Dos museos rinden homenaje a los otros rescatistas del 11-S

El trabajo de los perros de búsqueda, por varios días, fue inspirador para muchos. Y Nueva York no lo olvida.

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Durante más de dos semanas posteriores al derrumbe de las Torres Gemelas, cientos de perros de búsqueda y rescate rastrearon señales de vida entre las ruinas humeantes.

Ricky, un terrier ratonero de 43 cm de altura, era capaz de meterse en espacios muy reducidos. Trakr, un pastor alemán de Canadá, examinó restos durante dos días y luego se desplomó por inhalación de humo, agotamiento y quemaduras. Riley, golden retriever de 4 años, buscó en las profundidades de los campos de escombros y ayudó a localizar cuerpos de varios bomberos.

“Llegamos esperando encontrar cientos de personas atrapadas”, dice Chris Selfridge, 54 años, de Johnstown, Pensilvania, que era el cuidador de Riley. “Pero no encontramos a nadie vivo”.

Aunque no hubo muchos sobrevivientes en medio de la destrucción, la devoción de los perros a su trabajo se convirtió en una visión inspiradora para los trabajadores de emergencias médicas y otros testigos del urgente esfuerzo de rescate. Ahora, dichos trabajos se conmemoran en una exposición en el Museo del Perro del American Kennel Club, en Nueva York.

Titulada 9/11 Remembered: Search & Rescue Dogs, la exposición trasciende los parámetros del 11-S para reconocer también a canes que trabajaron en otras catástrofes. La muestra incluye además varias piezas del proyecto DOGNY, iniciativa artística que presenta esculturas de tamaño natural de pastores alemanes. Tras los atentados, en Nueva York se colocaron unas 100 esculturas.

“Espero que esto pueda ser un poco más edificante”, señala Alan Fausel, director ejecutivo del museo. “También mostramos algunos de los aspectos más brillantes y resultados positivos: Rex de White Way rescató a todo un tren de personas atascadas en Sierra Nevada en los años ’50, y hablamos de San Bernardos como Barry, muy famoso integrante de su raza en el hospicio de San Bernardo en Suiza, que rescataba víctimas de avalanchas”.

La muestra es continuación de una exposición temporaria en curso en el Memorial y Museo del 11-S del bajo Manhattan, K-9 Courage, que se inauguró en enero de 2020 pero que apenas se vio debido a la pandemia. Esta exposición, que se prolongará hasta la primavera nórdica de 2022, exhibe retratos de la fotógrafa Charlotte Dumas de 15 de los perros que colaboraron en tareas de recuperación en la zona cero, tomados con motivo del décimo aniversario en 2011 junto con fotos de ellos mismos trabajando entre los restos.

“Cuando se los mira a los ojos, ya en su vejez, con la ayuda de las fotografías documentales, se puede imaginar lo que han visto esos ojos”, comenta Alice M. Greenwald, directora ejecutiva y presidenta del Memorial y Museo. “Pero también se sabe que han llevado a cabo vidas de servicio y, sin duda, hay satisfacción en eso, tanto para los perros como para los seres humanos”.

Cuando el grupo terrorista Al Qaeda secuestró dos aviones y los estrelló contra las torres del World Trade Center, haciendo que ambas se derrumbaran en el lapso de 102 minutos, murieron no menos de 2.753 personas.

Mientras una nube de polvo acre envolvía el bajo Manhattan y una nación estaba de luto, cientos de equipos de búsqueda y rescate de todo el país descendieron a la zona cero para unirse a la búsqueda de sobrevivientes, con los primeros perros del equipo de búsqueda y rescate urbano K9 de la policía de Nueva York, que llegaron a la Torre Sur apenas 15 minutos después de su derrumbe. Los distintos equipos trabajaron 12 horas diarias por 10 días seguidos.

El Departamento de Policía de Nueva York informó que, si bien se encontraron sobrevivientes entre los escombros, ninguno de los casos fue por resultado directo del hallazgo de un perro. Sin embargo, varias personas han atribuido a Trackr, un perro policía retirado, haber desempeñado un papel relevante en uno de los rescates.

La doctora Cynthia Otto, directora del Penn Vet Working Dog Center de Filadelfia, que se ocupó de los perros en la zona cero, afirma que, en su mayor parte, las lesiones de los animales fueron muy leves. La mayor adversidad, explica, fue la frustración de buscar durante horas y no encontrar a nadie. Cuando empezaron a desanimarse y perder motivación para buscar, los adiestradores tuvieron que montar “simulacros de búsqueda” para que los perros se sintieran mejor.

Bretagne, una golden retriever que en ese entonces tenía 2 años, llegó la semana después de los atentados y estuvo 10 días buscando sobrevivientes. Dormía en una perrera del Javits Center junto a su cuidadora, Denise Corliss, ingeniera eléctrica de Texas que había viajado a la ciudad con la Fuerza de Tareas Texas 1.

Corliss, de 56 años, dijo que Bretagne, que murió en 2016, les dio consuelo a los rescatistas y a los bomberos que se acercaban a la perra y la acariciaban. Muy poco después se abrían a Denise y compartían con ella historias personales de amigos y colegas a los que seguían buscando.

“Se acercó un caballero, empezó a acariciar a Bretagne y me dijo: ‘No me gustan mucho los perros, ¿sabés?’”, contó Denise. “Resultó una declaración sorprendente teniendo en cuenta que se arrodillaba para acariciarla. Le dije: ‘¿Ah, sí?’ Y él me contesta: ‘Sí, a mi mejor amigo le encantaban los perros; tenía un golden retriever. Mi mejor amigo está en algún lugar por ahí’, y señaló el montón de escombros. Bretagne era un vínculo con su amigo desaparecido”.

Y eso, dijo el director ejecutivo Alan Fausel, es lo que el Museo del Perro espera captar en su nueva exposición. “Los perros de búsqueda y rescate no rescataron a ninguna persona del montón de escombros”, sostuvo. “Pero creo que en cierto modo rescataron a las personas que buscaban”. ■

Traducción: R. García Azcárate

Fuente: Clarín