Murió Jorge Zuhair Jury: el hombre que escribió con Leonardo Favio la épica de los olvidados

El escritor, guionista y director tenía 89 años

Hermano del cineasta y cantante, inscribió su nombre como coguionista de buena parte de sus películas y fue el autor de los relatos que dieron origen a algunas de sus obras esenciales.

Jorge Zuhair Jury, escritor, guionista, director y hermano de Leonardo Favio, murió este domingo a los 89 años. Su nombre quedó ligado de manera inseparable a una de las filmografías fundamentales del cine argentino: fue coguionista de buena parte de las películas de Favio y el autor de los relatos que dieron origen a algunas de sus obras esenciales.

Mendocino de origen, Jury construyó una literatura nacida lejos de los moldes académicos y cerca de la calle, los oficios, la oralidad y las historias de los hombres y mujeres de los márgenes. Esa mirada sobre las postergaciones, las soledades y la dignidad de los personajes populares encontró en el cine una forma privilegiada de expresión. Y encontró, en su hermano Leonardo, al cineasta capaz de llevar esas historias a una dimensión poética extraordinaria.

Juntos construyeron una de las duplas creativas más singulares del cine nacional. Jury fue coguionista de Crónica de un niño solo, El dependiente, Juan Moreira, Nazareno Cruz y el lobo, Soñar, soñar y Gatica, el Mono. El romance del Aniceto y la Francisca estuvo basada en su cuento “El cenizo”. No se trató solamente de una colaboración profesional: había entre ambos una memoria común, una infancia compartida y una misma manera de mirar.

“Jamás discutíamos por un guion. Compartíamos la mirada porque nos criamos en las mismas conmociones. El engrandecía mis historias”, contó Jury en una entrevista con Página/12. Y enseguida explicaba aquello que hacía de Favio algo más que un intérprete de sus textos: “Si leés El romance del Aniceto y la Francisca, un libro que fue reeditado hace poco, vas a leer la película paso a paso, frase a frase”. El film, estrenado en 1967, se convirtió en una de las obras centrales del cine argentino.

Jury aportaba historias, personajes y una lengua nacida de la experiencia; Favio transformaba ese material en imágenes, sonidos, movimientos y tiempos cinematográficos propios. Jury nunca ocultó el origen de esa sensibilidad. “Yo hice hasta cuarto grado, mi hermano no sé si llegó a tercero. Cuando yo tenía 21 años y él 19 recién empezamos a adaptarnos a Buenos Aires…”, recordaba al suplemento Radar de Página/12. Y encontraba en aquella infancia compartida una de las claves de la obra de ambos: “Con mi hermano aprendíamos más en la calle, mirando”.

De esa mirada surgieron personajes alejados de las convenciones del cine argentino de entonces: marginales, delincuentes, trabajadores, enamorados, hombres solitarios, mujeres atravesadas por el deseo y la frustración. Jury decía que no necesitaba juzgarlos: “El mediocre era mediocre; el imbécil, imbécil”.

Pero su trayectoria no quedó encerrada en la obra de Favio. Jury fue también director de cine. En 1978 estrenó El fantástico mundo de la María Montiel. Dirigió, además, La mayoría silenciada, El largo viaje de Nahuel Pan, Doña Ana, Tobi y el libro mágico y El piano mudo, esta última una ficción sobre la historia del enorme pianista Miguel Ángel Estrella y su prisión en el Penal Libertad (vaya paradoja) durante la dictadura uruguaya, que la filmó en Tucumán.

Con su muerte desaparece una figura fundamental aunque muchas veces opacada por la dimensión gigantesca de su hermano. Porque detrás de buena parte de las imágenes inolvidables de Favio hubo también una escritura: la de un hombre que aprendió mirando, que convirtió las voces del interior y de los márgenes en literatura y que encontró en el cine el modo de hacerlas perdurar.

Sus palabras sobre el cine adquieren hoy una resonancia especial: “El cine es la única rama del arte que posibilita algo que invita a una cita con un sutil sacrilegio. Pero, antes de ampliar y proseguir con esa deducción, quiero dejar la siguiente advertencia: al cine suele llamársele ‘industria o entretenimiento’ y, quiero dejar advertido que industria es una fábrica de chorizos, y que para entretenimiento se saca entradas en un parque de diversiones”.

Fuente: Página12