“Cada día amo más el tango”: romances de barrio, la amistad con Troilo y más recuerdos de José Colángelo, el último mohicano del 2×4

Con un gran protagonismo en la actual edición del Festival y Mundial de Tango de Buenos Aires, el legendario pianista se presentará el domingo en el Teatro Alvear

En esta historia, el caserón no es uno de tejas del barrio de Belgrano, como aquel inmortalizado en un vals tanguero. Es uno de Floresta, donde nació José Colángelo hace 84 años. “Pepe”, como se lo conoce en el mundillo musical, tiene un rol protagónico en el Festival Tango BA de este año, y dará un concierto el próximo domingo, en el Teatro Alvear. Antes de esa actuación, se zambulle en sus recuerdos. Apenas cierra los ojos, reconstruye en su memoria cada rincón de aquella casa.

Era “hermosa como todas las casas de aquella época, tipo chorizo, con una habitación detrás de la otra”, dice apenas le pone play a los recuerdos. Una pieza, otra pieza, la cocina, el baño, una terraza y un fondo con gallinas, horno de barro, una parra y un limonero. “Yo andaba siempre por ahí. Me iba al fondo a estudiar. Durante 23 años viví en esa casa. Me acuerdo de una infancia muy linda, muy feliz. Me acuerdo de un barrio. Me acuerdo de una vieja que no barría la vereda, barría la cuadra. Y de un viejo que tomaba mate con la silla de esterilla en la puerta de casa y decía que yo era el que mejor hacía los mates. Y entonces yo le hacía los mates a mi viejo. Uy, tengo recuerdos hermosos”.

Jose Pepe Colangelo repasa su vida en una entrevista con LA NACION
Jose Pepe Colangelo repasa su vida en una entrevista con LA NACIONGerardo Viercovich – LA NACION

Me dijeron que también había un bandoneón en esa casa. ¿Es así?

–Era el tiempo en que hubo un brote de polio [poliomielitis] y todo el mundo salió con sus baldes de cal para blanquear los árboles y los cordones de las veredas. Y sí, había un señor que tocaba el bandoneón, Leonardo, pero le decían Nardo. Tocaba el fueye con los verduleros, en las comparsas, en radios menores. Con el tiempo, ya trabajaba en la compañía de neumáticos Dunlop. Dejó el fueye. Y cuando se casó con Antonia, le dijo a su esposa que tendría que ir a vivir a la casa de sus padres, porque él era hijo único. Y así fue. En esa casa nací yo. Porque en ese momento, año 1940, no nacíamos en clínicas sino en casas.

–¿Cuándo apareció el piano?

–A los siete. Dije que quería estudiar piano y mi vieja me llevó a una profesora que estaba a cinco cuadras. A los seis meses me compraron, con gran esfuerzo, el primer pianito Pleyel. Y cuando la profesora me dijo que me iba a aburrir estudiando [Charles-Louis] Hanon Doupond, quiso que buscara algo de la música popular. “Mi viejo tiene un montón de música de cuando él tocaba”, le dije. Pasodoble, tango, milonga, valses.

–¿En partituras?

–Sí. Imaginate que tengo partituras de cuando costaban 10 centavos, casi originales algunas, porque también tenía de un tío abuelo, Salvador Colángelo, que tocaba bastante bien el bandoneón. ¿Y qué pasó cuando empecé a tocar todo eso? El viejo le sacó el polvo al cofre y empezó a tocar conmigo. Se abría la ventana de la sala de mi casa y pasaba el barrio y decía: “Mirá, está Nardo con el nene, tocando tangos”. Mi viejo fue la primera persona con la que toqué tango. Y fue algo muy importante en mi vida. Lo perdí muy rápido. Yo tenía 20 años y el 50. Pero todavía me queda. Me sigue ayudando.

