Del 9 al 15 de abril en Cinépolis Recoleta
Un nuevo abril, un nuevo Festival de Cine Francés, que este año se presenta mordiéndole la cola al Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (Bafici), como es la costumbre en Cinépolis Recoleta. Del 9 al 15 de abril una sala del complejo aledaño al cementerio más coqueto de la ciudad será testigo de una programación que incluye nueve largometrajes de producción reciente y un par de regios clásicos de Jean-Luc Godard estrenados durante el período más fructífero del cofundador de la Nouvelle Vague. Es usual que los nombres de los autores galos más consagrados aparezcan como responsables de algunos de los títulos seleccionados, y este año no es la excepción, aunque a Desplechin, Klapisch, Moll y Gondry se les suman los del dúo de cineastas de origen belga más reconocidos: Jean-Pierre y Luc Dardenne. Varias de las películas que se exhibirán, en su mayoría en calidad de preestreno, vienen de participar del Festival de Cannes, aportando pergaminos festivaleros a un programa tan compacto como diverso.
“Para su cuarta edición, el Festival de cine francés vuelve con una programación más ecléctica que nunca”, escribe Antoine Sebire, el agregado de cooperación audiovisual regional del Institut Français d’Argentine, en el texto que abre el catálogo del encuentro. “Mezclamos géneros, épocas, cruzamos las miradas, combinamos los registros. Y eso muchas veces en una misma película”. El título que hace las veces de film de apertura es un ejemplo perfecto de la hibridación temporal, ya que el nuevo largometraje de Cédric Klapisch –uno de los más atractivos para el gran público– viaja entre el presente y el pasado sin solución de continuidad. Los colores del tiempo (traducción al español del título internacional; el original francés es otra cosa, un intraducible juego de palabras: La venue de l’avenir) tiene como protagonistas en el siglo XXI a un cuarteto de primos que al comienzo del relato ni siquiera se conocen.

Una vieja casa de campo, cerrada desde los tiempos de la Segunda Guerra Mundial, será demolida para construir el estacionamiento de un shopping, pero antes debe ser inspeccionada por los herederos de la dueña. Allí comienzan los saltos en el tiempo, ya que la segunda línea narrativa describe el viaje de una joven campesina a la París de finales del siglo XIX, donde se hará amiga de un fotógrafo y un pintor que apenas comienzan sus respectivas carreras. De cómo las aventuras amorosas de la muchacha, interpretada por Suzanne Lindon, dan origen a un extenso árbol genealógico, es algo que forma parte del misterio que debe ser revelado por el cuarteto de herederos (entre ellos el personaje encarnado por el gran Vincent Macaigne), que en cierto momento se topan incluso con una pintura impresionista de autor desconocido. La reconstrucción de época de una París que apenas se asomaba a la luz eléctrica y la aparición de un puñado de personajes famosos de la vida real forman parte del atractivo de un film coescrito por Klapisch y el argentino Santiago Amigorena, que estará presente durante las funciones para conversar con el público.
Una de las figuras públicas que aparece en pantalla durante un fugaz instante de Los colores del tiempo es la celebérrima actriz francesa Sarah Bernhardt, que casualmente es homenajeada en otra de las películas de este nuevo Festival de Cine Francés. La Bernhardt “se encuentra en el centro de la película del prolífico Guillaume Nicloux”, afirma Antoine Sebire en el mencionado texto. “Enfocada en dos períodos clave de su vida, La divina Sarah Bernhardt no es otra biopic, sino el brillante retrato de una mujer libre, oráculo de la modernidad”. El director de La religiosa y La petite dirige a Sandrine Kiberlain, encargada de darle vida a la primera gran vedette del teatro francés, celebridad internacional cuando ese término aún no había sido acuñado, que además supo poner su rostro en el incipiente arte cinematográfico. Atención: La divina Sarah Bernhardt no ha sido comprada para su estreno local, por lo que las dos funciones en el marco del festival serán una ocasión única para verla en pantalla grande.

Madres jóvenes, el largometraje más reciente de los hermanos Dardenne, los encuentra en modo coral, sin una protagonista excluyente. Nuevamente los directores de Rosetta y El hijo ponen su dispositivo cinematográfico el servicio de una temática compleja y dura: las madres adolescentes de clases poco acomodadas que deben lidiar no sólo con la inesperada situación de tener un hijo a temprana edad sino también con entornos familiares poco protectores. El centro de asistencia donde las chicas pasan gran parte del día, esperando el momento del parto, o aprendiendo las tareas del cuidado y la alimentación de los recién nacidos, hace las veces de nodo de irradiación de las historias. Y estas incluyen a una adicta a las drogas duras en recuperación -ansiosa por comenzar a compartir con su novio un departamento-, una muchacha que debe lidiar con el desentendimiento absoluto de su pareja y otra que desea conocer a su madre biológica, quien la abandonó luego del nacimiento, dejándola a cargo de una familia de acogida.
