¿Se termina la nieve? De pistas de esquí a suelos secos, las duras proyecciones sobre un fenómeno que ya se siente

Desde una perspectiva temporal, el nivel de nieve que cae sobre los Andes centrales se ve como un electrocardiograma que sube y baja de forma vertiginosa. Hasta hace 16 años, la diferencia entre nevadas era abrupta de un invierno a otro, con impacto en las actividades de la región. Sin embargo, algo pasó en 2010, cuando empezaron a disminuir las nevadas extremas y abundantes. Hoy predomina la escasez. Los expertos la llaman la sequía del milenio.

De acuerdo con estudios empíricos, en 100 años no se había registrado un período tan largo en el que cayera tan poca nieve. Es más: según estudios dendrológicos –la rama de la botánica que permite estimar las condiciones ambientales pasadas–, una falta así no había sucedido en 1000 años. La evolución de este fenómeno es una incógnita, aunque de acuerdo a proyecciones elaboradas por el Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC), la situación tenderá a agravarse. No es que una provincia como Mendoza se esté convirtiendo en Marte, pero la falta de nieve es un tema al que hay que prestarle atención y sobre el que vienen advirtiendo expertos desde hace décadas. Las nevadas son fundamentales para el motor turístico que representa el esquí, una actividad crucial en la economía de la región. Pero quizás lo más importante es que de ellas depende buena parte del agua que después se usa para generar energía, riego, industria y, por supuesto, para la subsistencia humana. “Ahora estamos bastante mal. Cuando te sobra el agua, nadie se queja, pero cuando falta, la pregunta es qué priorizamos”, señaló Ezequiel Toum, investigador en hidrología del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (Ianigla) – Conicet. Las tormentas de nieve que caían en esa misma región hace más de 50 años, sobre el valle o las vías del tren, podían tapar por completo una casa de dos pisos por el volumen que alcanzaban. En los últimos años es raro que esto suceda. De acuerdo con un registro procesado por Toum en conjunto con Mariano Masiokas y Ricardo Villalba, del mismo instituto, en promedio nieva un 30% menos que en la última década del siglo XX. “Desde hace años, los modelos pronostican un calentamiento en la cordillera y una disminución de las nevadas invernales. Lo que pensamos es que las proyecciones climáticas que se esperaban para una o dos décadas adelante, las estamos viviendo ya”, advirtió Masiokas, investigador del Ianigla-Conicet.

<span class=nd-epigrafe-etiqueta>1919 y 1940. </span> Las vías del tren solían quedar tapadas por la nieve en Mendoza
1919 y 1940. Las vías del tren solían quedar tapadas por la nieve en Mendoza

Las causas detrás del fenómeno

Son tres las principales variables que se engarzan para desencadenar esta emergencia. El cambio climático antropogénico explica en parte la disminución de la nieve: de acuerdo con un informe publicado por la revista Nature en noviembre pasado, alrededor del 30% de la sequía del milenio se explica por actividades humanas. Vale recordar que en el mundo científico hay un consenso casi absoluto de que la temperatura global está aumentando y que ese incremento está vinculado al crecimiento de las concentraciones de dióxido de carbono (CO2) y otros gases de efecto invernadero en la atmósfera. De acuerdo al monitoreo de la NASA, la concentración de CO2 llega al doble de la que había en la etapa preindustrial y la temperatura media global ya subió 1,44 °C. La referencia temporal es central porque los científicos asocian este cambio, sobre todo, con la actividad humana desarrollada durante los últimos 150 años. Los especialistas del IPCC advierten que se trata de una variación extremadamente rápida en términos históricos: no se registraba un cambio de esta magnitud y velocidad desde hace al menos dos milenios. Además, sus efectos ya se reflejan en alteraciones climáticas en distintas regiones del planeta y las proyecciones indican que la tendencia continúa en ascenso.

Cambio en el promedio de nevadas anuales

Cifras expresadas en procentajes con respecto a la media histórica (100%)

Fuente: Mariano Masiokas (2026)/ Ianigla

En su último informe, el Grupo I del IPCC plantea cinco posibles escenarios climáticos futuros, construidos según las decisiones que tome la humanidad en relación con las emisiones de gases de efecto invernadero. Hay dos optimistas, uno intermedio y dos pesimistas. Y, hasta ahora, la tendencia se posiciona en alguno de los últimos dos. El documento también detalla cómo podrían modificarse distintas áreas del planeta en función del aumento de la temperatura global. En casi toda la región andina se proyecta una disminución sostenida de las precipitaciones por el alza general de las temperaturas, que afecta sobre todo a la zona centro, que incluye a Mendoza, San Juan y La Rioja.

El calentamiento global afecta los factores que impulsan esta sequía regional de diferentes maneras. Para entender el fenómeno en toda su complejidad, hay que observar el comportamiento del anticiclón del Pacífico Sur. Se trata de un sistema de alta presión que “inhibe tormentas” al limitar buena parte de la humedad que podría entrar desde el océano al continente. Se forma así una franja especialmente árida que rodea a la Tierra, a la altura de los Andes centrales. Usualmente, en invierno, el anticiclón se corre hacia el norte y se debilita. Pero esto dejó de ser la regla, en parte por el cambio climático. La extensión de los meses secos durante el año es una de las consecuencias. De acuerdo con la investigación publicada en Nature, este factor inhibitorio no solo se intensificó, sino que también se movió hacia el sur. “El anticiclón se ha fortalecido en invierno. Según reportes, el 30% es consecuencia del cambio climático y el 70% de una variabilidad natural”, señaló Toum. Esto ha provocado que la sequía persista en los Andes centrales. Por otro lado, los vientos del oeste solían garantizar la nieve en la zona, pero esta corriente húmeda que circula a la altura del sur patagónico cambió su dinámica con un corrimiento hacia los polos debido a la destrucción de la capa de ozono. “Este factor también ha contribuido de manera significativa a generar las condiciones de megasequía que hoy se están viviendo en los Andes centrales”, afirmó Carolina Vera, investigadora principal del Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA) y exvicepresidenta del Grupo 1 del IPCC. Además del anticiclón, en la literatura científica se destaca otro fenómeno llamado Oscilación Decadal del Pacífico (PDO), que sucede cada 20 o 30 años y que, dependiendo de su fase, puede hacer más seco o más húmedo el ambiente. Transcurre actualmente el período negativo que promueve la sequía. Es el último eslabón de una combinación que atenta contra las nevadas.

