Antes de escribir la biografía de Jorge Bergoglio, que llamó El gran Reformador, Austen Ivereigh ya era un experto en la historia de la Iglesia argentina. “Mi tesis de doctorado [en Oxford], que terminé en el 92, fue sobre catolicismo y política en la Argentina”.
Y hay más: “Debo mi fe a la Iglesia Argentina, leyendo artículos de monseñor (Gustavo) Franceschi, volví a la fe”, dice. Ese conocimiento de nuestro país y de su fe mayoritaria representó una ventaja a la hora de escribir sobre Bergoglio, ya que cada etapa de la trayectoria del futuro Papa está debidamente contextualizada en la época que atravesaba el país.
Desde aquel marzo de 2013, cuando la novedad de un pontífice argentino y jesuita impactó al mundo entero, Ivereihg siempre pensó que vendría cuando Francisco visitara la Argentina, viaje que finalmente no se concretó. “Ahora vengo con León”, comenta.
En efecto, este escritor, historiador, periodista y analista de asuntos religiosos y políticos estará en nuestro país contemporáneamente con la visita del papa León XIV, invitado por la Universidad del Salvador (USAL), donde dictó, el pasado viernes 6, una clase magistral sobre “El giro latinoamericano Francisco-León: la Iglesia misionera sinodal y el cambio de época”.
Ivereigh también es co-autor de Let Us Dream (Soñemos Juntos, 2020), un libro escrito en colaboración con Francisco. Su trabajo más reciente es First Belong to God: On Retreat with Pope Francis (Lo primero es pertenecer a Dios: Un retiro con el Papa Francisco, 2024), basado en los escritos y charlas de Bergoglio como director espiritual de un retiro ignaciano de 8 días.
Austen Ivereigh
De 2004 a 2006, Ivereigh fue colaborador del entonces arzobispo de Westminster, cardenal Cormac Murphy-O’Connor, uno de los más activos promotores de la candidatura de Jorge Mario Bergoglio al papado.
Ivereigh considera que el papado de Francisco inició un giro latinoamericano hacia una iglesia misionera y sinodal, cuyo primer paso fue la exhortación apostólica Evangelii Gaudium (noviembre de 2013), sobre “el anuncio del Evangelio en el mundo actual”, con la cual, dice, “Francisco inaugura una hoja de ruta de su Papado que también es la del pontificado de León”. Pero esa hoja de ruta tenía una génesis anterior: el ya famoso documento de Aparecida, la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (Celam), redactado por Bergoglio.
De esta manera, “América Latina pasó a ser la iglesia fuente”, señala, porque “siempre hay una parte de la Iglesia de la cual brota un dinamismo teológico”. Antes, ese rol lo cumplía Europa, pero a partir del Concilio Vaticano II eso cambia porque es en América Latina donde mejor se lo pone en práctica. Aclara que “fuente” no quiere decir centro; de hecho, “Francisco quería una Iglesia multipolar”.
— ¿Hasta qué punto Aparecida refleja a Bergoglio como individualidad y hasta dónde es la Iglesia latinoamericana, que usted define como “fuente”?
— El proceso de preparación de esa conferencia general, fue muy sinodal, de mucha consulta, y el papel de Bergoglio en esa conferencia general es muy conocido. Creo que influyó la recepción del Concilio Vaticano II en el Río de La Plata, que tuvo un matiz distinto al resto de América Latina. Tal vez, cuando llegó a Aparecida esa visión sobre la religiosidad popular estaba ya madura. Es decir, una teología de espiritualidad latinoamericana, distinta a anteriores teologías latinoamericanas. Bergoglio tenía muchas cosas que eran de él. Pero también llevaba en su forma de ser y de pensar muchos aportes de la iglesia argentina, la influencia de Lucio Gera y de Rafael Tello y toda esa tradición.
La biografía de Bergoglio que Ivereigh publicó en 2015
— ¿Cómo vio el impacto de su papado en la Argentina?
