Charly García revelado: oído absoluto, primera canción, el por qué del bigote bicolor y una banda falsa

El 23 de octubre cumple 70 años. Su vida se cuenta en historias que atraviesan nuestra Historia. Aquí, sus grandes momentos.

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El maestro tiene una cuerda desafinada. Eso le dijo el niño Carlos Alberto García Moreno (legalmente cambiado, pasada la mitad de los noventa, a García Lange, para reflejar el lado materno de la familia de su padre) a su madre Carmen, en ese entonces productora del ambiente del folclore.

La escena tiene lugar en una casa de Caballito. El “maestro” era Eduardo Falú. “A ver, ¿qué es lo que dice el chango?”, preguntó Falú, según el libro No digas nada de Sergio Marchi. Carmen trató de restarle importancia, pero Falú, curioso, quiso saber a qué cuerda se refería Carlitos, quien señaló la quinta.

Una vez que Falú se cercioró de que el niño, quien ya venía impresionado a los adultos por su precocidad en el piano, tenía razón, llegaron a la conclusión de que tenía oído absoluto, una condición que permite reconocer cualquier nota, no sólo de instrumentos sino producida por cualquier objeto, sin un tono de referencia: por ejemplo, a Charly le gusta decir que las bocinas en Buenos Aires están en Si bemol, no así las de Madrid.

No se sabe cuánta gente tiene esta capacidad: estimaciones hablan de una entre diez mil. Tampoco se ha podido establecer una correlación directa entre esta condición y el talento artístico.

Hay dos temas que «compiten» por el honor de ser «la primera canción» de Charly: Corazón de hormigón y Espejos.

Charly García y Nito Mestre despidieron Sui Generis con dos conciertos en el Luna Park.

Charly García y Nito Mestre despidieron Sui Generis con dos conciertos en el Luna Park.

El vitíligo

Carlitos había nacido en una familia originalmente de posición acomodada. Vivía en un petit hotel en Caballito y era un niño por demás tranquilo.

Sus padres decidieron realizar un largo viaje por Europa, dejándolo a él y a su hermano Enrique al cuidado del personal doméstico y de una abuela. Pero, durante el viaje, Carlitos supo cómo era la soledad, y su cuerpo también: el lado derecho de su cara se llenó de manchas blancas.

Esta reacción nerviosa afectó su pigmentación cutánea. Cuando Charly comenzó a dejarse el vello facial, esta condición se convirtió en su icónico bigote de dos colores, u ocasional barba, como se la puede ver en 1975 en el Adiós Sui Generis. Curiosamente, una de sus fotos más célebres, la de la portada de Yendo de la cama al living (1982), está invertida, ubicando el bigote blanco a su izquierda.

«Canción para mi muerte» (Sui Géneris, verisón original, 1972)

La primera canción

Charly venía tocando en recitales de piano en el conservatorio Thibaud-Piazzini desde los cuatro años, pero su profesora Julia Sandoval alentaba en él una carrera como concertista y no como compositor.

Hay dos candidatas a primer opus García, de acuerdo a sus relatos. Corazón de hormigón habría sido escrita a los 8 años, en 1959, dedicada a su madre e inspirada en las melodías del Club del Clan, pero éste no hizo su aparición sino recién en 1962.

En todo caso, la canción fue cantada a dúo con Palito Ortega e incluida en el demoradísimo Kill Gil, finalmente editado en 2010. Antes, en 2000, Sinfonía para adolescentes, el disco-reunión de Sui Generis, presentó Espejos, compuesta por Charly a los 10.

Su madre estaba tan orgullosa de la canción que le pedía que la interpretase ante los ilustres visitantes provenientes del folclore y el tango que pasaban por la casa familiar.

La conscripción

“Mami: esto es una cagada. Pero dentro de todo es horrible”, le escribió Charly a su madre desde Campo de Mayo, el destino que ella había conseguido que le tocase para realizar el servicio militar.

García la pasó todo lo mal que se podía esperar de alguien como él. Hizo las mil y una por zafarse, desde fingir químicamente un soplo al corazón hasta sacar a pasear a un cadáver cuyo destino tenía que ser la morgue.

Finalmente le dieron la baja por –según les dijo a los periodistas Daniel Riera y Fernando Sánchez– “neurosis histérica, personalidad esquizoide”.

Unos años más tarde, el período inspiró una canción (Botas locas) que debería haber sido incluida en el tercer álbum de Sui Generis, Pequeñas anécdotas sobre las instituciones (1974), pero fue censurada por el productor Jorge Álvarez: “Yo formé parte de un ejército loco, tenía 20 años y el pelo muy corto. Pero, mi amigo, hubo una confusión, porque para ellos el loco era yo…”

Pero en Campo de Mayo, García compuso la canción que cambiaría no sólo su vida, sino el derrotero del rock argentino…

Canción para mi muerte

Según le dijo al escritor Daniel Chirom para un libro realizado en colaboración en 1983, la creación del tema icónico de Sui Generis fue expeditiva: “En diez minutos, mientras todos estaban durmiendo”.

