Café Rivas, la recuperación arquitectónica de un bar notable en la esquina donde nació Buenos Aires

Gran parte de la arquitectura de la Ciudad gira alrededor de bares y muchos de ellos tienen una historia para contar.

En San Telmo, una casona histórica volvió a respirar tras un minucioso proceso de puesta en valor que restituyó capas, gestos y atmósferas de uno de los bares notables de la ciudad. La recuperación de Café Rivas miró la nostalgia como método arquitectónico, con la idea de restaurar para que el tiempo vuelva a circular.

Buenos Aires construyó buena parte de su identidad urbana alrededor de los bares. Mucho antes de que la gastronomía se volviera espectáculo, los cafés fueron extensión del espacio públicoarquitectura cívica en escala doméstica, refugio climático y social, escenario de discusiones políticas, literarias y cotidianas. Buenos Aires aprendió a narrarse entre boiseries, barras de mármol, vitrales, espejos biselados y lámparas de luz cálida. Esa tradición no respondió a modas sino a una manera de habitar la ciudad, una tipología que se consolidó como patrimonio vivo.

La Santa Rita en su frente es un sello de identidad del bar
La Santa Rita en su frente es un sello de identidad del barHernan Zenteno – LA NACION
La recuperación de Café Rivas miró la nostalgia como método arquitectónico
La recuperación de Café Rivas miró la nostalgia como método arquitectónicoMariano Mascotto, Jimena Melero, Maxi Magnano, Ana Novillo AstradaSan Telmo conserva algunas de las piezas más elocuentes de esa arquitectura del encuentro. Esquinas que todavía sostienen proporciones originales, alturas generosas, ventanas guillotina, marquesinas de hierro forjado. En ese tejido histórico, la esquina de Estados Unidos y Balcarce ocupa un lugar singular. Allí se detuvo el trazado original de Buenos Aires en 1580, al borde de la barranca que miraba al río. Ese punto liminar, casi simbólico, alberga desde 1967 a Café Rivas, uno de los bares notables que mejor condensó la vida cultural del barrio.

Una placa en la puerta señala el vértice sureste del tejido de la ciudad de Buenos Aires en la época de su fundación por Don Juan de Garay en 1580
Una placa en la puerta señala el vértice sureste del tejido de la ciudad de Buenos Aires en la época de su fundación por Don Juan de Garay en 1580Hernan Zenteno – LA NACION

Buenos Aires construyó buena parte de su identidad urbana alrededor de los bares
Buenos Aires construyó buena parte de su identidad urbana alrededor de los baresMariano Mascotto, Jimena Melero, Maxi Magnano, Ana Novillo Astrada

Es una antigua casona en ochava
Es una antigua casona en ochavaHernan Zenteno – LA NACION
El edificio, una antigua casona en ochava, dialoga con su entorno desde la arquitectura. Marquesina metálica, amplios ventanales, reloj colgante, la Santa Rita trepando sobre la fachada, señales de una continuidad urbana que sobrevivió a transformaciones y cierres.
El interior propone un salón de doble altura, pisos de madera, boiserie perimetral, una barra longitudinal que estructura el espacio y un entrepiso con barandas esterilladas que balconea sobre la escena principal. Cada elemento construyó, a lo largo de décadas, una atmósfera reconocible.
El paso del tiempo, sin embargo, no siempre fue amable. Intervenciones parciales, cambios de criterio, reparaciones urgentes y decisiones aisladas fueron desdibujando la identidad original. El desafío que asumió el nuevo proceso de recuperación no consistió en reinventar el lugar, sino en leerlo con atención quirúrgica. “El espacio siempre fue bellísimo -resume Lupe Unamuno, socia del proyecto y responsable de la puesta en valor-, pero las capas acumuladas habían fragmentado su coherencia, la decisión fue devolverlo a su esencia y llevarlo nuevamente a 1967”.