— Creo que una de las razones por las que no vino, sobre todo al principio, fue que tenía horror del triunfalismo. Y sabía que tal vez los argentinos tenían —todos los países lo tienen— una cierta tentación de decir: “El Papa es argentino”. Y si le tenía tanto rechazo al triunfalismo, era porque éste pone a uno en el centro y él no quería que la atención se distrajera de Cristo. Eso explica en parte por qué no vino al principio. Después quiso venir, sin duda, pero las cosas se complicaron. Una vez me dijo que quería ir para ayudar a cerrar la grieta y no para profundizarla. Y creo que en parte esa fue la dificultad, que tal vez no encontró el momento para poder hacer eso. Esperaba ese momento, pero luego se enfermó y nunca se recuperó.
— Francisco fue un papa elegido a una edad bastante avanzada y mucha gente pensaba que iba a tener un pontificado corto.
— Él mismo lo creía así y lo decía.
— Usted que lo frecuentó en su etapa ya octogenaria ¿cómo se relacionaba él con eso?
— De lo que hablaba muchas veces era de la importancia de escuchar sobre todo a los jóvenes y a los ancianos. Pensaba que esas dos voces eran proféticas en este momento. Y siempre citaba a Joel: “… vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones”. Había que escuchar los sueños de los jóvenes y de los viejos; había que escucharlos. Para él era muy importante escuchar bien a la periferia, porque es desde la periferia que nos habla el espíritu. Y justamente jóvenes y viejos son tal vez los dos grupos que la sociedad actual tiende a descartar.
— De su clase en USAL surge algo evidente: que Bergoglio tenía un sucesor in pectore, casi podría decirse que la promoción de Prevost fue una operación, si podemos decir así, de Francisco.
— Francisco nombra a León obispo de Chiclayo en 2015, poco después de Evangelii Gaudium. Prevost se dedicó a la conversión eclesial de Chiclayo según esa exhortación, girándola hacia una conversión misionera, sinodal y pastoral. Chiclayo ahora se ha convertido en un caso de estudio para una Iglesia en transición entre dos modelos.
Austen Ivereigh durante la entrevista con Infobae
— O sea, él lo hizo obispo de Chiclayo en 2015 y luego de unos años lo convoca al Vaticano.
— En 2023 Francisco trae a Prevost a Roma, le encarga el nombramiento de los obispos. Era muy importante para él el legado misionero, la conversión misionera de la Iglesia. Con esas reuniones de todos los sábados de dos horas que tenían…
— ¿Ellos dos solos?
— Ellos dos solos. Todos los sábados. Robert Prevost ya tenía una experiencia de liderazgo eclesial a nivel mundial por haber sido prior general [de los agustinos, de 2001 a 2013], pero en el Vaticano fue otro tipo de enseñanza.
— ¿De qué cree que hablarían?
— Seguramente sobre el futuro de la Iglesia. Entonces, Francisco no hizo nada más ni nada menos que eso. O sea, puso a Prevost en el lugar idóneo por si soplara el Espíritu Santo en esa dirección.
— También lo puso en un lugar donde lo conocerían todos los obispos, los que después iban a votar al nuevo Papa….
— Sí, un lugar muy importante. El que nombra obispos es el que configura el futuro de la Iglesia, es una función clave. Pero también el hecho de que lo trajera en 2023, tal vez sabiendo que ya no tenía muchos años por delante, es decir, suficiente tiempo para conocer el Vaticano, pero no tanto como para ser absorbido por la burocracia. O sea, mirando ahora hacia atrás, uno ve que fue muy, muy hábil.
— Dejó preparada su sucesión, al menos hasta donde pudo.
— Como él mismo me dijo: “Necesito un obispo misionero”. Y creo que por eso trajo a Prevost. A fines de 2023, lo elevó discretamente al colegio cardenalicio. Un cardenal me dijo: “Creo que con ese gesto estaba insinuando que ampliáramos nuestra lista de papables”. Él sabía perfectamente que en el momento en que él no estuviera y se abriera el cónclave, los cardenales debían tener una completa libertad para decidir. Pero al mismo tiempo promovió a Prevost. Muchos hablaban de que él había nombrado a cardenales que reflejaban su pensamiento. Más bien quería un colegio de cardenales donde realmente hubiera muchas voces, representantes de esta nueva era.
