Los 90 años de Woody Allen: una novela, una nueva película en Madrid, la lucidez intacta y la certeza de la muerte

El gran genio neoyorquino sigue activo y dispuesto a hablar de los proyectos que diversifican su trabajo creativo

El artista de pequeña estatura y enorme genio que este 30 de noviembre cumplirá 90 años fue definido en uno de sus momentos de apogeo creativo como el gran poeta de nuestras incertidumbres colectivas. El autor de esa definición, uno de los mejores críticos cinematográficos del hemisferio norte, también dijo en ese momento que se le hacía difícil pensar en un cineasta contemporáneo más admirado universalmente que Woody Allen.

Desde el mismo momento en que su nombre se sumó a la larga lista de figuras públicas expuestas en los últimos años a la llamada “cultura de la cancelación”, ese reconocimiento empezó a relativizarse. Aunque los hechos nunca pudieron demostrarse, las acusaciones de una supuesta agresión sexual contra Dylan, una de las hijas adoptivas de la extensa relación que el realizador mantuvo con Mia Farrow, condicionaron quizás para siempre la ilustre carrera previa del realizador y alentaron una corriente de repudio que incluyó a algunas de las estrellas que habían trabajado en sus películas. Nombres famosos (Timothée Chalamet, Kate Winslet, Natalie Portman) que dijeron que jamás volverían a trabajar con él.

Otros, en cambio, salieron de inmediato a defenderlo. Entre ellos su exmujer Diane Keaton, que mantuvo ese respaldo hasta el momento de su inesperado fallecimiento, el 11 de octubre pasado. Allen devolvió ese gesto al despedirla con palabras sentidas y muy conmovedoras que aparecieron por primera vez en la revista digital Free Press.

Woody Allen y su esposa, Soon-Yi Previn, en la apertura de una obra teatral en el Lincoln Center, el 30 de septiembre último
Woody Allen y su esposa, Soon-Yi Previn, en la apertura de una obra teatral en el Lincoln Center, el 30 de septiembre últimoBruce Glikas – WireImage

Dos meses atrás, esa misma publicación nos ofreció la posibilidad de reencontrarnos con Allen a través de una extensa y franca conversación de una hora y media con su creadora, Bari Weiss. El diálogo, disponible en forma completa en YouTube, nos devuelve a un Allen bastante cercano al que siempre conocimos, por más que estén a la vista las inevitables huellas del paso del tiempo.

Con la cabeza casi siempre inclinada hacia su derecha, vestido con la ropa informal de siempre (camisa clara y pantalones caqui) y la expresión más rígida en un rostro casi sin arrugas visibles, Allen habla con voz más pausada, ya no muestra el gesto ansioso de antaño y a veces le pide a su interlocutora que repita la pregunta (seguramente por alguna dificultad auditiva), pero conserva a pleno la lucidez mental y la capacidad para sostener con algunos de sus gestos de siempre (el balbuceo constante) una charla tan prolongada.

Para quienes siguen prestándole atención al arte de Woody Allen, disfrutan con la revisión de sus grandes películas y creen en la vigencia absoluta de su mirada sobre el mundo, el momento más importante de la entrevista se relaciona con su posible regreso al cine. La última película escrita y dirigida por Allen, la número 50 en su carrera, es Golpe de suerte en París (2023) y si bien desde ese momento, en distintos testimonios públicos, el director sugirió la posibilidad de que ese título (filmado en Francia y protagonizado por actores francoparlantes) fuese el último de su carrera, nunca cerró del todo esa puerta.

Frente a Bari Weiss, Allen confirmó esa intención. E insistió en ella en algunas otras entrevistas que concedió en estos últimos meses y semanas. Solo volvería a hacer películas si consigue financiamiento y sobre todo si alguien pone a su disposición la cantidad de dinero necesaria para llevar a cabo el proyecto. “Siempre tengo problemas con la financiación porque quieren saber de qué trata la película y qué estrella va a actuar. Y yo no quiero tener que debatir nada de eso”, reconoció recientemente a la pregunta específica sobre el tema que le hizo el diario español El País.

Allen durante el rodaje de Golpe de suerte en París, la última película que filmó hasta ahora
Allen durante el rodaje de Golpe de suerte en París, la última película que filmó hasta ahoraThierry Valletoux

Con Weiss mencionó directamente una cifra: 15 millones de dólares. Es lo que aparentemente necesita para filmar una película y no consigue en los Estados Unidos, donde el veto y la “cancelación” a su figura se mantienen. Sus dos últimos largometrajes pudieron hacerse porque contó con respaldo económico europeo. Antes de Golpe de suerte en París se estrenó Rifkin’s Festival (2020), producida y filmada íntegramente en la ciudad de San Sebastián, en el norte de España.

En Madrid

A fines de octubre surgió la posibilidad concreta de que Allen vuelva a España para hacer realidad un nuevo proyecto. Fue muy comentado en ese momento el anuncio oficial de que el gobierno regional de Madrid (encabezado por la presidenta comunitaria Isabel Díaz Ayuso) invertirá un millón y medio de euros en la producción de la próxima película de Woody Allen.

Los detalles del contrato ya fueron difundidos en las redes oficiales de la Comunidad de Madrid. El acuerdo estipula que la película deberá rodarse en la capital española y sus alrededores y que deberá incluir la palabra “Madrid” en el título. El primer 10 por ciento del desembolso llegará una vez que haga “la comunicación internacional del rodaje en Madrid”, otro 10% una vez concretada la “visita institucional al rodaje” (¿de las autoridades?), un 15% más luego de la realización de “la avant premier en el festival internacional de Berlín u otro de similar prestigio”, y un 20% luego de la presentación (en Madrid, por supuesto) de la película con la presencia de sus principales protagonistas.

