La talentosa discípula de Auguste Rodin: fueron amantes, él la traicionó y ella pasó treinta años encerrada sin hablar

Camille Claudel empezó a mostrar su capacidad cuando era apenas una niña. Su padre la protegía y su madre la despreciaba. Cuando tenía 19 años empezó a formarse con el escultor parisino, de 43. Tuvieron una historia de amor, sexo y tormento

Camille Claudel pasó treinta años en silencio. En silencio y encerrada en el hospital psiquiátrico de Montdevergues, en Aviñón, Francia. Allí la habían encerrado su madre y su hermano. Y allí, encerrada y en silencio, murió el 19 de octubre de 1943, hace exactamente 83 años. Las lentas horas de sus últimas tres décadas transcurrían con la mirada clavada en el patio al que raramente le permitían salir y del que la separaban no sólo una ventana, sino también los barrotes de hierro que reafirmaban su confinamiento.

Casi nadie lo sabía en el hospital psiquiátrico, donde la identidad de Camille estaba reducida al número de su historia clínica y a sus síntomas. Pero antes de cruzar esas puertas para siempre, había sido la única mujer de finales del siglo XIX en ser considerada un talento genial de la escultura. Nadie había moldeado con sus propias manos los gestos que pueden tener una cara o un cuerpo cuando el drama los parte al medio.

Pero como Camille Claudel además de escultora era mujer, sus aptitudes y su don quedaron eclipsados en un mundo hecho por y para varones. Y su historia como artista quedó reducida a ser señalada como discípula y amante de Auguste Rodin, con quien la unió un vínculo mucho más parejo del que la época se animaba a admitir. Un vínculo cargado de pasiones y con un final tormentoso.

Jugar con barro

Camille Claudel nació en diciembre de 1864 y su madre, Louise-Athénaïse Cerveaux, la despreció desde el minuto cero. Quería un varón que ocupara el lugar de Charles Henri, el primogénito de la familia, que había muerto el año anterior cuando tenía apenas quince días. Cuando vio que era nena y no nene, empezó a llamarla “la usurpadora” porque consideraba que había venido a intentar ocupar el lugar de su hijo varón aunque sin estar a la altura de ese rol.

Cuando Camille tenía 19 años, empezó a formarse con Rodin, que tenía 43. Enseguida se convirtió en su colaboradora principal y también en su amante.Cuando Camille tenía 19 años, empezó a formarse con Rodin, que tenía 43. Enseguida se convirtió en su colaboradora principal y también en su amante.

El padre de Camille, Louis-Prosper Claudel, hizo exactamente lo opuesto: cobijó a su hija, intentó protegerla de la crudeza de la madre y fue su compañía incondicional. Y además, entendió enseguida que detrás de esa obsesión de su hija chiquita por jugar con el barro había un talento y una vocación.

La veía moldear con ese material los retratos de cada integrante de la familia, de los sirvientes de la familia y, sobre todo, de su hermano menor, Paul Claudel, que iba a convertirse en poeta y diplomático y que era su gran compañero de juegos infantiles en el bosque en el que vivían.

Cuando Camille tenía 12 años, los Claudel se instalaron en Nogent-sur-Sine, una región muy especializada en la producción de cerámica. Allí, el escultor Alfred Boucher la vio moldear en arcilla y se asombró: nunca había visto tanto talento en alguien tan joven. Le propuso a Louis-Prosper ser el mentor de su hija, ya convertida en adolescente, y Camille demostraba cada vez más pericia y creatividad para esculpir.

Cinco años después, Louis-Prosper decidió mudar a toda la familia a París para que su hija pudiera formarse profesionalmente, algo que iba a contracorriente de la época: no era para nada habitual que un clan siguiera el destino de ninguna de sus integrantes mujeres.

Justamente por eso, las grandes instituciones educativas, como la École des Beaux-Arts, prohibían el ingreso de estudiantes mujeres. Sin embargo, una escuela hacía la excepción: en la Académie Colarossi las alumnas no sólo podían asistir a clases, sino que también tenían permitido trabajar con modelos masculinos desnudos y estudiar anatomía, conocimientos imprescindibles para convertirse en verdaderas escultoras.

Un maestro y un amor

En 1883 Alfred Boucher, el mentor de Camille, obtuvo el prestigioso Gran Premio de Roma y tuvo que instalarse durante una temporada en la capital italiana. Antes de viajar, le pidió a su amigo Auguste Rodin que lo reemplazara como docente de su grupo de alumnas.

