Jairo: su amistad con Yupanqui, su nuevo amor y el disco que lanzará con grandes invitados

A los 77 años el popular cantante celebra dos grandes acontecimientos: la grabación de un nuevo disco junto a importantes colegas de diferentes generaciones y el afianzamiento de la relación amorosa que, tras su viudez, le devolvió las ganas de vivir

2021 fue un año bisagra en la vida de Mario Rubén González Pierotti –Jairo para todos-, donde le ocurrió lo mejor y lo peor que le podía pasar. En abril logró editar el álbum 50 años de música, donde repasaba su carrera a través de la regrabación de varios de sus temas icónicos, en compañía de colegas célebres como Abel Pintos, Juan Carlos Baglietto, León Gieco, Víctor Heredia, Pedro Aznar, Marcela Morelo y Nahuel Pennisi, entre otros; y en julio debió aceptar la muerte de Teresa Sainz de los Terreros, la mujer de toda su vida, la compañera de sus triunfos locales y europeos, la madre de sus hijos Lucía, Iván, Mario y Yaco González, quien había batallado una década contra un cuadro severo de EPOC que la mantenía postrada, asistida por un respirador artificial y bajo internación domiciliaria. Durante aquel lanzamiento discográfico y muy poco antes de la pérdida conyugal, LA NACION fue testigo, en su casa de Vicente López, del difícil trance que atravesaba el cantante.. “Está muy lúcida, pero lo suyo no tiene un pronóstico positivo, no tiene vuelta atrás. Me cuesta mucho acostumbrarme a esta situación. En los peores momentos le tomo la mano y le recuerdo los buenos viejos tiempos. Ahí le cambia la cara, sonríe y se olvida del dolor. Eso es el amor”, decía.

Jairo y su otra pasión, la pintura
Jairo y su otra pasión, la pintura Fabián Marelli

Cinco años después la vida le ofrece a Jairo un presente más ameno; y parejo, por cierto. En principio, se encuentra ultimando la grabación del segundo volumen de 50 años de música, otra vez con varios de sus grandes éxitos, regrabados junto a importantes cantantes de distintas generaciones. Un adelanto del disco que contendrá 10 canciones ya se puede escuchar en todas las plataformas: “Chacarera de las piedras”, de Atahualpa Yupanqui (letra) y Pablo del Cerro (música), que grabó con Ricardo Mollo, vocalista y líder del grupo de rock Divididos. Hacia fin de año o comienzo del próximo se podrá disfrutar del resto. La buena noticia profesional va en concordancia con el renacer de su vida afectiva. “La vida me volvió a dar otra oportunidad y por eso me siento muy afortunado”, asegura feliz, en clara referencia a la nueva relación sentimental que emprendió hace un tiempo, “la que me devolvió las ganas de vivir”. De ambos temas -el trabajo y el amor-, y con la sinceridad de siempre, habla en la siguiente entrevista con LA NACION.

-Empecemos por el nuevo disco y el lanzamiento de su primer tema. ¿Cómo fue el encuentro con Ricardo Mollo? ¿Ya se conocían de antes o se descubrieron en la sala de grabación de Lito Vitale, el productor musical?

-Nos conocimos en un viaje, no recuerdo bien si viniendo de Córdoba o de Colonia, en el que charlamos mucho. Y nos dimos cuenta que teníamos muchas coincidencias en torno a la música. Además, me pareció una persona muy cálida. Desde entonces quise grabar una canción con él, por eso, cuando se dio la oportunidad, le ofrecí grabar “Chacarera de las piedras” porque sé que le gusta mucho el folclore.

-¿Hubo alguna negociación para inclinar la versión para el lado del folclore o del rock?

-No, a él como al resto de los invitados les pedí que aportaran lo suyo, lo que saben hacer. En su caso, concretamente, le pedí que hiciera un solo de guitarra, muy a su estilo, bien rockero. Y se mandó un solo de guitarra eléctrica impresionante al promediar la canción; lo que le imprimió cierta modernidad, ya que se trata de una chacarera bastante tradicional en cuanto al arreglo y la parte rítmica.

