De Houston a Shanghai, los autos sin conductor ya circulan por las calles: cómo funcionan

El futuro, hoy. En China los pasajeros pueden subirse a un taxi sin chofer. Y en EE.UU, el delivery lo hace un coche autónomo.

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Llegó el día. Los autos que se manejan solos ya circulan por las calles de varias ciudades. Y no se trata de pruebas de funcionamiento en circuitos cerrados, “lejos de la realidad”. Llenos de sensores, estos vehículos autónomos comparten las calles con autos convencionales, con micros, camiones, y hasta se cruzan con peatones.

Shanghai es la ciudad más grande de China y el núcleo financiero de ese país. En un rincón de la enorme urbe que contiene a más de 26 millones de personas funciona Robotaxi, un auto de alquiler sin conductor que cubre un área de 50 kilómetros que conforman el distrito céntrico de Jiading, el Centro de Exhibiciones de Automóviles, el distrito de negocios, y llega a estaciones de subte y hoteles. La iniciativa es de la plataforma tecnológica de movilidad DiDi, nombre que proviene de “Ding ding”, que en chino significa “llamá un taxi”.

Viajar en un Robotaxi es sencillo. Hay que bajarse una app y solicitar desde allí el coche sin conductor para andar dentro de los límites establecidos. Como oficialmente estos viajes todavía están en etapa de prueba, son gratis. Es por ello también que los pasajeros nunca están solos. Por cuestiones legales, siempre hay a bordo un ingeniero, aunque nunca toma los comandos del auto.

Una vez que se solicitó el viaje, solo resta esperar que el auto llegue hasta el punto en el que el GPS localiza al cliente. Ya en el auto, el pasajero debe confirmar el destino tocando una pantalla. El coche, un Volvo XC60, se pondrá en marcha y andará por la ciudad sorteando señales de tránsito, peatones y al resto de los vehículos gracias a los sensores y las cámaras que lleva encima. También, por su enorme capacidad de conectividad.

“Tenemos actualmente más de 40 vehículos autónomos tomando viajes de pasajeros en Shanghai y más de 100 en nuestras pruebas abiertas de carretera en Beijing, Suzhou y Hefei en China, y California, en los Estados Unidos”, dijo a Clarín vía mail Xing Meng, Chief Operating Officer de DiDi Autonomous Driving.

Sobre la cantidad de humanos que hay detrás de un auto autónomo, Meng dijo que “DiDi comenzó a testear coches autónomos en 2016. Y actualmente cuenta con un equipo de más de 500 talentos dedicados a investigación y desarrollo; abarcando percepción, mapas HD, predicción, planificación, control, infraestructura y simulación. Adicionalmente, vamos a capitalizar datos acumulados en nuestra plataforma para correr simulaciones, complementando en gran medida el volumen de datos hoy existente producto de pruebas en campo”.

También en Estados Unidos

Del otro lado del mundo también circulan por calles y avenidas autos sin conductor, pero en este caso son coches pequeños dedicados al delivery de pizza. La empresa de robótica Nuro ya entrega pizzas de la cadena Domino’s en sus simpáticos vehículos R2 en una sector de Houston, la ciudad más poblada de Texas. El encargado de la pizzería sólo tiene que cargar el vehículo y este entrega los pedidos al consumidor en su domicilio. Los únicos dos humanos que intervienen en la operación son el vendedor en el negocio y su cliente, en su casa.

Domino’s selecciona un cliente al azar del área que cubre el R2 para llevar a cabo la orden de entrega, y el cliente recibe notificaciones por mensaje de texto que le indicarán dónde está el pequeño “robocar”. También obtiene un PIN que le permitirá acceder a su pedido cuando llegue.

Una vez que el auto estaciona en el destino, el cliente ingresa el PIN en la pantalla táctil y las puertas se abren y podrá retirar las cajas de pizza.

“¿Un desarrollo de millones de dólares por un robot para entregar pizzas de 8 dólares? Es increíble”, bromeó el comediante y conductor de TV estadounidense Jimmy Fallon en su programa al conocerse la noticia, en abril. Y agregó, como siempre polémico: “Para que sea más fácil la transición del delivery humano al robot, a estos autos le agregarían un poco de olor a marihuana”.

Por su parte, la cadena de farmacias CVS Pharmacy ya hace pruebas de delivery con un R2, también en Houston.

El Nuro R2 entrega pizzas en Houston, Estados Unidos.

El Nuro R2 entrega pizzas en Houston, Estados Unidos.

Pero lo más llamativo es la reciente inversión en Nuro de la empresa de comidas Chiplote. Aunque no se reveló el monto que puso la marca de comidas tex-mex (Nuro recibió más de US$ 1.000 millones de diversos inversores), se sabe que tienen la idea de diseñar un auto de la marca desde cero, especialmente ideado para transportar su comida sin que se derrame ni se enfríe.

Antes, Nuro se había asociado con la cadena de supermercados Kroger, de la cual repartió con sus vehículos autónomos R1 pedidos en Arizona.

Otro paso hacia la robotización de los automóviles se dio a fin del año pasado, cuando el estado de California, Estados Unidos, autorizó la circulación de pequeños vehículos autónomos para el servicio de delivery de todo tipo de productos. Lo hizo el Departamento Automotor de California (Department of Motor Vehicles, DMV).

El pasajero del Robotaxi que circula por las calles de Shangai puede ver en su celular a qué distancia está el auto que lo vendrá a buscar.

El pasajero del Robotaxi que circula por las calles de Shangai puede ver en su celular a qué distancia está el auto que lo vendrá a buscar.

“Este primer permiso es un hito en la evolución de los vehículos autónomos en California. Vamos a seguir con nuestro compromiso por mantener la seguridad en los espacios públicos, mientras acompañamos el desarrollo tecnológico”, dijo Steve Gordon, director de DMV, en un comunicado.

En ese sentido también se pronunciaron del otro lado del mundo. “Creemos profundamente que la conducción autónoma tiene que pasar de ser una novedad limitada a convertirse en una opción eficiente y confiable de movilidad diaria. Sabemos que implica un largo camino pero estamos determinados a superar los desafíos para lograrlo”, finalizó desde Shangai Xing Meng, de DiDi Autonomous Driving.

Fuente: Clarín