Claudia Piñeiro, contra la hipocresía: una novela policial con femicidio y aborto clandestino

“Catedrales”, su nuevo libro, arranca con una joven muerta en un baldío. La autora de “Las viudas de los jueves” muestra la doble moral. Y hasta se mete con el lenguaje inclusivo.

En el principio, hay una chica muerta. El cajón -atención, es una pista- está cerrado. Lo cuenta su hermana, Lía, que en el entierro rompe la armonía de una familia católica con un anuncio: “No creo en Dios”.

Así empieza Catedrales, la nueva novela de Claudia Piñeiro, que -un sello de la autora de Las viudas de los jueves- mete las garras en el presente: femicidioaborto clandestino​, un triste papel de la Iglesia.

Piñeiro -ni falta hace decirlo- se ha convertido en una activista por los derechos de las mujeres y un referente de la “marea verde” que lucha por la legalización del aborto. Levantó un pañuelo verde en 2018, cuando le tocó abrir la Feria del Libro de Buenos Aires, usa un brazalete de ese color como parte de la coquetería cotidiana.

La novela está estructurada en siete voces. Siete narradores que, como en sistema de postas, se van pasando una historia en la que es necesario ir y volver en el tiempo: Ana apareció muerta en un baldío hace treinta años, el cuerpo había sido descuartizado y quemado, hay una amiga que dice que en realidad murió en sus brazos pero a la que nadie escucha, hay otra hermana -mayor y severamente católica-, hay un sobrino de la víctima, hay un seminarista y un padre que sigue buscando la verdad: nunca se supo quién la mató y Lía cortó relaciones con casi toda la familia y se fue del país por eso.

De verde. Claudia Piñeiro en el discurso inaugural de la Feria del Libro 2018.  /Archivo Clarín.

De verde. Claudia Piñeiro en el discurso inaugural de la Feria del Libro 2018. /Archivo Clarín.

“La próxima revolución será la de los ateos que salgan del closet”, dice Piñeiro, parafraseando al científico Richard Dawkins. Es que este libro, que la autora define como “un policial”, arranca por ahí: “No creo en Dios hace treinta años”, dice Lía. Y chau.

-¿Declararte ateo hoy en día te deja fuera de la familia? ¿Es para tanto?

-¡Te deja fuera del mundo! Vi una encuesta, hecha en Estados Unidos, en la que preguntaban si votarían a gente de tal o cual religión. Las respuestas, en las distintas religiones, iban del 89 al 95 por ciento. Cuando preguntaron por los ateos, fue del 50 por ciento. La gente no confía en alguien ateo porque cree que es una mala persona. Cuando, en realidad, uno puede pensar que tener fe es ser parte de una neurosis colectiva. Queda muy mal decir esto…. es como ofender al otro. Pero hay una sobrevaloración de la fe.

“La gente no confía en alguien ateo porque cree que es una mala persona”

-Vos creés que en Occidente el papel de la fe es muy grande?

-Sí, en Occidente en general y en Latinoamérica en particular. Latinoamérica es el último baluarte; está el evangelismo, pero la Iglesia Católica​ como institución pesa. Por eso tiene tanto miedo de que se apruebe el aborto en Argentina y que eso se desparrame en la región, porque Latinoamérica es el último baluarte que tienen.

-Estás trabajando también en una serie de televisión sobre una familia evangélica…

-Sí, con Marcelo Pineyro estudiamos la religión siendo los dos ateos. El evangelismo da alegría, contención, habla de estar bien. Han hecho mejor su marketing.

-¿Vos venís de una familia católica?

-Fui a un colegio de monjas, soy de familia católica, mis abuelos, mi bisabuela iban a misa todos los días y yo hasta los 26 años fui a misa todos los domingos. Y a los 26 años dije “no creo en nada y soy atea”. Me van a odiar mis lectores católicos. Pero los últimos dos o tres años con las cosas que pasaban en el país con respecto a los derechos de las mujeres, vi cómo la Iglesia Católica se metió a batallar para impedirnos derechos, una Iglesia que está atravesada por la pedofilia, la corrupción, por la complicidad. Todas cosas que no tienen que ver con lo que se enseña que es ser católico. Todo eso a mí me enojó además. Mis novelas son novelas de personajes y estos personajes están haciendo cosas para rendirle culto, no a un dios, sino a una institución. Me interesa marcar una hipocresía que se da dentro de la religión católica como se debe dar en otras religiones pero yo conozco esta.

Catedrales es atípica como policial. ¿Cómo fue la idea?

-Arrancó con una imagen: tres hermanas, un universo de alguna manera envidiado porque yo tengo un hermano varón. Y por otro lado, la imagen que está en tapa: una chica que entra a la iglesia, que está sola en esa iglesia con algún pesar: Y que se cae una estatua, lo que tiene algo que ver en la historia. Después empiezo a tirar de las cuerdas: qué hay detrás de estas tres hermanas… Y sabía que estaría el punto de vista de uno o varios hombres.

-Y el padre no se resigna a no saber qué pasó.

