El pueblo vasco de «Patria»: heridas abiertas y de la serie no se habla

En Hernani, los vecinos no sonríen a los forasteros. En este rincón de España, las paredes muestran a los miembros de la organización terrorista ETA que siguen presos. Todos hablan de dolor, pero casi nadie menciona el libro ni a la nueva serie que es furor en todo el mundo.

adasdasd

De eso no se habla en las calles de este pueblo vasco donde los vecinos no sonríen a los forasteros: en la patria de Patria, la novela de Fernando Aramburu que vendió más de un millón de libros, todo el mundo sabe de qué se trata pero (casi) nadie la leyó.

Tampoco la miniserie de tevé -inspirada en las casi 650 páginas publicadas en 2016 y de la que ya se vieron los primeros capítulos- parece haber arraigado en esta tierra que acuna y desgarra la historia que Aramburu quiso contar sobre el dolor doméstico y colectivo que inyectó ETA, la organización terrorista que usó la violencia para luchar por la independencia del País Vasco. Un infierno portátil al que ETA los condenó, sin piedad, durante más de cuatro décadas y hasta aún después de 2011, cuando anunció que abandonaba la lucha armada.

Es ese el punto de partida de la novela que irá haciendo sangrar, por dentro y por fuera, a los protagonistas de dos familias, unidas por una amistad feliz, que terminarán destrozadas, en orillas opuestas y buscando respuestas para que las heridas que unos provocaron en otros dejen de supurar.

“ETA lleva 52 años trágicamente presente en la vida de los españoles. Ha asesinado a 864 personas. Desde la primera víctima han pasado 43 años. De la última, sólo uno”, dice el noticiero de octubre de 2011 que Bittori, viuda de Txato, asesinado por ETA, mira en el primer capítulo de la miniserie.

Bittori, a quien sus hijos mudaron a la rastra a San Sebastián luego del atentado, decide entonces volver al pueblo, que fue donde mataron a su esposo, para saber si el tiro del final lleva el nombre de Joxe Mari, el hijo mayor de su entrañable amiga Miren, al que ella vio crecer junto a sus propios chicos.

En la miniserie, el noticiero de 2011 sigue resumiendo algunas cifras de ETA: “El mayor de esos atentados con víctimas se produjo hace 24 años: murieron 21 personas y 45 resultaron heridas. En la actualidad hay 709 presos de ETA en la cárcel”.

Póster de publicidad de la serie "Patria" . Foto Cezaro de Luca

Póster de publicidad de la serie «Patria» . Foto Cezaro de Luca

En España, el primer capítulo de Patria se podía ver por Telecinco sin estar abonado a la plataforma online que produce la serie pero aquí, en esta geografía de Guipúzcoa que Aramburu se encargó de no bautizar en la ficción pero que en la vida real coincide con el municipio de Hernani, la mayoría de la gente dijo: “No, gracias. Paso”.

A diez minutos en auto desde San Sebastián, con sus 20 mil habitantes y una fisonomía que un recién llegado podría definir como protectora de los que le pusieron el cuerpo a la lucha abertzale (patriótica), a Hernani le es indiferente el fenómeno Patria, por más que haya obtenido el Premio Nacional de Narrativa en 2017 y que ahora haya llegado a la pantalla.

No leí el libro ni vi la película pero aquí las heridas permanecen abiertas”, dice Joni, el responsable de la Zunkoenea taberna, donde hay menú de sidrería por 28 euros -un menú fijo-, la ración de langostinos a la plancha cuesta 10 y los pimientos rellenos de bacalao, 9.

hernani

Un hombre entra a leer El diario vasco detrás de un cuadro con los retratos de algunos etarras que están en prisión y que Hernani venera como mártires. “Para nosotros son presos políticos” , dice Joni mientras se baja el barbijo y sale a fumar.

La taberna está al inicio del casco histórico de Hernani, una de las escenografías favoritas del nacionalismo vasco más radical que se solidariza en banderas y pintadas soberanistas con Cataluña desde que la autonomía que da al Mediterráneo probó en vano declarar su propia independencia en 2017.

Els carrers serán sempre nostres”, suelen cantar los catalanes para reivindicar que “las calles serán siempre nuestras”, expresión que en Hernani es patria y credo.

Una mujer camina por la Plaza Constitución, en Hernani. Foto: Cezaro de Luca

Una mujer camina por la Plaza Constitución, en Hernani. Foto: Cezaro de Luca

Basta reparar en la liturgia pagana que reivindica a los militantes de ETA como héroes para comprender el cero interés que hay aquí en hablar de Patria. Carteles que piden amnistía, afiches que promocionan la proyección del documental Insurgencia, retratos de etarras graffiteados en la pared de un bar o sobre el frontón verde de la plaza en la que la Bittori de ficción se encuentra cada vez más seguido con Arantxa, la hija de su ex amiga y hermana de Joxe Mari, el terrorista que, sospecha, es el culpable de su viudez.

