Mel Brooks: casi un siglo de vida, arte y amor bajo el signo de la comedia

Un magnífico documental en dos partes de casi cuatro horas es el retrato definitivo de uno de los gigantes del humor norteamericano

Parece imposible (e incomprensible a la vez) empezar a hablar con una nota triste del tributo audiovisual definitivo a quien llegó a ser reconocido como el hombre más gracioso del mundo.

Pero algunas de las claves que recorren las tres horas y media de Mel Brooks: ¡el hombre de 99 años! (The 99 Year Old Man!), el formidable documental dividido en dos partes que acaba de estrenar HBO Max, surgen de las palabras y la presencia de Rob Reiner, una gran figura de Hollywood cuya vida entera estuvo identificada con la comedia, antes de morir junto a su esposa, el 14 de diciembre pasado, en circunstancias trágicas inimaginables.

“Cuando el doctor que lo trajo al mundo le dio una palmada en el trasero, Mel pensó que era un aplauso. Desde ese momento nunca dejó de actuar”, cuenta Reiner en uno de los testimonios (son varios en total) recogidos por las cámaras de los responsables de este gran homenaje narrado en casi cuatro horas: Judd Apatow (director fundamental de lo que conocemos como la Nueva Comedia Americana) y Michael Bonfiglio.

En verdad, Rob Reiner conoció a Brooks desde que tuvo uso de razón. Su padre, Carl Reiner, fue el mejor amigo de toda la vida del creador de El joven Frankenstein y también el responsable de su primer éxito frente a las cámaras, The 2000 Year Old Man, de allí el juego de palabras con el título del documental.

Creado en la década de 1950 y emitido (y luego grabado) a partir de 1961, The 2000 Year Old Man funcionó como una sucesión de sketches derivados de la misma premisa: un hombre muy serio (Reiner) interroga sobre todo tipo de temas a otro (Brooks) que responde como si estuviese en este mundo desde los tiempos de la Antigüedad.

Este juego libre e improvisado influyó en innumerables carreras de futuros comediantes y dejó a la vista las señas de identidad del humor de Brooks, para quien la comedia funciona esencialmente como un mecanismo de supervivencia. “La comedia es todo lo opuesto a la muerte –dirá Brooks sobre el final del episodio 2 desde una de las entrevistas de archivo rescatadas por los realizadores-. Cuando mueres todo es muy silencioso, no vas a ningún lado. La comedia, en cambio, es pura alegría y dicha. Es algo vivo, lo que nos hace seguir adelante”.

Lucidez, claridad y nostalgia

A sus 99 años (festejará el centenario de su nacimiento el 28 de junio próximo) Brooks hace realidad esa afirmación al recorrer con lucidez, claridad, nostalgia y una memoria prodigiosa todas las etapas de su vida mientras conversa en el living de su casa con Apatow. Hay un dejo visible de melancólica añoranza en cada una de sus expresiones, cuyo origen no cuesta para nada deducir.

Mel Brooks y Judd Apatow, uno de los directores del documental
Mel Brooks y Judd Apatow, uno de los directores del documental

Ha perdido a lo largo de los años (especialmente las últimas dos décadas) a la gran mayoría de sus afectos, desde su segunda y definitiva esposa, la gran Anne Bancroft, el amor de su vida (fallecida de cáncer en 2005), hasta el propio Carl Reiner, que compartió con Brooks hasta el último día (el 29 de junio de 2020, cuando falleció de un infarto a los 98 años) una rutina cotidiana hecha de frugales comidas y una película distinta por día.

Uno de los momentos más risueños del documental lo aporta Rob Reiner, al recordar que esos encuentros se hacían en la casa de su padre, inclusive más allá de su fallecimiento. Durante varios meses siguió visitando ese lugar y reiterando los viejos rituales, aunque sin su eterno compañero al lado. “Tarde o temprano íbamos a tener que vender la casa y hasta en un momento pensamos incluir a Mel Brooks en la operación, porque así seguramente el precio iba a elevarse”, recuerda.

Marty Feldman, Gene Wilder, Teri Garr y Peter Boyle en El joven Frankenstein, una de las grandes creaciones de Mel Brooks
Marty Feldman, Gene Wilder, Teri Garr y Peter Boyle en El joven Frankenstein, una de las grandes creaciones de Mel Brooks

Hay otro detalle que inmediatamente aparece al ver el documental y resulta incomprensible para cualquiera que tenga el mínimo recuerdo de las grandes películas de Mel Brooks y el interés por recuperarlas. Nadie supo explicar hasta ahora por qué están ausentes de los catálogos de las principales plataformas de streaming comedias memorables como Locura en el Oeste (Blazing Saddles, 1974), El joven Frankenstein (Young Frankenstein, 1974), La última locura de Mel Brooks (Silent Movie, 1976), La loca historia del mundo-Parte 1 (History of the World, 1981), Qué perra vida (Life Stinks, 1991) y Las locas, locas aventuras de Robin Hood (Robin Hood: Men in Tights, 1993).