-Es una muerte de hace 30 años, que no se resolvió, que sigue dando vueltas, que nadie sabe, que hay un padre que sigue buscando. Es algo que tiene que ver mucho con nuestra sociedad, pienso en el padre de Paulina Lebbos, por ejemplo. Padres que siguen atrás de una muerte a la que nadie dio respuesta.

-No se convencen.

-No, porque no es cierto lo que les dicen, o porque hay algo escondido.

-En esta estructura de postas no se cuenta lo mismo, cada personaje avanza en la historia.

-Van aportando cosas diferentes. Por eso el lector empieza a hacer hipótesis de qué pasó. Algunos atan cabos. Algunos lectores atan unos cabos y otros, otros, pero que la conclusión final la tenés en el epílogo. Incluso en el epílogo, que lo hace el padre de la chica, él se reserva ciertas cosas, no dice todo. Y a vos como lector te queda la duda: “¿sabía absolutamente todo y no lo está diciendo o no sabía?” Eso que él dice: “a veces uno puede llegar a la verdad hasta un punto y de ahí no puede pasar porque es intolerable”.

Catedrales

-Hay un personaje, Marcela, la amiga, que sabe algo de lo qué pasó pero no la escuchan. Perdió la memoria inmediata, tiene que anotar lo que hace. Y se llama “Funes”, como el personaje de Borges que recuerda todo.

-Su dificultad no altera lo que está diciendo, sin embargo nadie la escucha. ¿Porque era una chica, porque era una mujer? ¿Por qué nadie la escucha? Hay mucha gente a la que no se escucha porque no se la considera pertinente…

-Y porque no conviene.

-No conviene. A lo mejor dice algo que no queríamos escuchar.

-En este momento, un libro que habla de femicidio y aborto ¿esperás que influya en la discusión?

-No le pido a la literatura que haga eso. La literatura es otra cosa: es contar una historia. Pero, a la larga, la literatura también tiene que ver con la educación sentimental de las personas. No creo que haga una modificación directa sobre nadie hoy pero este libro, más otro libro, más otro libro, más otros libros, pueden imponer otra educación sentimental de las personas, diferente a la que tenemos nosotros como generación y que me parece que nos ha traído bastantes problemas, la de los amores sufrientes.

“El estado de las cosas está haciendo replantearse el lenguaje, porque el lenguaje nombra la realidad y si no la nombra más: algo hay que hacer con eso, ¿no?”

-Cuando empezaste a hablar de aborto hubo lectores que declararon que no te iban a seguir más.

-Uno no escribe pensando que tiene que contentar al universo, porque sino lo que escribís es una porquería. Pero así como aparecieron personas que dicen “no la voy a leer más” por el apoyo a la ley de a borto, también en la última Feria del Libro, cuando presenté Quién no la mayoría de la gente que estaba en el público eran jóvenes: mujeres, varones… algo cambió. Entonces están los que te dicen “no te leo más” y están los que te dicen “ah mirá como piensa, voy a ver qué escribe”.

Aquel tiempo. Claudia Piñeiro en 2005, cuando ganó el Premio Clarín Novela.

Aquel tiempo. Claudia Piñeiro en 2005, cuando ganó el Premio Clarín Novela.

-¿Cómo se cruza la activista y la escritora, cómo lo manejás? ¿Cuánto se te mete el activista en los libros?

-Se hace un poco difícil a veces. Yo trato que la literatura esté lo más aislada que sea posible, pero uno tiene una cabeza y tiene un punto de vista que le da al narrador, es difícil correrse. Con el lenguaje me empieza a pasar. Si tengo que nombrar a un grupo de personas, en la literatura no puedo usar el lenguaje inclusivo pero ya me incomoda hablar de un universal masculino, sin por lo menos poner “los alumnos y las alumnas”. Poner “los alumnos” y pensar que en ese lugar hay 200 mujeres y diez varones me resulta ridículo. Me resulta falso. Me resulta que el lenguaje no está respondiendo a lo que yo quiero decir. Que así no estás nombrando lo que querés nombrar. Es como si dijeras “mesa” y no es una mesa, es una silla. El estado de las cosas está haciendo replantearse el lenguaje, porque el lenguaje nombra la realidad y si nombra la realidad y no la nombra más: algo hay que hacer con eso, ¿no?

-Decís que el universal masculino no es universal.

-Dejó de ser universal.

Claudia Piñeiro Básico

  • Claudia Piñeiro nació en el Gran Buenos Aires en 1960.
  • Es escritora, dramaturga y guionista. Ha publicado las novelas “Las viudas de los jueves”, que recibió el Premio Clarín en 2005; “Elena sabe” (2007); “Las grietas de Jara” (2009), Premio Sor Juana Inés de la Cruz 2010; “Betibú” (2011); “Un comunista en calzoncillos” (2013); “Una suerte pequeña” (2015); “Las maldiciones” (2017) y el libro de cuentos “Quién no” (2018), además de relatos para niños y obras de teatro.
  • En 2019 obtuvo el Premio Pepe Carvalho del Festival Barcelona Negra.

Fuente: Clarín