Luego de intoxicarse con pastillas en uno de sus intentos por conseguir la baja médica, alucinó la presencia de un ángel en el hospital de Campo de Mayo. Ya recuperado de los efectos, García escribió la letra y concibió la música, pero tuvo que esperar la visita de Nito Mestre, o más precisamente, de la guitarra que este traía, para terminar de darle forma.

Después de probarse sin suerte por varios sellos, Sui Generis fue aceptado en 1972 por Talent, donde Jorge Álvarez manejaba la producción general y Billy Bond, líder de La Pesada del Rock and Roll, la realización de los discos.

Este último opina sobre ese momento bisagra para la escena, luego de la meseta producida tras las separaciones de la primera generación dorada ( Los Gatos, Almendra y Manal):

El rock tenía un futuro bastante incierto, no pasaba de un ghetto, era un fenómeno porteño. Sui Generis, que era una línea folk, quiebra el hielo entre la familia y el pibe rockerito. Es decir, el rock pesado agarraba a los pibes, pero no a las chicas, salvo a las más underground. Cuando entra Sui Generis con Canción para mi muerte, el mercado se da vuelta porque la nena, la mamá, la familia, inclusive el pibe que era medio rockerito, se vuelca a escuchar este tipo de música. Además, nos abren las puertas en las radios y es aceptado masivamente como producto que lo llamaron rock nacional, pero en verdad es música nacional. Es decir, moviliza un mercado que estaba durmiendo y lo despierta para siempre”.

No hace mucho Charly me dijo: ¿Te acordás, Rauli, que nosotros creíamos que con el piano y la guitarra íbamos a cambiar el mundo?
Raúl Porchetto, músico

Charly García, María Rosa Yorio y el hijo de ambos, Miguel (1977).

Charly García, María Rosa Yorio y el hijo de ambos, Miguel (1977).

María Rosa Yorio

En 1974, comenzó el proyecto Porsuigieco: la idea era que Raúl Porchetto, Sui Generis y León Gieco se iban a reunir con la idea de formar una editorial donde publicar sus canciones con el fin de tener el control de su obra escrita y de sus liquidaciones.

Pero la capacidad organizativa era muy baja comparada con las ganas de hacer música. A ellos se sumó –en todo menos en el nombre del grupo, aunque cobraba en partes iguales– la primera mujer de Charly, María Rosa Yorio, madre de su hijo Miguel (nacido en 1977).

María Rosa lo conoció antes de la salida de Vida (72), fue la musa de varias canciones, entre ellas Bubulina, un apodo que García tenía para ella, tomado de la película Zorba, el Griego.

Quedó un disco en estudio (1975) y –más allá de un posterior show en Uruguay– una breve gira por la provincia de Buenos Aires, que Raúl Porchetto recuerda ahora:

Era el primer micro que salía de gira en el rock argentino, lo había contratado quien había sido un compañero mío de facultad. Era una novedad para todos: estábamos directamente en otro mundo. Cada uno leyendo libros, o habíamos logrado conectar el equipo de sonido a una batería en el micro, e íbamos escuchando Crosby, Stills, Nash & Young. Estaba todo bien, lo que nos importaba era la música. No hace mucho Charly me dijo ‘¿Te acordás, Rauli, que nosotros creíamos que con el piano y la guitarra íbamos a cambiar el mundo?’”

Adiós Sui Generis

El productor Jorge Álvarez le espetó a Charly que había decidido matar a la gallina de los huevos de oro, o sea, a Sui Generis. Juntos inventaron para Argentina el concepto de separación con gran despedida: Adiós Sui Generis.

Dos fechas en el Luna Park el 5 de septiembre de 1975, dos discos en vivo, y una película prohibida para los menores de 18 que igual habían asistido a los shows. Hay una escena muy triste y solitaria post despedida multitudinaria. Charly y León Gieco, con sus respectivas parejas, comían a solas en un restorán de Corrientes y Callao. “Loco, hace media hora dominaba a un Luna Park lleno de gente y ahora estoy acá solo”, le dijo Charly a Gieco.

El precio de la fama y la paranoia

Aquello de “Para quién canto yo entonces”, que se preguntaba García en el tercer álbum de Sui Generis, había dado pie a las canciones del primer LP de La Máquina de Hacer Pájaros, el nuevo grupo progresivo de Charly.

