Ástor Piazzolla: sus cinco discos indispensables

De Tango en Hi Fi a Reunión cumbre, cinco álbumes de distintas épocas que sobresalen en la extensa producción musical del bandoneonista

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Frente a semejante obra como compositor, director, arreglador e intérprete, coherente y a la vez heterogénea, el desafío de elegir cinco discos de Ástor Piazzolla es una empresa prácticamente imposible. Por eso pedimos además la opinión de estudiosos, biógrafos, familiares y analistas musicales, todos conocedores profundos del trabajo del marplatense. Entre coincidencias y discrepancias, llegamos a esta lista que les proponemos. Con la tristeza, por supuesto, de excluir momentos que son igualmente centrales en una discografía tan suculenta. Así, dejamos afuera los registros del Octeto Buenos Aires, las canciones con Horacio Ferrer y Amelita Baltar, la operita María de Buenos Aires, el Octeto Electrónico, discos imprescindibles como Suite troileana-LumièrePulsaciónMúsica popular contemporánea de la ciudad de Bs. As.La camorra o 57 minutos con la realidad, y algunos excelentes registros en vivo como The Vienna Concert o The Central Park Concert. Los cinco elegidos (por orden cronológico):

Tango en Hi-Fi

Ástor Piazzolla. Su bandoneón y su orquesta de cuerdas. Music Hall 12.033 (1957)

Salido del tango más clásico de sus arreglos para Troilo y otros directores del género y habiendo pasado por la experiencia parisina de su maestra Nadia Boulanger, Piazzolla empieza a definir sus nuevos caminos. La segunda parte de los años 50 fue el tiempo del famoso Octeto, su experiencia más atrevida hacia la música académica del siglo XX, y a la vez de los resabios del tanguero más tradicional. Allí se enmarca este álbum que hizo al frente de una orquesta de cuerdas y con grandes solistas: Elvino Vardaro en violín, Jaime Gosis en piano, José Bragato en cello y Juan Vasallo en contrabajo. El disco contiene piezas tradicionales como “Loca bohemia”, “La cumparsita” e “Inspiración”, el no tan conocido “Del bajo fondo” de José y Osvaldo Tarantino, y varias propias: “Tango del ángel”, “Melancólico Buenos Aires”, “Tres minutos con la realidad” y “Prepárense”. Aquí está, además, la voz de Jorge Sobral para “Fuimos” y “Siempre París”, en ese formato en el que le gustaba tratar las voces a Piazzolla, sin estridencias, dejando las búsquedas musicales para los instrumentos y poniendo al cantor en un lugar preponderante.

El tango

Jorge Luis Borges-Astor Piazzolla. Canta: Edmundo Rivero. Recita: Luis Medina Castro. Polydor 27128 (1965)

Fue el encuentro de dos personalidades bien distintas, artística y personalmente, que seguramente se admiraban pero que se mostraron discordantes; con mucho escrito al respecto. El lado A abre con un poema recitado, sigue con otros cuatro textos hechos canción –”Alguien le dice al tango” y las milongas “Jacinto Chiclana”, “El títere” y “A Don Nicanor Paredes”- y se cierra con la “Oda íntima a Buenos Aires”. Para esto, Ástor dirigió su quinteto, con José Gosis, Oscar López Ruiz, Antonio Agri y Kicho Díaz. El lado B rescata una suite para recitante, canto y doce instrumentos, escrita originalmente unos años antes en Nueva York, para un ballet de Ana Itelman sobre “El hombre de la esquina rosada” que jamás se concretó. Pero lo más notable, es cómo esa pulseada de gigantes redundó en un trabajo tan sólido, con textos que parecen haber sido escritos para las músicas –y no al revés, como sucedió-, con el grupo y con Luis Medina Castro y Edmundo Rivero en su mejor expresión, y con una creación-interpretación de “El títere” que puede estar cómodamente entre lo más destacado de la discografía piazzolleana.