Sin permiso para filmar en Hernani

“En la novela el pueblo no tenía nombre, pero se dan algunas claves como que estaba cerca de Donostia (San Sebastián), que era un pueblo mediano con un río, una iglesia importante… Por algunos datos se podía deducir por la distancia y algo más que era Hernani, pero no pudimos grabar allí”, confesó Aitor Gabilondo, el creador de la serie que en un principio iba a dirigir el argentino Pablo Trapero quien luego, por desacuerdos, fue desplazado del proyecto. Los primeros capítulos quedaron entonces en manos del director navarro Félix Viscarret y la segunda parte, a cargo de Oscar Pedraza.

El alcalde de Hernani, Xabier Lertxundi, no dio permiso para que el pueblo se convirtiera en un set. “No era conveniente en aquel momento porque no iba a ayudar en la recuperación de la convivencia en nuestro pueblo”, dice Lertxundi a Clarín.

“Cuando se ha vivido un conflicto tan largo e intenso, la recuperación de la convivencia lleva tiempo y es contraproducente querer acelerar los ritmos. Hay que adaptarse a lo que cada municipio necesite -explica el alcalde-. En Hernani hemos dado pasos, pero aún estamos en una fase temprana en el camino de recuperar esta convivencia.”

Patria

Lertxundi, de 36 años, le pone palabras a lo que numerosos vecinos que él gobierna sienten: “Aquí ha habido un conflicto, que, aunque ETA dejara las armas en 2011, aún no ha finalizado. En Hernán todavía tenemos presos y presas que están sufriendo un régimen carcelario excepcional, un régimen que no se aplica a ningún otro colectivo de presos, por muy graves que sean sus delitos, y esta política excepcional sigue provocando el sufrimiento de decenas de familias en Hernani, familias que se ven obligadas a hacer miles de kilómetros cada semana poniendo en riesgo sus vidas en la carretera. Esta situación no facilita para nada que se avance en la convivencia”.

-¿Qué opina respecto de que se vuelva, a través de una novela y de una serie de televisión, sobre los años vividos en el País Vasco mientras la organización ETA estuvo activa?

-Series y novelas que se decantan claramente por dar visibilidad a un único punto de vista, como Patria, y que deja de lado y obvia el sufrimiento de otras muchísimas víctimas, realmente no aporta nada positivo a la convivencia. Yo diría que incluso la podría perjudicar el seguir priorizando un relato nada objetivo sobre la situación. Este tipo de actuaciones va en contra de lo acordado en el Ayuntamiento, que es no categorizar ni priorizar a unas víctimas sobre otras. En Hernani tenemos claro que debemos decidir entre todos los hernaniarras cómo y a qué ritmo estamos preparados para avanzar. No necesitamos que vengan de fuera a decirnos lo que pasó aquí.

“Los queremos en casa” dice la pancarta que atraviesa la Kale Nagusia, en el centro histórico, allí donde Hernani se vuelve peatonal. A la altura de la marisquería, la pancarta reproduce 14 retratos de etarras detenidos: Ainhoa, Ibon, Beinat, Andoni, Imanol, Hxabo, Gurutz, Karlos….

En las vidrieras de la librería Elkar hay espacio para La increíble historia de la pelota vasca, para el último libro de Ken Follet y para el de Rosa Montero, pero no para un ejemplar de Patria. Ni de la edición linda, ésa que cuesta 21,75 euros. Ni de la de bolsillo, más económica, que vale 13,95 y que en Madrid y en Barcelona hasta tiene vidriera propia en las principales cadenas de librerías.

"Presos y refugiados a casa". Es lo que dice este mural, en las calles de Hernani. Foto: Cezaro de Luca

«Presos y refugiados a casa». Es lo que dice este mural, en las calles de Hernani. Foto: Cezaro de Luca

En el pueblo, que además fue sede del periódico nacionalista Egin -clausurado por el juez Baltasar Garzón en 1998- no hay indicios de la serie. Ni uno de los afiches que sí pueblan las paradas de colectivo en San Sebastián y que en Madrid generaron revuelo cuando la gigantografía que se desplegó en la Plaza de Callao, justo donde en el ‘95 ETA acribilló a un policía municipal, concedió igual protagonismo a dos escenas de la serie: la del cuerpo ensangrentado de Txato apenas baleado y la de un etarra, esposado y desnudo, durante una sesión de tortura.

