De Gardel a los grafiteros: Abasto, el barrio museo

Con el antiguo Mercado y el arte urbano, las calles cuentan su historia. Además, abrió una muestra sobre su rol como semillero de artistas. Postal. Una versión de la eterna sonrisa del Morocho del Abasto, en un mural de Marino Santa María.

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Entre el trajín en torno del ex Mercado mayorista (1893) donde hoy funciona el shopping y los pasajes y callecitas de ritmo tranquilo que recuerdan a Gardel con murales y fileteados, entre las antiguas fondas devenidas en coquetas tanguerías y los restaurantes peruanos y de comida típica de otros grupos de inmigrantes, entre una Ciudad Cultural -Konex- y pequeños teatros, el barrio porteño de Abasto-que formalmente es Balvanera- puede ser visto como un museo a cielo abierto

Pero, además, en el Museo Casa Carlos Gardel -otro ícono de Abasto- acaba de inaugurar la muestra «Abasto de artistas», con el foco puesto, justamente, en Abasto como generador de creadores y de espacios culturales. 

La exposición se divide en 3 núcleos temáticos. El primero, «Mañana
del Abasto», expone al viejo Mercado -la estructura actual, con las
cinco bóvedas de hormigón, una de las maravillas Art déco
(https://es.wikipedia.org/wiki/Art_déco) de la Ciudad de
Buenos Aires, inaugurada en 1934- como corazón del barrio.

Calles museo. Gardel y el arte popular, símbolos de Abasto. / Luciano Thieberger.

Calles museo. Gardel y el arte popular, símbolos de Abasto. / Luciano Thieberger.

Joya Art déco. La sede del shopping Abasto, ex Mercado Proveedor, inaugurada en 1934. /Luciano Thieberger

Joya Art déco. La sede del shopping Abasto, ex Mercado Proveedor, inaugurada en 1934. /Luciano Thieberger

«Las esperas de carga y descarga de mercaderías eran amenizadas por música y bailes improvisados -indican a Clarín desde la organización de la exhibición-. Algunos bailarines gozaron luego de fama internacional, como’El Cachafaz. Payadores, como Gabino Ezeiza, alternaban con músicos de tango. Y todo eso embelesó al pequeño Gardel, quien volvió a elegir al lugar ya adulto».

Arte urbano. "Gardel Sk8", del muralista y grafitero Fede Minuchín./ GCBA

Arte urbano. «Gardel Sk8», del muralista y grafitero Fede Minuchín./ GCBA

Mientras llegaban más y más inmigrantes, el barrio, como toda la Ciudad, crecía y se consolidaba. Y al tango se sumaban otras características que todavía lo marcan.

«La ‘semilla de la sociabilidad’ del Mercado derivó en una enorme oferta cultural, cristalizada en una multiplicidad de teatros. Allí se ofrecían piezas en en italiano o en ídish -lengua de los inmigrantes judíos de Europa central y del este-, es decir, tan variadas como los vecinos de Abasto», agregan las fuentes.

Sala. Del Museo Casa Carlos Gardel, durante la apertura de la muestra "Abasto de artistas". / GCBA

Sala. Del Museo Casa Carlos Gardel, durante la apertura de la muestra «Abasto de artistas». / GCBA

Entre las décadas de 1930 y 1950, los teatros de la colectividad judía tuvieron sus años dorados. El Ben Ami -luego auditorio-, con su discreta fachada en Jean Jaurés 746, fue un pionero. Su nombre explica parte de la tradición de Abasto: es un homenaje al actor judío Jacob Ben Ami (1890-1977), quien en 1912 emigró de Minsk, actual Bielorrusia, a Estados Unidos y actuó varias veces en Buenos Aires. Luego llegarían otros emblemas, diversos: El Cubo, el Ciego, decenas. Y la Ciudad Cultural Konex (2005).

Gardel. Una escultura de Mariano Pagés recuerda al Zorzal criollo. /Luciano Thieberger.

Gardel. Una escultura de Mariano Pagés recuerda al Zorzal criollo. /Luciano Thieberger.

Pero a tal punto el Mercado marcó a Abasto que, cuando cerró, en 1984 -dado que la Corporación del Mercado Central limitó la instalación de ese tipo de espacios a 60 kilómetros de la Ciudad-, Luca Prodan escribió la canción «Mañana en el Abasto», sobre “bares tristes y vacíos” y “tomates podridos por las calles».