Interpretadas por un grupo de actrices debutantes o con escasa experiencia frente a las cámaras, las jóvenes madres del título avanzan un poco a tientas ante el futuro, chicas de 15 o 16 años cuya adolescencia se ve súbitamente interrumpida. Fieles a su estilo, sin música incidental de fondo ni pinceladas de melodrama, los Dardenne nunca juzgan, simplemente describen a un grupo de personajes enfrentados a una decisión vital que marcará de allí en más el resto de sus vidas. Ganadora del premio al Mejor Guion en la competencia oficial del Festival de Cannes, Madres jóvenes es el último escalón en una de las filmografías más influyentes del cine de los últimos treinta años.
Un ejemplo de esa influencia formal y tonal es Por el bien de Adam, otro de los films que se presentan en esta cuarta edición del festival francófono. El opus dos de la realizadora Laura Wendel, belga como los Dardenne, podría describirse como un drama social que además juega con el suspenso, como si se tratara de una capítulo de la exitosa serie The Pitt. Y es que el relato transcurre casi en su totalidad dentro de los muros de un hospital especializado en casos pediátricos. Allí, la jefe de enfermeras Lucy (la gran actriz Léa Drucker) transita uno de sus atareados días cuando un paciente en particular comienza a ocupar gran parte de su tiempo y su mente. Se trata de Adam, un chico de 4 años que llegó al lugar en estado de desnutrición, el hijo de una madre separada que se niega a comer si no está en su presencia. El problema es que la mujer tiene una orden que le impide estar a su lado excepto durante los momentos de visita, obligando al pequeño a alimentarse con una sonda. Los intentos de Lucy por interceder ante las autoridades por el bien de Adam -y también el de la madre- son los que empujan la tensa narración, que transcurre en un relativo “tiempo real” de apenas unas horas entre el día y la noche.

Léa Drucker es también la protagonista de Caso 137, dirigida por el francoalemán Dominik Moll. Un relato de ficción que, sin embargo, tiene como origen de su guion varias situaciones ocurridas durante las protestas sociales de 2018, cuando el movimiento de los Chalecos Amarillos ocupó el espacio central en los medios periodísticos de Francia y el mundo: los casos de violencia policial y el abuso de armas de disuasión. El caso 137 del título es el de Guillaume, un joven postrado en el hospital luego del fuerte impacto en su cabeza de una bala de goma, y la encargada de llevar adelante la investigación es la agente de Asuntos Internos que interpreta Drucker. El último largometraje del director de Harry, un amigo que te quiere bien es un notable ejemplar del thriller político y social que logra sostener la atención durante dos horas sin caer en la simplificación, poniendo además de relieve temáticas complejas y contemporáneas. Y universales: el espectador argentino no podrá evitar las comparaciones con el caso de Pablo Grillo, el fotoperiodista que recibió un impacto de bala de gas lacrimógeno en las calles del centro de Buenos Aires hace dos años.
También basada en hechos reales, aunque en este caso con nombre y apellido, El Gran Arco reconstruye con las armas de la ficción el caso de Johan Otto von Spreckelsen, el arquitecto danés que resultó ganador del concurso para diseñar el edificio que terminaría coronando la Avenida de los Campos Elíseos, El Arco de La Défense, también conocido como el Gran Arco. La película de Stéphane Demoustier se suma a la no tan extensa lista de relatos cinematográficos centrados en las agonías y éxtasis de los arquitectos, en lucha contra los elementos pero, sobre todo, con los financistas y la materia prima para hacer realidad sus sueños. Proyecto mimado por el entonces presidente François Mitterrand (la historia transcurre a mediados de los años ’80), la construcción del ahora famoso edificio parisino fue un campo de batalla entre el pragmatismo y la ensoñación arquitectónica, y el film logra transmitir esas tensiones apoyado en una actuación sólida del danés Claes Bang. Por cierto, el guion se toma unas cuantas libertades respecto de los hechos reales, pero es precisamente eso lo que le permite convertir el anecdotario en una biopic más grande que la vida.
