La última lección del maestro: el viaje del “Guernica gallego”, que salió de Buenos Aires por el verano europeo

Retrato de un fusilamiento, el cuadro conjuga empatía y el desdén, porvenir y tragedia, y es símbolo de los mártires asesinados durante la guerra civil; está en préstamo en Pontevedra, pero regresará a su hogar en septiembre

Dos niños contemplan el horror: un hombre —su maestro— acaba de ser fusilado. Uno, de rodillas, se tapa el rostro con las manos; el otro, apenas mayor que el primero, intenta consolarlo. Es un lienzo de contrastes: luces y sombras; la sensibilidad de la niñez y la crueldad de los adultos; la empatía y el desdén; el porvenir y la tragedia. A derradeira lección do mestre [La última lección del maestro] se ha convertido en un símbolo de los mártires asesinados durante la guerra civil española y de la memoria antifascista. He aquí el “Guernica gallego”, pintado por Alfonso Daniel Rodríguez Castelao en 1945 durante su exilio y recién llegado al Museo de Pontevedra a modo de préstamo desde su hogar, en el porteño Centro Galicia de Buenos Aires.

"A derradeira lección o mestre" se exhibe hasta septiembre en Pontevedra
«A derradeira lección o mestre» se exhibe hasta septiembre en Pontevedra

En esta icónica composición convergen muchas vidas, varias historias, debates encendidos, una pasión y una devoción, el arte, la política, el exilio, la inmigración y un pasado que aún lacera. En A derradeira lección do mestre están las huellas de Castelao (1886-1950), artista que incomoda a sus contemporáneos y el homenaje a su amigo, Alexandre Bóveda (1903-1936), joven economista, asesinado en un juicio esperpéntico, como lo adjetivaría su coterráneo Ramón del Valle-Inclán.

La obra maestra predilecta de Galicia arriba a esta tierra para ser visitada durante el verano europeo. Mientras el tema principal de la agenda política, con sus detractores y sus estrategas, es la Ley de Nietos, con la que tantos argentinos han obtenido su pasaporte recientemente, y mientras la ofensiva frase “los argentinos vinieron de los barcos”, que anula las identidades y los orígenes de los inmigrantes (y el reconocimiento a un país de acogida cuando era una potencia económica e intelectual), comienza a comprenderse.

La directora del Museo de Pontevedra, Ángeles Tilve, explica el cuadro a las autoridades presentes durante la inauguración
La directora del Museo de Pontevedra, Ángeles Tilve, explica el cuadro a las autoridades presentes durante la inauguraciónGentileza Rafa Estévez

El artista

En Galicia las bibliotecas y las escuelas llevan su nombre. Incluso algunos llevan tatuado su rostro. Alfonso Daniel Rodríguez Castelao —Castelao a secas para todos— nació en Rianxo y era un hombre adelantado a su tiempo. Viajó por el mundo y, en aquellas excursiones, conoció en Japón la paciencia requerida para las acuarelas y la furia del expresionismo alemán, técnica y vanguardia que influenciaron su obra. “No solo era un excelente escritor y dibujante. Éticamente es irreprochable. Fue un político honrado. Tuvo una vida ejemplar y fue consecuente: estuvo con los humildes, defendió a los obreros y a los negros [durante su estancia en Nueva York] y los dibujó”, sostiene Miguel Anxo Seixas Seoane, presidente de la activa Fundación Castelao.

Retrato de Castelao, por Joaquín Pintos (1931)
Retrato de Castelao, por Joaquín Pintos (1931)Gentileza

Cuando tenía 9 años su familia emigró a la Argentina, en busca de mejores condiciones de vida. Tras cinco años en La Pampa, la familia regresó a Galicia. Castelao estaba tocado por una varita: tenía talento, carisma, popularidad e inteligencia; brillaba como escritor y como dibujante; estudió Medicina y en la política encontró un espacio para defender sus ideas. Castelao fue un pionero del nacionalismo gallego, un diputado que defendía el derecho de su pueblo a la autodeterminación. Cuando falleció en Buenos Aires en 1950, su cuerpo de ídolo fue embalsamado y su féretro fue acompañado por una multitud hasta el cementerio de la Chacarita. “Con su lápiz de caricaturista y su pluma de literato fue un artista genial que deja en pie una obra duradera […]. Que Dios haya acogido su alma”, publicaba La voz de Galicia, desafiando la censura del régimen.

