Así vivían “las seños” que Sarmiento trajo de Estados Unidos

Jeannette Stevens, Clara Armstrong y Mary Olive Morse tuvieron la responsabilidad de educar a las niñas, a mediados del siglo XIX.

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El Archivo General de la Provincia lleva adelante la guarda y custodia del material de las maestras maestras estadounidenses, que fueron traídas por el Presidente Sarmiento. Mary Olive Morse y Margaret Louise Collord. Foto Orlando Pelichotti/ DLA

Les enseñaron a sus alumnas a ir solas a la escuela sin sirvientes que les llevaran los libros. Fomentaban la gimnasia, cuando era una disciplina considerara «inmoral» en el país. Enseñaban ciencias naturales. Transmitían confianza y entusiasmo en el estudio. A continuación, un recorrido por la vida de tres de las más de 60 maestras que Domingo Faustino Sarmiento, de cuya muerte se cumplen este sábado 133 años y en cuya memoria se homenajea a los docentes cada 11 de septiembre, trajo desde Estados Unidos. 

1. Jeannette Stevens o «Miss Juanita»: fomentaba hacer gimnasia

En 1880, los viajes al interior de la república se solían hacer en diligencia (también llamada galera) y duraban dos o tres semanas. Las diligencias eran tiradas por cuatro o seis caballos (siempre cansados y famélicos, contaban las maestras) y no había postas en los caminos donde comer o descansar.

En marzo de 1884, tres maestras tomaron la diligencia desde Tucumán hasta Jujuy para fundar la escuela normal. Jeannette Stevens, conocida como Miss Juanita entre sus alumnas, iba acompañada de la maestra Theodora Gay y de la joven Felisa de Bustamante, una argentina de 19 años egresada de la escuela de Catamarca.

Felisa había logrado convencer a sus padres de que le permitieran trabajar en la escuela de Jujuy como maestra de música, bajo el cuidado de las dos maestras de Estados Unidos.

El grupo había viajado desde Catamarca a Tucumán en tren, para allí, después de almorzar y lavarse, seguir en una diligencia tirada por seis caballos. Los caminos en muy mal estado entorpecieron el trayecto, pero ellas tenían más “miedo de los indios, pero ellos no nos atacaron”, contó después Felisa.

Jeannette Stevens.

Jeannette Stevens.

Además cometieron un gran error: confiadas en que el camino contaría con casas de postas donde poder comer y comprar provisiones, no llevaron ningún alimento. Las auxiliaron dos dentistas estadounidenses afincados en Salta, que les ofrecieron compartir sus viandas.

Al llegar al río Juramento, el conductor hizo una maniobra que provocó las protestas de Juanita y llevó el carro al agua. Ante el horror de las maestras, el agua empezó a subir desde las tablas del piso.

Juanita comandó la situación mientras les pedía a sus compañeras que treparan a los asientos con las faldas subidas y hacía bromas para tranquilizarlas.

Pero los remolinos arrastraron al carruaje río abajo sin que Juanita, asomada por la ventana dándole órdenes al cochero en su castellano recién aprendido, pudiera detenerlo.

El coche siguió hasta quedar atascado. Entre gritos y sacudidas, sin zapatos ni sombreros, las maestras salieron con las faldas recogidas hasta las rodillas. Miss Juanita tranquilizó a los caballos y empezó a arrancar malezas y a arrastrar troncos para hacer un camino entre los yuyos.

“La señorita Stevens tenía mucho carácter y dijo que no debíamos tener miedo. A las tres horas, pudimos volver al camino, después de seguir su ejemplo empujando la galera”, contó Felisa.

En Jujuy, las esperaba el comité de recepción, “en medio del desierto” describió Felisa. Era el 25 de marzo, 18 días después de la salida de Catamarca.

Miss Juanita fue una de las grandes maestras que vinieron en los contingentes sarmientinos. Al llegar a Jujuy notó que las niñas de buena familia iban a la escuela acompañadas de un sirviente, que las seguía unos pasos más atrás llevándoles los libros y cuadernos.