El interior propone un salón de doble altura, pisos de madera y boiserie perimetral
El interior propone un salón de doble altura, pisos de madera y boiserie perimetralMariano Mascotto, Jimena Melero, Maxi Magnano, Ana Novillo Astrada

La restauración implicó una tarea paciente y profundamente artesanal
La restauración implicó una tarea paciente y profundamente artesanalHernan Zenteno – LA NACION

La restauración implicó una tarea paciente y profundamente artesanal. La boiserie original fue recuperada de manera integral, unificada en tono y textura luego de años de tratamientos dispares. Ese trabajo exigió desmontes parciales, limpieza manual, consolidación de superficies y una elección cromática que respetara la pátina sin falsificarla. “Cada tramo de madera tenía una historia distinta, fue necesario leerlas una por una para que volvieran a hablar el mismo idioma”, explica Unamuno.

El proceso incluyó una relectura espacial del vínculo entre cocina y barra.
El proceso incluyó una relectura espacial del vínculo entre cocina y barra.Hernan Zenteno – LA NACION
La restauración exigió desmontes parciales, limpieza manual y  consolidación de superficies
La restauración exigió desmontes parciales, limpieza manual y consolidación de superficiesMariano Mascotto, Jimena Melero, Maxi Magnano, Ana Novillo Astrada

La selección de textiles demandó un nivel de dedicación similar. Tapizados y sillones debían acompañar la época sin caer en la reproducción literal. “Conseguir las telas fue un proceso largo y complejo, queríamos materiales que dialogaran con la arquitectura, no simples reemplazos”, señala Unamuno, aludiendo a una búsqueda que privilegió calidad, textura y durabilidad antes que procedencias explícitas.

La iluminación funcionó como un capítulo central de la recuperación. Piezas vintage de las décadas del 60 y 70 fueron incorporadas con criterio curatorial, veladores de estética space age, lámparas de mesa y artefactos de época que hoy conviven con las arañas originales del salón. “La iluminación debía contar una historia continua, no competir con lo existente”, completa Unamuno Espejos biselados en los laterales amplifican la luz cálida y multiplican reflejos, reforzando una atmósfera íntima que invita a permanecer.

Restaurar sin congelar el tiempo

El proceso incluyó una relectura espacial del vínculo entre cocina y barra. Un área antes saturada de elementos fue liberada para dar lugar a una cocina abierta, visible, integrada visualmente al salón. Esa decisión no responde a una tendencia gastronómica sino a una operación arquitectónica de expansión perceptiva. “Abrir la cocina permitió que el espacio respirara mejor y que el salón recuperara profundidad”, explica Unamuno.

Los espejos biselados en los laterales amplifican la luz cálida y multiplican reflejos
Los espejos biselados en los laterales amplifican la luz cálida y multiplican reflejosMariano Mascotto, Jimena Melero, Maxi Magnano, Ana Novillo Astrada

La vajilla también participa de la narrativa arquitectónica. Piezas vintage, mantequeras, platos, copas de cóctel, objetos que refuerzan la continuidad material del conjunto. “No se trató de decorar sino de completar un sistema coherente”, sostiene Unamuno, subrayando que “la puesta en valor se pensó como un todo, desde los muros hasta los objetos mínimos”.

La vajilla también refuerzan la continuidad material del conjunto
La vajilla también refuerzan la continuidad material del conjuntoMariano Mascotto, Jimena Melero, Maxi Magnano, Ana Novillo Astrada

La identidad visual acompañó ese criterio. Logos, tipografías y colores fueron unificados para sostener el espíritu original sin impostaciones. El resultado buscó reactivar una memoria construida. Café Rivas volvió a funcionar como lo que siempre fue: un fragmento de ciudad donde la arquitectura sostiene la experiencia colectiva.

La recuperación de este bar notable demuestra que “la conservación patrimonial no es un ejercicio de nostalgia sino un acto de responsabilidad urbana -concluye Unamuno-. Restaurar implica entender, elegir, renunciar y, sobre todo, respetar”. En una ciudad que cambia de piel con rapidez, operaciones como esta restituyen algo más que un edificio, devuelven una forma de estar, de mirar y de encontrarse. En la esquina donde Buenos Aires empezó, la arquitectura vuelve a contar su historia en presente.

Fuente: Flavia Tomaello, La Nación