En plataformas

Tal vez la aparición de este documental contribuya a terminar con una inexplicable deuda que el streaming local tiene desde sus comienzos. Solo están disponibles en Disney+ Las angustias del doctor Mel Brooks (High Anxiety, 1977), una grandiosa sátira al cine de Alfred Hitchcock que el propio Maestro del Suspenso bendijo en su momento, y los ocho episodios de la segunda parte de La loca historia del mundo, realizados en 2023 directamente para el streaming por varios genuinos discípulos de Brooks (aquí solo productor ejecutivo y presentador de cada segmento).

Mel Brooks junto a Carl Reiner, su mejor amigo y compañero de grandes aventuras de comedia
Mel Brooks junto a Carl Reiner, su mejor amigo y compañero de grandes aventuras de comedia

Netflix, por su parte, incluye en su catálogo S. O. S. Hay un loco en el espacio (Spaceballs, 1987), logradísima parodia de las películas de Star Wars y muy oportuna para volver a ver desde que se confirmó para 2027 el estreno de su secuela con parte del elenco original (Brooks incluido como el presidente Skroob) y el agregado de figuras como Josh GadKeke Palmer y Lewis Pullman, hijo de Bill Pullman, que retomará su personaje de Lone Starr, la versión en clave de comedia del Han Solo de Harrison Ford.

Los extractos de Locura en el Oeste y El joven Frankenstein incluidos en este documental son tan graciosos y llenos de ingenio que llevarían de inmediato a cualquier espectador interesado en conocer más de la obra de Brooks a querer ver las películas completas. Locura en el Oeste fue producida por Warner, estudio al que pertenece HBO Max. Y El joven Frankenstein tiene el sello de 20th Century Fox, cuyo catálogo pertenece desde 2019 a Disney. Cada día que pase desde el estreno de ¡El hombre de 99 años! en el streaming local hará todavía más injustificable esta doble omisión.

Apatow se esfuerza para que veamos a Brooks poco menos que como un benefactor de la humanidad en tanto artífice de lo más difícil de crear y de hacer en el mundo artístico: la comedia. “Eres irreemplazable aunque te quieran copiar”, le dice en la primera charla del documental. Más tarde aparece desde las imágenes de archivo un momento de gran significación: vemos a Brooks en una de las tantas entrevistas televisivas de las que participó, señalando con alguna visible molestia que la comedia no suele ser reconocida con el mismo valor que otros géneros y que la Academia de Hollywood directamente decidió ignorarla. La prueba irrefutable de estos dichos es la lista de títulos consagrados con el Oscar en las últimas décadas.

Mel Brooks y Anne Bancroft, la mujer de su vida
Mel Brooks y Anne Bancroft, la mujer de su vida

El rescate de esta afirmación es uno de los pocos puntos de este documental desconectados del libro autobiográfico que funciona como referencia directa de todo lo que se ve. Mel Brooks, ¡Todo sobre mí! Mi notable vida en el mundo del espectáculo, título de la edición española de All About Me! My Remarkable Life in Show Business, publicado en 2021, cuenta en palabras todo lo que Apatow y Bonfiglio narran con admiración a través de un paciente trabajo de búsqueda de imágenes de archivo y el testimonio de amigos, comediantes (Jerry SeinfeldJosh Gad, Adam SandlerConan O’BrienPatton Oswalt) y sobre todo de sus hijos. Tuvo tres de su primer matrimonio con la bailarina Florence Baum y uno más durante su unión con Bancroft.

En el lenguaje anglosajón, el documental que acaba de estrenar HBO Max es un perfecto companion del libro en el que Brooks narra su vida en primera persona con la convicción y la jactancia de quienes tienen la más elevada opinión de sí mismos y no tienen ningún complejo en reconocerlo.