El monto será saldado por completo cuando la película se estrene en tres capitales internacionales importantes. Y se fijó un plazo de 26 meses para llevar a cabo el proyecto, cuya fecha final no debe superar al 31 de diciembre de 2027. Para ese momento, el director ya habrá cumplido 92 años.

Allen toca el clarinete junto a una orquesta de jazz, en un festival realizado en 2023 en Italia
Allen toca el clarinete junto a una orquesta de jazz, en un festival realizado en 2023 en ItaliaErnesto Ruscio – Getty Images Europe

Allen no agregó un solo dato más al respecto en las apariciones públicas que tuvo en los últimos tiempos. Solo trascendió una suerte de primer título para la etapa preparatoria del proyecto: WASP Madrid. La intención expresa de las autoridades del gobierno regional es utilizar la próxima película de Allen como herramienta de gran impacto para la fuerte campaña que vienen realizando desde hace bastante tiempo para posicionar a Madrid como uno de los más importantes destinos turísticos del planeta.

Ajeno a todas estas derivaciones políticas, Allen reveló en la conversación con Weiss que la dedicación excluyente que le brindó al cine dejó en un completo segundo plano otros proyectos que ahora, con casi 90 años, encuentra la oportunidad de desarrollar. El principal es la publicación de su primera novela, ¿Qué pasa con Baum? (216 páginas), publicada en español por Alianza Editorial.

Allí se cuenta la historia de un escritor judío que no tarda en meterse en problemas, llevado por los avatares de su propia personalidad (es un hombre ansioso, inteligente y con varias neurosis a cuestas). “Es como una película de Woody Allen, pero en el formato de un libro, y aborda un tema fundamental de nuestra época: la idea de que una acusación, una vez realizada, equivale a una condena”, sintetizó Weiss.

“Es un drama cargado de hipocondría, paranoia, fobias varias, sentido trágico de la vida, neurosis urbana, complejo de inferioridad, resentimiento y ansiedad. Pero en contrapeso a esta carga temática, el tono es el de casi todas sus últimas películas: ligereza, chispazos de humor filoso y una sorprendente fluidez narrativa”, escribió el guionista, realizador y ensayista Juan Villegas en su reseña de la novela para la revista digital Seúl. Woody Allen en estado puro, esta vez en versión literaria.

Diane Keaton y Woody Allen en los tiempos de su unión creativa y amorosa
Diane Keaton y Woody Allen en los tiempos de su unión creativa y amorosaArchivo

En la entrevista con El País, Allen reconoció que originalmente pensó en la trama de ¿Qué pasa con Baum? como si fuera una película: “Pero era incómodo hacerlo. Tenía que encontrar el dinero, mantener reuniones, conseguir un actor, ir a un lugar y dirigirlo. Si hacía una novela no iba a ser caro y además siempre me gustó escribir prosa. Decidí hacerlo así y disfrutarlo”.

Así como reconoce que su vida se caracteriza desde siempre por la rutina bien entendida, la repetición de ciertos hábitos y el espíritu hogareño, las recientes entrevistas concedidas por Woody Allen desde su lugar en el mundo, Nueva York, permanecen todo el tiempo alrededor de un puñado de temas muy precisos: la política (“Nací demócrata, así que siempre que hay una administración republicana sospecho y me quejo”), la libertad de expresión (“Mientras exista siempre habrá humor, lo importante es que ese derecho se proteja”), la comedia (“No importa lo mal que se pongan las cosas, la gente siempre hará chistes. Incluso en la Alemania nazi se hacían en voz baja”), el antisemitismo (“Siempre existirá, porque como dice aquella cita de Einstein, somos un ‘grupo lastimoso’”), la actualidad (“No soy un director político y si hiciera hoy una película me enfocaría en las relaciones humanas y familiares más que en alguna indagación de tipo sociológico”) y su eterna pelea con la muerte, ese hecho irreversible sobre el que pronunció una frase memorable, de las mejores de toda su cosecha: “No le temo a la muerte, solo que no me gustaría estar allí cuando suceda”.

De la muerte acaba de hablar muy específica y concretamente Allen cuando Bill Maher lo invitó a conversar en su podcast Club Random. El resultado fue otra larga y reveladora conversación de 90 minutos que se hizo, como la de Bari Weiss, hace un par de meses. “Me desmoronaré antes que el universo. Quiero decir que en diciembre cumpliré 90 años y planeo morir en los próximos años”, dijo con el espíritu irónico de costumbre.

“He tenido mucha suerte –agregó allí-. Mis padres eran longevos, pero ¿sabes? Hablé con gente que me dice: qué increíble, tienes 95 años, te ves tan bien, eres tan vigoroso, y todo va de maravillas hasta que de repente te mueres”. Nada que nos sorprenda viniendo de un hombre que pasó toda su vida recurriendo al humor como talismán y protección frente a la certeza de que la existencia humana tiene un límite.

Woody Allen lo sabe, pero hace de cuenta que para lo inevitable todavía falta y por eso aprovecha el tiempo para cumplir con sus asignaturas pendientes. Tiene otra novela en marcha, la expansión de una obra de teatro que lleva un año de montaje en Hungría y próximamente llegará a Alemania y Rusia, y por supuesto la película que lo llevaría de nuevo a filmar en España. Como para que se siga hablando de él, mientras celebramos sus 90 años, como un creador (y no solo cineasta) universalmente reconocido.

Fuente: Marcelo Stiletano, La Nación