Teatro. El Cubo, un clásico de Abasto. / Luciano Thieberger

Teatro. El Cubo, un clásico de Abasto. / Luciano Thieberger

La muestra señala cómo, sin el Mercado, los lugares de acopio de mercadería quedaron a la espera de una refuncionalización que tardó más de un cuarto de siglo en llegar. De hecho, el shopping abrió en 1998. Y la muestra apunta también cómo, en tanto, «el barrio se reinventó a sí mismo», como un semillero de arte under, traccionado por la recuperación de la democracia en 1983. En «Abasto reinventado» se exponen un vestido que Batato Barea -definido como «clown-travesti-literato»-, usó en «Parakafé» para recitar poemas de Borges, de Irene Gruss, de Marosa Di Giorgio y de Juana de Ibarborou, y el óleo «Solito va a ir comprendiendo» (1989), de la pintora Marcia Schvartz, quien instaló su taller allí en aquellos años (y quien también pintó a Batato, con un velo celeste, flores, collar de perlas y un revolver en la mano).

"Solito va a ir comprendiendo". Un cuadro de la pintora Marcia Schvartz, de 1989, en la muestra en el Museo Casa Carlos Gardel. / GCBA

«Solito va a ir comprendiendo». Un cuadro de la pintora Marcia Schvartz, de 1989, en la muestra en el Museo Casa Carlos Gardel. / GCBA

"Envolvente de botones". Vestido usado por Batato Barea, ícono del under y de Abasto. / GCBA

«Envolvente de botones». Vestido usado por Batato Barea, ícono del under y de Abasto. / GCBA

«Abasto siglo XXI», la tercera parte de la exposición, se centra en la consolidación de Abasto como polo cultural, con los teatros y con sedes de festivales internacionales -BAFICI o el Mundial de Tango, entre otros-. Con el fileteado, con los murales, con stencil y con otras expresiones de arte urbano.

Luces de Abasto. Íconos populares, a puro color. /Luciano Thieberger

Luces de Abasto. Íconos populares, a puro color. /Luciano Thieberger

La exhibición promete un pantallazo. Unas 47 piezas para evocar fragmentos de esta historia: desde un bandoneón de Troilo hasta «Gardel SK8», stencil de Fede Minuchín -del grupo Run don´t walk, quien contó que pintó con Banksy-, pasando por «Una selfie con Gardel», de Jorge Muscia, a quien Horacio Ferrer bautizó como «el fileteador del tango».

El Ciego. Otro de los teatros que marcan a Abasto. / Luciano Thieberger.

El Ciego. Otro de los teatros que marcan a Abasto. / Luciano Thieberger.

Podría pensarse que la expo se amplía afuera del Museo. Porque recorrer las calles del barrio es también una oportunidad de mirar huellas y de mirar cambios. Adentro y afuera evocás al pibe Gardel gambeteando entre los cajones de verdura del viejo mercado. Los gritos de comerciantes italianos, rusos, turcos de la Babel que fue la Ciudad entre fines del siglo XIX y las primeras décadas del XX. Afuera encontrás bares con el clima y la pinta de arrabal intactos -el Roma, de más de 90 años-. Antiguas casonas y casitas humildes que sobreviven entre edificios. Y afuera redescubrís, además, la sonrisa de Gardel en blanco y negro, la sonrisa de Gardel en clave pop y la sonrisa de Gardel «pintada» con venecitas, en los murales que creó Marino Santa María en el Pasaje Zelaya. Versiones siglo XXI -con aires clásicos- de la sonrisa eterna del Morocho y del Abasto.

Ben Ami. Un pionero de la comunidad judía, ubicado en Jean Jaurés al 700./  Luciano Thieberger.

Ben Ami. Un pionero de la comunidad judía, ubicado en Jean Jaurés al 700./ Luciano Thieberger.

Datos: La muestra «Abasto de artistas», organizada por el Ministerio de Cultura porteño, forma parte del Eje Color del programa Narrativas Cruzadas, un proyecto de la Dirección General de Patrimonio, Museos y Casco Histórico, mediante el cual se busca relacionar a las colecciones de los museos porteños con sus barrios, con las nuevas formas de organizar las muestras y con el público. La curaduría de Eje Color está a cargo de Sebastián Vidal Mackinson. El Museo Casa Carlos Gardel, dirigido por Marina Cañardo, se encuentra en Jean Jaurés 735. Abre lunes, miércoles, jueves y viernes de 11 a 18 y sábados, domingos y feriados de 10 a 19. La entrada general vale $50 y los miércoles es gratis.

1) El Mercado. El viejo Mercado del Abasto Proveedor fue tan importante para el barrio que lo bautizó (formalmente Abasto es parte de Balvanera). Abrió en 1893, fue reformado y ampliado en 1934 y cerró 50 años después. Desde 1998 funciona allí, en Corrientes al 3200, el shopping Abasto.

Por el hormigón de sus cinco naves abovedadas y sus aires Art Déco, fue una novedad en esa década, la de 1930, y todavía impresiona.