"Se abría la ventana de la sala de mi casa y pasaba el barrio y decía: “Mirá, está Nardo con el nene, tocando tangos”, recuerda Colángelo
«Se abría la ventana de la sala de mi casa y pasaba el barrio y decía: “Mirá, está Nardo con el nene, tocando tangos”, recuerda ColángeloGerardo Viercovich – LA NACION

–Para los 20 ya tocabas profesionalmente.

–Exactamente ¿Sabes lo único que no pudo ver el viejo, que murió en el 61? No me pudo ver tocar con [Julio] Sosa. Pero sí vio cuando empecé en la radio, a tal punto que durante un mes entero me hizo ensayar con un bandoneonista. 17 tenía yo. Y mi viejo estuvo ahí: me acompañó los 30 días, las 30 noches. Y después me autorizó para trabajar tocando en la radio [porque todavía era menor de edad].

–Trabajar como músico en una radio supongo que era tan importante como sobre los escenarios.

–Yo vivía en las radios, era una cosa impresionante. Una de las peores cosas que nos pudo pasar a los artistas, sobre todo a los tangueros, es haber perdido la radio en vivo. Además estaban los bailables. Los de Radio El Mundo, Radio Belgrano, Radio Splendid. Y nosotros íbamos corriendo de una a la otra. Época impresionante y hermosa la de la radio. Además, tengo una anécdota muy linda. Un día me levanté, puse la radio y comencé a escuchar un tango. A esta orquesta la conozco, pero le está faltando el pianista, pensé. Y claro, el pianista era yo, que me había quedado dormido y no fui.

"Una de las peores cosas que nos pudo pasar a los artistas, sobre todo a los tangueros, es haber perdido la radio en vivo", dice José "Pepe" Colángelo
«Una de las peores cosas que nos pudo pasar a los artistas, sobre todo a los tangueros, es haber perdido la radio en vivo», dice José «Pepe» ColángeloGerardo Viercovich – LA NACION

–¿El tiempo con la orquesta de Julio Sosa y Leopoldo Federico fue una especie de “primera consagración”?

–Fue la afirmación de entrar en el ambiente. Estaba trabajando con un enorme bandoneonista que tenía una gran orquesta, que era el gordo Leopoldo, mi hermano mayor. Y con Julio Sosa, que era el único número que podía competir con El Club del clan. En ese momento el tango estaba muy mal. Pero Julio cantaba en todos lados. Hacía cinco shows los sábados, cinco los domingos, tres carnavales juntos, radio, televisión. Yo vivía más con la orquesta de Julio que con mi familia. Y gracias a Julio conocí todo el interior de mi país. Fui a lugares que no sabía que existían.

–Después de haber acompañado a tantos cantantes, de Goyeneche, Marino y Alberto Morán a Alba Solís y Susana Rinaldi, ¿hay algún nombre que faltó?

–Diría que no. Mira, he tenido la fortuna, como vos dijiste, de acompañar a todos. Porque hasta hice una temporada de Teatro en Mar del Plata con Libertad Lamarque y grabé con ella, para México. Grabé con mucha gente; con Montaner, con Lucecita Benítez, con Plácido Domingo. No me quedó nadie sin acompañar, salvo aquellos a los que no quería acompañar, que esa es otra cosa.

José Colángelo, Aníbal Troilo y Joan Manuel Serrat
José Colángelo, Aníbal Troilo y Joan Manuel SerratCaño 14

–¿Por qué?

–Porque muchos venían a buscarme y yo decía que no. Porque el disco es algo que queda para toda la vida, no era cuestión de mostrarse con quien no quería. Tuve la suerte de hacer el último disco de Jorgito Falcón y de grabar con Floreal Ruiz. Con el Gallego [también lo llamaban “Tata”] grabamos un montón con la Orquesta Porteña de Raúl Garello.

–¿Cuándo encontraste tu propio estilo?

–Cuando empecé a tener callos en la cola de estar sentado en el taburete del piano. Eso te da saber y propiedad para hablar del tango y para darle al tango lo que realmente se merece. Al tango cada vez lo amo y lo respeto más. Y bueno, tuve la suerte de tocar con Pichuco [Aníbal Troilo], a los 27 años.