“Todavía en las pantallas francesas, donde está consiguiendo un éxito espectacular, L’Affaire Bojarski personifica lo mejor de lo que el cine francés popular puede generar: basada en la rocambolesca historia real de un famoso falsificador de dinero, la película es un apasionante film noir que les dejará sin aliento”. Las palabras de Sebire al presentar el film de Jean-Paul Salomé en la programación del Festival de Cine Francés suman otro título al contingente, que se completa con la última creación de Arnaud Desplechin, Dos pianos, otro film que tendrá estreno comercial durante los próximos meses, y la película de animación de Michel Gondry Maya, dame un título, ideal para compartir en pantalla grande con los cinéfilos en potencia: los más pequeños de la familia. “Qu’est-ce que le Cinéma?”, se preguntaba hace casi setenta años el teórico André Bazin. Difícil que una selección de nueve títulos contemporáneos (más dos revisiones) pueda responder a esa pregunta, pero se trata sin duda de un muestrario más que elocuente de los ritmos y pulsiones del cine francés contemporáneo.
El desprecio y Alphaville
Dos de Jean Luc Godard
A lo largo de los últimos tres años, varios largometrajes de Jean-Luc Godard –todos ellos del período más reconocido del cineasta, antes de su asociación con Jean-Pierre Gorin y la fundación del Grupo Dziga Vertov– fueron reestrenados con éxito en la cartelera local, entre otros Sin aliento, Vivir su vida y Dos o tres cosas que yo sé de ella. Este año será el turno de otros dos títulos esenciales en el canon godardiano, El desprecio (1963) y Alphaville (1965), y el Festival de Cine Francés los estará exhibiendo por estos días en calidad de preestreno. El sexto largometraje de J.L.G., una adaptación libérrima de la novela del mismo título de Antonio Moravia, es también su aproximación más cercana a un proyecto autoral de ambiciones masivas, aunque en el caso del cineasta francosuizo la expresión no implica de ninguna manera una genuflexión ante los resortes narrativos del mainstream, en cualquiera de sus acepciones.

Rodada a todo color con la gran estrella del cine francés Brigitte Bardot, acompañada a toda hora por Michel Piccoli, El desprecio sigue a grandes rasgos la trama del texto original, pero, fiel al estilo del director de Los carabineros –su film inmediatamente anterior–, lejos está de ser una simple transposición. No fueron sencillas las relaciones entre Godard y sus productores, pero el resultado es simplemente estupendo. Fritz Lang hace una versión de sí mismo como el director de la película dentro de la película, una adaptación de La odisea –acuñando de paso el mito de su escape de Alemania luego de una reunión con el mismísimo Goebbels–, y la Bardot se pasea un buen rato con una peluca morocha de corte carré que espeja sin indirectas a Anna Karina, la actriz y pareja en la vida real de Godard en aquellos tiempos. El realizador afirmaría lo siguiente en una entrevista durante el estreno de El desprecio: “El sueño de la Nouvelle Vague cuando éramos críticos de cine, cuando empezamos a hacer películas, y mi propio sueño, era filmar una producción de cinco millones de dólares en el estudio mayor de la Metro-Goldwyn-Mayer, en Hollywood. Pero es un sueño que nunca se hará realidad, porque ese gran escenario ya no existe”. La amargura de El desprecio señala en la misma dirección: es una película sobre la imposibilidad de hacer una película.
Dos años y dos películas más tarde, Godard se puso a trabajar en una historia de ciencia ficción distópica que terminaría llevando el título Alphaville, una extraña aventura de Lemmy Caution, protagonizada por Eddie Constantine y Anna Karina, con quien durante el rodaje se producía la separación definitiva como marido y mujer. De tintes noir enceguecedores (en ese período el romance del director con los géneros clásicos del cine estadounidense continuaba su derrotero, aunque eso cambiaría muy pronto), la historia gira alrededor de un agente secreto con mucho de detective clásico que llega a Alphaville con la intención de hallar al profesor Von Braun, el creador de la supercomputadora que controla la ciudad con mano firme y autoritaria. Alphaville es una obra maestra de la ciencia ficción lo-fi al tiempo que un buceo en el arte y la práctica del lenguaje como origen de la emoción y la poesía. “Con Alphaville la gente tiene la sensación de que, por primera vez, he dominado los temas de una película”, declaró en su momento el cineasta, no sin un dejo de ironía. “Hay una introducción, un desarrollo y una conclusión. Hice bien mis tareas. Le he dado al público la impresión de, finalmente, tomar en cuenta los grandes problemas. Alphaville expresa ideas que están en el aire. Ideas, digamos, que forman parte del gusto contemporáneo. En algún punto he limpiado mi nombre”.
Del jueves 9 al miércoles 15 de abril en Cinépolis Recoleta (Vicente López 2050). Programación completa, días, horarios y venta de entradas en el sitio web https://www.cinefrances.ar
Fuente: Página12

