Louise Brown en la Argentina: a 48 años de su nacimiento como primera persona que llegó al mundo por fertilización asistida, la reproducción ayudada amplía las posibilidades de formar una familia

La primera persona nacida mediante fertilización in vitro participa como invitada de honor del XXII Congreso Argentino de Medicina Reproductiva, que se realiza del 16 al 18 de septiembre en Buenos Aires.

Especialistas analizan los avances que permitieron mejorar los resultados de los tratamientos, junto con un desafío que la tecnología no puede resolver por sí sola: el impacto de la edad sobre la fertilidad. En un contexto de fuerte descenso de la natalidad, los médicos recomiendan informarse y consultar antes, incluso cuando el proyecto de tener hijos todavía parece lejano.
Cuando Louise Joy Brown nació en Inglaterra el 25 de julio de 1978, su llegada al mundo fue noticia internacional. Era la primera persona concebida mediante fertilización in vitro (FIV), como resultado del trabajo desarrollado por Robert Edwards y Patrick Steptoe. Su nacimiento demostraba que un óvulo humano podía ser fecundado fuera del organismo, dar origen a un embrión y, luego de ser transferido al útero, culminar en el nacimiento de un bebé sano. Aquello que parecía una frontera extraordinaria de la medicina dio comienzo a una transformación que continúa hasta hoy. El aporte de Edwards al desarrollo de la FIV fue reconocido en 2010 con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina.

Cuarenta y ocho años después, Louise Brown llegó a Buenos Aires como invitada de honor del XXII Congreso Argentino de Medicina Reproductiva, organizado por la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (SAMeR), que se desarrolla del 16 al 18 de septiembre en el Hotel Marriott Buenos Aires. El encuentro, que se realiza cada dos años, reunirá a cerca de 1.500 participantes de las distintas disciplinas vinculadas con la salud reproductiva.

La presencia de Brown tiene un significado especial: su propia vida acompañó la evolución de una tecnología que inicialmente generó interrogantes científicos, sociales y éticos y que, con el tiempo, pasó a integrar la práctica habitual de la medicina reproductiva. Desde hace años Louise participa en encuentros e iniciativas internacionales y promueve una mayor comprensión social de los problemas de fertilidad y un acceso más amplio a sus tratamientos. El jueves 17 de septiembre será protagonista de la conferencia “Desde el comienzo de la FIV al futuro”, dentro del programa científico del Congreso.

“Mi nacimiento fue posible porque hubo científicos y médicos que se animaron a buscar una respuesta nueva frente a un problema que afectaba a muchas familias. Cuando nací, nadie podía saber hasta dónde llegaría aquella técnica. Hoy me emociona comprobar cuánto avanzó la ciencia. Pero también creo que el desafío es que esos avances puedan estar disponibles para quienes los necesitan y que las personas puedan hablar de infertilidad sin vergüenza ni estigma”, señaló Louise Brown , en ésta, que es su primera visita a Sudamérica.

El nacimiento de Louise Brown ofrece al Congreso una perspectiva singular: representa el punto de partida de una historia que pasó de una técnica experimental a una disciplina médica que hoy incorpora embriología avanzada, genética, criobiología, análisis de datos e inteligencia artificial. Su presencia aporta, además, una dimensión humana a esa evolución: detrás de cada avance tecnológico existe una persona o una familia intentando concretar un proyecto reproductivo.

Desde 1978, prácticamente cada etapa de la reproducción asistida experimentó cambios. Mejoraron la estimulación ovárica y los procedimientos de laboratorio, evolucionaron los medios de cultivo embrionario, se perfeccionaron la criopreservación y la vitrificación de óvulos, se incorporaron herramientas genéticas para indicaciones específicas y comenzaron a desarrollarse sistemas de análisis de imágenes, automatización e inteligencia artificial. El Congreso abordará buena parte de esa transformación, con debates sobre IA, sistemas time-lapse —que permiten observar y registrar el desarrollo de los embriones—, estimulación ovárica personalizada, implantación, genética reproductiva, preservación de la fertilidad, endometriosis, factor masculino y los denominados add-ons, procedimientos o tecnologías complementarias cuya utilidad debe evaluarse de acuerdo con la evidencia disponible.

Si bien en los últimos años las tasas promedio de embarazo mediante técnicas de fertilización asistida han aumentado, ninguna innovación consiguió eliminar uno de los factores que más condicionan las posibilidades reproductivas con óvulos propios: la edad. La tasa de nacimiento por transferencia de un embrión fresco utilizando óvulos propios es superior al 30% entre los 18 y 34 años, pero ronda el 5% o menos entre los 43 y 44. Por eso, los especialistas insisten en que la fertilidad no debería comenzar a formar parte de la conversación recién después de los 40 años, como suele suceder en muchos casos.