-Me imagino que este tema debe ser muy especial por dos cuestiones. En principio, porque se refiere a tu provincia natal: Córdoba.

-Sí, y porque específicamente se refiere al norte de Córdoba, la zona donde yo nací. Por eso el tema tiene tanto que ver conmigo. Todas las localidades, los lugares y los nombres que Atahualpa menciona en la canción están directamente relacionados con mi vida. Esta es la chacarera más cordobesa de Atahualpa y la versión que acabo de hacer con Mollo es la cuarta que grabo. Una la grabé en vivo en el teatro Olympia de París, a otra le puse la voz de Atahualpa hablando, refiriéndose a los lugares que enumera en la letra; y la tercera ya ni me acuerdo, pero seguro que era muy diferente a las otras.

-Y luego, también, porque pertenece a un gran amigo tuyo: Atahualpa Yupanqui.

-Claro que sí. De Yupanqui he grabado un montón de cosas. Por empezar, un disco entero con sus temas. Fue el reflejo de un espectáculo que hicimos con Juan Falú durante un par de años, por todo el país, pero también en México y otros lugares donde él había actuado. De cada lugar él extraía algo y luego lo vertía en su música. Yupanqui era un gran pintor de lugares y lo hacía con un lenguaje muy particular, sobre todo con esa manera tan única de tocar la guitarra.

-¿Cómo se conocieron con Atahualpa?

-Yo lo conocí de grande, en París, cuando ya tenía 27 o 28 años, y llevaba varios discos grabados, incluso el de los poemas de Borges. O sea, que teníamos una cosa en común, porque él era un gran admirador de Borges. Siempre decía que Borges era una de las tres personas que más admiraba en el mundo. Para mí sorpresa, un día salgo del teatro Olympia y él me estaba esperando junto a unos amigos. Yo, para él, en ese momento, era un pibe. Sin embargo me estaba esperando para felicitarme por el show. Después me invitó a tomar un café y se sinceró: me dijo que lo que más le interesaba de mí no era como cantaba sino de dónde provenía. Es que Yupanqui estaba muy querenciado con el norte de Córdoba, donde yo nací. Y no tenía con quién compartir todo aquello en Europa. Así empezamos a conocernos mucho y hacernos grandes amigos.

"Yo creo que las dos formas de expresión –el canto y la pintura- hablan de mí y una se nutre de la otra", dice
«Yo creo que las dos formas de expresión –el canto y la pintura- hablan de mí y una se nutre de la otra», diceFabián Marelli

-¿Cómo era la relación con él? Dada la diferencia de edad, ¿funcionaban como padre e hijo?

-Puede ser. Con Piazzolla me pasaba lo mismo. Ambos me veían un poco como el pibe, ¿viste? Como un pibe al que le iba muy bien, que tenía mucho éxito en París, algo que no habían visto en ningún otro artista joven. Lo veían como algo extraordinario y, cada uno a su manera, me lo reconocían. No me lo decían con palabras, pero sí con hechos. Yupanqui a través de la amistad que me concedió, y Piazzolla con los temas que me compuso especialmente y la posibilidad que me dio de grabar con él. En fin, yo siento que me consideraban y me respetaban por haber alcanzado en poco tiempo el lugar que a ellos les había llevado muchos años.

Sus dos pasiones: la música y la pintura

-En el video de “Chacarera de las piedras” te das el gusto de alternar la faceta de cantante con la de artista plástico, ya que pintás en vivo la cara de Don Ata sobre un cartón. ¿De quién fue la idea?

-A mi hijo Yaco se le ocurrió que reprodujera alguna de las pinturas que existen en las cuevas del cerro Colorado (la elevación natural a la que alude el tema). O si no, algún pájaro o un cóndor de la zona, algo bien colorido; pero después a mí se me dio por pintar un retrato de Yupanqui en blanco y negro, con esos ojos tremendos y esa mirada profunda que tenía. Y lo pinté de memoria, sin una foto suya de modelo. Lo hice en solo media hora. Yo ya lo había dibujado una vez, cuando hice aquel espectáculo sobre él junto a Juan Falú. Lo hice para el poster de ese show y se nota que me quedó bien grabado en la memoria.

