Influen­cers rea­vi­van un anti­guo debate. Ahora aban­do­nar un libro ya no da ver­güenza

En clu­bes de lec­tura y en las redes socia­les se dis­cute si tiene sen­tido ter­mi­nar una novela que no cum­ple con las expec­ta­ti­vas

­Lauren Blat­ter y Lau­ren Ber­gen han inte­grado el mismo club de lec­tura durante quince años. Ade­más del pri­mer nom­bre, tam­bién com­par­ten la edad ( 38) y una devo­ción voraz por la lec­tura. Pero, cuando se trata del DNF ( la abre­via­tura de “did not finish”; “no lo ter­miné”, en espa­ñol), estas mejo­res ami­gas son como la noche y el día. Tra­duc­ción: puede que sean ami­gas, pero son como la noche y el día cuando se trata de cuándo hacerle un DNF a un libro, si es que alguna vez lo hacen. “Hay dema­sia­dos libros en el mundo como para leer los que no te gus­tan”, dijo Blat­ter. “Hay que ter­mi­nar un libro”, refutó Ber­gen.

No hay nada nuevo en dejar un libro sin ter­mi­nar. Avan­zar a duras penas por una novela que no te gusta puede pare­cer una pér­dida de tiempo y puede ser un cál­culo difí­cil pre­de­cir si va a mejo­rar. Pero la divi­sión sobre si el DNF es algo nor­mal o una salida fácil se rea­vivó esta pri­ma­vera, cuando Goo­dreads, la apli­ca­ción de cali­fi­ca­ción y segui­miento de libros, agregó un estante de “Did Not Finish” ( no lo ter­miné), donde los usua­rios pue­den guar­dar los libros que han dejado a un lado, ya sea de forma defi­ni­tiva o para otro momento. ( Ya era una opción en Story­graph y otras apli­ca­cio­nes de lec­tura.) “Si un libro no te está atra­pando – anun­ció la empresa en Ins­ta­gram– siem­pre está bien seguir ade­lante”.

En un comu­ni­cado, Cybil Wallace, la direc­tora edi­to­rial de Goo­dreads, dijo que una opción de DNF “ha sido una de las fun­cio­nes más soli­ci­ta­das por la comu­ni­dad de Goo­dreads”. “La res­puesta y la inte­rac­ción con el estante de ‘ No lo ter­miné’ han sido abru­ma­do­ra­mente posi­ti­vas”, ase­guró el mes pasado.

Para Ber­gen, el DNF no tiene sen­tido: nunca ha dejado una novela sin ter­mi­nar. “Siento la nece­si­dad de ver qué pasa, en espe­cial si un libro está en boca de todos – reveló–. No quiero dejarlo a medias y no tener una opi­nión com­pleta”.

Los que nunca dejan un libro a medias tie­nen bue­nas razo­nes. Com­pro­me­terse por com­pleto con la inten­ción del autor y tener un punto de vista infor­mado al res­pecto. Ter­mi­nar una serie. Por­que le gustó a Book­Tok o al comité del

Pulit­zer. Por­que Oprah, Reese o Jenna lo dije­ron. Por­que “se siente bien ter­mi­nar las cosas”, y hacerlo puede ser una métrica de vani­dad con dere­cho a pre­su­mir en las redes socia­les, dijo Brock Coving­ton, quien dirige un club de lec­tura de fic­ción y lite­ra­tura clá­sica.

Pero muchos lec­to­res no pue­den vivir sin la opción de aban­do­nar un libro. Ash­ley Ross, otra inte­grante del Book Club Babe de 38 años, se ha ren­dido con varios libros, inclu­yendo Las lumi­na­rias, de Elea­nor Cat­ton. No es nin­guna sor­presa: la novela gana­dora del Pre­mio Boo­ker de 2013 tiene más de 800 pági­nas.

“No creo que un escri­tor qui­siera que pases tiempo en su mundo y no lo dis­fru­tes. Si no qui­sie­ras estar en una fiesta con estas per­so­nas, te irías. Así es como me siento con un libro”, opina.

No es que dejar un libro a medias sig­ni­fi­que que un libro está muerto y ente­rrado. Con fre­cuen­cia, Ross les da a los libros segun­das o ter­ce­ras opor­tu­ni­da­des. “Es más como un BRB [ vuelvo ense­guida] o un TTYL [ habla­mos luego]”, dijo. A veces cam­bia al audio­li­bro, como hizo con la colec­ción de ensa­yos de Ann Pat­chett, Estos días pre­cio­sos. “Lo escu­ché y me encantó”, ase­guró.