Shopping. Funciona en donde estuvo el viejo Mercado, corazón del barrio. / Luciano Thieberger

Shopping. Funciona en donde estuvo el viejo Mercado, corazón del barrio. / Luciano Thieberger

En la construcción del edificio trabajó el arquitecto esloveno Victorio Sulcic -el mismo que diseñó la Bombonera-, junto con su colega Raúl Bes y el ingeniero José Luis Delpini. Pero el Mercado tuvo una sede anterior. Realizada entre 1890 y 1893 con hierro de los talleres Vasena, para algunos investigadores fue el «máximo monumento a la industria argentina». Otros subrayaron los ecos del Mercado de Les Halles, de París en sus techos a dos aguas en tres niveles, por ejemplo. A medida que Buenos Aires se expandía, a esa edificación le sumaron una «fábrica de hielo», un corralón para carros y caballos, un anexo para la venta minorista y una conexión con el ferrocarril. Y luego llegó la gran reforma de los años 30.

2) La casa museo. En la estructura tipo «chorizo», Gardel vivió junto a su madre, Doña Berta -Berthe Gardès– entre 1927 y 1933, en medio de sus giras. La vivienda tuvo luego otros dueños, usos y cambios. Y en 2000, tres años después de que se la declaró Monumento Histórico, pasó a manos de la Ciudad. En 2003, tras restaurarla, abrió como Casa Museo.

La casita de la vieja. Acá, en Jean Jaurés 735, vivió Gardel con su madre. Hoy es un Museo. / Luciano Thieberger

La casita de la vieja. Acá, en Jean Jaurés 735, vivió Gardel con su madre. Hoy es un Museo. / Luciano Thieberger

«El criterio que se adoptó para la obra de 2003 fue el de una recreación escenográfica que sugiriera la vida en una casa sencilla de la época de Gardel. No se trató de una reconstrucción fiel», aclararon a Clarín fuentes oficiales. En 2016, la Dirección General de Museos de la Ciudad de Buenos Aires, decidió modificar nuevamente el espacio «para presentar un guión museográfico nuevo, con algunos objetos originales y a copias de material fotográfico», entre ellas, una de la partida de nacimiento de Gardel cedida por la Municipalidad de Toulouse, Francia.

3) «Abasto de artistas». Así se llama la muestra que acaba de abrir en el Museo Casa Carlos Gardel, con el foco puesto en Abasto como generador de, justamente, artistas y espacios de arte, y en la iconografía gardeliana.

"Una selfie con Gardel". Obra De Jorge Muscia, a quien Horacio Ferrer bautizó como "el fileteador del tango".

«Una selfie con Gardel». Obra De Jorge Muscia, a quien Horacio Ferrer bautizó como «el fileteador del tango».

“Vivo en este modesto barrio obrero porque es mi querido barrio, donde yo cuando purrete pasé momentos de felicidad que hoy, con todos los pesos que tengo en el banco, no puedo comprarme una hora de aquellas”, decía Gardel  según recuerda la invitación a la exposición.

La muestra, dividida en tres núcleos temáticos (atravesados por el auge del Mercado mayorista, entre 1893 y 1984), la vuelta de la democracia en 1983 y la explosión under y las manifestaciones que reúnen tradición y técnicas del siglo XXI) incluye trabajos diversos. Un bandoneón de Troilo, cedido en préstamo por la Academia Nacional de Tango, el vestido que Batato Barea usó para recitar los poemas de Borges, Irene Gruss, Marosa Di Giorgio y Juana de Ibarborou y el óleo «Solito va a ir comprendiendo» (1989), de Marcia Schvartz. Afiches. En total: 47 piezas.

Pinturita de los 80. "Solito va a ir comprendiendo" (1989), de Marcia Schvartz./ GCBA

Pinturita de los 80. «Solito va a ir comprendiendo» (1989), de Marcia Schvartz./ GCBA

4) El Pasaje Gardel. Lo caracterizaron los homenajes a Gardel -la escultura creada por Mariano Pagés fue inaugurada en 2000- y otras figuras del tango, que sufrieron vandalismo. El viejo hotel Chanta Cuatro (1893), uno de los escenarios del Morocho del Abasto, fue convertido hace rato en una coqueta tanguería y restaurante.

"Chanta Cuatro". Iba Gardel y se convirtió en una coqueta tanguería. / Luciano Thieberger

«Chanta Cuatro». Iba Gardel y se convirtió en una coqueta tanguería. / Luciano Thieberger

5) El Pasaje Zelaya. En blanco y negro, pop y con venecitas. En el Pasaje Zelaya y los cruces con las calles Anchorena y Jean Jaurés, Marino Santa María creó entre 2002 y 2005 la intervención “Tango Abasto”, con imágenes del rostro de Gardel, “una estampita en el corazón de los vecinos”. La idea: homenajearlo y ayudar a apuntalar al barrio. A mejorar las casas, los negocios. Por eso, también, por entonces, escribió sobre las fachadas letras de tangos. Entre partituras, una estrofa de “Volver”.

"Tango Abasto". Así se llama la serie que integra este mural, de Mariano Santa María. /Luciano Thieberger

«Tango Abasto». Así se llama la serie que integra este mural, de Mariano Santa María. /Luciano Thieberger

Fuente: Clarín