“Tristeza no tiene fin. La felicidad es una gota de rocío en un pétalo de flor,
brilla tranquila y después de leve oscila y cae como una lágrima de amor.
Ahora mi felicidad vive soñando en los dulces ojos de mi amor,
es como la noche, pasando, buscando la madrugada.
Hablen bajo por favor, para que despierte alegre como el día
y me regale besos de su amor.
Tristeza no tiene fin.
La Felicidad sí.”
Los versos del gran Vinicius de Moraes no tienen término medio. Van desde de su óptica de la descripción metafórica y optimista de la felicidad a la conclusión simple, fuerte y contundente de la tristeza.
Las explicaciones, a su vez, circulan, en algunas otros direcciones. El “Nano” Serrat cantaba y reiteraba, allá por 1971, en su canción “Vagabundear” aquello de “Harto ya de estar harto”.
Y cuando se trata de palabras, como siempre, hay una herramienta aliada e insustituible (el “uso” corre a cuestas de los “usuarios”) y es el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española (actualización digital de la edición 2023). Y como suelen decir los españoles… ¡Al lío!
“Hartar/Hartazgo” se definen como acción y efecto de hartar, con varios sinónimos tales como: saturación, cansancio, hastío, fastidio, tedio, etc.
Por otro lado “deprimir” es “Producir decaimiento del ánimo” y vinculado a la Psicología/ Psiquiatría: “Padecer un síndrome de depresión”.
Por su parte “depresión” es: “acción y efecto de deprimir o deprimirse” y en plano científico antes mencionado “Síndrome caracterizado por una tristeza profunda y por la inhibición de las funciones psíquicas, a veces con transtornos neurovegetativos”.
Los sinónimos vinculados con los distintos vocablos: desalentar, abatir, entristecer, derrumbar, desconsolar, etc.
Llagamos a “tristeza”: “cualidad de triste”. Sinónimos afines: pena, aflicción, pesadumbre, pesar, amargura, melancolía, quebranto, etc.
“triste”: afligido, apesadumbrado. De carácter o genio melancólico. Sus sinónimos: mustio, taciturno, apenado, amargado, etc.
La capacidad para seguir ahondando parece infinita, pero, es suficiente.
Por diferentes motivos y razones… Muchísimos pueden declararse “hartos” de incalculables motivos acerca de lo ya citado y especialmente ligados a sentirlos.
En el momento en que ingresamos en la depresión según el avance o importancia de los síntomas se está, claramente, ante una enfermedad psiquiátrica.
Sin embargo el caso es otro. Está presente esa felicidad que el fragmento del comienzo cuenta, y también, el alumbramiento de las distintas “veredas”, diferentes “escalones” que encierran la tristeza. De manera alguna como algunos facilistas declaran y aconsejan: “Lo que te pasa es que estás deprimido, andá a ver a un psicólogo”.
Y no es siempre así, más, lo que ocurre es que lo que se carga en la “mochila” es estar triste.
Y confieso: Estoy triste… en general, a veces más afligido (ingresando en el plano de formas e intensidades de un rato a otro), melancólico, con penas, amargura, taciturno y, si se quiere, es factible sumar el hartazgo.
¿Por qué? Simplemente por caminar, mirar, escuchar, oler sí porque hay cosas que se huelen, dejando, quizás por ahora el gusto y el tacto a un lado.
Al andar por calles que “aparecen” como vacías y solitarias, sucias y en ellas se percibe un “pelotón” de personas con la cabeza gacha, el gesto adusto, incluso impresionando como si fueran a llegar a donde no quieren ir. Ese estado en que se transita sin destino al menos preciso, o se piensa en un callejón sin salida.
Los demandantes de caridad en cada paso o golpeando o pulsando los timbres de los edificios. Una solicitud que cada vez es más complicado afrontar: “¿No tiene nada para donar?”.
La mano en el bolsillo buscando lo que no es suficiente, para nada, o siquiera existe.
Aquellos lugares de reunión, bares, restaurantes, comidas rápidas, quioscos, cines, teatros, sin, o sin casi, público. Transporte de pasajeros casi impagables con frecuencias superadoras de lo “normal” y adecuadas.
La represión, propia o infligida por el contexto, que evita descargar las sensaciones, sentimientos y frustraciones que se vuelven, o volvieron, constantes.
La incomunicación de los tristes que impide una salida meditada, valiente, poderosa, sanadora, pero que se hace intrasmisible y por tanto la convierte en una utopía difícil, ya que ha sido saqueada la voluntad, inicio de una Libertad real y no galimatías determinadas a no ser comprendidas y sí, auto destruidas.
¡Tantísimo más! Con la lágrima al borde de salir ante cada pensamiento.
Triste por no encontrar el camino que se desea, que se recorrió en otras ocasiones y las barreras materiales o intelectuales se están cerrando ante un “status quo” desesperanzado y, al menos, agresivo.
Triste por no poder, o haber perdido las ganas de disfrutar con naturalidad, o tal vez “extraviadas” ante un carterista veloz de colectivos llenos que, tal vez, estén más desocupados.
Triste, cuando los sentidos solo transmiten lo que ocurre o lo que pareciera ser el camino impuesto para que las injusticias, los “asaltantes” sociales y hasta las guerras y sus consecuencias que se esfuerzan en la intención de mostrarlas justas y virtuosas.
Claramente NO deprimido, si tal vez “harto de estar harto” de esa frase del “Nano”, queriendo quedarse en esa canción que pese a reiterar que “la tristeza no tiene fin” abre los caminos a la felicidad.
¿Tan compleja es la decisión buscarlos si, en definitiva, sin ellos qué significados le quedan a nuestra sociedad y cada uno en particular? ¿Cuándo es pronto? Tristeza nao ten fim.
Nota necesaria para todos: el rechazo y la indiferencia llevó a la muerte al escritor, compositor, autor (música, teatro, películas, etc.), actor y director de cine Enrique Santos Discépolo sumido en una profunda tristeza. ¡A mí me la vas a contar!
A un clic de distancia, Interpretada por sus creadores “A felicidade”, canción pionera la Bossa Nova, 1958, de Antonio Carlos “Tom” Jobim (Música) y Vinicius de Moraes (Letra). Realizada para la película francesa en coproducción con Brasil e Italia, dirigida por Marcel Camus, “Orfeu Negro (Orfeo Negro)”, filmada en Río de Janeiro, ganadora del Oscar y la Palma de Oro en Cannes, convertida, desde entonces, en un clásico mundial de la música brasileña. Grabada en vivo, por la RAI (Radiotelevisione Italiana), en el concierto llevado a cabo el 18 de octubre de 1978 en la ciudad de Lugano, el cantón italiano de Tesino en Suiza. Los intérpretes: Vinicius (voz), Tom Jobim (piano y voz), Toquinho (guitarra y voz), Miucha (voz), Mutinho (batería), Azeitona (bajo). Roberto Sion (flauta) y Georgiana de Moraes (percusión). El arte como Luz de Esperanza. Publicada por RSI Música en su sitio en YouTube.
Cuídense mucho, muchísimo más, como no lo han hecho nunca antes. Una vidriera tan irrespetuosa que, ni el genio de nuestro hoy recordado Discepolín, hubiera imaginado.
Norberto Tallón










