Nada es más difícil hoy que encontrar risas. En la calle o, incluso, en la miríada de plataformas de streaming. El problema no es que falten películas cómicas, comedias, obras para la sonrisa, sino que ya hemos visto la mayoría. En realidad es lo que sucede con todos los géneros cuando nos quedamos con la página de inicio. Y es cierto que lo que solemos hacer cuando abrimos una plataforma es ir a lo que tenemos a mano, que lo que buscamos es pasar el rato y sumergirnos rápidamente en lo que elegimos. Ahora bien: buceo y paciencia consiguen buenas risas en todos los streaming.
De hecho, lo que vamos a recomendarles es un conjunto de películas que generan risas y, por lo tanto, consuelo en estos días en los que parece que el sol no va a volver a salir nunca. Lo más interesante es que ninguna tuvo estreno comercial en cines de la Argentina, y como ya no tenemos un mercado de venta y alquiler en formato físico (vamos a tener que hablar de eso), tampoco en VHS, DVD, BluRay y etcéteras.
Como queremos empezar por una obra maestra, puede verse en AppleTV South Park, Bigger, Longer & Uncut. Seguramente el lector pensará cómo una película que surgió de una serie animada para adultos sobre cuatro nenes en un pueblo de cuarta categoría en el interior profundo de los Estados Unidos va a ser una obra maestra, pero lo es. Por ahora, confíe en nuestras palabras (la película merece una nota larga). En primer lugar, es una parodia de las películas animadas musicales de Disney, y la primera secuencia toma como modelo el cuadro “Belle” de La Bella y la Bestia. La historia es un grito político contra la corrección política y, antes de que existiera, la cultura de la cancelación y la filosofía woke (el film, profético, es de 1999). Los chicos van a ver una película canadiense con comicidad “pis y caca”, llena de malas palabras. El cambio de léxico de los niños lleva a los padres a acciones cada vez más violentas, hasta que el gobierno estadounidense le declara la guerra a Canadá (la canción “Blame Canada” fue nominada al Oscar) y a una masacre que, además, trae a la Tierra a Satán y, peor, a su amante, Saddam Hussein. Todas las canciones son sensacionales (y una, justamente la que canta Satán, conmovedora), la animación que parece hecha con papel recortado logra compensar el humor negrísimo de muchas secuencias, el final es muy tierno, y es básicamente un grito desesperado contra la hipocresía de Hollywood -y global- que se preocupa por qué y cómo se dice y no por la verdadera maldad de creer que matar puede estar bien.
Cerca de South Park por el uso de la animación, aunque mucho más “apta para todo público”, aparece una producción que terminó sólo en Disney+, Chip & Dale al rescate. La técnica es similar a la de Roger Rabbit: personajes dibujados en el mundo “real”. El punto de partida: una de las dos ardillas provoca que la exitosa serie que protagonizaban se cancele. Años más tarde, no queda nada de la fama; uno de ellos, además, se convirtió en personaje 3D. Pero hay un misterio: una serie de desapariciones de otros personajes, amigos, gente conocida del ambiente. Y lo que hay detrás es una mafia de falsificación de películas con origen fuera de los Estados Unidos. No falta nada: vértigo, humor desaforado, momentos que se parecen al tono de South Park (sí, hay incluso el cameo de un personaje) y un grado de crítica a los grandes estudios del audiovisual que suena totalmente sorprendente. Hay que verla en inglés (Chip es John Mulaney y Dale, Andy Samberg; pero además el elenco incluye las voces de Seth Rogen, Paul Rudd, Will Arnett, Chris Parnell, J.K. Simmons, Keegan-Michael Key y mil otros) y dejarse llevar por su conjunto de absurdos in crescendo cómico.
Alguna vez, el maestro de la animación Chuck Jones definió a Bugs Bunny como representante de una rara clase de personaje: el héroe cómico. En general el personaje cómico es víctima o quien sufre las desgracias. Pero eso no pasa con Bugs, ni con Buster Keaton ni con alguien que admiraba a ambas criaturas: Jackie Chan. Aquí hemos visto, en realidad, demasiado poco de lo que hizo en su carrera. En especial nos faltan películas de las primeras etapas, cuando ese cuerpo eléctrico estaba al tope de sus posibilidades. Por eso vamos a recomendar El gran maestro (Prime Video), de 1980, que aquí no se ha visto ni en videoclubes. Importante: fue la primera película dirigida por Jackie Chan en persona, que además escribió el guion y trata sobre dos jóvenes criados en una escuela de kung-fu. Uno comete una traición y el otro quiere redimirlo. La historia tiene algo de melodrama familiar hasta que Jackie pelea. Vean qué hace con un abanico y una alforja; vean cómo, disfrazado de anciano, utiliza mil y un acrobacias para acabar con dos malvados que lo atacan. El humor tanto de costumbres como físico es lo que marca un diferencial absoluto entre las películas de Jackie Chan y el resto. Jackie es realmente un héroe cómico, y escasean en el cine (ni les cuento en la vida real).
