La artista japonesa de vanguardia Yayoi Kusama, cuyas obras basadas en la repetición obsesiva de motivos la hicieron mundialmente famosa, murió a los 97 años.

1-Instalación de la artista japonesa en Le Champs Elysees, París. AP Photo/Michel Euler. 2-Instalación «Infinity Mirrored Room en el Museo Ludwig de Colonia, Alemania Occidental. Foto de Ina FASSBENDER / AFP. 3-Retrato de la artistra en 2020. Foto gentileza Yusuke Miyazaki
“Con profunda tristeza comunicamos el fallecimiento de Yayoi Kusama en un hospital de Tokio el 14 de agosto de 2026 a la edad de 97”, anunció este jueves el Museo Yayoi Kusama y la Fundación Yayoi Kusama en un comunicado sin especificar las causas.

1-La obra de Kusama en 2016. Foto: Matailong Du. 2-Retrato de Yayoi en 2020. Foto: AP
“A lo largo de una vida extraordinaria dedicada por entero a la creación artística, desarrolló una aclamada carrera internacional como artista de vanguardia, cuya creación incluyó el arte visual, la performance, la narrativa y la poesía”, agregaron.
Durante su carrera, que incluyó una larga estancia en Estados Unidos, transformó sus alucinaciones y traumatismos en una obra original marcada por la reiteración hasta el infinito de motivos emblemáticos, como los lunares.


1-Una instalación en una de las tiendas de Louis Vuitton. 2- El director de la oficina del presidente de Christie’s en Hong Kong vendió la pintura en acrílico sobre lienzo Pumpkin (LPASG) (2013) de Yayoi Kusama por 8 millones de dólares, foto: Christie’s. 3- Retrato de la artista, foto Gentileza Galería Victoria Miro
Nació el 22 de marzo de 1929 en la ciudad de Matsumoto, centro de Japón, y era la hija menor de una familia acomodada. Comenzó a producir sus patrones de puntos y redes a los 10 años.
Estudió Bellas Artes y a finales de los años 1950 se instaló en Estados Unidos, donde se impuso como una de las figuras de la vanguardia neoyorquina.

Pese a la discriminación que sufrió como mujer japonesa en un país todavía marcado por la Segunda Guerra Mundial, logró hacerse conocer con sus obras y sus provocadores happenings en los años 60, en los que experimentó con la pintura corporal y el sempiterno motivo de los lunares.
También lanzó una marca de ropa, fundó una “Iglesia de la autodestrucción” y se autoproclamó “Gran Sacerdotisa de los Lunares” para oficiar una boda entre dos hombres.


1-Proyección de video de «Canción de un suicida de Manhattan» de la artista japonesa Yayoi Kusama durante la presentación a la prensa de la exposición «Vencería a la muerte y seguiría viviendo», PHILIP FONG, AFP. 2- Instalación Dots Obsession, Gentileza WNDR Museum. 3-Obra de arte «Los espíritus de las calabazas descendieron a los cielos» que formó parte de una exposición retrospectiva en el Museo de Arte de Tel Aviv, Israel, en el 2021, AP Photo/Oded Balilty
De regreso a Japón en la década del 70, Kusama decidió voluntariamente ingresar en un centro psiquiátrico en Tokio, donde vivió y trabajó hasta el fin de su vida.
En 2013 protagonizó en Buenos Aires “Obsesión infinita”, exposición que se ubicó durante años como la más visitada del Malba.
La obra de Yayoi Kusama
En los 60, cuando irrumpió, fue un revuelo, pero con las décadas su obra plagada de lunares -una marca registrada- comenzó a dar la vuelta al mundo hasta convertirse en un fenómeno global.
Pinturas, esculturas, gigantografías, instalaciones que ya eran inmersivas cuando nadie todavía usaba ese término hicieron de la reina de los lunares una de las artistas más famosas del mundo. Su historia de vida, la locura, las internaciones no hicieron más que multiplicar su mensaje.
Kusama -que siempre se destacó por su estilismo, marcado por un cabello rojo furioso, aunque un poco anaranjado, y un corte de tipo carré casi geométrico- comenzó a producir sus patrones de puntos y redes a los diez años. “Un día, después de haber visto sobre una mesa un mantel decorado con un motivo de flores rojas, empecé a observar el mismo motivo de flores rojas en todo el techo, las ventanas y las columnas. Llenaba toda la habitación, e incluso recubría mi cuerpo”, contó en su autobiografía sobre aquella inspiración inicial.

Yayoi Kusama saluda frente a las vidrieras de la tienda insignia de Vuitton durante la presentación de una nueva colección fruto de su colaboración con el diseñador creativo de Vuitton, Marc Jacobs, en Nueva York, el 10 de julio de 2012. Fotos: AP Photo/Kathy Willens
Sus visiones de luces intermitentes, tramas y flores la acompañaron desde la infancia en Matsumoto, donde enfrentó una etapa compleja por conflictos familiares. Según relataba la artista, el proceso creativo fue su refugio principal frente a los miedos que le traían. En una declaración de 2014 a Vogue Japón, afirmó: “Lo que me impidió quitarme la vida fue dibujar y crear arte. Eso nunca ha cambiado. Fue al descubrir mi amor por el arte como he podido sobrevivir y seguir viviendo hasta el día de hoy”.
Durante sus primeros años escolares en su ciudad natal tuvo como mentor al pintor Kakei Hibino y luego asistió a la Escuela Municipal de Artes y Oficios de Kioto para formarse en pintura tradicional.
En 1957, motivada por la necesidad de salir del entorno social conservador de su país, se trasladó a Nueva York, cuando el arte pop era una semilla. La ciudad parecía entonces “un infierno en la tierra”; allí conoció el insomnio, el frío y el hambre.


1- Un robot de la artista pintando una vidriera de un local de Louis Vuitton en Nueva York. Foto: ANGELA WEISS, AFP. 2- La artista japonesa Yayoi Kusama durante una sesión fotográfica en la presentación a la prensa de su exposición titulada «Mi alma eterna» en el Centro Nacional de Arte de Tokio el 21 de febrero de 2017, foto: TOSHIFUMI KITAMURA / AFP.
Allí produjo pinturas, esculturas blandas y organizó intervenciones públicas en rechazo a la guerra de Vietnam, además de escribir ficción y poesía. Su trabajo de esa época influyó en figuras contemporáneas como Andy Warhol.
“Monocromo obsesivo” se tituló la primera muestra individual a fines de 1959 en Manhattan. Luego, los lunares que serían un sello de identidad curbieron su cuerpo desnudo y los de otros. Para comienzos de los lisérgicos ’60s se multiplicaron las formas fálicas en las “esculturas blandas” y para la segunda mitad de la década comenzaron a aparecer algunas de sus obras más famosas, como “Infinity Mirror Rooms: campo de falos” y “Endless Love Show”, con el uso de espejos como amplificadores del espacio.

Una figura de cera de la artista japonesa Yayoi Kusama se exhibe en la vidriera de un local en la Quinta Avenida de Nueva York, en julio de 2012. Foto AP/Kathy Willens
Con el paso de los años, sus exhibiciones internacionales convocaron a multitudes en los principales museos del mundo y sus piezas alcanzaron cotizaciones elevadas en el mercado del arte. En 2022, su pintura titulada “Sin título (Redes)”, realizada en 1959, se vendió por US$10,5 millones.
Según el comunicado emitido tras su muerte, la artista “continuó pintando hasta sus últimos días, sin apartar nunca el pincel, y continuó su exploración del amor eterno y del alma perpetua”.
Fuente: La Nación