“Desacierto”, lo calificó Fernando Aramburu. “Incumple una norma que yo me impuse cuando escribí mi libro: no perder de vista el dolor de las víctimas del terrorismo, tratarlas con la empatía y el cariño que merecen. La serie, en mi opinión, sí lo hace”, opinó el autor de Patria.

“Quisimos ser felices y nadie pudo”

Hay tumulto en la Gudarien Plaza de Hernani, ante la puerta del Ayuntamiento, un edificio trabajado y sostenido por siete arcos que voló por los aires en 1875, durante la última guerra carlista, y fue reconstruido 24 años después.

Un Mercedes negro con un moño de tul presagia una boda de sábado gris. Se casan Idoia y Joseba. Con lluvia torrencial y barbijos pitucos para la ocasión. El País Vasco es la quinta comunidad autonómica con más casos de covid de España.

Pegadita al Ayuntamiento, la iglesia de San Juan Bautista da la perspectiva ideal para que Tania de Luca y Malen, dos estudiantes del 21 años, pispeen el casorio y critiquen sin ser escuchadas.

No van vestidas de gala pero llevan paraguas, un imprescindible en estas tierras donde la borrasca Alex agobia con lluvia, viento y olas que en la bahía de la Concha de San Sebastián llegan a los ocho metros de altura.

“Somos amigas de la hermana de la novia. Pero no estamos invitadas”, sinceran las chicas.

¿Habrán leído Patria? ¿Estarán viendo la serie?

Fernando Aramburu

“Todavía no leí la novela porque cada vez que la pido en la biblioteca municipal está prestada”, se excusa Malen, que cursa Administración de Empresas en San Sebastián.

“Yo tampoco la leí pero sé bien de qué se trata”, apura su respuesta Tania, estudiante de Derecho. “Es un tema con el que crecimos. En mi familia no pasó nada pero cuando era chica, a veces salía de mi casa y había manifestaciones o actos por la liberación de algún etarra detenido. Yo no entendía mucho pero me lo explicaban -cuenta Tania a Clarín-. Además, cuando estás fuera de España o en otras regiones más allá de Euskadi, me hacen preguntas si se enteran que soy vasca.”

“La historia transcurre básicamente en los ochenta y los noventa y es justo la época en que yo era niño y luego adolescente y me llegó muy de lleno todo lo que se vivió. Tengo amigos de ETA, tengo amigos asesinados por ETA, conozco a extorsionados, y lo que más me gustó de la novela es que contaba la historia al nivel humano en el que yo lo había vivido, a ras de suelo, sin debates políticos”, dijo Gabilondo, que respetó casi textualmente los diálogos de los personajes del libro de Aramburu.

Taberna. En Zunkoenea hay un cuadro con los presos políticos que dice: "No podemos ser libres sin ellos"". Foto Cezaro de Luca

Taberna. En Zunkoenea hay un cuadro con los presos políticos que dice: «No podemos ser libres sin ellos»». Foto Cezaro de Luca

“No leí la novela pero si quiere saber cosas que pasaron en este pueblo, sepa que aquí al lado, delante de la puerta de su casa, en el número 36, le dispararon en la cabeza a Felipe Sagarna, un hombre bueno al que le gustaba la juerga y hacía percusión en las fiestas del pueblo”, cuenta a Clarín Patxi Gastermendi, un vecino de 75 años que se está tomando un vino blanco en el Deportivo Edaritegia de Hernani, una taberna forrada en madera que bien pudo haber inspirado la Sociedad Gastronómica en la que almuerzan seguido los personajes masculinos de Patria. “Ni idea -dice Jone, la mujer que atiende el bar desde hace más de 40 años-. No leí el libro. No me gusta leer.” Sagarna simpatizaba con Herri Batasuna, el brazo político de ETA. Su asesinato, en 1980, fue reivindicado por el Batallón Vasco-Español. En Hernani una calle lleva su nombre.

“Todos quisimos ser felices y nadie pudo serlo”, dice un oficial de la Ertzaintza, la policía autonómica del País Vasco, que asistió a la proyección de los ocho capítulos de Patria seguidos durante el último Festival de Cine de San Sebastián. “Hay un elemento común en todos los protagonistas y es el sufrimiento. Todos sufren por tener sus vidas completamente rotas por el dolor de quien ha perdido un padre, un marido asesinado. O rotas por el dolor de tener a un hijo en la cárcel al que probablemente jamás verán en libertad.”