Con mucha paciencia ella enseñó a las alumnas a ir solas y a llevar sus propios libros. En Corrientes, las dos maestras bostonianas que trabajaron allí también combatieron la misma costumbre argentina, y lograron erradicarla.

Parte de la pedagogía pestazoliana que implantaron las maestras fomentaba la gimnasia, una disciplina considerada inmoral en nuestro país. La gran maestra protofeminista Juana Manso, desde Buenos Aires, también alentaba la gimnasia en sus conferencias, mientras recibía toda clase de burlas e insultos.

Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888) trajo maestras de Estados Unidos para su proyecto educativo en el país.

Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888) trajo maestras de Estados Unidos para su proyecto educativo en el país.

Las maestras sarmientinas estaban influenciadas por las ideas naturalistas que H.D. Thoreau contó en Walden o la vida en los bosquesMiss Juanita llevaba a las alumnas a hacer caminatas de más de diez kilómetros, a tener conversaciones entre ellas sobre las plantas y la naturaleza.

En un viaje a Estados Unidos para visitar a su familia, Miss Juanita llevó de regalo para sus sobrinos dos monos y dos loros. Juanita adoraba a los loros, a los que hablaba en español, y cuando ella se volvió a Jujuy “ellos murieron de tristeza, por no tener con quien hablar español”, contó su sobrina.

Después de terminado su contrato con el gobierno argentino Miss Juanita volvió a vivir en la Argentina porque le gustaba Jujuy y prefería hablar en castellano, “es más cordial, más simpático”, decía, mientras el inglés era “muy frío”.

Al jubilarse se retiró en el Asilo del Buen Pastor de Jujuy, y en sus últimos años se consagró a enseñar carpintería, costura, cocina y lectura a las presas del correccional, hasta que murió en 1929.

2. Clara Armstrong y su entusiasmo por la ciencia

Clara era la segunda hija de una familia de siete hermanos que crecieron en una granja cerca de Buffalo. Rubia y de cara redondeada, ojos celestes muy claros y labios gruesos, a los 15 años ya enseñaba en una escuela rural.

Mientras trabajó en el campo ahorró lo suficiente como para pagarse los estudios en la Escuela Normal de Oswego, en el estado de Nueva York, de donde se graduó a los 22 años. Aprendió francés, alemán e italiano. Con treinta años Clara dejó un puesto en la prestigiosa Escuela Normal de Winona para embarcarse a la Argentina y fundar una escuela normal en Catamarca.

Después de un viaje extenuante en barco, tren y diligencia, Clara y una compañera llegaron a la provincia. La construcción de la nueva escuela normal convocó a toda la población: las maestras, los empleados municipales y hasta el gobernador de la provincia y el intendente trabajaron en la obra. El jefe de policía llevó a un batallón de presos de la cárcel para fregar pisos y bancos.

Miss Clara tenía un gran carácter y era muy fuerte y corpulenta, sus alumnas la admiraban y temían. Era muy coqueta, las alumnas se reían de ella por sus corsés, que entorpecían sus movimientos, y por la cantidad de vestidos y sombreros que se compraba. Pero a la vez era una maestra formidable. No usaba libros, enseñaba ciencias naturales, diseccionaba animales y contagiaba su entusiasmo por la ciencia a sus alumnos.

Clara Armstrong y Frances.

Clara Armstrong y Frances.

Cuando se fue con licencia a Estados Unidos en 1881, Miss Clara dejó a cargo de los fondos de la escuela y la contaduría al profesor alemán Hermann Neader. Parece ser que este profesor era el prometido de Clara, aunque esto no está probado con documentos.

En septiembre de 1883, ella regresó a Catamarca y se encontró con que el Señor Neader había desfalcado la escuela y parte de los ahorros personales de Clara. Según el Registro Nacional, el gobierno aplicó a Clara una multa de un año de sueldos y la embargó, pero tiempo después el Tesoro la liberó de pagar en virtud de sus aportes a la instrucción pública.