Adiós Nonino

Ástor Piazzolla y su quinteto. Trova ST-5027 Estéreo (1969)

Por esta época, Piazzolla estaba conduciendo uno de sus mejores quintetos –aunque hubo varios excelentes y distintos-, uno de sus “instrumentos” camarísticos preferidos. Y en tal sentido, Dante Amicarelli al piano, Antonio Agri en violín, Kicho Díaz en contrabajo y Oscar López Ruiz en guitarra eléctrica supieron dar la solidez buscada, en una mezcla de tanguismo clásico y modernidad, al bandoneón líder y a sus arreglos. El disco tiene varios estrenos; por caso, “Otoño porteño”, la segunda de las Estaciones porteñas luego del “Verano” escrito en 1965. Y merecen destacarse los maravillosos solos de Amicarelli –sobre todo en la cadencia de “Adiós Nonino” y el “Final” de la suite Tangata (Silfo y Ondina)-, la brillantez del sonido tanguero-académico de Agri, el barroquismo bachiano en el armado de “Coral” –”el más intelectual de los temas”, según Ástor- y la “Fugata” de la suite, o la profundidad del registro grave del bandoneón en los acordes plaqué y golpeados en el comienzo del “Otoño” que escapan luego a una melodía típicamente piazzolleana.

Libertango

Ástor Piazzolla. Trova XT-80083. Estéreo/Mono (1974)

Aquí tenemos a un Piazzolla en un gran momento en su “etapa italiana”. En esa ebullición, escribió especialmente la serie de los temas “tango”: “Undertango”, “Novitango”, “Amelitango” –rebautizada y casi abandonada por él luego de la ruptura amorosa con Amelita Baltar-, el muy inspirado “Tristango”, el más popularizado “Violentango” y, claro, “Libertango”, la composición más tocada actualmente en el mundo, que ha superado en derechos de autor a la que dedicara a su padre Nonino. Fue grabado en Milán en mayo de 1974 con Piazzolla conduciendo de una orquesta de músicos italianos, conformada entre lo popular y lo clásico y con el órgano muy presente en varios momentos. Entre lo que merece particular atención están las búsquedas tímbricas solísticas que se desprenden de los tutti, que están en todo el LP pero que sobresalen en “Undertango”, en las sobregrabaciones de bandoneón para una versión sintética de “Adiós Nonino” y en sus propios solos de bandoneón para “Tristango” y para “Meditango”.

Reunión cumbre

Ástor Piazzolla-Gerry Mulligan. Trova DA-5000. Estéreo/Mono (1975)

Piazzolla confirmó su admiración previa por el saxofonista barítono Gerry Mulligan cuando lo escuchó en vivo en París en 1955. Sin embargo, a la hora de concretar el encuentro artístico fue el argentino quien terminó llevando todo a su redil. Es este un disco de tango, en el personal estilo ya muy bien consolidado del marplatense, con los aportes jazzísticos de un solista genial que juega como invitado. Fue Ástor el autor de siete de los ocho temas originales, con excepción de “Aire de Buenos Aires” del norteamericano. Es ésta una obra integral, organizada como una gran sucesión de piezas para dúo de instrumentos concertantes y orquesta. En ese sentido, hay momentos particularmente destacables en “Cierra tus ojos y escucha”, “20 años después” o “Reunión cumbre”. Nacido uno y criado el otro en Nueva York, paradójicamente, el disco se grabó en Italia. Y la orquesta, difícil de asociar con otros géneros, incluye tanto instrumentos clásicos -piano, violín, viola y cello- como populares –guitarra y bajo eléctrico, teclados, batería, percusiones varias y marimba-. Para el anecdotario: Piazzolla terminó muy mal con el saxofonista fallecido en 1996, quien padecía problemas de alcoholismo que enloquecían a su colega.

Fuente: Ricardo Salton, La Nación