“Durante décadas se asoció la consulta reproductiva exclusivamente con el momento en que una pareja llevaba tiempo buscando un embarazo y no lo conseguía. Hoy necesitamos ampliar esa mirada. Consultar no significa necesariamente iniciar un tratamiento: puede ser conocer la situación reproductiva, recibir información sobre cómo cambia la fertilidad con los años y evaluar alternativas para el futuro. La tecnología avanzó muchísimo, pero no debemos transmitir la idea equivocada de que puede borrar el efecto de la edad”, afirmó elDr. Agustín Pasqualini, presidente de SAMeR y del XXII Congreso Argentino de Medicina Reproductiva.

La recomendación cobra especial importancia en una sociedad en la que los proyectos reproductivos se han desplazado hacia edades mayores. Incluso en los consultorios de fertilidad los especialistas observan un cambio: muchas personas llegan concentradas exclusivamente en lograr un primer embarazo y ya no proyectan un segundo hijo.

El fenómeno coincide con un descenso general de la natalidad argentina y mundial que responde a múltiples factores, entre ellos la situación económica, los costos de la crianza, la postergación de la maternidad y la paternidad por proyectos laborales, académicos o personales y el desconocimiento acerca del envejecimiento reproductivo. Las decisiones sobre tener hijos, cuántos y cuándo pertenecen a la esfera personal y están atravesadas por condiciones sociales, culturales y económicas.

En este escenario adquiere relevancia una herramienta que hace algunas décadas no estaba disponible con la eficacia actual: la posibilidad de preservar óvulos propios para intentar utilizarlos en el futuro. La vitrificación permite criopreservar ovocitos obtenidos a una determinada edad para un eventual proyecto reproductivo posterior. No constituye un “seguro” de maternidad ni garantiza un nacimiento, pero puede ampliar las opciones. Dos variables fundamentales para sus posibilidades futuras son la edad en el momento en que se congelan los óvulos y el número de ovocitos obtenidos.

“El gran cambio no es una única técnica milagrosa, sino la suma de conocimientos que permiten tomar mejores decisiones: cómo estimular, cómo trabajar en el laboratorio, cómo conservar óvulos y embriones y cómo seleccionar estrategias de acuerdo con cada paciente. En el Congreso queremos discutir qué innovaciones tienen evidencia suficiente, cuáles están todavía en evaluación y cómo incorporar tecnología sin perder de vista que el objetivo final es mejorar los resultados y la seguridad de los pacientes”, sostuvo elDr. Gabriel Fiszbajn, presidente del Comité Científico del Congreso.

Otras de las recomendaciones de los especialistas es llevar adelante hábitos saludables que ayudan a proteger la fertilidad, como no fumar ni exponerse al humo de tabaco, evitar el consumo de todo tipo de drogas recreativas, reducir o preferentemente evitar el alcohol, tomar ácido fólico, mantener una alimentación equilibrada, buscar tener un peso saludable, realizar actividad física regular y moderada, dormir adecuadamente, no abusar de la cafeína y no consumir medicamentos sin la debida prescripción y control del médico.

El XXII Congreso Argentino de Medicina Reproductiva está organizado por SAMeR, una institución creada en 1948 que participó desde sus inicios de todos los desarrollos a la par de los países más avanzados del mundo.

SAMeR nuclea a los profesionales que se dedican a la Medicina Reproductiva, llevando a cabo la formación y capacitación de los mismos, otorgando la certificación correspondiente. Además, lleva adelante la Acreditación de los Centros de Reproducción Asistida del país. Este trabajo sobre los profesionales y sobre los Centros de Reproducción, se ve reflejado en mejoras en los resultados reproductivos de los pacientes.

Durante el encuentro, del que participarán destacados invitados extranjeros y expertos locales, se desarrollarán actividades científicas en ocho espacios simultáneos, con conferencias, simposios, talleres, cursos prácticos y presentación de trabajos. Entre sus principales ejes figuran la estimulación ovárica personalizada, las nuevas tecnologías de laboratorio, genética y selección embrionaria, preservación de la fertilidad, endometriosis y adenomiosis, factor masculino, fallas de implantación y los desafíos éticos y regulatorios de la reproducción asistida.

Para SAMeR, el encuentro será también una oportunidad para llevar fuera del ámbito médico un mensaje de prevención: pensar en la fertilidad antes de que aparezca una dificultad no significa adelantar un proyecto personal, sino contar con información para decidir. Una consulta oportuna puede permitir conocer la situación reproductiva y, cuando corresponda, conversar sobre alternativas de preservación de la fertilidad.

“Nuestra misión es que cada persona pueda decidir libremente con información. Si alguien imagina que puede querer tener hijos en el futuro, es preferible conversar sobre fertilidad a tiempo y conocer las alternativas disponibles. Llegar a los 40 años pensando que la reproducción asistida puede resolver cualquier dificultad es una expectativa que la medicina no puede garantizar. Cuanto antes exista información, mayor será la capacidad de tomar decisiones”, concluyó elDr. Pasqualini.