Si bien la resolución gubernamental la descargaba de toda culpa, los graves disgustos que había pasado le provocaron fiebre alta, debilidad y un terrible desánimo.

Pese a su carácter fuerte y autoritario, Clara Armstrong era generosa y de buen corazón. No mucho tiempo después de estos percances tomó a su cargo a una alumna enferma de tuberculosis para llevarla a su casa, donde con descanso, sol y buena alimentación terminó curándola. Pagó los estudios de una de sus alumnas de Catamarca para que se preparara para ser maestra de jardín de infantes en Paraná, y adoptó a una niña, hija de un maquinista irlandés de pobres recursos.

En la escuela normal de San Nicolás tenía un pretendiente alemán, un profesor que luego murió. En su entierro, con los ojos llenos de lágrimas Miss Clara le confesó a una discípula: “Con él se va mi corazón, he estado siempre tan ocupada que nunca tuve tiempo de casarme con él”.

En una crisis financiera de fines de siglo, las maestras no cobraron sus sueldos durante varios meses. Clara Armstrong viajó a Buenos Aires y se presentó en el ministerio. Después de una espera de cinco horas, empezó a golpear con su sombrilla sobre el piso de mosaico durante largos minutos. Al llegar la hora de cerrar las oficinas ella dijo que cerraran, pero que ella se quedaría sentada hasta que le pagaran los sueldos. El empleado, tras unas consultas, cedió a su pedido.

3. Mary Olive Morse y Margaret Collord, dos fuera de serie

Mary Olive Morse era descendiente del inventor del telégrafo, provenía de una familia antigua y de buena posición en Estados Unidos. En 1888, a los 24 años, se graduó como maestra en el excelente Wellesley College. Al año siguiente se embarcó rumbo a la Argentina.

Durante el trayecto en barco, de un mes y medio, Mary Morse conoció a Margaret Collord, una compatriota de 25 años que iba a Montevideo para trabajar como misionera, aunque era maestra. Cuando Margaret se despidió para bajar en Montevideo, Mary Morse le dijo: “Si alguna vez necesita un empleo, vaya a Mendoza”.

Dos años después Margaret aceptó la invitación y viajó a Mendoza para trabajar en la escuela como subdirectora. Mary Morse, que ya era directora, la esperó en la estación de tren y ya no se separaron. Su pareja duró 53 años, hasta que ambas murieron casi al mismo tiempo.

La joven Mary Morse llegó a Mendoza desde Buenos Aires para establecerse definitivamente en 1890. Durante diez años fue directora de la Escuela Normal. Foto Orlando Pelichotti/ DLA

La joven Mary Morse llegó a Mendoza desde Buenos Aires para establecerse definitivamente en 1890. Durante diez años fue directora de la Escuela Normal. Foto Orlando Pelichotti/ DLA

Mary Morse era una maestra fuera de serie. Hace un par de años se descubrió, en la caldera del sótano del colegio Godoy Cruz de Mendoza, un escrito suyo del 30 de marzo de 1894, en el que aconsejaba “tratar a las alumnas como amigas; llevar a la clase buen humor y no los disgustos de afuera; cuidar de usar voz dulce pero que denote autoridad”.

Mary Morse solía decir que tenía en la Argentina a muchas “hijas del espíritu”. Las dos iban a la escuela diariamente en carreta, que entonces se usaba para llevar la uva de los viñedos hasta la bodega, o para ir a la estación de tren cuando no se usaban los caballos.

La firma de Mary Morse. Foto Orlando Pelichotti/ DLA

La firma de Mary Morse. Foto Orlando Pelichotti/ DLA

Antes de 1898, compraron siete hectáreas de terreno en Chacras de Coria, a trece kilómetros de la capital. En ese momento las maestras tenían apenas 32 años y recién empezaban a conocer el negocio vitivinícola, pero con el tiempo llegaron a tener dos fincas, una bodega, plantaciones de olivos y dos viñedos. Ellas vivían en la casa principal, bastante grande, hecha toda de adobe, que se conserva intacta en la calle Besares.