–¿Si tocar con Federico y Sosa fue una primera afirmación, el llamado de Troilo fue la segunda?

–Tocar con él era decir: “Ya está. Ya sos. Y eso nadie te lo puede quitar”. En 1966, [Osvaldo] Berlingieri, que tocaba fenómeno y estuvo en la orquesta de Troilo durante 11 años, un día me llamó para que fuera de cambio [en la jerga tanguera significa reemplazo por una o varias actuaciones]. “Tano, me tenés que hacer unos cambios con el Gordo”, me dijo. Me pasó toda la música, tocamos en un programa de radio, luego hicimos una actuación y listo. El Gordo me dijo “gracias pibe”, me dio un abrazo y chau. Me fui. Dos años después, [Ernesto] Baffa Berlingieri se fueron de la orquesta y el Gordo dijo: “No busquemos bandoneón porque lo toco yo. Y para el piano vayan a buscarme a ese pibe que vino de cambio hace dos años”.

–Y te encontraron rápido.

–[Se ríe]. Yo estaba trabajando en un piringundín con Ciriaco OrtizUbaldo De Lío, Ricardo Ruiz y Andrés Falgás. Habíamos terminado un show y vino un tipo que me dijo: “¿Usted es Colángelo?“. ”Sí“, le respondí. “¿Quiere empezar con Troilo?”. Ciriaco -que estaba escuchando- dejó el bandoneón, se rascó la cabeza y me dijo: “Decile a tu mujer que compre una olla nueva porque ahora vas a comer todos los días”. Y así empecé con Pichuco. Y mal, empecé.

–¿Qué pasó?

–Empecé mal porque no tenía música. La noche que empezaba a tocar llegué con mi smoking y los bolsillos llenos de miedo. El Gordo estaba en la puerta. Me ve y dice: “¿Cómo le va? Venga, deme un abrazo y una moneda. Y yo le voy a regalar un pañuelo de hilo, suizo, y eso va a significar una amistad para nosotros, para toda la vida». ¡Miércoles! me desarmó con eso que me dijo. “Maestro, ¿dónde están las partituras?“, le pregunté. “Vaya arriba, al camarín, los muchachos le van a decir”. Cuando fui no había nada. No había carpeta para el piano. El contrabajista me pasó las del bajo y me dijo: “Con esto vas a poder hacer la mano izquierda y con la derecha arreglate como puedas”. Esa noche, al final se acercó una pareja de bailarines y me dijo que preferían al anterior pianista. Yo les dije que también, que prefería al que había estado once años tocando con Troilo. Me fui a ver al Gordo llorando. “Vamos a tomar un whisky -me dijo-. ¿Por qué cree que lo yo lo llamé? ¿Por qué cree que está conmigo?” Y me convenció. Tiempo después me dijo: “Pibe, usted es la versión de Orlando Goñi del 69.” Qué lindo, se ha cerrado el círculo, pensé [el pianista Orlado Goñi fue uno de los pilares de la orquesta de Troilo, entre finales de la década del treinta y los primeros años de la del cuarenta].

Aníbal Troilo y José Colángelo en el Colón, 1972
Aníbal Troilo y José Colángelo en el Colón, 1972

–¿La muerte de Troilo cerró una época del tango?

–Creo que se produjo un vacío muy importante. Creo que Pichuco no tuvo vida privada para ser de todos nosotros. Él vivía para todos. Fue una cosa impresionante. Muchas veces me preguntaron por qué no hacía una “orquesta Troilo”. Simplemente porque no estaba Troilo, más allá de que hace unos días tocamos en el Colón [para el festival de Tango] reeditando el concierto de Troilo que habíamos hecho en 1972. Yo creí que los palcos se me venían encima, era una cosa impresionante y tenía un piano que parecía un colectivo. Y me aplaudieron como nunca. Es algo que verdaderamente tengo que agradecer y encima le hice un tema que se llama “Pichuco”.

