Dos argentinos se incorporan a la prestigiosa Academia Nacional de Medicina de EE.UU.

Silvio Gutkind fue distinguido por sus contribuciones a la comprensión de las redes de señalización del cáncer y Jorge Galán por el entendimiento de los mecanismos por los cuales bacterias como la Salmonella causan enfermedad gastrointestinal. Jorge Galán y Silvio Gutkind se instalaron en Estados Unidos en los '80.

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Silvio Gutkind contribuyó al entendimiento de redes de señalización del cáncer y Jorge Galán a la comprensión de mecanismos por los cuales bacterias como la Salmonella generan enfermedad gastrointestinal. Ambos son argentinos, estudiaron en universidades públicas nacionales y desde la década del 80 se encuentran instalados en Estados Unidos, donde acaban de ser elegidos para integrar la Academia Nacional de Medicina de ese país (NAM, por sus siglas en inglés).

«La elección se considera uno de los más altos honores en los campos de la salud y la medicina y reconoce a las personas que han demostrado logros profesionales sobresalientes y compromiso con el servicio», destacaron desde la NAM en la reunión anual en la que anunciaron a sus nuevos 100 miembros, entre los que se encuentran Gutkind y Galán. Dos de los últimos tres premios Nobel de Medicina (William Kaelin y Gregg Semenza) forman parte de la institución, que es órgano consultor del gobierno de Estados Unidos.

Desde la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires saludaron en redes sociales a Gutkind por la distinción. Es que quien hoy es profesor distinguido del Departamento de Farmacología de la Facultad de Medicina de la Universidad de California San Diego (UCSD) y director asociado de ciencias básicas en el Moores Cancer Center, se recibió de farmacéutico en 1980, de bioquímico en 1983 y obtuvo el título de doctor en 1985 en la sede de la calle Junín al 900.

«Es un prestigio muy alto. Significa que tu trabajo ha tenido un impacto en la medicina. Estoy encantadísimo, todavía medio shockeado. Es muy lindo que hayan reconocido a nuestro equipo y obviamente de ser el que lo representa», comenta por teléfono a Clarín, con la huella en el acento de los 33 años que lleva en Estados Unidos, adonde llegó como becario posdoctoral del NIH (Institutos Nacionales de Salud) en forma temporaria y «se fue quedando». Sus dos hijas nacieron allá, pero «lo fascinante es que cuando hablan español tienen menos acento que yo», ríe orgulloso. Mantiene contacto frecuente con investigadores locales e integra el comité organizador de un simposio sobre transducción de señales y medicina molecular (SISTAM) que se realiza en Bariloche cada dos años.

Galán también siente que su incorporación es un premio colectivo. «Recibir esta distinción es obviamente un gran honor porque es un reconocimiento por parte de tus pares. De todos modos, aunque estas distinciones se confieren a nivel individual, en realidad es un reconocimiento a un programa de investigación que a través de los años ha involucrado a muchos estudiantes y postdoctorales que trabajaron con mucha dedicación», señala a este diario el hombre nacido en Pellegrini, provincia de Buenos Aires, que se recibió de médico veterinario con medalla de oro en la Universidad de La Plata, donde hizo su doctorado. Vive en Estados Unidos hace casi 40 años, allí obtuvo su Ph.D. en Microbiología, área de la que actualmente es profesor en la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale, además de ser presidente del departamento de patogénesis microbiana y profesor de biología celular.

Entre diversos galardones, en 2011 Galán obtuvo el prestigioso Premio Roberto Koch -el mismo que en 1980 había recibido César Milstein-por sus contribuciones fundamentales en el análisis de las moléculas del proceso infeccioso. El laboratorio que dirige descubrió que la Salmonella usa un complejo en forma de aguja de más de 30 proteínas para infectar y replicarse dentro de las células. «Nuestro trabajo ha llevado a un entendimiento detallado de los mecanismos por los cuales bacterias como la Salmonella y el Campylobacter causan enfermedad intestinal. La información facilitará el desarrollo de estrategias para la prevención«, explica. Esas bacterias son responsables de la mayor cantidad de casos de enfermedades transmitidas por alimentos en el mundo.

Gutkind fue reconocido por sus colegas por sus contribuciones a la comprensión de las redes de señalización del cáncer y por ser pionero en el estudio del circuito de señalización PIK3CA-mTOR, que es importante para regular el crecimiento de las células cancerosas, en la progresión del cáncer de cabeza y cuello, metástasis y terapia de resistencia. El cáncer bucal es el más frecuente entre los tumores de cabeza y cuello (seguidos por los que se localizan en la laringe y la faringe), en Argentina se diagnostican unos 3.000 nuevos casos al año y provoca entre 800 y 1.000 muertes en el mismo período.

«Empezamos a buscar qué era lo que estaba desregulado en ese cáncer específico. Fuimos muy sistemáticos para detectar los mecanismos aberrantes y descubrimos que un mecanismo se llama mTOR, una molécula de señalización, estaba totalmente activada en el 90% de los cánceres orales, tanto los producidos por el tabaco y el alcohol, como los producidos por VPH», precisa.

Tras trabajar con modelos celulares y animales, en el laboratorio hallaron que el bloqueo de esa molécula con drogas ya aprobadas para otros usos tenía efectos beneficiosos para impedir que las células tumorales proliferen. Desde el laboratorio que dirige acaban de concluir un ensayo clínico en el que probaron metformina (la droga que se usa en el tratamiento para la diabetes, que es muy barata y muy segura) en un grupo muy reducido de personas con lesiones orales premalignas como agente bloqueante del mTOR. «Tuvimos muy buenas respuestas. En el futuro, esperamos hacer un estudio con un grupo más grande de pacientes», adelanta. En la actualidad están tratando de combinar esa habilidad de bloquear mTOR con inmunoterapias, para lograr que más pacientes respondan a esa herramienta que está revolucionando el tratamiento del cáncer. En su laboratorio también se valen de la biología computacional para intentar identificar nuevas opciones de tratamiento para otros tipos de tumores, como el melanoma ocular, de páncreas y de colon.

Fuente: Clarín