La Fenilcetonuria (PKU) es una enfermedad metabólica poco frecuente, hereditaria y grave, pero tratable. La clave es que sea detectada y tratada a tiempo. De lo contrario puede afectar profundamente el desarrollo neurológico de quienes la padecen. En Argentina, gracias a la Ley 23.413, se realiza una pesquisa neonatal obligatoria desde 1990 que permite intervenir antes de que aparezcan síntomas, evitando así daños severos e irreversibles.
Día de la PKU y de la Pesquisa Neonatal. Cada 28 de junio se conmemora el Día de la Fenilcetonuria (PKU) a nivel internacional. Sin embargo, este día no sólo rinde homenaje a la lucha contra esta enfermedad poco frecuente, sino que simboliza el nacimiento de una herramienta revolucionaria en salud pública: el programa de pesquisa neonatal.
Este día, en 1916, nació el Dr. Robert Guthrie, un bacteriólogo y médico estadounidense que cambió para siempre la vida de millones de personas en el mundo. A mediados del siglo XX, desarrolló el primer test para detectar la PKU en recién nacidos, utilizando una técnica simple, económica y efectiva: una muestra de sangre del talón, colocada en un papel de filtro, que permitía identificar la enfermedad antes de que produjera daño neurológico irreversible. Este procedimiento, conocido como “Test de Guthrie”, marcó el inicio de los programas de pesquisa neonatal en todo el mundo. Con su trabajo se demostró que muchas enfermedades metabólicas, que hasta entonces llevaban a la discapacidad o incluso la muerte, podían prevenirse si se detectaban y trataban precozmente.
Con el tiempo, este programa fue ampliado para incluir otras patologías y se convirtió en un estándar de salud pública en numerosos países. En Argentina, el programa de pesquisa neonatal puede detectar varias enfermedades: PKU, hipotiroidismo congénito primario, fibrosis quística, hiperplasia suprarrenal congénita, galactosemia y déficit de biotinidasa.
Qué es la PKU Es un error congénito del metabolismo que impide que el organismo degrade correctamente un aminoácido llamado fenilalanina (abreviado Phe), presente en las proteínas. Esta falla se debe a la ausencia o mal funcionamiento de la enzima, la fenilalanina hidroxilasa, que normalmente transforma la fenilalanina en tirosina. Cuando esta conversión no ocurre, la fenilalanina se acumula, siendo tóxica para el sistema nervioso central, especialmente (pero no limitado) en las etapas del desarrollo neurológico durante la infancia. Es así que la exposición prolongada a niveles elevados de fenilalanina puede provocar: retraso mental irreversible, déficit cognitivo, trastornos del desarrollo psicomotor, problemas conductuales, trastornos de atención y memoria, convulsiones y movimientos anormales y síntomas del espectro autista. Además, la falta de tirosina (derivada normalmente de la conversión de fenilalanina) también compromete la producción de neurotransmisores clave como la dopamina, norepinefrina y serotonina.
Cuando el diagnóstico precoz salva vidas El screening debe realizarse entre las 36 y 72 horas de nacido, ya que tomar la muestra antes de tiempo puede dar falsos negativos. Lo mismo puede ocurrir si la muestra está mal tomada o si el niño nace en el hogar y no se realiza el test en tiempo y forma. Es fundamental que la muestra se tome cuando el metabolismo del recién nacido está activo, permitiendo así detectar niveles anormales de fenilalanina; ante un resultado positivo, se solicita una segunda muestra para confirmar el diagnostico mediante dosaje de Phe.
Un estudio realizado recientemente demuestra que por cada semana de retraso en el inicio del tratamiento se pueden perder hasta 4 puntos de coeficiente intelectual. Por eso es vital iniciar el tratamiento lo antes posible. Este tratamiento consiste inicialmente en restringir la ingesta de fenilalanina en la dieta. Después de esa ventana, los daños pueden resultar irreversibles.
Los pacientes con PKU correctamente diagnosticados y tratados pueden llevar una vida con igualdad de oportunidades respecto de las personas sin PKU.
No tiene cura pero sí tratamiento La PKU no tiene cura, pero sí tiene tratamiento. Y si se comienza a tiempo, permite a la persona desarrollar una vida totalmente normal. El tratamiento se basa en tres pilares fundamentales: 1) dieta estricta y controlada en fenilalanina, limitando la ingesta de proteínas naturales que se indican en cantidades pautadas en forma individual ; 2) Fórmulas especiales que proveen aminoácidos esenciales sin fenilalanina y 3) Alimentos bajos en fenilalanina, necesarios para mantener una dieta equilibrada y segura.
Sin embargo, la dieta restringida es difícil de sostener en el largo plazo, las fórmulas deben consumirse varias veces en el día para asegurar el aporte de aminoácidos que no ingresan con la dieta y el acceso a los alimentos bajos en fenilalanina suele ser limitado, en este contexto, en algunas personas con PKU puede ser necesario incorporar un tratamiento farmacológico.