Ahí se asumía como estrella de rock que sufría las consecuencias negativas de la fama y de sentirse alienado. Pero la pregunta central del segundo disco de La Máquina estaba en el tema que titulaba Películas (1977), parido en el momento más oscuro del país, donde Charly no encontraba esperanzas acá (Hipercandombe) o directamente le pedía al oyente que no se dejase matar (No te dejes desanimar).

Aun así, no perdía ni la ironía ni el humor: Charly inventaba una banda falsa. Como recuerda Carlos Cutaia, el otro tecladista del grupo: “Giovanni y los de Plástico fue un show de humor musical durante la presentación de La Máquina de Hacer Pájaros en el Luna Park. En un momento nos retiramos y Charly dice: ‘Ahora vamos a darle la oportunidad a un grupo nuevo’. Después de que se agregaran algunos instrumentos, salimos disfrazados y cuando empezamos a tocar el público se dio cuenta de que éramos nosotros. Fue muy divertido”.

Pero García estaba cometiendo uno de los peores pecados para la prensa que tenía internalizada la represión de entonces: bailar en escena. Y no se lo perdonaron. Otros tiempos.

En 1982, Charly fue acusado de «transar» por haber aceptado el sponsoreo de una marca de pantalones.

Charly, David Lebón, Oscar Moro y Pedro Aznar: Serú Girán.

Charly, David Lebón, Oscar Moro y Pedro Aznar: Serú Girán.

Zoca, Serú y la grasa

Con su segundo álbum La grasa de las capitales (1979), Serú Girán comenzó a ganarse al público y la prensa argentina que le habían resultado esquivos al presentar su debut (78), grabado en Brasil y los Estados Unidos con producción de Billy Bond.

La audiencia no había entendido ni el manejo de la ironía del grupo en sus shows en vivo, ni el solipsismo de un lenguaje inventado (“Cosmigonón, gisofanía, Serú Girán”) en un momento en que se esperaba música con mensaje.

García (ya con su segunda mujer y musa, la bailarina brasileña Zoca Pederneidas, a quien había conocido en Buenos Aires como parte del ballet de Oscar Araiz) y David Lebón habían vivido su propio exilio en Buzios, componiendo sobre el éxodo real (“Autos, jets, aviones, barcos, se está yendo todo el mundo”), alimentándose de la pesca de Lebón y tomando ácido lisérgico.

Para La Grasa, con una sátira a los medios de comunicación (el formato de tapa de Gente), lograron plantear el clima de hartazgo (“¡No se banca más!”) y soledad que se vivía en la Argentina bajo el Proceso.

Eso sí, consciente del poder de los medios, poco después de la salida del disco, García no tuvo problemas en sentarse a la mesa de Almorzando con Mirtha Legrand (a quien le cabrían unos cuantos dardos del tema título) junto a Nito Mestre para promocionar sus respectivos proyectos.

Charly García hace «No bombardeen Buenos Aires»

Solista y democrático

Tal como le contó García a Gloria Guerrero en la revista Humo® en 1982, el 2 de abril lo sorprendió entrando al estudio de grabación: “Rogué que no bombardearan Buenos Aires y seguí haciendo mi trabajo. (…) Si me enganchara con lo que pasa afuera, me volvería loco (…) Porque no quiero planificar mi vida al compás de la realidad absurda que me rodea”.

Yendo de la cama al living, su debut solista, fue presentado en diciembre de 1982 en Ferro, ante un récord de entonces de veinticinco mil personas, y con la participación de Mercedes Sosa, censurada en la retransmisión televisiva.

Cambia, todo cambia: en el mismo estadio en el que veintidós años después García daría otro show épico, esta vez bajo la lluvia, en un festival auspiciado por una cerveza, en el ‘82 le llovieron las críticas por ser un pionero del sponsoreo al pautar con la marca de pantalones Fiorucci, algo de lo que acusaría recibo en su canción de 1983 Dos cero uno (transas).

El momento culmine fue, a lo The Wall, el bombardeo de la escenografía realizada por su habitual socia Renata Schussheim durante No bombardeen Buenos Aires. Ahí nació ese Charly que, ya en Clics Modernos (83), sería la voz de la transición democrática, gracias a himnos como Los dinosaurios.

Spinetta / García

Según Fito Páez, la reunión de Charly García y Luis Alberto Spinetta, era como “la de Los Beatles”. Hubo unos demos, pero fue clave la aparición en el programa televisivo Cable a tierra tocando Rezo por vos.

Mientras tocaban, el departamento de García en Coronel Díaz y Santa Fe (en donde aún sigue viviendo) se incendiaba por enchufar una videocasetera a un triple para dejar grabando dicha presentación,

Mala señal: el trabajo se canceló. Si bien habían compartido escenarios, no volverían a hacerlo hasta 2009. El disco se iba a llamar Cómo conseguir chicas, título utilizado por Charly en 1989.