El Museo de Pontevedra exhibe de forma permanente las obras que atesora de Castelao, uno de los fundadores de esta institución, inaugurada en 1929. “Desde el regreso de la democracia, ha habido un proceso paulatino para reunir las obras que estaban dispersas. Solo en su casa había más de 3000 piezas. Con el estallido de la guerra, muchas fueron incautadas. Esas piezas llegaban al museo no como depósito de obras, sino como paso previo a la subasta, lo cual habría sido un desastre. El museo, con mucha diplomacia, las fue adquiriendo”, explica Ángeles Tilve, directora de la institución, experta en la obra pictórica de Castelao, acompañada por una sinfonía como telón de fondo: la lluvia. Aquella mañana amaneció con una garúa y con la noticia de la llegada del lienzo en la portada de los principales periódicos de la región: La voz de GaliciaEl diario de Pontevedra y El faro de Vigo, entre otros, además de la transmisión en vivo desde el museo de la emisora Cadena Ser.

La exposición permanente del Museo de Pontevedra exhibe la obra de Castelo
La exposición permanente del Museo de Pontevedra exhibe la obra de CasteloGentileza Romina Doce

En las caricaturas de Castelao, deambulan ciegos, mendigos y labradores por escenarios y paisajes gallegos. Recuerda Tilve que su padre, como tantos coterráneos, se deleitaba con la faceta humorística de Castelao, con viñetas publicadas en los periódicos locales. Muchas de estas piezas se exhiben en el Museo de Pontevedra, como así también, desde 1981, cuando pudieron regresar a Galicia, tal como lo había manifestado Castelao antes de morir, las estampas de los llamados Diarios de Guerra, realizados en el exilio. Uno de ellos, Galicia mártir (1937), posee entre sus estampas, de 29,5 x 22 cm, la primera versión de A derraderira lección do mestre, que años después Castelao convertiría en un lienzo.

"A derraderira lección do mestre" fue, antes de convertirse en un lienzo, una estampa en los "Diarios de guerra" que diseñó, escribió e ilustró Castelao
«A derraderira lección do mestre» fue, antes de convertirse en un lienzo, una estampa en los «Diarios de guerra» que diseñó, escribió e ilustró Castelao

Castelao conoció diferentes rostros del horror: enterró a su hijo de 14 años, padeció una ceguera precoz y debió partir al exilio. Cuando salió de su casa en Galicia en 1936 rumbo a Madrid para cumplir sus compromisos políticos, no se imaginaba que jamás regresaría vivo a su tierra.

El modelo

No son niños los que contemplan a un hombre. Viceversa, es él, Valentín García Bóveda, quien mira a unos pequeños jugar al fútbol; uno de ellos es su hijo. Hace 90 años, su abuelo, Alexandre Bóveda, fue fusilado a pocos kilómetros de aquel sitio tan turístico: el balneario de Sanxenxo. Hay algo en el rostro de este hombre que impacta: los destellos de su abuelo, cuya imagen hoy es conocida por la mayoría de la sociedad.

Bóveda era un brillante y joven economista que firmó, junto con un grupo selecto de políticos, el estatuto de autonomía gallego elaborado durante la República. En varias ocasiones, García Bóveda se emociona al recordar la historia de su familia, labor que realiza tanto de manera individual como en público. Su abuela Amalia estaba embarazada de una niña a la que también llamó Amalia, su madre, quien hoy tiene 90 años. Valentín García Bóveda combina su actividad profesional con el legado de la fundación sin fines de lucro que vela por la memoria de un mártir.

