leer algunos fragmentos del informe escrito por el abogado, una poesía que Patricia Díaz Bialet dedicó a su bisabuelo y un cuaderno que hizo su prima Alejandra, otra bisnieta, con recortes, ilustraciones y gráficos que explican la ruta de vida del ilustre español.

“El dique se viene, el dique se viene”

Juan Bialet Massé, junto con el Ingeniero Carlos Cassaffouth, construyó el monumental dique San Roque en Córdoba, con cal hidráulica, ya que descubrió que era más resistente y más económica que el cemento portland que venía de Inglaterra. El dique fue muy efectivo pero, por cuestiones políticas, (rompía el monopolio que tenía Inglaterra de venta de cemento), fue el eje de rumores que aseguraban que estaba mal construido. “El dique se viene, se viene”, fue una frase que quedó en la historia. Bialet Massé y Cassaffouth terminron presos. Aunque el abogado español emprendió su propia defensa y quedó libre de culpa y cargos, la cal hidráulica fue reemplazada por cemento portland. Al salir de prisión, quedó absolutamente pobre ya que el Estado argentino había confiscado todos sus bienes.

Muestra: Bialet Massé. Fotografías de trabajadores rurales en Argentina

Cuándo: Hasta el 7 de febrero. Gratis.

Dónde: Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, Av. Corrientes 1543

Fuente: Clarín, Adriana Muscillo