Patria, por suerte, es pasado y es memoria”, dice a Clarín un comisario de la Ertzaintza. Tiene 53 años y recuerdos que aún se le atragantan. Como aquella madrugada en la que una vecina le tocó timbre para avisarle que había visto movimientos raros en torno al auto de su esposa que al día siguiente pensaba usarlo con su hijita.

“Me resultaba duro ver a mi hija de dos años imitar mi gesto de mirar debajo del auto cada vez que estábamos por salir -admite el comisario-. Todavía hoy conservo la costumbre.”

La escena del atentado

Cuando el “no” a filmar en Hernani se confirmó, la producción recorrió casi 40 pueblos del País Vasco buscando la geografía ideal que recreara el ambiente espeso y sombrío los ’80 y los ’90 en los pueblos vascos.

Los momentos cruciales de la serie transcurren entonces en Soraluze, un pueblo de 4.000 habitantes a unos 40 minutos de San Sebastián, que le abrió las puertas al equipo de la miniserie.

Sobre la calle Santa Ana Kalea del siglo XVII, en el mismo lugar donde se filmó la escena que abre y cierra el primer capitulo de Patria, ésa en la que Bittori desespera bajo la lluvia mientras da vuelta el cadáver ensangrentado de su marido, hoy hay un racimo de nenas, de entre 10 y 12, que juegan a pasear solas por el pueblo comiendo golosinas.

Acá se filmó la primera escena de la serie, donde Txato es asesinado por ETA, en la localidad de Soraluze. Foto Cezaro de Luca

Acá se filmó la primera escena de la serie, donde Txato es asesinado por ETA, en la localidad de Soraluze. Foto Cezaro de Luca

El alcalde del Ayuntamiento de Soraluze, Iker Aldazabal, accedió con gusto a la propuesta de rodar en el pueblo que gobierna desde hace 5 años. “Me resultó una sorpresa. La estética urbana del municipio se asemeja mucho a la de los años ’80. Tuvimos cierre de calles, cambios en la estética y en el mobiliario urbanos pero era una oportunidad a nivel de publicidad”, se sincera el alcalde: “Es un municipio castigado por tasa de desocupación y la tasa de inmigración ronda el 9 por ciento”.

Aldazabal, de 43 años, pertenece al Partido Nacionalista Vasco y gobierna Soraluze en coalición con el Partido Socialista. Aún recuerda la tarde en la que, desde la ventana de su despacho y bajo una lluvia ficticia, fue testigo de la filmación de la escena del atentado. “En este mismo puente, en el ’87, ETA asesinó a un guardia civil, a cinco metros de donde se rodó la secuencia”, recuerda.

“Hemos padecido la lacra de la violencia de ETA. Y queremos mirar al futuro. ETA trajo desgracia, dolor y muerte -dice Aldazabal a Clarín-. Como nacionalista, hay que decir que tenemos nuestra cultura, nuestra lengua y, en ese aspecto, defendemos lo nuestro, pero se ha mezclado mucho el nacionalismo con ETA. La lucha armada no tiene nada que ver con lo que defendemos.”

Mural en la localidad de Hernani. Foto Cezaro de Luca

Mural en la localidad de Hernani. Foto Cezaro de Luca

¿Buenos y malos?

“La novela es un relato de partes. Es muy maniquea y por eso hay población de Hernani que no va a querer saber nada”, dice a Clarín Javier Buces, investigador de la Sociedad de Ciencias Aranzadi que trabajó sobre las violaciones a los Derechos Humanos en Hernani y en otros municipios vascos.

El resultado de su trabajo, que reúne los delitos cometidos por ETA, por las fuerzas de seguridad y por los grupos de extrema derecha desde los inicios de la organización armada hasta hoy, se puede consultar en www.hernanioroimena.eus.

Patria es una novela que tiene una clara intencionalidad política pero, para deslegitimar a una parte, lo que hace es obviar o tocar por encima lo que ha sido la violencia de la otra parte -opina Buces-. Y en Hernani hay muchísimos casos de tortura, de destierros forzosos.” Para el investigador, “a nivel España, la serie Patria va a tener éxito porque es un relato fácil. Hay unos buenos y hay unos malos, pero la sociedad vasca y la de Hernani conocen una realidad mucho más compleja”.