«Necesito un obispo misionero», le dijo Francisco a Austen Ivereigh
—Más global.
— Más reflejo de una Iglesia global y misionera. Entonces, dos cosas: había cardenales de lugares periféricos, pero también había voces proféticas que era lo más importante para él.
— Prevost fue una sorpresa para el mundo en general porque no estaba entre los papables.
— Fue una sorpresa, pero algunos días antes del cónclave pensé que muy probablemente fuera él, porque los latinoamericanos estaban detrás de él. Y como la latinoamericana es la iglesia fuente… Y los de habla inglesa, que lo conocían bien a través del dicasterio de los obispos, también hablaban muy bien de él. Y estaban las cuatro señales del Espíritu Santo.
— ¿Cuatro señales?
— Francisco una vez me dijo que hay cuatro señales cuando obra el Espíritu Santo. Una, es que éste aparece solo al final, cuando uno está desesperado. Y yo estaba desesperado. Segundo, aparece en el lugar donde menos lo esperas o donde no has estado buscando. Y no habíamos pensado en Prevost porque era americano y porque no era muy conocido… lo descartamos. Tercero, cuando aparece siempre hay señales de abundancia, como en el Evangelio, el pan y los peces, y viendo la trayectoria de Prevost impresionan los dones que tiene, las habilidades, la experiencia. La cuarta señal es que cuando actúa el buen espíritu, siempre el mal espíritu intenta distraer. Justo en vísperas del cónclave hubo un ataque feroz contra Prevost desde sectores del Sodalicio del Perú. Fue acusado de no haber tratado bien un caso de abuso. Así que pensé: están las cuatro señales del Espíritu Santo, tiene que ser él.
— Usted dice que la de América Latina es la Iglesia Fuente. ¿Qué pasa con Asia y África? Francisco hizo numerosos viajes a esos continentes. Muchos pensamos que vendría un Papa asiático o africano.
— Es que Iglesia fuente no significa centro de la Iglesia. Una de las tareas de Francisco fue abrir el centro, que era Roma, a lo que es ahora una Iglesia multipolar, con varios centros. Obviamente Asia es uno de ellos, África es otro. Es una nueva Iglesia multipolar. Pero sí, la Iglesia latinoamericana tiene un papel significativo dentro de esta nueva realidad eclesial, que es de ser la Iglesia Fuente, en el sentido de que ser la fuente del dinamismo espiritual teológico, es decir, la hoja de ruta. No significa que el próximo Papa no pueda ser asiático o africano, pero son Iglesias todavía en maduración, mientras que la Iglesia latinoamericana es una Iglesia madura. Es la Iglesia líder, además de ser hogar de casi la mitad de los católicos en el mundo.
La llegada del papa León XIV a Uruguay, comienzo de su gira sudamericana
Otros conceptos de la conferencia sobre el giro latinoamericano
En la conferencia en USAL, Ivereigh destacó las líneas de continuidad entre el papado de Francisco y el de León.
La necesidad de una Iglesia misionera y sinodal, como respuesta a un cambio de época puso a la Iglesia moderna en crisis. Una nueva cultura del poder ha sustituido a la antigua, que se basaba en valores cristianos secularizados, pero en la que todavía funcionaban las correas de transmisión de la fe a través de las instituciones.
El concepto de evangelización requería una renovación porque, pensaba Francisco, la iglesia ya no se encuentra en un contexto secular cristiano, sino pagano. La fe ya no se transmite a través de la familia y las instituciones. Hay una crisis de evangelización y de credibilidad y de autoridad por parte de la Iglesia. Estos conceptos se cristalizaron en Aparecida. El futuro debía ser apostólico. Una Iglesia de discípulos misioneros que, como en la primera época del cristianismo, se extiende a través del testimonio del encuentro con Cristo. Es decir, un cristianismo ya no de afiliación social, sino de elección personal y consciente, lo que requiere una Iglesia misionera capaz de acompañar a los que buscan y comunidades capaces de formarlos en discípulos.
