Otello: una deslumbrante producción, con grandes voces y una puesta en escena sublime

Una obra de arte total, tanto la ópera de Verdi como su su representación en el teatro Colón

Otello. Ópera en 4 actos de Giuseppe Verdi con libretto en italiano de Arrigo Boito, basado en La Tragedia de Otello, el moro de Venecia de Shakespeare. Coproducción con el Auditorio de Tenerife. Dirección musical: Alejo Pérez. Dirección del coro: Miguel Martínez. Dirección de escena: Fabio Sparvoli. Escenografía: Nicolás Boni. Vestuario: Tommaso Lagattolla. Diseño de video y animaciones: Nicolás Boni y Matías Otálora. Iluminación: José Luis Fiorruccio. Orquesta Estable y Coro Estable del Teatro Colón. Coreografías: Vagram Ambartsoumian. Reparto: Otello: Gregory Kunde, Desdémona: Maria Agresta, Iago: Daniel Luis de Vicente, Cassio: Diego Bento, Emilia: Alejandra Malvino, Lodovico: Insung Sim, Roderigo: Fermín Prieto, Montano: Mario De Salvo, Un heraldo: Gabriel Vacas. Nuestra opinión: Excelente

Por lo majestuoso y emocionante, este Otello quedará grabado en el recuerdo como una de las grandes producciones del Teatro Colón. Un Verdi imponente que confirma con todas sus fuerzas, musicales y productivas, el buen rumbo en que está embarcado el primer coliseo.

Comenzando por el desempeño musical a cargo de Alejo Pérez, titular de la Orquesta Estable, sosteniendo de principio a fin una interpretación vibrante en todos los colores del drama. Allí estuvo la batuta del Maestro imprimiendo con autoridad el nervio, el suspenso y las delicadezas del discurso verdiano. Y los músicos, lejos de toda rutina, dando vida a la partitura con intensidad, sutileza y esmero. Con dirección de Miguel Martínez, el poderío del Coro Estable hizo tronar la historia en cada una de sus apariciones: en el 1º acto como chipriotas, con la tormenta y las danzas del fuego y el vino, y en la densidad del 3º, el Finale previo al desenlace, como venecianos en el mejor Verdi concertante. Una ovación a los cuerpos estables que son el alma de todo proyecto.

Grandes voces

Gregory Kunde en el papel del Moro de Venecia demostró su dominio del protagónico, papel inmenso que encarna con convicción y credibilidad. El tenor norteamericano impuso su profundo conocimiento del personaje, con una voz portentosa y heroica, bravura y physique du rôle. Para resaltar algunos de sus grandes momentos: el Per sempre addio y el dúo con Iago Pel ciel marmoreo giuro, y el aria del 3º acto Dio! mi potevi scagliar…

Una puesta imponente
Una puesta imponenteJuanjo Bruzza

La soprano italiana Maria Agresta brindó una Desdémona brillante, segura, compenetrada e intensa. Impecable en los dúos con Otello y en un 4º acto ideal por expresividad, línea de canto y control de pianissimos, en el Salice y el Ave Maria donde a la pureza le sumó la intención de la regie.

Soberbio Iago de Daniel Luis de Vicente. Con una interpretación grandiosa del gran manipulador, la riqueza, el carácter, la oscuridad e imponencia vocal del barítono se devoró la audiencia en la declamación del Credo (in un Dio crudele), su implacable filosofía de cinismo y maldad.

Dos desempeños a destacar del compacto y eficiente elenco: la cálida y brillante voz italiana del tenor Diego Bento para Cassio y la Emilia de Alejandra Malvino por personalidad, interpretación y sólido timbre.

La escenografía sublime de Nicolás Boni aporta la fluidez, el movimiento y el esplendor de un sueño
La escenografía sublime de Nicolás Boni aporta la fluidez, el movimiento y el esplendor de un sueñoJuanjo Bruzza

Deslumbrante representación

La estrella de la noche: el equipo creativo y un trabajo artístico de magnitud para traducir la obra lírica, dramática y musical, a una imagen de altísimo impacto. La puesta de Fabio Sparvoli se concentra en el valor del texto y el sentido de la acción con claridad y un uso fructífero de la psicología y el espacio. En amalgama con el tono estético: el vestuario refinado de Lagattolla despliega volumen y color en variaciones sutiles de azules y rojizos. Una composición magnífica para el coro en el 3º acto, unos destellos leves para Desdémona y una sucesión de trajes que hacen del conjunto, una creación excelsa del buen gusto.

Finalmente, la escenografía sublime de Nicolás Boni aportando la fluidez, el movimiento y el esplendor de un sueño. Desde una inspiración insuperable a la hora de concebir imágenes y climas que pueden ser opresivos, poéticos o hipnóticos, Boni construye un espacio ficticio que completa con diseños en video, las prodigiosas animaciones de Matías Otálora y la fantástica iluminación de José Luis Fiorruccio, no a partir del lugar sino de la emoción. Y lo hace con una calidad tan magistral y deslumbrante que nos agota el vocabulario de calificativos. Porque la sola tempestad marina con su furia y exuberancia vale toda la función. Tempestad que se transforma en el cielo idílico de la Note densa, en el inferno de la confesión de Iago, o el mar perpetuo que impregna la historia como símbolo trágico. Una obra de arte total —la ópera y su representación—, a la que nos rendimos embelesados, sin palabras para nombrar su belleza.

Fuente: Cecilia Scalisi, La Nación