Ese recorrido extendido a lo largo de los últimos 99 años parte de la infancia en una barriada pobre de Brooklyn, el descubrimiento de la vocación de hacer reír para alguien que (como todos en ese lugar) parecía destinado a vivir y trabajar en el Distrito de la Moda de Manhattan y el episodio clave del enrolamiento en el Ejército durante la Segunda Guerra Mundial. El joven Mel fue entrenado para localizar y desarmar las minas enemigas y fue asignado a esa tarea en Europa. “Allí aprendimos a no tirar de la cadena cada vez que íbamos al baño. Los nazis llenaban las cisternas de dinamita”, dice de manera reveladora.

Mel Brooks en una imagen de los años 60
Mel Brooks en una imagen de los años 60

También se habla, pero muy poco, del estrés postraumático que sufrió al regresar de la guerra y condicionó más de una vez su temperamento. Uno de sus hijos habla de cómo llegó a canalizar su ansiedad a través del enojo y llegó a tener un temperamento casi intolerable. Y en esa línea Brooks habla del miedo como disparador de una “energía increíble”, tema que desarrollará con bastante más detalle en el libro.

Logros y desventuras

El documental nos ayuda a descubrir otros momentos decisivos de la vida de Brooks: su primer triunfo como guionista de TV, el momento en el que casi pierde todo cuando decidió dejar el medio buscando en el cine un éxito que tardó más de una década en llegar, el primer reconocimiento gracias al Super Agente 86 (una de sus más inspiradas creaciones), la hermosa evolución de su vínculo amoroso con Bancroft (que lo sostuvo económicamente en esos primeros años), su acercamiento a Hollywood y las obras que lo consagraron definitivamente, un recorrido que tuvo principio y final en el extraordinario musical Los productores, iniciado en 1968 con su ópera prima, Con un fracaso… millonarios, que le dio un Oscar como mejor guion que nadie (y mucho menos él) esperaba.

El documental nos ayuda a descubrir y entender que Brooks suele ocuparse de los temas más serios a veces de un modo juguetón, sencillamente porque la comedia es lo mejor que sabe hacer. Una de esas cuestiones es la afirmación permanente y orgullosa de su identidad judía, presente unas cuantas veces en distintos tramos y situaciones de su vida.

Mel Brooks y sus hermanos
Mel Brooks y sus hermanos

La otra, presente de manera más sutil en este trabajo audiovisual, aparece más destacada en el libro cuando sostiene que el humor es superior a cualquier otra arma en la lucha contra los autoritarismos y los abusos de poder. No olvidemos que Hitler fue poco menos que una obsesión para él en la búsqueda del chiste satírico más burlón e impiadoso.

“La comedia es algo extraño pero muy hermoso. Aunque parezca absurda, tonta y local es lo que más dice sobre la condición humana. Porque si puedes reír, puedes salir adelante. Puedes sobrevivir cuando las cosas van mal si tiene sentido del humor”, escribió en su autobiografía. Y esa capacidad de observación lo llevó, con un admirable espíritu intuitivo, a explorar desde el cine historias que fueron mucho más allá de su marca reconocida de identidad.

“Mel sabía mucho sobre la naturaleza humana”, cuenta en el documental David Lynch, que recuerda poco antes de su fallecimiento todo lo que significó Brooks para su brillante carrera como realizador cuando lo convocó, después de ver su ópera prima Cabeza borradora (Eraserhead, 1978), para dirigir El hombre elefante (The Elephant Man, 1980), la primera película ajena a la comedia de Brooksfilm.

Con Nathan Lane y Matthew Broderick, los protagonistas definitivos de Los productores
Con Nathan Lane y Matthew Broderick, los protagonistas definitivos de Los productores

El documental destaca que Brooks decidió sacar su nombre de los títulos como productor para evitar equívocos. Sentía que esa mención iba a confundir al público, que desde siempre lo asociaba a la comedia. El hombre elefante exigía otro compromiso y una estrategia distinta, de impulso y estímulo, que continuó más tarde con David Cronenberg y La mosca (The Fly, 1986) y otras valiosas producciones en clave dramática.

Yo era la conciencia cómica de mi barrio. Jamás me sentí inferior. El público aplaudía, reía y yo veía la alegría en sus caras. ¿Habrá un mejor trabajo que ese?”, dice Brooks apenas iniciado el documental, y esa evocación funciona como anticipo inmejorable de un relato que se extiende a lo largo de un siglo. Mel Brooks recurrió durante toda la vida al humor como defensa frente a los males del universo. Al verlo, casi centenario, hablando en el cierre del documental sobre comedia con su nieta, nos quedamos con la auténtica sensación de que, con la ayuda de la comedia, ganó casi todas las batallas. Aunque en el medio se haya deslizado algún momento triste.

Fuente: Marcelo Stiletano, La Nación