Charly Garcia, Pedro Aznar y David Lebón: reunión cumbre en el Teatro Colón.

Internaciones

La hija de la lágrima (álbum de 1994) dividió las aguas como nunca antes. Coincidió con su tintura de rubio en homenaje al recientemente muerto Kurt Cobain, y con su posterior segunda internación forzada (demasiadas horas sin dormir, excesos químicos).

Aquí está la génesis del resto de la carrera de García: entrar al estudio con poco material definido, sesiones maratónicas poniendo a prueba la resistencia de todos los demás involucrados, happenings continuos.

Todo en pleno 1 a 1, con videoclips rodados en Miami para un MTV Latino que acababa de nacer. El sello Sony lo promocionó como una “obra maestra”, pero no alcanzó las ventas de El amor después del amor (1992) de su alumno aventajado Páez.

Charly pasó de ningunear a Menem a tocar para él.

Charly pasó de ningunear a Menem a tocar para él.

Charly & Charly

“Es un burro el que crea que Nemen, o como se llame, es solución a algo”, decía García en 1989, mientras se presentaba en shows a favor del candidato radical Eduardo Angeloz.

Diez años después, en junio, estaba en la Quinta de Olivos tocando Los dinosaurios para un Carlos Menem en retirada, tras haber trabado relación –dónde si no– en la sesión de fotos de Los personajes del año de Gente de 1998.

En marzo, García había hecho subir a las Madres de Plaza de Mayo ante 250 mil personas en Puerto Madero, tras suspender su plan de arrojar maniquíes desde un helicóptero en pleno show como alegoría de los vuelos de la muerte. ¿Qué fue lo de Olivos? ¿Gesto de confusión? ¿Intercambio de favores políticos por causas judiciales? ¿O sólo una gran performance?

El noveno piso

Más de una vez, Charly García se metió en entuertos en los que era totalmente inocente y de los que encontraba salidas muy poco ortodoxas. Cuando el 2 de marzo de 2000, un policía de Mendoza le hizo saber de muy mala manera que todos (en teoría) somos iguales ante la ley, García no encontró mejor forma de demostrarle lo contrario que saltando la mañana siguiente desde el noveno piso del Hotel Aconcagua a una pileta semillena.

Había un método: entre otros objetos, como prueba García había arrojado un muñeco de goma del Gato Silvestre (el de la Warner). Se lo vio salir de Mendoza atado en camilla. El Charly más trash.

La amistad impensada: Charly y Palito.

La amistad impensada: Charly y Palito.

El rescate de Palito

Quiso el destino que una de las principales figuras asociadas a la recuperación de García, monitoreada por la Justicia tras su internación producto de su último escándalo en Mendoza en 2008, fuese Ramón Ortega.

Décadas atrás, Palito lo había demandado por calumnias e injurias tras declaraciones suyas. Pero la amistad de Charly con algunos de sus hijos fue el puntapié para el inicio de una relación que también fue un ramo de olivo que cierto sector del rock argentino le tendió a la figura de Ortega.

La quinta del tucumano en Luján fue el lugar donde Charly pudo continuar con su difícil tratamiento y a la vez, tener un estudio de grabación a su disposición. El 30 de marzo de 2009 reapareció en un mini recital frente a la Basílica de Luján; meses después, emprendió una gira latinoamericana coronada por un estadio de Vélez bajo el agua: el llamado concierto subacuático.

Pedro Aznar, Charly García y David Lebón en el Teatro Colón, el 13 de febrero de 2019. Foto: Martín Bonetto.

Pedro Aznar, Charly García y David Lebón en el Teatro Colón, el 13 de febrero de 2019. Foto: Martín Bonetto.

¡Al Colón!

García finalmente llegó al Colón en 2013. De vuelta, hubo anuncios y planes ambiciosos, pero el resultado final Líneas paralelas no se alejaba demasiado del formato revisionista del espectáculo 60 x 60 (2011).

“Cuando fui convocado, lo primero que me aclaró Charly es que había tenido desavenencias con Alejandro Terán porque su modelo de orquestación era muy ‘pesado’ en términos sinfónicos: quería poner, además de una gruesa línea de cuerdas, maderas, vientos, percusión”, cuenta el arreglador y director Patricio Villarejo.

El show fue filmado y compaginado, grabado y mezclado (García hasta habló de hacer una película), pero la producción permanece inédita. Su único disco con grabaciones nuevas desde su internación en 2008 ha sido Random (2017), presentado de manera esporádica, repentina y a sala llena, hasta que la pandemia lo permitió. El año pasado, Charly García apareció en un disco que le dedicó Roberto Pettinato. ¿Y mañana? Nunca se sabe.

Fuente: Clarín