Les Bourgeois de Calais Auguste Rodin - Museo Rodin«Los burgueses de Calais», una de las esculturas en las que Claudel trabajó mano a mano con Rodin, el firmante de la obra.

En ese momento, Rodin tenía 43 años y ya era un artista de prestigio creciente en el distinguido ámbito artístico parisino. Camille, que tenía 19, lo cautivó enseguida: ninguna de las otras estudiantes estaba a la altura de tanta creatividad y de tanta capacidad para transmitir emociones a través de sus obras. Rodin supo que estaba delante de una par.

Un año después, la joven se integró formalmente al taller parisino del escultor como asistente. Enseguida se convirtió en su principal colaboradora: trabajaban juntos en obras monumentales como Los burgueses de Calais y Las puertas del Infierno. Él confiaba tanto en el talento y la precisión de ella que la dejaba a cargo de modelar las manos y los pies de las figuras humanas, una de las tareas más exigentes del arte escultórico.

La pasión entre ambos empezó enseguida. Se mejoraban los bocetos el uno al otro, discutían sobre métodos y composiciones, y moldeaban sus obras uno al lado del otro. Se influenciaban mutuamente. Tanto que, en muchas de las creaciones, los críticos de arte señalaron la dificultad de determinar quién había hecho cada cosa: lo que parecía de Rodin, de repente tenía un giro que parecía tener la firma artística de Camille, y viceversa. El escultor, ya convertido en una figura central de la capital francesa, dijo en una entrevista: “Le he enseñado dónde encontrar oro, pero el oro que encuentra es solo suyo”.

Pero aunque públicamente Rodin reconocía el talento de quien había empezado como su discípula y se convertía en su par, el vínculo privado era cada vez más tormentoso. El escultor convivía con su esposa, Rose Beuret, la costurera con la que había tenido un hijo y de la que no estaba dispuesto a separarse. Camille le reclamaba que formalizaran su relación y Rodin no cedía, pero alquiló un taller en el que sólo trabajaban ellos dos, y en el que pasaban larguísimas jornadas dedicadas al arte, el sexo y el amor.

El escultor llegó a firmar una especie de contrato en el que se comprometía a no aceptar más alumnas mujeres, proteger a Camille en los círculos artísticos completamente dominados por varones e incluso casarse con ella. No cumplió con nada.Camille trabajando en el taller parisino de Rodin, donde mostró todo su talento.Camille trabajando en el taller parisino de Rodin, donde mostró todo su talento.

Pero además de incumplir, nunca silenció las críticas que señalaban la obra de la escultora como una mera “imitación” de su maestro. Incluso Rodin llegó a apropiarse de bocetos y maquetas ideados por ella y se los atribuyó. El pico de la tragedia en el vínculo entre ellos dos fue cuando Camille quedó embarazada y él la obligó a hacerse un aborto: esa herida sería crucial para la salud mental de ella, y también para su obra artística.

La obra cumbre

En 1892, Camille inició un lento pero sostenido distanciamiento de Rodin, tanto profesional como personal. Ya no quería escuchar sus mentiras, ni ser parte de un triángulo amoroso, ni seguir viendo tan de cerca cómo las obras firmadas por él se vendían en sumas millonarias mientras que las de ella apenas alcanzaban sumas modestas, aunque las crearan juntos. En 1898 rompió definitivamente el vínculo y alquiló su propio estudio: estaba decidida a demostrar que su talento no estaba a la sombra de ningún varón.

En esos años, Camille creó algunas de las piezas más importantes de la escultura del siglo XIX, como El gran vals. Obtuvo una mención honorífica en el Salón de Artistas Franceses, cautivó al público por el movimiento de sus figuras y fue censurada oficialmente porque su trabajo se consideró “demasiado explícito”.

Entre 1898 y 1899, la artista trabajó en La edad madura, un conjunto escultórico de bronce que era, sobre todo, un manifiesto autobiográfico y un hito de la escultura moderna. En la obra se ve a una mujer desnuda y joven arrodillada y estirando sus manos hacia un hombre maduro que se aleja, arrastrado por una figura avejentada que representa el paso del tiempo y también a Rose Beuret. El trabajo es considerado una obra maestra por su idea general y por cada uno de sus detalles. Pero sobre todo, por cómo logra transmitir el dramatismo que vive la joven.La edad madura de Camille Claudel«La edad madura» es considerada la gran obra maestra de Claudel, y también un manifiesto auobiográfico. (Photo by Lou Benoist / AFP)

Aunque la crítica de vanguardia la destacaba cada vez más, el mercado le cerró las puertas sin miramientos. No recibía encargos público ni privados, ni tenía ayudantes que colaboraran con ella para mover grandes volúmenes de mármol y yeso. A eso se sumó el prejuicio sobre una mujer que vivía y trabajaba sola, y todo eso hizo que Camille cayera en la ruina económica.