<span class=nd-epigrafe-etiqueta>Impacto. </span> El glaciar Agua Negra y su disminución a través de los años
Impacto. El glaciar Agua Negra y su disminución a través de los años

Impacto en los centros de esquí y en los ríos

Montaña arriba, el sector turístico fue el que sintió el impacto de la sequía con mayor velocidad. Si bien representantes de centros de esquí sumaron otros factores que complicaron el panorama, ninguno desestimó la incidencia de este fenómeno. “De 2010 para acá cerraron dos centros importantes: Vallecitos y Los Penitentes.Con mayor o menor nieve hemos podido operar. Aunque ahora es imposible hacerlo sin cañones de nieve”, indicó Eduardo Soler, responsable operativo de Los Puquios, que se encuentra a unos 2600 metros de altura. Estos cañones son el último eslabón de una maquinaria que básicamente toma agua de algún reservorio cercano, la convierte en pequeñas gotas y luego las lanza con una especie de ventilador. Después, la distribuyen sobre pistas específicas con pisadores de nieve. El área en la que logran colocarla es acotada y la sensación al descender es distinta a la que provoca la nieve natural. “Generalmente, los cañones de nieve se usan en la base de la montaña y a lo sumo en la media montaña. Es difícil que lleguen a las cumbres porque ahí generalmente precipita”, explicó Fernando Passano, gerente de actividades de montaña de Las Leñas. “El año pasado fue de muy poca nieve y Las Leñas fue de los pocos centros de esquí que pudieron ofrecer nieve para esquiar”, sumó. Si bien es el centro más importante de la provincia por la extensión y el caudal de turistas que recibe, en momentos de baja nieve, Las Leñas tiene que limitar algunas zonas. Passano contó que hoy este centro cuenta con 48 cañones y planteó que, con el avance tecnológico, “la sequía no significará una merma del esquí en el país”. Sin embargo, incluso el agua de la que se nutren esas máquinas disminuyó. El problema de fondo, en realidad, es ese. En un estudio reciente, Masiokas midió la correlación histórica entre la cantidad de nieve y el volumen de agua que llega a los ríos. Al haber menos nevadas, esa fuente se debilita y es sustituida por los glaciares, que a su vez se derriten. Por lo tanto, los factores se encadenan. “No es que no nieve, pero está nevando menos que antes y los glaciares están aumentando su aporte de agua. Hay todavía ciertas reservas glaciares, pero esa capacidad está decreciendo”, precisó Masiokas.

<span class=nd-epigrafe-etiqueta>Otros paisajes. </span> Los Puquios y Penitentes dejaron de cubrirse blanco en plena temporada; el sistema de cañones toma agua de algún reservorio, la convierte en pequeñas gotas y luego las lanza con una especie de ventilador para reemplazar la nieve
Otros paisajes. Los Puquios y Penitentes dejaron de cubrirse blanco en plena temporada; el sistema de cañones toma agua de algún reservorio, la convierte en pequeñas gotas y luego las lanza con una especie de ventilador para reemplazar la nieve

En conjunto con instituciones del gobierno provincial, Toum logró trazar el origen del agua que nutre al río Mendoza, uno de los principales que abastecen a la capital provincial. “Los caudales también han bajado un 30 o 40% por debajo del promedio. Y en algunas cuencas como la de Mendoza, los glaciares han aportado un 30% del derrame anual. Esto es el doble de lo que aportaban en promedio durante los últimos 40 años”, describió. Es decir, ni siquiera con la contribución glacial los caudales llegan al volumen habitual. “Y en esta provincia no existe nada verde sin irrigación”, añadió Sergio Marinelli, superintendente general de Irrigación, el organismo autárquico encargado de la gestión del agua. Ante la emergencia, Marinelli planteó que es necesario trabajar en una eficiencia milimétrica. Pero en un contexto de megasequía también debe repensarse la forma de suministro. “Nosotros tenemos dos estudios que proyectan la disminución de agua de un 20% más para el 2050”, señaló.

Correlación entre el promedio de nevadas y el caudal de los ríos

Cifras expresadas en porcentajes con respecto a la media histórica (100%)

Fuente: Mariano Masiokas (2026)/ Ianigla

En términos generales, el funcionario pretende desarrollar un plan de monitoreo y control del suministro de agua para que, según sus palabras, el sistema sea más flexible, es decir, que la provisión se adapte a demandas específicas en contextos determinados. En particular, puso el foco en la producción agrícola. “Acá tenemos un problema muy serio de eficiencia intrafinca, diría que el 70% está ahí”, diagnosticó. Se refiere al gasto de agua dentro de los campos. A diferencia de otros años, a medida que se acerca la temporada de invierno, las preocupaciones le ganan a las expectativas en las zonas más afectadas por la falta de nieve. Y los pronósticos hablan de mayor escasez hacia 2100.

Fuente: La Nación