Hay tan­tas razo­nes para sol­tar un libro como libros en la libre­ría. La exten­sión. El estado de ánimo de un lec­tor, su tiempo libre o su ubi­ca­ción física. El estilo de un autor, o la falta de él. El costo, tam­bién: si desem­bol­sas 30 dóla­res por una nove­dad de tapa dura, podrías sen­tir la obli­ga­ción de ter­mi­narlo. No tanto si sacas el libro en una biblio­teca, donde hay una cuenta regre­siva hasta la fecha de devo­lu­ción.

Jason Blit­man, el pro­duc­tor y pre­sen­ta­dor del pod­cast Gays Rea­ding, dice que trata de leer al menos una cuarta parte de un libro “para darle una opor­tu­ni­dad al arte”. Logró avan­zar un 40 por ciento de Tan poca vida, de Hanya Yana­gihara. “La escri­tura es her­mosa pero el con­te­nido era un trauma sin tre­gua – con­si­deró–. Les pre­gunté a las per­so­nas a mi alre­de­dor: ¿ mejora? ¿ Estas per­so­nas viven una vida acep­ta­ble? La res­puesta fue no, así que me detuve”.

Pero incluso quie­nes lle­van toda la vida aban­do­nando libros, a menudo se sien­ten mal por cerrar­los, como si fuera una señal de que se rin­den fácil­mente, o de que son dema­siado tor­pes como para no ver lo que Oprah vio en la prosa. Coving­ton dijo que la deci­sión de aban­do­nar un libro, como le pasó con Emma (“Aus­ten sim­ple­mente no me estaba des­lum­brando”) depende de por qué lee cada per­sona.

“Si lees para infor­marte, ter­mi­nar tiene sus bene­fi­cios”, opina Coving­ton, quien el año pasado publicó un video de You­Tube titu­lado “When to DNF a Book”. “Pero si leer es una forma de esca­pismo o entre­te­ni­miento o dis­trac­ción del tra­bajo o el estrés, y tu libro se con­vierte en otro aspecto desa­gra­da­ble del día, es hora de bus­car otro libro”.

Los auto­res tam­bién suel­tan libros. El nove­lista Har­lan Coben le dijo una vez a The New York Times que no tenía “nin­gún reparo en aban­do­nar libros que son malí­si­mos”. No me da miedo hacerlo en la página 1 o en la 100 .

Hay­ley Gel­fuso, autora de El libro de las horas per­di­das, que fue una selec­ción del club de lec­tura de Good Mor­ning Ame­rica, dijo que se con­vir­tió en una “DNFer cró­nica” des­pués de tener un hijo. “Mi tiempo de lec­tura está muy limi­tado a tal vez 20 minu­tos al final del día. Si un libro no man­tiene mi aten­ción, suelo ale­jarme de él rápi­da­mente”.

La nove­lista Claire Lom­bardo ha aban­do­nado libros en ape­nas cinco pági­nas. “Nece­sito que una voz me atrape – contó–. Si no lo hace en esas pri­me­ras pági­nas, es señal de que no es lo que debe­ría estar leyendo”.

Que te “DNFeen” puede doler. Lom­bardo, que enseña escri­tura de fic­ción en el Taller de Escri­to­res de Iowa, reco­noce que se “sin­tió como una fra­ca­sada como autora” des­pués de leer en las redes socia­les que la gente había dejado de leer su pri­mera novela de 2019, Nunca fui­mos tan feli­ces. Para cuando salió su segundo libro, Same as It Ever Was, cinco años des­pués, había hecho las paces con el DNF.

“Pre­fiero que le hagan un DNF a que lo lean con odio y yo les desa­grade más – ase­guró–. No se siente bien, pero no todos los libros son para todos los lec­to­res. Mien­tras más tiempo tengo libros cir­cu­lando en el mundo, más acepto eso”.

El mes pasado, las inte­gran­tes del Book Club Babes pasa­ron una ani­mada hora deba­tiendo Yes­ter­year, la exi­tosa novela de Caro Claire Burke sobre una mamá influente ama de casa tra­di­cio­nal, una trad­wife. “Una estre­lla”, dijo Ber­gen. “Cua­tro estre­llas y media”, refutó Blat­ter, y aña­dió que a la mayo­ría de las Babes les pare­ció difí­cil de sol­tar: “Un libro real­mente bueno para un club de lec­tura”.

A pesar de su reseña, Ber­gen dijo que ter­minó de leer Yes­ter­year por des­pe­cho por­que se enor­gu­llece de ser miem­bro del equi­va­lente lite­ra­rio del Club del Plato Lim­pio. “Tengo la espe­ranza de que un libro mejo­rará, o de que tal vez haya algo que me perdí”, fan­ta­sea.

Para Blat­ter, Ber­gen bien podría haber estado hablando en klin­gon. “Lau­ren lee los libros de prin­ci­pio a fin y luego dice: ‘ Lo odié’. Y yo pienso: ¿ por qué te hiciste eso a vos misma?”.

Fuente: La Nación.