-A propósito, ¿para cuándo otra exposición con toda tu obra pictórica?

-Yo hice una exposición importante en el 2011, en el Centro Cultural Recoleta, con más de 20 obras. Y después algunas otras, pero de menores dimensiones. Ahora estoy terminando una serie solo con paisajes y un auto retrato, que funcionará como firma de toda la muestra, para exponer en el norte de Córdoba. Serán, en total, 15 cuadros. La haré en un lugar muy bonito que me ofreció Mario Sanzano –un pintor que admiro muchísimo- en el departamento de Ischilín.

-Te solían apasionar los retratos. ¿Hoy preferís los paisajes?

-Totalmente. Hoy voy en auto por cualquier ruta argentina, donde abundan los lugares hermosos y veo los paisajes como cuadros. Supongo que eso le debe pasar a la mayoría de los pintores profesionales.

Jairo, junto a su nieto Francisco
Jairo, junto a su nieto Francisco (Foto: Instagram jairo.cantante)

-Dado que te pasa lo mismo que a ellos, ¿podrías llegar a cambiar la música por la pintura?

-No sé, a lo mejor los años me fuerzan a eso porque la voz tiene su límite. Pero cantar me gusta mucho. Yo creo que las dos formas de expresión –el canto y la pintura- hablan de mí y una se nutre de la otra.

– Volviendo al disco, ¿cuáles son los otros temas que lo integrarán? ¿Son todos de tu repertorio?

-Algunos ya los grabé y otros aún no. Entre los grabados están “El unicornio”, junto a Silvio Rodriguez, que lo registramos a la distancia, cada uno en su país; y “Carpintería José”, con Sandra Mihanovich. Y también “Morir enamorado” en compañía de Jorge Rojas. A propósito, qué bien que canta Jorge Rojas. Lo tenía enfrente mío, en el estudio, y no podía creer lo bien que cantaba en vivo. Además, la versión quedó preciosa. Ya verás. Por último, ya grabamos “Para verte feliz”, en ritmo de cuarteto, con el grupo Sabroso.

-¿Cuáles son los temas que aún faltan grabar?

-Estoy buscando un tema para grabar con mi nieto Francisco (el hijo de Yaco y la actriz Agustina Posse, también fallecida en el 2021), que es muy talentoso y está grabando su primer disco, con canciones propias. Con él podría ser “La nostalgia”, que fue mi primer éxito en Francia. Luego, seguro estará “El valle y el volcán”, pero aún no sé quién me acompañará en el dúo. Yo quisiera que fuese una mujer. Porque es una canción que compusimos hace 50 años con María Elena Walsh, quien, además de escribir como escribía, cantaba muy bien e interpretaba de una manera muy fresca. A mí me encantaba como lo hacía, con esa voz clara, nítida y perfecta. Sin embargo, nunca la grabamos juntos. Bueno, yo, ahora, quisiera darme el gusto de cantarla con una intérprete que se pareciera a ella, que fuese su equivalente. Tampoco di aún con quien me acompañará en “Indio toba”, pero también será una mujer; y la versión tendrá un universo de tambores, algo muy distinto dentro del disco. También me falta grabar “La balacera”, pero ahí ya tengo un cantante en la mira: Vicentico. Ojalá que me diga que sí.

"Nunca me la creí, por eso, no doy nada por sentado", señala
«Nunca me la creí, por eso, no doy nada por sentado», señala Fabián Marelli

-¿Alguien te dijo que no?

-Hasta ahora no, pero… Un día, cuando estaba grabando con Abel Pintos “La milonga del trovador” (para el primer volumen de 50 años de música) le dije: vos sabés que estoy muy contento porque he llamado a distinta gente y todos me dicen que sí; y nadie lo hace por compromiso sino sinceramente. Y Abel, sorprendido, me respondió: “¿y quién te va a decir que no, Jairo?”. Es que yo siempre tengo ese prurito, me da cosa molestar. Nunca me la creí, por eso no doy nada por sentado.