Tres generaciones descendientes del mártir del Alexandre Bóveda: el bisnieto, la hija y el nieto del economista; Valentín García Bóveda (izq.) es el vicepresidente de la Fundación Bóveda
Tres generaciones descendientes del mártir del Alexandre Bóveda: el bisnieto, la hija y el nieto del economista; Valentín García Bóveda (izq.) es el vicepresidente de la Fundación BóvedaGentileza

“Siempre digo, de broma y no tan de broma: «¿Qué hubiera ocurrido si le hubiéramos dado a Bóveda 33 años más y un ordenador portátil?»”, dice su nieto, vicepresidente de la Fundación Bóveda y motor de la misma [su madre es la presidenta, pero se ha retirado de las gestiones], y enumera algunos de los logros realizados en tan poco tiempo: montó y dirigió la Caja de Ahorros de Pontevedra, mejoró el servicio de recaudación de cédulas de la Diputación de Pontevedra, ayudó a la creación de la Misión Biológica en la región, fue uno de los redactores del estatuto de autonomía -sobre todo la parte económica- colaboró en la fundación del Partido Galeguista, estudió Economía (“mi abuelo fue un precursor de las ideas keynesianas”), socio empresario en el prestigioso instituto bioquímico Miguel Servet y la lista continúa.

El nieto del mártir más icónico de Galicia recapitula las diferentes etapas que vivió su abuela, quien apenas hablaba de su marido asesinado, un punzante tema tabú: la primera, la fase de felicidad y orgullo por estar casada con un líder carismático; la segunda, la ignominia y el rechazo de la comunidad de Pontevedra que llegó a insultar y escupir por la calle a una joven viuda que luchaba por alimentar a sus hijos y quien padeció también el asesinato de tu tío y de su primo; la tercera, ya varios años después del arribo de la democracia, el reconocimiento a su marido, convertida en un emblema de la resistencia. En su juicio expresó: “Mi patria natural es Galicia. La amo fervorosamente, jamás la traicionaría, aunque me concediesen siglos de vida. La adoro más allá de mi propia muerte. Si el tribunal entiende que, por este amor entrañable, debe serme aplicada la pena de muerte, la recibiré como un sacrificio más por ella”.

Las máximas autoridades políticas y culturales de Galicia acudieron, la noche anterior a la inauguración de la exposición. No cabía un alfiler en aquel evento al que todos querían asistir. Ni bien comenzó el evento, un grupo de manifestantes alzó sus carteles al grito de “Vergoña” [vergüenza, en gallego]. Ni García Bóveda ni su madre acudieron a la cita en repudio a la utilización política que consideran que se hace de las imágenes de su padre y de su abuelo, respectivamente. El día 17 de agosto se conmemora el Día da Galiza Mártir o de los Mártires Gallegos, efeméride del fusilamiento de Bóveda, detenido un mes antes de aquella fecha en 1936, acusado de traición a la patria. Es un día de reflexión, no oficializado, pero de gran acogida en la comunidad autónoma. Su institucionalización ha sido exigida a políticos de distintos partidos, y algunos han prometido tramitarla como ley, tanto en la Xunta como en la Diputación, sin llegar a cumplirlo. El último reclamo ha sido al Partido Popular, que en principio dio su visto bueno; sin embargo, el pacto con Vox, de extrema derecha y detractores de la memoria democrática, han llevado a desestimar esta demanda.

El símbolo

“Castelao conoció muy pronto la noticia del asesinato de Bóveda. Este es el único caso, entre todas sus estampas, en el que identifica al personaje, a la víctima, porque utilizaba personajes arquetípicos que reflejaban al pueblo en su conjunto: el sufrimiento, el horror, la violencia y la sinrazón. Quería realizar un homenaje a una personalidad tan intensa”, explica Tilve. La licencia que se toma Castelao —llamar maestro a este personaje, a pesar de que no lo fuera— responde, expone la directora del museo, a la necesidad de transmitir un mensaje claro: “Las ideas no podían morir”. Esos niños son los que recogen la herencia de ese maestro”. Historia de una maestra (1990), de Josefina Aldecoa; La lengua de las mariposas (1999), la película protagonizada por Fernando Fernán Gómez, basada en los relatos de Manuel Rivas; y El maestro que prometió el mar (2023) son algunos de los recientes homenajes a estos profesionales de ideas liberales.

