Cada 24 de agosto es una excusa, no solo para sumergirse nuevamente en laberintos, espejos y bibliotecas infinitas, también para hablar de Jorge Luis Borges, que nació un día como hoy, de 1899. ¿Qué se puede agregar sobre lo ya dicho? Que revolucionó la literatura de su propio país, que alteró de forma irreversible la cartografía de la cultura occidental, que supo escribir como pocos pero también leer como nadie. Su figura se alza hoy como un faro de erudición y audacia formal. Todo eso ya se dijo.
A veces, la magnitud de un legado se mide por la huella que deja. Porque eso fue Borges: una influencia inevitable. Definido por críticos y colegas como el verdadero centro de gravedad de la literatura contemporánea, borró las fronteras entre los géneros literarios y universalizó la sintaxis del idioma español. Hoy resulta indispensable repasar cómo lo leyeron, lo padecieron y lo celebraron otros titanes de las letras universales: las lecciones imperecederas que dejó para siempre.
Una rigurosa lección
Julio Cortázar destacó siempre el profundo impacto estilístico que el autor de Ficcionestuvo sobre sus contemporáneos. “A Borges le debemos, todos los escritores de mi generación, una rigurosa lección de estilo y de economía expresiva. Frente a cada frase, él pensaba cuidadosamente qué adjetivo sacaba, no cuál ponía”, dijo en una de las conversaciones que tuvo en 1978 en París, con el periodista y escritor argentino Ernesto González Bermejo, y que se lee en el libro Revelaciones de un cronopio.
Julio Cortázar
El universo como una gran biblioteca
Por su parte, Mario Vargas Llosa dedicó décadas a desmenuzar la maestría de la prosa borgeana, concluyendo que “borgesianos son hoy día muchos de los laberintos que la literatura y la fantasía frecuentan, y suya es la convicción de que el universo es una gran biblioteca. Es el escritor en español más importante desde el Siglo de Oro”. Estos ensayos críticos, acumulados a lo largo de su vida como lector, se reunieron finalmente de forma monográfica en su libro Medio siglo con Borges, publicado en el año 2020.
Mario Vargas Llosa
Respeto y asombro inevitables
Incluso en las antípodas ideológicas, Gabriel García Márquez no pudo sustraerse a su magnetismo. El colombiano confesó abiertamente: “Cada vez que escucho las ideas políticas de Borges me digo que nunca más lo voy a leer. Sin embargo, cuando aparece un nuevo libro suyo no lo puedo largar; por él siento un gran respeto y un gran asombro”. Esto lo dijo en el año 1981 en París, Francia, durante una conferencia de prensa que hoy es preservada de manera oficial en las bitácoras del Centro Gabo.
Gabriel García Márquez (crédito @orlandojoseoa/X)
La erudición como alta poesía
El italiano Umberto Eco encontró en la obra borgeana una fuente directa de inspiración para sus propios textos. En su ensayo de 1998, Entre la mentira y la ironía, dijo que “la idea del universo como una biblioteca es puramente borgeana, y él convirtió la erudición en la más alta forma de la poesía. Demostró que el saber acumulado puede ser la materia prima de la ficción”. También habló de Borges en la televisión argentina: “Era extraordinario: en una palabra, inventaba todo, inventaba la realidad”.
Umberto Eco (EFE/Carmen Siguenza)
Un microcosmos de ideas
Italo Calvino situó al escritor argentino en la cúspide de las exigencias del nuevo milenio, considerándolo el maestro absoluto de la brevedad conceptual. Dejó asentado que “Borges inventó una literatura que es un microcosmos de ideas, demostrando que la literatura puede engendrar literatura hasta el infinito. Es el gran maestro de la exactitud y la brevedad”. El texto pertenece al capítulo dedicado a la “Exactitud” dentro de su obra teórica póstuma Seis propuestas para el próximo milenio, de 1985.
Italo Calvino
La crítica del pensamiento
Octavio Paz abordó la figura de Borges desde la paradoja del pensamiento puro hecho arte. Tras el fallecimiento del argentino, el Nobel mexicano escribió: “No nos dejó un sistema de pensamiento, nos dejó una obra poética y fantástica que es, al mismo tiempo, una crítica del pensamiento. Su prosa posee una limpidez única”. Este texto se publicó originalmente en 1986 en la Ciudad de México, México, a través de la revista cultural Vuelta, para luego incorporarse al catálogo del Fondo de Cultura Económica.
Octavio Paz (EFE/J.J. Guillen/Archivo)
Todos los libros del mundo
La fascinación que despertaba también cruzó fronteras idiomáticas, tal como lo documentó el cronista estadounidense Paul Theroux al relatar sus encuentros en Buenos Aires. Recordando aquella experiencia, escribió que “hablar con Borges era como hablar con un libro viviente que contenía todos los demás libros del mundo. Sentarse a su lado en Buenos Aires era asomarse a una mente infinita”. Esta crónica de viaje quedó plasmada en el 1979 en el libro El viejo expreso de la Patagonia.
Paul Theroux (Crédito: Wikipedia)
Creador de la novela moderna
Para Carlos Fuentes, la irrupción de Borges supuso una verdadera emancipación para las letras del continente, argumentando que “sin la prosa de Borges, simplemente no existiría la novela moderna en América Latina. Él nos sacó del regionalismo y de la obligatoriedad de la tierra para hacernos universos abstractos”. Este riguroso análisis sobre la modernidad literaria constituyó el eje central de su volumen teórico La nueva novela hispanoamericana, editado en el año 1969 en la Ciudad de México, México.
Carlos Fuentes (EFE/Sáshenka Gutiérrez)
Creador de universos
La intelectual Susan Sontag concibió al escritor como uno de los últimos grandes custodios de la herencia humanista occidental. En un emotivo homenaje post-mortem redactado en forma de epístola, afirmó que “es el escritor más importante que ha dado América Latina, un creador de universos mentales autónomos. Sigue siendo uno de los pocos centros de gravedad de la cultura contemporánea”. Este texto, titulado “Carta a Borges”, vio la luz en 1996, y posteriormente se incluyó en Cuestión de énfasis.
Susan Sontag (Grosby)
Milagro de lucidez
Finalmente, nadie conoció mejor la intimidad de su proceso creativo que su gran amigo y colaborador Adolfo Bioy Casares. En la privacidad de sus anotaciones, dejó asentado que “la obra de Borges es un milagro de lucidez; cambió nuestra forma de leer y de entender la realidad a través de la ficción. Modificó para siempre las pautas del cuento fantástico”. Este testimonio sobre cómo la inteligencia borgeana operaba sobre el lenguaje se publicó en el año 2006 en su monumental diario íntimo Borges.
Adolfo Bioy Casares
Fuente: Infobae

