Antiguos túneles y gastronomía en altura, propuestas para disfrutar en la Ciudad de Buenos Aires

La Casa Rosada es parte del paseo por la historia y manjares, con vista panorámica en el histórico Palacio Barolo.

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El viento frío marca el fin de las cálidas temperaturas que lograron colarse en este domingo de principios de abril en la Ciudad de Buenos Aires.

Plaza de Mayo está casi desierta; el paso firme y apurado de los porteños volverá a hacerse notar con el inicio de la semana laboral.

Desde donde se cruzan la Avenida Hipólito Yrigoyen y la calle Defensa se pueden ver algunos de los edificios más emblemáticos de la Ciudad: a la derecha, la imponente Casa Rosada, y enfrente, el Cabildo y la Catedral.

Sin embargo, la idea no es conocer la historia de estas construcciones, que son una parada obligada para quienes visiten la Ciudad de Buenos Aires, sino lo que ocultan las áreas subterráneas de Monserrat y San Telmo.

“Acá estamos parados debajo de dos túneles”, dice Diego López, guía de Lozada Viajes Vicente López.

Una plaza de Mayo vacía.

Una plaza de Mayo vacía.

Esta y más de 200 actividades se pueden encontrar en la landing page turismo.buenosaires.gob.ar/es/que-hacer-en-la-ciudad, en la que se ofrecen propuestas turísticas para hacer en la capital del país.

Algunos de los recorridos están a cargo de empresas privadas y otros están organizados por el Ente de Turismo de la Ciudad de Buenos Aires.

Buenos Aires subterránea

”Hay un inconsciente colectivo de que existía una ciudad debajo” de la ciudad, explica López, y rápidamente lo niega. “Si bien la ciudad tuvo túneles, y los más importantes son los del siglo XVII y XVIII de la Manzana de la luces, no es cierto que haya estado plagada de túneles”.

Debajo de Plaza de Mayo y de la línea A de Subte, inaugurada en 1913 y creada a cielo abierto, hay una enorme construcción. Se trata de un ferrocarril cuyas obras comenzaron en 1912 y finalizaron en 1916.

Hoy se puede ver a la altura de la calle Sarmiento y de Eduardo Madero la entrada subterránea del antiguo ferrocarril del oeste, hoy conocido como Sarmiento.

Hay quienes dicen que habría túneles debajo de la Casa Rosada. Foto Guillermo Rodríguez Adami.

Hay quienes dicen que habría túneles debajo de la Casa Rosada. Foto Guillermo Rodríguez Adami.

Durante el recorrido llega a tocar los 24 metros de profundidad, hasta salir a la superficie en la estación Plaza Miserere.

Aunque se utilizó para conectar el microcentro con la zona oeste de la ciudad, convirtiéndose en el tren de pasajeros más antiguo, hoy se usa para transportar material rodante.

La cercanía de esta vía única con la Casa de Gobierno generó todo tipo de leyendas.

“Se dice que cuando fue la llamada Revolución Libertadora en 1955, que derrocó Juan Domingo Perón, él se escapó por estos túneles a la cañonera paraguaya para finalmente exiliarse en Paraguay. Pero eso no es así”, cuenta el guía. Desde la Casa Rosada no hay acceso al ferrocarril ni al Subte.

También se vinculan estas construcciones con un búnker que había en Bouchard y Viamonte. «Se construyó cuando comenzó la Guerra Fría, por si se desataba una guerra nuclear. Cuando finalizó el período presidencial de Perón se llegó a visitar con colegios, pero ya no existe más”, dice Diego.

Siguiendo por la calle Defensa nos adentramos en el barrio de San Telmo, el segundo más antiguo de Buenos Aires y donde se instalaron las personas con un buen pasar económico.

Luego de la epidemia de la fiebre amarilla, estas familias pudientes migraron al norte de la ciudad, y la zona se convirtió en un lugar de conventillos.

Parados en la esquina de Alsina y Defensa vemos la basílica de San Francisco, los Altos de Ezcurra, la casa de los Querubines y los Altos de Elorriaga, una casona que no tiene ochava porque es del siglo XIX.

También desde ahí se observa la farmacia La Estrella, una de las primeras que existió en Buenos Aires y que conserva su antigua fachada.