Hay dos niveles de interpretación en el cuadro, y esta lectura lo convierte en un clásico: “En el contexto internacional, Castelao sabía que se leería como una denuncia de la tremenda represión que hubo contra el magisterio republicano en España. Era una escuela novedosa, basada en el laicismo y en una transformación social, y eso no interesaba al franquismo. Pero al poner el rostro de Bóveda en él, se le otorga un segundo significado y se dirige a Galicia. Castelao identifica a Bóveda como el guía de los ideales galleguistas, una enseñanza que quedaría para el futuro. Muchos amigos de Castelao fueron asesinados, destacadísimos referentes del galleguismo, como Ánxel Casal, pero el artista considera que Bóveda era el “símbolo de todos los mártires”, explica Tilve y describe la complejidad con la que el artista, prácticamente ciego, con la ayuda de una gran lupa sostenida por su esposa, pinta el lienzo de casi dos metros de alto. “En el óleo se pierde mucho de ese detallismo del dibujo, pero no se pierde la fuerza de la estampa original; todo lo contrario. Castelao es capaz de darle la fuerza simbólica el cuadro con el pincel”, añade.

“El cuadro tiene un contenido político indudable, un contenido de reivindicación política de aquella época, no solo de homenaje a Bóveda, sino también a los maestros, a los exiliados, represaliados, asesinados, gallegos, etc. Tenemos, un pasado no resuelto, es decir, nuestro presente. Hay muchos miles de Bóvedas en este país. Esto hace que el cuadro resulte incómodo. Como con todos los símbolos, tendemos a escoger e interpretar lo que nos interesa. Está en nuestra naturaleza humana. Al final, el cuadro se convierte en una clase de espejo donde se ven reflejadas las incongruencias de quienes reclaman a Alexandre Bóveda y Castelao como patrimonio de todos, al mismo tiempo que rechazan su lección”, se sincera García Bóveda, quien acudirá al Museo para visitar el cuadro y, frente a él, conmemorará el próximo 17 de agosto un homenaje a los mártires gallegos y a su abuelo.

El marco

Cuando estalla la guerra civil, Castelao se encontraba en Madrid, trabajando en la aprobación del Estatuto de Autonomía de Galicia en el Congreso. En 1938, tras permanecer un tiempo en Valencia y luego en Barcelona, zona republicana, se marcha primero a Rusia, en busca de ayuda para su bando, y luego a los Estados Unidos, donde padece dificultades económicas. El desembarco de Castelao en Buenos Aires no fue sencillo. Su infancia en la Argentina contribuyó a que obtuviera la residencia en un mundo en guerra, en el que tantos europeos buscaban emigrar a América. En 1940 pudo recalar a Buenos Aires con la ayuda de la comunidad gallega.

Castelao a la derecha del busto de su amigo Bóveda y delante del famoso cuadro que él pintó
Castelao a la derecha del busto de su amigo Bóveda y delante del famoso cuadro que él pintó

Castelao era el líder indiscutible de los galleguistas en el exilio. Su voluntad era dejar el lienzo en Buenos Aires y regresar a su tierra, por la que siempre suspiraba con morriña. “El cuadro fue creado para el exilio y la migración, encargado a Castelao en 1945 para conmemorar el noveno aniversario del asesinato de Bóveda y pagado por el Centro Orensano [Orense es una de las provincias que integran la comunidad autónoma gallega], donde tenía su centro de trabajo. Cuando en 1979 se creó el Centro Galicia de Buenos Aires [asociación civil sin fines de lucro], que fusionó a las diferentes asociaciones provinciales que nucleaban a la inmigración, se heredó todo el fondo, entre ellos el cuadro”, explica José María Vila Alén, presidente del Centro Galicia de Buenos Aires, quien acompañó el cuadro a Galicia para esta exposición. En la entrada de esta institución hay un busto de Bóveda y una réplica de A derradeira lección do Mestre. Para contemplar el original, hay que pedir autorización al centro, pues por cuestiones de seguridad no está expuesto al público.

