Curitiba marca el pulso del arte latinoamericano

La Bienal, curada por Adriana Almada y Tereza de Arruda, junto al proyecto del Museo Pompidou y otros espacios abordan umbrales entre naturaleza, memoria, ciencia y arte

La infraestructura cultural del Estado de Paraná, uno de los tres estados agrícola-industriales del sur de Brasil, causa impacto. En estos días, el llamado a licitación para construir una nueva sede del Museo Pompidou en Foz de Iguazú está en boca de todos. Diseñado por el arquitecto paraguayo Solano Benítez, el edificio será una imponente estructura de galerías interiores y exteriores, realizada íntegramente en ladrillo colorado.

El nuevo museo no es una iniciativa aislada: integra una red de espacios y programas culturales sostenida por una política pública de largo plazo, construida durante décadas mediante inversión en infraestructura y aprendizaje institucional.La 16ª Bienal de Curitiba se celebra en la capital del Estado de Paraná. Su sede principal es formidable. El Museo Oscar Niemeyer, diseñado por el célebre arquitecto y conocido como El Ojo, es el ícono de la ciudad. El complejo, formado por dos edificios unidos por un túnel de ensueño, alberga también dos colecciones permanentes nada obvias, una de arte oriental y otra de arte africano. Ambas fueron donadas por magnates locales devenidos en diplomáticos, que reunieron esas piezas durante sus destinos en épocas en que la ley lo permitía.

Bienal de CuritibaEl Museo Oscar Niemeyer, diseñado por el célebre arquitecto y conocido como El Ojo, es el ícono de la ciudad (Prensa Bienal de Curitiba)

La Bienal, curada por la argentina Adriana Almada, radicada en Paraguay, y la brasileña Tereza de Arruda, se titula “Limiares”, palabra que puede traducirse como límites o umbrales. Según las curadoras, “vivimos en un momento de transformación en el que las fronteras entre lo humano y sus tecnologías, entre lo humano y lo artificial, se vuelven cada vez más fluidas”. Explorar ese territorio incierto es tarea de artistas, científicos, y público.La muestra impacta con “Poéticas de memoria y materia”, una instalación de Chiharu Shiota en la sala principal de El Ojo. La artista japonesa, que representó a su país en la Bienal de Venecia, creó una obra inmersiva y de sitio específico con hilos rojos característicos de su producción, que sostienen cartas escritas por habitantes de la ciudad y del mundo en respuesta a la convocatoria de la Bienal. La obra es, sin duda, muy atractiva, pero la muestra crece en el planteo inteligente que se despliega en el resto de las salas y sedes.

Dos artistas argentinos nos representan con solvencia. Matilde Marín, con un video poético, “Campos de hielo”, que puede leerse como un registro de la belleza descomunal de un paisaje natural, y como una advertencia sobre su posible desaparición. Y Guillermo Srodek- Hart, un fotógrafo también veterano de la Bienal de Venecia, con un tríptico de un espacio devocional humilde y sincrético, que bajo su lente se convierte en potente y bello.

Matilde Marín, con un video poético, “Campos de hielo”, que puede leerse como un registro de la belleza descomunal de un paisaje naturalMatilde Marín, con un video poético, “Campos de hielo”, que puede leerse como un registro de la belleza descomunal de un paisaje natural

Luiz Ernesto Meyer Pereira, director de la Bienal, explica en perfecto castellano cómo Curitiba vinculó el desarrollo urbano con el desarrollo cultural. Desde la década del 40, la ciudad creció de manera acelerada y tuvo que responder a nuevas demandas de infraestructura y servicios. Sus dirigentes no se limitaron a planificar el transporte, los parques públicos y el reciclado, áreas que luego convertirían a Curitiba en un referente mundial. También entendieron que la cultura debía formar parte de ese proyecto urbano: un ámbito donde los habitantes pudieran encontrarse, tejer lazos comunitarios, pensarse, crecer.

El Museo Paranaense es quizás el mejor ejemplo. Ubicado en el casco histórico, ocupa una preciosa casa de época que se integra sin fisuras con un edificio anexo de diseño contemporáneo. El museo es concepto puro: su guion combina historia, arqueología, antropología y arte para dar cuenta de quienes ya estaban, de quienes llegaron, de quienes fueron traídos a la fuerza y de quienes vinieron después. Lejos de proponer una lección de historia escolar, apuesta por la belleza de las piezas exhibidas y por la puesta en valor de las sensibilidades en juego. Máscaras indígenas, retratos académicos, catálogos botánicos, imágenes de pintores viajeros, primeras fotografías y obras de artistas contemporáneos se funden así en un relato sobre la construcción de una identidad plural y profundamente local. El recorrido es una fiesta de sorpresas, de ideas, de humanidad.

Bienal de CuritibaLa Bienal, curada por la argentina Adriana Almada, radicada en Paraguay, y la brasileña Tereza de Arruda, se titula “Limiares” (Prensa Bienal de Curitiba)

La galería de arte contemporáneo Simões de Assis ofrece otra experiencia intensa para los sentidos. Su sede reinterpreta el clásico cubo blanco con una vitalidad muy brasileña. Allí pueden verse obras del histórico Cícero Dias —con precios acordes a su trayectoria— y del notable Manfredo de Souzanetto, que explora distintos soportes con la misma solvencia y poesía.

El Instituto Cervantes presenta las últimas producciones en cerámica de José Do Amaral Soraia Savaris; tanto las obras como el espacio justifican la visita. El Museo de Arte Indígena, una colección privada abierta a la comunidad, exhibe piezas rituales de plumas con un montaje cuidado. El Museo Alfredo Andersen, pequeño pero atractivo, funciona en la casa-taller restaurada de este pintor nacido en Noruega en 1860 y es una de las sedes de la Bienal. La Ópera de Arame, construida en vidrio y hierro como un teatro italiano al aire libre, es otro de los íconos de Curitiba. La ciudad, además, espera con expectativa la inauguración de un nuevo espacio de Arte y Tecnología en la antigua fábrica de cerveza Brahma.ç

El bonus track es sólo por invitación: visitar la única obra arquitectónica de João Batista Vilanova Artigas en Curitiba. Considerado el otro gran arquitecto brasileño y autor del estadio Morumbí de San Pablo, Vilanova Artigas proyectó esta residencia de inspiración brutalista, construida en hormigón y con amplias paredes vidriadas, en medio de una vegetación exuberante. Hoy la casa es patrimonio protegido; en ella vive otro arquitecto reconocido, Marcos Bertoldi, quien relata con entusiasmo su historia y la de la colección de muebles y cerámica que atesora allí.

Fuente: Infobae