Por debajo de la farmacia La Estrella, una de las más antiguas de la ciudad, habría existido un túnel. Foto: Luciano Thieberger.

Por debajo de la farmacia La Estrella, una de las más antiguas de la ciudad, habría existido un túnel. Foto: Luciano Thieberger.

Se supone que por debajo corría un túnel de este a oeste, que unía la Iglesia de San Juan Bautista, en Piedras y Alsina, con la basílica de San Francisco.

“Estas construcciones eran defensivas, porque lo único que había para evitar el paso era el río. El terreno era llano. Los túneles partían de la Manzana de las Luces y se extendieron a los lugares que tenían importancia en ese momento, que eran las iglesias, porque tenían un campanario que permitía ver el río, y otros edificios importantes no religiosos”.

Caminando por las calles empedradas y adoquinadas del barrio, pasamos por el Colegio Nacional de Buenos Aires y una de las primeras sedes de la Universidad de Buenos Aires.

Debajo de la Manzana de las Luces, que hoy está cerrada por obras, sólo quedan tres ramales de túneles que podrían visitarse.

Entre las leyendas populares, se dice que se transitaban a caballo; sin embargo, era imposible debido a su tamaño: las personas debían pasar agachadas, así que son un caballo no habría sido posible.

Desde el Colegio Nacional Buenos Aires hay una entrada a uno de estos túneles, y se supone que de ahí viene el término ‘ratearse’. “Antiguamente, donde estaba el comedor había una cava de vino, y los alumnos se escapaban del colegio cual ratas, a través de los túneles jesuíticos”, dice Diego.

Actualmente, la Manzana de las Luces está cerrada a las visitas. Foto Andrés D'Elia.

Actualmente, la Manzana de las Luces está cerrada a las visitas. Foto Andrés D’Elia.

En la calle Defensa, entre stands que venden desde piezas artísticas hasta alpargatas y algún que otro turista, llegamos al complejo El Zanjón.

En 1985 un hombre compró la propiedad, que desde 1900 había sido un conventillo y estaba en ruinas. El objetivo inicial era empezar un emprendimiento gastronómico. Hoy se puede ver un arroyo tunelizado que, en teoría, atravesaba la calle Defensa y desembocaba en Paseo Colón.

Partes de la primera persona descuartizada en la Ciudad de Buenos Aires aparecieron flotando en el zanjón. Se decía que había sido ajusticiada por Juan Manuel de Rosas, pero en verdad había como trasfondo un tema de deudas económicas y conflictos “de polleras”.

El paseo se realiza los domingos a las 10 y tiene un costo de  $ 1.350 por persona, incluyendo la entrada al zanjón.

Un almuerzo en altura

Brunch en el Palacio Barolo. Foto German García Adrasti.

Brunch en el Palacio Barolo. Foto German García Adrasti.

En la página web de la Ciudad también aparecen propuestas gastronómicas. En el Palacio Barolo, inspirado en la célebre Divina Comedia, de Dante Alighieri, y famoso por su arquitectura, abrió hace dos años Salón 1923.

Al igual que el poema, la construcción está dividida en tres secciones, Infierno, Purgatorio y Paraíso. En esta última, que es la parte superior, está el exclusivo rooftop cuyo nombre hace referencia a la fecha fundacional del edificio y que cuenta con vistas privilegiadas.

Tiene una decoración antigua: hay libros de época en estantes, un teléfono viejo con un cartel de «prohibido tocar» y un tocadiscos en la entrada.

El Salón 1923, en el Palacio Barolo ofrece, paquetes gastronómicos. Foto: German García Adrasti.

El Salón 1923, en el Palacio Barolo ofrece, paquetes gastronómicos. Foto: German García Adrasti.

El lugar ofrece diferentes paquetes, que van de brunchs a cócteles y cenas. La primera opción es abundante: incluye café, jugo, huevos revueltos, dos bruschettas de jamón, queso, palta, tomates cherries y semillas y medialunas calentitas con jamón y queso.

Como opciones dulces trae tres tortas, una de manzana, un lemon pie y otra de chocolate rellena de dulce de leche. Tiene un costo de 1.800 pesos. Hay alternativas para vegetarianos y celíacos.

Para asistir es necesario reservar con 48 horas de anticipación a través de las redes sociales (instagram @salon_1923). Por protocolo, el local no maneja efectivo.

Fuente: Clarín