El cuadro de Castelao sale de su hogar en Buenos Aires rumbo a Galicia
El cuadro de Castelao sale de su hogar en Buenos Aires rumbo a GaliciaGentileza American Television Agency

Infatigable, Castelao llevaba una vida muy activa en Buenos Aires. Durante estos años estrena su obra de teatro Os vellos non deben de namorarse [Los viejos no deben enamorarse], y publica los ensayos Sempre en Galiza y As cruces de pedra na Galiza, entre otros. Xosé Manoel Núñez Seixas, historiador gallego, decía en una entrevista concedida a LA NACION que Buenos Aires fue un referente de la modernidad para los gallegos y que, en estas coordenadas, se erigió durante varias décadas en una suerte de capital de Galicia.

El reconocimiento de la comunidad gallega en la Argentina por su acogida es palpable en cada encuentro con las autoridades políticas y culturales. Pero la fuerza de la palabra es distinta del peso de la legislación o de su aceptación en toda la península. Rafa Latorre se refería hace algunos días, en su escuchada columna de Onda Cero, al debate en España en torno a la Ley de Nietos, una medida que afecta a los descendientes de quienes partieron al exilio y de quienes padecieron el “estrañamiento” tras la guerra civil. Esta medida genera controversias, pues, a diferencia de la regularización de indocumentados impulsada por el presidente Pedro Sánchez, que no obtendrán derechos políticos, la Ley tendrá un efecto notable en el padrón electoral. “La sucursal argentina del Partido Popular está publicitando los criterios para obtener la nacionalidad y luego su voto”, decía Latorre. Se calcula que para 2027 ingresarán 600 mil nuevos votantes al padrón electoral, en el que, según The Objetive, “Argentina será el mayor granero de votos del exterior”. Es cierto: no todos los inmigrantes españoles que llegaron a la Argentina defendían las ideas de la República, abandonaron su tierra por cuestiones políticas o eran eximios artistas, pero, arribaron al puerto de La Boca con la misma urgencia de hallar paz que los primeros. ¿Se reconoce fehacientemente en España a la Argentina como país de acogida? El cuadro de Castelao ilumina no solo su propia historia, sino que su mensaje, y el relato que recubre el lienzo, invita a pensar en la influencia y papel de la inmigración española en la Argentina.

La perspectiva

Dónde exhibir al Guernica —en Madrid o en el País Vasco— ha generado recientemente un complejo debate, pero esto no ocurre con A derradeira lección do mestre, pues la voluntad de Castelao fue clara, a pesar de que no falten quienes anhelen tenerlo en la tierra natal del artista. “Existe una Galicia continental y una Galicia allende el mar, o sea, transatlántica. Una no se entiende sin la otra. Es una especie de ecúmene, una entidad del mundo cultural que tiene dos partes que deben dialogar y conocerse. La estampa original, de grandísima calidad, está en el museo desde 1981”, argumenta Seixas Seoane.

El cuadro de Castelao es recibido con gran entusiasmo en el Museo de Pontevedra
El cuadro de Castelao es recibido con gran entusiasmo en el Museo de PontevedraGentileza Rafa Estévez

“Me emociona mucho que el cuadro esté aquí, pero creo que está bien que siga en Buenos Aires y que tengamos que respetar esas condiciones. Hoy en día no hay fronteras. Creo que es bueno que la colectividad en Argentina mantenga algunos símbolos de identidad. Estuve en Buenos Aires y me sorprendió mucho cómo conservan ese amor a Galicia, personas que son incluso de tercera generación”, resume Tilve.

Seixas Seoane lamenta que, en un mundo globalizado, la cultura gallega esté en inferioridad de condiciones. “A veces no somos capaces de valorar lo que es nuestro, y no porque lo nuestro no sea bueno o tan bueno como lo de los demás. Entiendo la alabanza, pero, ¿por qué llamar al cuadro «El Guernica gallego» y no a la obra pintada por Pablo Picasso «A derradeira lección do mestre del País Vasco?»”.

Cada año, con cada generación, de un lado y otro del Atlántico, la fama de A derradeira lección do mestre se multiplica. Castelao y Bóveda lograron su cometido: incomodar al poder y reverberar sus ideas. Lo hacen con paciencia pedagógica, con asistencia perfecta, sin recreos y sin evaluar a quienes los contemplan. Tantos años después, siguen predicando desde el arte y el recuerdo.

Fuente: Laura Ventura, La Nación