No todas las personas afectadas tienen el mismo grado de disfunción metabólica. Existen formas más leves y otras más severas. Esta variabilidad depende de cuán funcional sea la enzima hepática encargada de transformar la fenilalanina en tirosina. Desde individuos cuya “cocina metabólica” está completamente inactiva hasta quienes tienen un funcionamiento parcial, la tolerancia a las proteínas varía y por eso el tratamiento debe ser personalizado.
Dieta estricta El tratamiento de la PKU consiste principalmente en una dieta estricta y controlada que limita la fenilalanina. Para cubrir las necesidades nutricionales, se utilizan fórmulas especiales que no contienen este aminoácido, pero sí los demás necesarios para un crecimiento saludable. A lo largo de los años se han desarrollado alimentos bajos en proteínas y aplicaciones digitales que permiten a las familias calcular y registrar con precisión lo que consumen los niños y niñas. A pesar de esto, la adherencia a la dieta es un desafío, especialmente desde la adolescencia, lo que puede provocar manifestaciones sintomáticas, comorbilidades y déficit nutricionales.
Una enfermedad hereditaria La PKU es de herencia autosómica recesiva. Para que un bebé nazca con la enfermedad, ambos padres deben ser portadores del gen mutado. En el Cono Sur, la prevalencia es relativamente elevada y similar a la observada en países como España, Italia y Estados Unidos.
Uno de cada 15.000 recién nacidos puede verse afectado. Esto incluye tanto las formas más severas (clásicas) como las más leves de la enfermedad.
Seguimiento y plan terapéutico de por vida. Es importante subrayar que el tratamiento no termina en la niñez, ya que en la adolescencia y la adultez requieren continuidad en el control metabólico para asegurar una buena calidad de vida, evitar desórdenes cognitivos, emocionales o reproductivos, y permitir un desarrollo pleno. Las mujeres también deben ser controladas durante el embarazo, ya que niveles elevados de fenilalanina pueden afectar gravemente al bebé.
El tratamiento y seguimiento de la fenilcetonuria requiere de un equipo interdisciplinario altamente especializado. Entre los profesionales que lo integran se encuentran los médicos especialistas como pediatra, endocrinógolo infantil o médico clínico: Lideran el diagnóstico, la interpretación de análisis, la toma de decisiones terapéuticas y el seguimiento general; neuropediatras y neurólogos: evalúan el desarrollo neurológico, especialmente en pacientes que presentan o han presentado síntomas cognitivos o conductuales y pediatras generales (en seguimiento temprano): acompañan en los controles básicos del desarrollo infantil.
Los nutricionistas son una parte clave del equipo multidisciplinar. Son fundamentales en el tratamiento de la PKU, ya que diseñan, adaptan y supervisan las dietas hipoproteicas personalizadas. Enseñan a las familias a calcular el consumo de fenilanalina diario, así como identificar estas cantidades en los diferentes alimentos. Son los encargados de la evaluación del crecimiento, estado nutricional y evolución del paciente en función de su nutrición. También son parte los psicólogos y psicopedagogos que acompañan emocionalmente al paciente y a su entorno familiar, especialmente en momentos sensibles como el diagnóstico, la adolescencia o el embarazo.
Manifestaciones y comorbilidades asociadas a la PKU
El control de peso La PKU en sí no predispone a la obesidad, y no hay una tendencia generalizada al sobrepeso en estos pacientes, a pesar de que su tratamiento implica restricciones alimentarias específicas. Lo que sí puede ocurrir es que algunos chicos que reciben alimentos especiales como galletitas y fideos hipoproteicos pueden aumentar de peso si esos alimentos desplazan el consumo de frutas y verduras. En contextos donde el acceso a alimentos saludables es limitado, el consumo excesivo de productos procesados hipoproteicos puede influir en el peso. En general, la población con PKU bien tratada no presenta mayor prevalencia de obesidad que la población general.
Indicios neuroconductuales Por su parte, los síntomas neurológicos de la PKU no tratada pueden parecerse a los del autismo, y en muchos casos, los niños con PKU tardíamente diagnosticada han sido considerados erróneamente como autistas. Esto se debe a síntomas compatibles como las conductas repetitivas, ausencia de lenguaje, “rocking» (balanceo repetitivo), falta de contacto visual o respuesta emocional. Muchos de estos síntomas mejoran o desaparecen con el adecuado control de los niveles de Phe. Incluso en algunos casos de daño neurológico moderado, la adherencia al tratamiento puede mejorar significativamente la conducta y la calidad de vida. Todo niño con diagnóstico de autismo debería ser evaluado con estudios metabólicos, ya que la PKU es una de las causas tratables de autismo secundario.
La PKU es una condición en la que el tiempo y el control metabólico hacen la diferencia. Por eso, el tamizaje neonatal, la confirmación diagnóstica y un manejo adecuado son claves para prevenir complicaciones y favorecer una buena calidad de vida a lo largo de todas las etapas.
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