“El obstáculo a la conversión misionera de la Iglesia no viene de afuera, sino de adentro, y esto lo veía Bergoglio”, dijo Ivereigh. Mientras que antes se culpaba por la disminución del cristianismo a la secularización, en Aparecida vieron que el problema era la cerrazón de la Iglesia, el inmanentismo eclesial. No es la secularización, sino que la Iglesia se ha retirado del pueblo.
La clase magistral de Ivereigh en la USAL, con la moderación de Guillermo Jensen
Esa fue la síntesis que hizo Ivereigh del diagnóstico de Bergoglio y de su programa, que tiene continuidad en el pontificado de León XIV.
La otra preocupación de Francisco fue el desarrollo de un poderío tecnológico que nos pone ante una encrucijada. Sin lo trascendente, es la técnica la que decide, advertía Bergoglio.
El cambio de época da lugar a nuevas formas y estructuras de poder, con frecuencia anónimos. En Laudato si, Fratelli tutti y Magnifica Humanitas, Francisco y León nos están invitando a entrar en discernimiento ante el desafío que esto representa.
León XIV encarna la hoja de ruta latinoamericana del tercer milenio, dice Ivereigh, pero al mismo tiempo se siente cómodo en la Iglesia multipolar, global y misionera de esta nueva época. Tras su elección, dirigiéndose a los cardenales, León dijo sobre Francisco: “Retomemos este precioso legado y continuemos el camino”.
Ivereigh cree que el próximo documento que producirá León XIV en un futuro inmediato será sobre la guerra y de la paz, una exhortación a la no violencia.
También señaló que poca gente, incluso en la jerarquía eclesiástica, conoce la doctrina social de la Iglesia, doctrina que debe ser explicada y promovida. “Lo que me fascina de Magnifica Humanitas es que comienza con un resumen brillante de la doctrina social de la Iglesia, no lo da por sentado, y explica cómo cada papa ha contribuido a su desarrollo”, dijo.
«Me fascina que Magnifica Humanitas comience con un resumen brillante de la doctrina social de la Iglesia, no lo da por sentado», dice Ivereigh que sostiene que hay un gran desconocimiento del tema incluso entre las jerarquías eclesiásticas
Asegura que Magnifica ha tenido una fantástica recepción, sobre todo por los jóvenes. Muchos han dicho: “No soy católico ni nada, pero me encanta este documento”. Alastair Campbell, que fue director de comunicaciones de Tony Blair, que decía que Dios no entra en la política, ha quedado abrumado por la sabiduría de este documento, y está fascinado con este papado. Así está evangelizando León: conectando la doctrina social de la Iglesia con las preocupaciones de las personas ante este nuevo poder tecnológico.
También surgió el tema del proselitismo; recordemos que Francisco decía que la Iglesia no crece por proselitismo sino por atracción. En el proselitismo, nos ponemos nosotros en el centro. Mientras que Francisco siempre decía: “No somos nosotros los que convertimos, es Cristo”. “Nuestro papel es ofrecer nuestra experiencia del encuentro con Cristo por nuestra forma de ser, por la hospitalidad que extendemos, por la forma en que tratamos a otros. Lo que suscita curiosidad, cautiva y escandaliza, y hace que la gente pregunte:”¿Qué pasa con esa gente que son tan diferentes» En ese momento das una explicación”, señaló.
En cuanto a la gestación de Magnifica Humanitas, Ivereigh dio un dato interesante. Aunque Bergoglio era “famosamente alérgico al uso de las tecnologías”, entendía sus efectos. Alentaba mucho la idea de la misión digital, de que la Iglesia tuviera presencia en la digitalidad, que es otro continente misionero.
Desde 2020, los líderes de la tech le decían a Francisco: “Esto está por venir, la inteligencia artificial, y necesitamos ayuda con un marco teológico, ético y moral”. Entonces Francisco puso a trabajar a la mitad del Vaticano en eso. En algún momento de 2023, había dos o tres dicasterios dedicados a ese tema, contó. Y mucho, mucho diálogo con Silicon Valley. Chris Ola de Antropic, presente en el lanzamiento de Magnifica dijo: “La razón por la que estoy aquí es que la Iglesia Católica es la única organización global que no puede ser cooptada”. Y eso me pareció fantástico, aseguró Ivereigh.
Fuente: Infobae

