La Mayo Clinic advierte que la activación prolongada del sistema de respuesta al estrés aumenta el riesgo de ansiedad, depresión, trastornos del sueño y enfermedad cardíaca (Imagen Ilustrativa Infobae)
El estrés psicológico se refiere a la sensación de tensión mental, física o emocional que experimentan las personas ante diversas situaciones.
Según los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH), estos factores estresantes pueden originarse tanto en las responsabilidades y rutinas diarias —como el trabajo, la familia y las finanzas— como en circunstancias externas, entre ellas la adversidad en la infancia, la exposición a condiciones ambientales, la pobreza, la discriminación y las desigualdades sociales.
Además, enfrentar problemas graves de salud, propios o de personas cercanas, también constituye una fuente significativa de estrés.
De acuerdo con los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH), en situaciones de estrés crónico, es decir, sostenido en el tiempo, el sistema inmunitario puede debilitarse, aumentando la propensión a infecciones virales.
El estrés psicológico surge ante tensiones mentales, físicas o emocionales vinculadas con el trabajo, la familia, las finanzas y las desigualdades sociales (Imagen Ilustrativa Infobae)
Para la Mayo Clinic, la activación prolongada del sistema de respuesta al estrés y la exposición sostenida al cortisol y otras hormonas pueden alterar casi todos los procesos del cuerpo.
El cuerpo responde a estos factores liberando hormonas del estrés, como la epinefrina y la norepinefrina, lo que provoca aumentos en la presión arterial, la frecuencia cardíaca y los niveles de azúcar en sangre. Esta reacción de alarma prepara al organismo para responder rápidamente ante una amenaza.
Esto incrementa el riesgo de múltiples problemas de salud, como ansiedad, depresión, problemas digestivos, dolores de cabeza, tensión y dolor musculares, enfermedad cardíaca, ataque cardíaco, presión arterial alta, accidente cerebrovascular, trastornos del sueño, aumento de peso y dificultades de memoria y concentración.
El estrés crónico puede durar semanas o meses y, según Harvard Health, no solo debilita la salud física y el bienestar emocional, sino que también se asocia con hipertensión arterial, cambios cerebrales vinculados con ansiedad, depresión y conductas adictivas, además de alteraciones del sistema inmunitario que aumentan la vulnerabilidad a enfermedades e infecciones comunes.
Ese cuadro se diferencia del estrés agudo, una respuesta de corta duración que desaparece con rapidez y que ayuda a enfrentar situaciones repentinas, como frenar de golpe para evitar un choque. Cuando ese episodio breve se repite con frecuencia, pasa a denominarse estrés agudo episódico.
Los NIH señalan que el estrés crónico puede debilitar el sistema inmunitario y elevar la propensión a infecciones virales como la causada por el SARS-CoV-2 (Imagen Ilustrativa Infobae)
Harvard explica que el problema con el estrés persistente es que muchas personas terminan por acostumbrarse y dejan de reconocerlo como un trastorno. Suele surgir de dificultades financieras, relaciones infelices o problemas laborales, y a menudo viene acompañado de una sensación de impotencia para modificar las circunstancias.
El estrés sostenido también se relaciona con inflamación e infecciones
De acuerdo con Harvard Health, el estrés crónico puede alterar el sistema inmunitario y provocar una respuesta inflamatoria crónica de bajo grado. Con el paso del tiempo, ese mecanismo se vincula con enfermedades cardiovasculares, trastornos digestivos, asma y con una aceleración del proceso de envejecimiento.
La misma alteración inmunitaria también puede elevar la susceptibilidad a los resfriados y a otras infecciones virales comunes. En paralelo, las investigaciones sugieren que la exposición prolongada al estrés contribuye a la presión arterial alta y modifica el cerebro de una forma que puede derivar en trastornos emocionales y conductuales.
Para aliviarlo, la recomendación central es aplicar estrategias de manejo del estrés de forma regular. Esas herramientas buscan activar la respuesta de relajación del cuerpo, con efectos como una respiración más lenta, la relajación muscular y la reducción de la presión arterial.
Harvard Health sostiene que el estrés sostenido se relaciona con inflamación de bajo grado, hipertensión arterial, cambios cerebrales y mayor vulnerabilidad a enfermedades e infecciones comunes (Imagen Ilustrativa Infobae)
Las medidas preventivas recomendadas
Una de las técnicas propuestas consiste en apretar el puño con fuerza durante 20 segundos y luego soltarlo, repitiendo el ejercicio varias veces para percibir la diferencia entre tensión y relajación. Otra opción es inhalar profundamente para llenar los pulmones y el abdomen, y exhalar lentamente hasta notar que el cuerpo empieza a distenderse.
La guía de Harvard también menciona concentrarse en una palabra o frase breve que resulte inspiradora mientras se respira hondo durante cinco a 10 minutos. A eso suma la técnica de respiración cuadrada: inhalar en una cuenta de cuatro, sostener el aire en cuatro, exhalar al menos en cuatro y esperar otros cuatro antes de reiniciar el ciclo.
La atención plena aparece como otra herramienta para estar presente en el momento sin reaccionar de manera impulsiva ni sentirse desbordado por la experiencia. Puede practicarse durante actividades cotidianas al observar lo que se ve, se oye, se huele, se siente y se saborea, mientras se registran pensamientos y emociones.
Las estrategias de manejo del estrés incluyen respiración profunda, relajación muscular, atención plena y respiración cuadrada para activar la respuesta de relajación del cuerpo (Imagen Ilustrativa Infobae)
El ejercicio formal de atención plena propone sentarse en silencio, cerrar los ojos y respirar lenta y profundamente varias veces con la concentración puesta en la respiración. Cuando la mente se dispersa, la consigna es volver suavemente a ese foco y sostenerlo durante cinco a 10 minutos, para después ampliar la atención a los cinco sentidos sin juzgar pensamientos ni sentimientos.
El yoga y otras prácticas mente-cuerpo, como el qi gong y el tai chi, también figuran entre las recomendaciones. Según Harvard, sus posturas ayudan a fortalecer y relajar músculos tensos, y la combinación de movimiento, respiración profunda y concentración mental puede contrarrestar los efectos físicos del estrés y favorecer una respuesta más consciente ante él.
El ejercicio regular también tiene un lugar destacado porque eleva las endorfinas y reduce la adrenalina y el cortisol, hormonas asociadas al estrés. Además, mejora la energía, el estado de ánimo y puede servir como distracción frente a las preocupaciones, sin que exista un único tipo de actividad física necesario para obtener beneficios.
Dormir es otra de las medidas señaladas. El estrés eleva el cortisol y el sueño lo reduce, por lo que los adultos deberían intentar descansar al menos siete horas por noche; ese descanso también ayuda en problemas vinculados con el estrés, como el control del peso, la presión arterial y el bienestar emocional.
La actividad social completa el grupo de recursos mencionados por Harvard Health. Un círculo de amigos y familiares puede ofrecer apoyo emocional en períodos de estrés intenso.
Fuente: Infobae