José Colángelo - Franco Luciani   Los Mareados
José Colángelo – Franco Luciani Los Mareados

–Pepe, alguna vez, en broma, dijiste que eras una especie de “último mohicano”. Porque fuiste uno de los últimos que tocó con Troilo y porque hoy sos uno de los únicos de tu generación que sigue tocando. ¿Cómo te llevás con los de 20, 30 o 40 años?

–Mirá, cuando hicimos hace tan poco este concierto en el Colón miré a los músicos [de la Orquesta Típica Pichuco] y pensé: cuando tocamos aquel concierto en el Colón ninguno de estos había nacido. A mí me suma tocar con jóvenes. Nadie se hace solo en esto. Mucha gente te ayuda. Ya no le puedo agradecer a los que me ayudaron porque ya no están. La mejor forma es dándole lugar a los más jóvenes de hoy. Conmigo tocaron en Japón Leonardo Ferreyra (violín) a los 19 años, Carlitos Corrales (bandoneón) a los 14 años, Cristian Zárate (piano) a los 17, Sandra Luna (cantante) a los 19. Llevé mucha gente joven conmigo porque me contagia, me da vitalidad y me hace sentir que yo también estoy más joven, aunque ya la carrocería no es la misma.

–¿Cómo será el concierto del domingo?

–Hermoso. Va a ser muy lindo porque voy a contar con gente que para mí es muy grande: Pablo AgriDaniel FalascaAriel RussonielloNacho Piana. Y también va a cantar mi mujer, Gabriela Rey, que no está pasando un buen momento por una enfermedad nada agradable, pero va a salir porque es una guerrera. Así que ella también va a estar en el Alvear.

Jose "Pepe" Colangelo dice que en los últimos tiempos ha dejado de tocar para los turistas: "Bajan del micro unas 500 personas, se comen el bife de chorizo, bostezan, aplauden, no saben quién es quién, se van y no te dejaron nada"
Jose «Pepe» Colangelo dice que en los últimos tiempos ha dejado de tocar para los turistas: «Bajan del micro unas 500 personas, se comen el bife de chorizo, bostezan, aplauden, no saben quién es quién, se van y no te dejaron nada»Gerardo Viercovich – LA NACION

–¿Al público siempre hay que tratar de conquistarlo?

–Hay una lucha, una adrenalina. Si lo encontrás, todo va bien. Pero a veces es duro, quizá no te está entendiendo, o está entendiendo otra cosa. También depende de donde toques. Hoy, por ejemplo, yo he dejado de tocar de noche. Porque tocar para el turismo no es nada malo, pero tampoco me interesa hoy. Primero que ya estoy grande, no quiero trabajar todos los días, segundo porque bajan del micro unas 500 personas, se comen el bife de chorizo, bostezan, aplauden, no saben quién es quién, se van y no te dejaron nada. Yo todavía me acuerdo cuando hacíamos Caño 14El Viejo Almacén o Michelangelo, adonde iba el público argentino y tenías que demostrarle lo que tocabas. Y esto lo digo porque hay gente que cree que ser músico es algo bastardeado. Según dicen, la madre de Yupanqui le decía: “¿Y m’hijo, cuándo va a dejar la guitarra para ponerse a trabajar?” Yo creo que no es así, los músicos trabajamos mucho para poder subir a un escenario y decir: “Esta es nuestra propuesta. Esto es lo que queremos enseñarles. Ojalá les guste. Ahí estamos”.

Para agendar:

Siempre Colángelo, el domingo 31, a las 20, en el Teatro Presidente Alvear, Corrientes 1659.

Entradas: gratuitas; reservas 72 horas antes, habilitadas a las 12.00 en el sitio oficial; cupos limitados (tangoba.org)

Fuente: Mauro Apicella, La Nación