Otra película oriental, pero mucho más reciente, es la japonesa Linda Linda Linda (Mubi), que fue un suceso en el Bafici de 2005. De hecho, todos salíamos cantando “Linda Linda Linda” un poco a los gritos. Los 21 años que pasaron desde entonces no le quitaron peso a un fotograma. Esta comedia adolescente narra la historia de un grupo de chicas de secundario que tienen una banda punk, pero justo tres días de un concurso importante, pierden a su cantante. Consiguen entonces a una estudiante de intercambio coreana para que sea la voz del grupo, aunque la chica desconoce del todo el repertorio. Alrededor de esta anécdota que no carece de suspenso, la película ejerce un humor y una ternura notables para describir a una generación adolescente. Pero para nada es un film nostálgico, o melancólico: el contraste entre los trajecitos marineros de chicas de secundario y el grito punk “Linda Linda Linda” (van a terminar cantando también) es feroz y genera un aire totalmente distinto del que uno espera. Con el paso de los años se convirtió en película de culto en Japón y poco y nada accesible en el resto del mundo. Probablemente sea la mejor historia de una banda de chicas jamás filmada.
Totalmente opuesta es La herencia del Sr. Deeds (HBO Max), una película de Adam Sandler que no tuvo estreno comercial en la Argentina, lo que implica una auténtica pena. Coprotagonizada por John Turturro y Winona Ryder, con un cameo monumental de John McEnroe, es la remake de El secreto de vivir, un mega clásico de Frank Capra de 1936 que, entonces, protagonizaron Gary Cooper y Jean Arthur. Se puede comparar ambas versiones -y pasarla el doble de bien- porque el clásico anda doblado en YouTube. Pero volviendo a la versión Sandler, quizás sea un poco injusto decir que “es mejor”, pero aunque la historia es la misma, el tono cambia. El cuento es el de un tipo recontra bueno y simple que vive en un pueblito y un buen día descubre que le han dejado una fortuna inconmensurable. Y para hacerse con ella, debe mudarse a Nueva York y enfrentar a gente muy poco escrupulosa. Pero donde Capra apelaba a cierta melancolía, esta versión dirigida por Steven Brill es más salvaje en su contraste a veces surreal entre pequeño pueblo y gran ciudad, con gags más veloces y en ocasiones cercanos al dibujo animado. También está la periodista que quiere encontrar algo sucio detrás de Deeds y el aporte de algo de comedia romántica por Winona. Pero el que se lleva las palmas es Turturro como el mayordomo con ciertos fetiches con los pies. Es, decididamente, más cómica que la original porque apela a un absurdo que Capra dejaba fuera de campo. Y es top ten de Sandler, personaje siempre a reivindicar.
El Gordo y el Flaco es un caso increíble: si no fuera por las plataformas, esta gran comedia sobre Stan Laurel y Oliver Hardy pasaría directo al olvido. Los dos grandes cómicos son interpretados respectivamente por Steve Coogan y John C.Reilly, y la historia es la del par haciendo una última gira (alimenticia) por Gran Bretaña en los años 50, ambos ya cansados y con demasiado peso sobre los hombros. Y si bien a través de esta situación se ve cómo funcionó la relación entre ambos (una amistad a toda prueba), hay mucha comicidad. Básicamente, Coogan y Reilly son de los mejores comediantes contemporáneos y el realizador Jon S. Baird sabe sacarles el jugo con absoluto tacto. Hay momentos en los que las dos parejas (la real, la de los actores que los interpretan) se funden en algo nuevo y hacen reír como si en realidad la película fuera un documental, como si nos pusiera delante de los verdaderos Stan & Ollie. Probablemente sirva, además, para redescubrir a dos pilares fundamentales de la comicidad cinematográfica.
Y finalmente, pueden acercarse a Netflix y ver una de las comedias más originales de las últimas décadas, Nacho Libre. Producida por la señal infantil Nickelodeon y protagonizada por Jack Black, es la historia de un niño huérfano adoptado por monjes cuyo gran sueño es convertirse en ídolo de la lucha libre mexicana. Lo que transforma esta película en algo completamente nuevo es que su tono es el de un dibujo animado. Todo es disparatado, todo parece ocurrir en un mundo completamente distinto del nuestro. Hay momentos de grandes frases (“yo sólo creo en la ciencia”, dice otro criado por monjes cuando están a punto de masacrarlo sobre el ring) y un crescendo cómico notable. Por otro lado, la película gira alrededor de ideas como la fama, la amistad, el sentido del espectáculo y la necesidad -o no- de la caridad. Pero más allá de eso, sólo ver a Black con una máscara ridícula sobre un cuadrilátero y con un plan totalmente desquiciado a seguir justifica ver, rever y recomendar este film que, por otra parte, no hace de lo “infantil” una coartada para la puerilidad. Nada menos pueril que esta joya cómica.
Fuente: Leonardo M. D’Espósito, La Nación

