Luis Alberto Spinetta tiene una nave espacial: se la construyó un fanático en Chivilcoy

Diego Manusovich, licenciado en Ciencias de la Comunicación y con conocimientos de electrónica, la armó pieza por pieza en una plaza de la ciudad.Una historia que combina el descubrimiento de un ch…

En Chivilcoy, a unos 160 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, existe un espacio único dedicado a la memoria de Luis Alberto Spinetta. La plaza que lleva su nombre no solo reúne murales inspirados en las tapas de sus discos más emblemáticos, sino que alberga una singular instalación animatrónica conocida como La Nave Spinetta.

La obra simula una nave espacial y funciona como un reloj cucú: cada hora abre una compuerta que revela una figura de tamaño real del músico, que cobra movimiento mientras suena alguna de las más de 500 canciones de su repertorio.

Detrás de esta iniciativa está Diego Manusovich, licenciado en Ciencias de la Educación y fanático declarado de Spinetta. Durante la pandemia retomó conocimientos de electrónica adquiridos en la escuela técnica y volvió a desarrollar un antiguo hobby: crear artefactos que fusionan arte y tecnología.

Todo comenzó con pequeños proyectos realizados en su taller doméstico, como lámparas temáticas inspiradas en personajes de ficción. Con el tiempo, esas creaciones se transformaron en una colección de una docena de piezas que expuso para la Municipalidad de Chivilcoy. El éxito de aquella muestra lo impulsó a imaginar una obra de mayor escala y alcance público.

“Desde los 12 años soy un gran admirador de Luis Alberto. Quise compartir una de las cosas que más energía me da en la vida: volver una y otra vez a su música”, cuenta Manusovich. Así nació la idea de construir una escultura animatrónica dedicada al artista.

El proyecto comenzó en octubre de 2025 y reunió el trabajo de unas 30 personas. Gracias al esfuerzo colectivo, la nave pudo inaugurarse el 23 de enero de 2026, fecha en la que Spinetta habría cumplido 76 años y que coincide con el Día Nacional del Músico.

La estructura mide aproximadamente cuatro metros de alto por tres y medio de ancho y está instalada sobre una pared a considerable altura para facilitar su visualización. Entre quienes colaboraron se encuentran el escultor Marcelo Mosqueira, autor del rostro del músico; Agustín Valenciano, responsable del diseño artístico y de la estética steampunk de la nave; y Guillermo Sólimo, encargado del desarrollo informático y de programación.

Incluso la peluca que luce la figura de Spinetta fue donada por una organización dedicada a confeccionar pelucas para pacientes oncológicos, un detalle que refleja el espíritu colaborativo detrás de la iniciativa.

Un homenaje nacido de una pasión de infancia

El vínculo de Manusovich con la obra de Spinetta se remonta a su adolescencia. Fue su hermano mayor quien le habló por primera vez del músico mientras estudiaba en un conservatorio. Poco después, durante una visita a Buenos Aires, encontró en una disquería un casete de Desatormentándonos, el debut de Pescado Rabioso.

“Lo compré para regalárselo a mi hermano. Cuando lo escuchamos juntos sentí algo volcánico. Me fascinó esa mezcla de poesía, rebeldía y sensibilidad”, recuerda.

Desde entonces, la música de Spinetta se convirtió en una presencia permanente en su vida. Vinieron más discos, vinilos y rituales familiares alrededor de cada nueva escucha. Décadas después, esa admiración encontró una forma concreta en La Nave Spinetta.

Más que una escultura

Ubicada en la intersección de avenida Ceballos y San Lorenzo, la plaza se transformó en un punto de encuentro cultural. Según Manusovich, el atractivo de la obra reside también en la espera: las personas llegan con mate y celular en mano para aguardar la hora exacta y descubrir qué canción sonará.

“En una época marcada por la inmediatez, acá hay que esperar. Ese simple acto genera algo casi romántico”, explica.

La propuesta se amplió con recitales, lecturas y actividades artísticas vinculadas al universo spinetteano. Entre ellas se destacan presentaciones de bandas tributo y jornadas dedicadas a la poesía de Guitarra Negra.

Tecnología y comunidad

La Nave funciona las 24 horas, aunque su sistema reduce automáticamente el volumen durante la noche para no afectar a los vecinos. Además, necesita conexión a internet para gestionar la reproducción musical. Durante un tiempo utilizó la red WiFi de un vecino solidario, hasta que una empresa local decidió brindar el servicio sin costo.

El proyecto continúa creciendo. Entre las próximas incorporaciones figura una pantalla lateral que permitirá seguir las letras de las canciones que marcan cada hora, además de nuevas intervenciones urbanas para reforzar la estética steampunk del espacio.

Para Manusovich, el objetivo va mucho más allá de un homenaje artístico. “Los chicos preguntan quién fue Spinetta y después quieren escuchar sus canciones. Generar esa curiosidad en nuevas generaciones también es parte de la misión”, asegura.

Y quizás allí radique el verdadero sentido de La Nave Spinetta: transformar la admiración de un fan en una experiencia colectiva capaz de mantener viva la obra de uno de los músicos más influyentes de la historia argentina.

Fuente: universoturadio