La nieta de los caseros recordaba que las maestras tenían la vajilla en juegos de a dos, como una pareja de recién casados: dos platitos iguales, dos tacitas iguales, dos vasitos. Compartían habitación, pero no la cama. Tenían dos camitas individuales una junto a la otra. Mary Morse era alta y corpulenta, de voz alta y grave, y Margaret Collord era pequeña y delgada y de voz suave.

En 1910, cuando les llegó la jubilación, la donaron en favor de “los alumnos necesitados”. En 1927, volvieron a los Estados Unidos, pero es probable que sus familias no las hayan recibido bien, porque regresaron a Mendoza en 1930 y se instalaron allí hasta su muerte.

Margaret Louise Collord, nació en el estado de Ohio y se radicó en Mendoza en 1893.  También fue vecina de Chacras de Coria  y falleció en Buenos Aires el 21 de diciembre de 1945. Foto Orlando Pelichotti/ DLA

Margaret Louise Collord, nació en el estado de Ohio y se radicó en Mendoza en 1893. También fue vecina de Chacras de Coria y falleció en Buenos Aires el 21 de diciembre de 1945. Foto Orlando Pelichotti/ DLA

En Chacras de Coria las respetaban, eran del último grupo de maestras, “una leyenda viviente”, se decía. Pidieron ser enterradas juntas, y allí están, juntas en el cementerio británico de Mendoza. La frase de su lápida dice, en inglés y en castellano: “Y en su descanso eterno no fueron separadas”.

La llegada del sobrino de Mary Morse, después de su muerte, significó una conmoción para los vecinos de Chacras. No por la herencia que vino a cobrar sino por la hoguera de libros, cartas y objetos de la pareja, que prendió, furioso, ante los ojos pasmados de los vecinos.

El libro de actas que escribió Mary Morse y que se encontró en la escuela Godoy Cruz decía: “Hay que leer buenos libros, revistas y periódicos de manera continua”. Se salvaron del fuego dos vestidos de charleston, un parasol y dos obras de Shakespeare, porque las maestras eran muy cultas y amantes de la literatura.

Tanto Morse como Collord fueron enterradas, una al lado de la otra, en el sector británico del cementerio de la Ciudad de Mendoza. Foto Orlando Pelichotti/ DLA

Tanto Morse como Collord fueron enterradas, una al lado de la otra, en el sector británico del cementerio de la Ciudad de Mendoza. Foto Orlando Pelichotti/ DLA

Cuatro hallazgos históricos de las biografías

  1. En el diario íntimo de la prima de veintiún años de las niñas Allyn, dos maestras enviadas a Paraná procedentes de Minnesota, descubrí que en una pensión de provincia la abuela inglesa de Borges daba pensión a las maestras de Sarmiento.
  2. En el Cementerio de la Recoleta descubrí que Agnes Trégent, una maestra formidable que recitaba a los Poetas de los Lagos de memoria, había muerto de paretic neurosyphilis, o sea sífilis, la enfermedad maldita de la época. Su muerte fue caratulada como demencia paralítica. La verdadera causa de su muerte fue ocultada con prudencia, ya que podría haber acarreado un grave descrédito para el proyecto de Sarmiento.
  3. Una carta de la maestra Florence Atkinson de San Juan me reveló que una sobrina y una sobrina nieta de Sarmiento recibían cada una beca de 20 dólares del gobierno, para estudiar magisterio.
  4. La pareja de maestras de Chacras de Coria.

*Laura Ramos es escritora. Su último libro es Las señoritas, la historia de las 61 jóvenes maestras que Sarmiento «importó» de los Estados Unidos a la Argentina en el siglo XIX.

Fuente: clarín