ETA: 3.000 atentados en 40 años

foto
  • 1959Fundación de la organización terrorista Euskadi Ta Askatasuna, tras la expulsión de miembros de las juventudes del Partido Nacionalista Vasco. Busca construir un Estado socialista en Euskal Herria e independizarse de España y Francia.
  • 7.6.1968Primer asesinato. José Antonio Pardines Arcay, al frente de la Guardia Civil descubre un auto con matrícula robada. Al pedir los papeles, es asesinado.
  • 1980El año con mayor cantidad de víctimas fatales: 93. El 1° de febrero, asesina a seis agentes de la Guardia Civil mientras escoltan un cargamento de material militar.
  • 9.9.1985Atentado con coche bomba cargado con 10 kilos de explosivos contra un colectivo de la Guardia Civil en la plaza de la República Argentina, de Madrid.
  • 25.4.1986En Madrid, una camioneta-bomba mata a cinco guardias civiles y hiere a cuatro de gravedad.
  • 14.7.1986En la plaza de la República Dominicana, Madrid, una camioneta-bomba accionada a la distancia mata a 12 guardias civiles (de entre 18 y 26 años) y hiere a 45 personas, siete de ellas civiles que esperaban en una parada de colectivo.
  • 19.6.1987El mayor atentado de la organización se perpetra en el estacionamiento del centro comercial Hipercor de Barcelona: en él, mueren 21 personas, entre ellos cuatro menores. Deja también 45 heridos.
  • 11.12.1987Un Renault 18 con 250 kilos de explosivos estalla junto a la casa cuartel de Zaragoza, donde viven los conductores de la Guardia Civil y sus familias. Mueren 11 personas, seis de ellas menores. 88 heridos.
  • 29.5.1991Un comando mata a nueve personas, entre ellas, cinco menores, en la casa cuartel de la Guardia Civil de Vic, a 60 kilómetros de Barcelona.
  • 16.3.2010Último asesinato. Matan en territorio francés a un brigadier de la Policía del Orden de Francia, en un tiroteo en la calle luego de una persecución por el robo de autos.
  • 20.10.2011ETA anuncia su “cese definitivo”. El saldo: 3.000 atentados, 864 muertos y más de 7.000 víctimas. La mayoría de los afectados son policías y militares, aunque el 41 % de las muertes son de civiles: jueces, políticos, periodistas, empresarios y catedráticos.
  • 2018La organización deja de estar operativa y se disuelve.

Juanjo Alvarez Rubio es un catedrático de la Universidad del País Vasco y cofundador del Instituto de Gobernanza Democrática, un centro de investigación política y social. Según él, “los vascos tenemos una austeridad emocional muy en los genes. No creo que sea miedo el recelo a hablar porque el fenómeno Patria está intentando volver al elemento maniqueo de los buenos y los malos. Creo que hay que aceptar que hubo una violencia inadmisible, mucha gente que la soportó y una gran mayoría de gente que, no estando a favor, tampoco hacía nada”. Y agrega: “No soy neutral. Tomo partido por las víctimas pero soy imparcial. Hay gente que no identifica como víctimas a los que sufrieron torturas y fueron asesinado por los GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación) y, del otro lado, gente que encuentra una justificación política a la violencia de ETA porque proviene de una violencia franquista.”

Para el catedrático es más preciso hablar de convivencia que de reconciliación en el País Vasco. “Hay mucha gente que no está dispuesta a una reconciliación como un acto con un corte de cinta en el que nos decimos: ‘Nos perdonamos todo lo que hicimos’ -sostiene Alvarez ante Clarín-. Bildu no alcanza cuotas de mayor transversalidad social porque sigue no reconociendo abiertamente que matar, secuestrar, estigmatizar estuvo mal y que es inadmisible en democracia.” “Creo que la gente no habla más por cansancio que por miedo. No hay que tomarlo como hostilidad o miedo”, opina el catedrático.

Banderas de Euskadi y Catalunia, unidas por sus deseos independentistas, en Hernani. Foto Cezaro de Luca

Banderas de Euskadi y Catalunia, unidas por sus deseos independentistas, en Hernani. Foto Cezaro de Luca

En su último libro, Utilidad de las desgracias, una recopilación de artículos que acaba de publicarse en España, Fernando Aramburu reflexiona sobre la memoria: “A las víctimas cercanas en el tiempo, la memoria les ofrece un espacio, acaso el único y cada vez más tenue para una posible reparación y también para la solidaridad y el afecto de algunos, antes del olvido definitivo”.

Y afirma: “La llamada ‘memoria histórica’ debería servirnos para algo más que ajustar cuentas, reavivar rencores o tratar de cambiar a voluntad el signo de los viejos tiempos.”

En Hernani, esa memoria parece haber abierto la puerta a una cierta serenidad que permite la convivencia entre su gente: la de aquellos que fueron víctimas de la mano alzada de ETA con los que tuvieron que asumir las consecuencias de haber creído que alzarla era el mejor camino. No logran, sin embargo, liberarse de la tensión que aún hoy permanecen sus miradas, sus silencios. No. Al menos, por ahora, no.

Fuente: Clarín