El amor después del amor

-Cuando publicaste 50 años de música te encontrabas en un momento anímico especial: Teresa, tu mujer de toda la vida estaba internada y al poco tiempo falleció. ¿Cómo es tu presente personal actual?

-Teresa falleció después de de 10 años de un sufrimiento tremendo. Siempre estuve junto a ella, por supuesto, y su deceso fue muy duro porque nos faltaba sólo un año para cumplir 50 de casados. Y después… nada, la vida continuaba y entonces fue que conocí a Laura (Bonfante, abogada). En realidad la conocía de antes, pero nunca pensé que llegaríamos a tener una relación como la que tenemos hoy; y que me hace decirte que mi presente personal es muy bueno.

-¿Es verdad que era una fan tuya?

-Sí, me seguía a todos lados. Es del sur de Córdoba, de Oliva, pero ahora vive en Villa María. La he conocido de siempre, de cuando se puso de novia, de cuando se casó, de cuando tuvo su primer hijo y luego el segundo. También he conocido a su marido, un muy buen tipo. En fin, la he visto mucho a lo largo de los años.

-¿Y cómo fue que pasó de fan a algo más?

-Se dieron varias circunstancias especiales. Primero, en un momento dado, ella me dijo que se había separado. Y luego, casi inmediatamente, Teresa falleció y me encontré viudo. Yo, entonces, sufrí un impacto emocional tremendo y ahí empezamos a vernos y a charlar y a charlar, pero siempre como amigos. Hasta que comenzamos a pensar que estaría bueno salir juntos de la situación de cada uno y encontrarnos en un punto en común.

-¿Ella es más joven que vos? ¿Eso fue un problema?

-Sí, tiene 25 años menos que yo. Por esa diferencia, justamente, yo le aconsejaba que no saliera conmigo. Pero ella insistió y acá estamos. Hoy me llevo muy bien con su ex marido, que es un tipo muy simpático, y con sus hijos, que son maravillosos. Laura, por su lado, tiene una gran relación con mis hijos.

-¿Qué dijeron ellos cuando se enteraron de tu noviazgo? ¿Les pediste su opinión?

-No, no le pedí opinión a nadie. Le conté a cada uno lo que me pasaba y ellos lo entendieron, lo aceptaron y se alegraron mucho. Es que veníamos todos de muchos años de sufrimiento… Todos esos años no sólo condicionaron mi ánimo sino también mi forma de trabajar. Porque, cuando te pasa algo así, como lo de la enfermedad de Teresa, te abocás totalmente a eso y ponés toda tu cabeza ahí; y se te hace muy difícil salir de esa suerte de cerco en la que te encierra la situación. Así, que, bueno, ahora todo el mundo me ve contento y feliz y me dice que me lo merezco.

-¿Ya conviven?

-No, alguna vez hemos hablado sobre el tema pero por ahora no, estamos bien en este régimen, digamos…

-¿De novios?

-Sí, exacto. Ella sigue viviendo en Villa María y yo acá, pero nos vemos con mucha frecuencia. Yo voy para allá y ella viene para acá. Nos manejamos así, como novios. Yo ahora me estoy por ir de gira al sur del país y luego al norte y ella vendrá a ambas etapas del tour conmigo. Y el año pasado nos fuimos juntos a Europa y la pasamos genial.

-¿Cómo es el amor a los 70?

-Muy vital. Era difícil pensar que iba a recuperar ciertas normas, digamos, las que nutren a una relación amorosa. Cuando uno es joven es obvio la fortaleza a la hora del amor. Pero ahora, la madurez y la experiencia que ella conlleva también son muy importantes. Yo pongo el acento en eso. A esta altura es definitorio escucharse y ser cariñoso. La expresión del cariño es fundamental. En ese sentido vivo una relación muy intensa. Y siento el amor como hace mucho no lo sentía.

Fuente: Gustavo Lladós, La Nación