El reverso de la realidad: Phoebe Hadjimarkos Clarke presentó su novela Aliène en diálogo con Adriana Muscillo

En el marco de las actividades de La Noche de las Ideas, la Librería Magia de Palermo fue el escenario de un encuentro con la escritora y traductora francesa Phoebe Hadjimarkos Clarke, moderado por la periodista cultural Adriana Muscillo, a propósito del lanzamiento local de su novela Aliène, editada por Cía. Naviera Ilimitada con traducción de Claudia Ramón Schwartzman.

El encuentro sirvió para desarmar el trasfondo político, biográfico y formal de una obra signada por la extrañeza y la disolución de los géneros tradicionales.

La trama del libro presenta una geografía hostil: en el pequeño pueblo de Cournac, una joven llamada Fauvel —un nombre neutro que ella misma se asigna— viaja al campo para cuidar a Hanna, una perra que es el clon exacto de una mascota muerta cuyo cadáver embalsamado preside el living. Mientras los lugareños culpan al animal por la aparición de ganado despedazado en los alrededores, un joven investiga supuestas abducciones extraterrestres, configurando un relato donde conviven lo rural, lo político y la diversidad sexual.

Al evaluar las dificultades de la crítica y el mercado para encasillar su literatura, que en Francia fue catalogada tempranamente como ciencia ficción o «novela queer», Hadjimarkos Clarke analizó las limitaciones de estas etiquetas durante la charla:

«Pienso que, en el contexto editorial francés, es difícil de clasificar porque toma prestado de la ciencia ficción, del fantástico, del gótico y también de los mitos y leyendas locales. Pienso que es una forma de hacer que no es corriente en la novela contemporánea francesa, y por eso siembra la duda y es difícil de clasificar. Mi primer texto [la novela Folia, de 2021] fue clasificado como ciencia ficción cuando en realidad yo no lo había pensado así. Los géneros no me molestan, pero me parece a veces que recortan un poco la perspectiva, es una perspectiva un poco corta».

Esa singularidad formal, sin embargo, fue la que la llevó a obtener en 2024 el prestigioso Prix du Livre Inter, un galardón otorgado por un jurado de oyentes de la radio pública francesa. «Es difícil decir eso sin parecer pretenciosa, pero sí, creo que el hecho de que sea algo que no es muy común llamó la atención», admitió la autora respecto al impacto de su estilo.

El cuerpo ante el trauma y la angustia

Uno de los ejes más hondos de la presentación giró en torno al trasfondo político de la novela. La protagonista de Aliène llega al campo arrastrando las secuelas de haber perdido un ojo a manos de la policía en una manifestación, un elemento que se desprende de la propia biografía de la autora, quien fue herida por una bala de goma en el margen de las protestas de los «chalecos amarillos» en Francia en 2019.

Hadjimarkos Clarke detalló cómo esa vivencia personal moldeó la columna vertebral del libro:

«El primer punto de partida fue realmente una reflexión sobre lo que el trauma hace al cuerpo. Cómo la represión se encarna en cada uno de nosotros, pero también, más ampliamente, cómo se difunde. Cómo el miedo a esa represión se va difundiendo en el mundo alrededor y nos va transformando a las personas. Esa extrañeza es lo primero que cuenta el libro: la transformación de las personas por ese miedo».

Al indagar en los recursos técnicos que utiliza para sostener una atmósfera de zozobra que envuelve al lector de principio a fin, la escritora reveló que no se trató de un cálculo frío, sino de una transposición de su propia sensibilidad:

«Es una pregunta que me hicieron un montón de veces y durante mucho tiempo no sabía qué responder, porque no puse en marcha un dispositivo narrativo o literario de forma reflexionada. Pienso que es simplemente porque soy de una naturaleza extremadamente angustiada, entonces me sale naturalmente. Lo único que tenía que hacer era mover el cursor de la angustia permanente un poquito más fuerte, subir el volumen. Ver todo lo que podría salir mal, porque esa es la raíz de la angustia: todas las cosas que pueden girar en una situación dada. Era extremar eso al máximo y escribir a partir de ahí».

Esa tensión también se alimenta de su experiencia en la campaña francesa donde creció, un espacio que lejos del idilio bucólico aparece condicionado por la violencia de los cazadores. «No son reglas propiamente dichas, pero sí hay momentos en que es preferible no salir a pasear porque te podés ganar una bala perdida. Hay accidentes de caza todos los años y eso amedrenta», explicó.

Identidades cruzadas y el flujo del lenguaje

Para moldear la perturbadora duplicidad de la perra clonada, la autora recurrió al imaginario fantástico del siglo XIX, citando el concepto del doble maléfico presente en la tradición gótica y en obras como Frankenstein. Sin embargo, el clon en Aliène opera fundamentalmente como una pregunta sobre la mismidad:

«Era una manera de cuestionar la identidad, porque dos clones idénticos desde el punto de vista genético podían ser dos cosas diferentes. ¿Qué es lo que nos constituye? Tenía ganas de examinar esa zona turbia entre uno mismo y el otro, que es algo que también está en juego en las relaciones que van tejiendo los personajes entre sí».

A lo largo del relato, la relación entre la protagonista y el animal pasa del temor inicial a una alianza subterránea frente a la hostilidad de los lugareños, una evolución que le permitió a la autora «explorar una relación en todo su espesor, analizando cómo una amistad, con todos sus matices y ambigüedades, puede desarrollarse entre un humano y un animal, convirtiéndolo en un tema de narración y no en algo anecdótico». En ese ecosistema donde los personajes conviven con estados alterados de conciencia inducidos por el desamparo y el consumo de drogas, el término «alien» cobra su sentido más puro: «Está la dimensión fundamental de la extrañeza por su raíz latina; son personas extranjeras de sí mismas y de los otros, que buscan sanar ese abismo que hay entre uno mismo y los demás».

Hacia el final del encuentro, Hadjimarkos Clarke se refirió a la particular puesta en página de su libro, donde los diálogos carecen de guiones tradicionales y se presentan en cursiva dentro de una columna limpia, obligando a una lectura sumamente activa.

«La idea era encontrarnos en una especie de largo flujo textual donde coexisten todas las versiones que van creando el mundo ficticio en el que estamos inmersos. El modo en que los relatos fabrican mundo es una de las grandes preguntas que intento trabajar en el libro, y esta puesta en página era una manera de poner en movimiento esa idea. Por otra parte, para la construcción del ritmo y de las escenas de angustia me nutrí mucho de las películas de los años 80, de la Serie B. Había un juego con el género que tenía un lado paródico y eso me divertía mucho al escribir».

Con la confirmación de que existen propuestas firmes para adaptar la novela al formato audiovisual y el anuncio de que su próximo proyecto, Le livre des souterrains, dialogará de forma directa con el universo de Jorge Luis Borges, Phoebe Hadjimarkos Clarke cerró una velada que dejó en claro su profunda afinidad con la tradición literaria argentina y su notable capacidad para transformar la angustia contemporánea en materia de ficción.