El fin de la protección

En 1905, el aislamiento y la crisis económica de Camille era tal que su salud mental empezó a deteriorarse rápidamente. Tuvo episodios de manía persecutoria y fue diagnosticada con psicosis delirante. Estaba segura de que existía “la banda de Rodin”, una supuesta red de conspiradores que entraba a su taller, le robaba bocetos y copiaba sus técnicas.

Sufría ataques de pánico e insomnio. Decidió tapiar las ventanas y seleccionaba muy bien qué comer porque temía ser envenenada. Pasaba varias noches en vela, armada con un garrote, convencida de que iban a ir a matarla a su taller. Rompía sus esculturas y moldes a martillazos durante las crisis más agudas.

El único que lograba contener a Camille y apaciguar su padecimiento psíquico era Louis-Prosper, su padre. Le hacía llegar dinero a escondidas de su esposa, que despreciaba continuamente a su hija, y rechazó cada uno de los intentos familiares de recluir a la artista en un centro médico. Pero en marzo de 1913 esa protección terminó: Louis-Prosper murió y la familia Claudel le ocultó la noticia a Camille para que no se presentara en el funeral.

Una semana después de la muerte de Louis-Prosper, la madre y el hermano de Camille, que en ese momento era un diplomático católico que veía en la vida de su hermana una deshonra para la familia, decidieron encerrarla en un centro psiquiátrico contra su voluntad. Tres enfermeros derribaron la puerta del taller de la artista y se la llevaron a la fuerza. Tenía 48 años.

Treinta largos años

El hospital psiquiátrico de Montdevergues, cerca de Aviñón, se convertiría en la última morada de Camille, que pasó allí nada menos que tres décadas. Desde su encierro, Camille escribió cartas en las que daba cuenta de períodos de total lucidez y conciencia sobre lo injusto de su confinamiento. “Me han encerrado para aniquilarme, para hacerme desaparecer”, le escribió a su hermano. Y también: “No he cometido ningún crimen… Me reprochan haber vivido sola, tener gatos y manía persecutoria. Sobre la base de estas acusaciones me han encarcelado como a una criminal”.Otra de las esculturas en las que Rodin y Claudel trabajaron juntos.Otra de las esculturas en las que Rodin y Claudel trabajaron juntos.

En distintas ocasiones, los informes médicos sugirieron a la familia el alta de Camille o una internación ambulatoria. Pero su madre, que no la visitó ni una vez durante treinta años, se opuso todas las veces. Además, prohibió que la visitaran amigos e instó al centro hospitalario a que interceptara su correspondencia. Tampoco la visitó Louise, su hermana menor. Paul, su otro hermano, fue el único que mantuvo contacto a través de cartas, y no la visitó más de doce veces en tres décadas. El aislamiento era total.

Camille no volvió a dibujar ni a esculpir. Incluso rechazó la “invitación” del director hospitalario a moldear algunas figuras después de que una fuerte lluvia generara una buena cantidad de barro en el jardín del lugar. “Solo volveré a crear cuando sea una mujer libre”, respondió ella, que nunca más volvió a tocar la arcilla.

Murió el 19 de octubre de 1943, olvidada y abandonada. Tenía 78 años y el desenlace final llegó de la mano de una apoplejía, provocada a la vez por su malnutrición. Ningún integrante de la familia Claudel fue a su despedida. La enterraron en una fosa común en el cementerio del hospital psiquiátrico. Su única identificación era “1943 – Nº 392”.

Recién en los años ochenta, y gracias al impulso de distintos movimientos feministas, la obra de Camille fue revisada y reivindicada. Habían pasado unos cuarenta años desde su muerte y ocho décadas desde la cumbre de su creación artística, y recién en ese momento empezó a dejar de estar a la sombra de Rodin.

Mucho más acá en el tiempo, en 2017, se inauguró el Museo Camille Claudel en Nogent-sur-Seine, donde se concentra la mayor colección de sus obras que sobrevivieron. Muchos museos del mundo, además del que lleva su nombre, exhiben sus obras como las de una de las artistas más importantes del siglo XIX, un reconocimiento que Camille no pudo disfrutar en vida.

Fuente: Infobae