El artista argentino que pintó hace 25 años un retrato universal de la pandemia

Las obras de arte son como los relojes parados: cada tanto dan la hora. Tanto que se ha discutido la razón de ser y la especificidad del arte, de Hegel a Arthur Danto, y aquí tenemos esta definición perfecta dicha por un artista rosarino mayormente autodidacta.

Desde su casa en Fisherton, Daniel García (1958) está hablando de una pintura suya de 1996 que la propagación del coronavirus convirtió en algo que podríamos llamar «retrato universal de la pandemia» y dice eso, que las obras de arte son como relojes rotos, a propósito de No abras tu boca al mal (acrílico sobre lienzo, 150 cm x 150 cm). Como muchas de sus obras se trata de una cabeza de perfil que, en este caso, protege su boca y nariz con lo que hoy identificaríamos con el barbijo o «tapabocas» de uso obligatorio.

Una especie de premonición visual que el clasicismo tramposo de García, esa figuración de manual de anatomía suspendida en un vacío metafísico, convierte en atemporal y hace que la pintura también parezca una imagen de nuestros días esbozada desde el futuro de la pintura. La cuarentena le trajo a García memorias de esta obra y la publicó en su muro de Facebook de donde fue tomada para ilustrar un ensayo de la edición argentina de Le Monde Diplomatique del mes pasado.

En su cuaderno de bocetos, Daniel García realizó en febrero un retrato de Li Wenliang, el oftalmólogo chino que advirtió sobre el virus

«No abras tu boca al mal» se vio por primera vez en el Museo Nacional de Bellas Artes de Jorge Glusberg cuando el carismático director lo convocó a participar de la muestra colectiva «Buenos Aires, la ciudad agredida», cuyo relato curatorial giraba en torno a visiones de la metrópoli. Por ese entonces Daniel García era un emergente de la primera camada de la beca Kuitca (1992) fichado por la galerista Ruth Benzacar, el ojo más rápido de la ciudad. Alternaba entre Rosario y Buenos Aires y pensó en trabajar sobre la contaminación ambiental.

«Vivía en un departamento en el centro y la diferencia con la calidad del aire de Rosario era notoria. Pero no quería ilustrar algo porque quiero que mis imágenes sean polisémicas y ambiguas. Entonces quedó ese retrato enigmático con un título que parece como una de esas frases de (la artista estadounidense) Jenny Holzer», cuenta el pintor. Entonces dice que el público asoció esta obra y otra en la que presentó un personaje de frente con la boca también cubierta con escenas de las cámaras de gas de la II Guerra Mundial. Cuando la posteó ahora en su muro de Facebook, en cambio, la calificaron como «premonitoria».

Una premonición: abrir la boca al mal

No solo la imagen sino también su título devinieron furiosamente actuales. No abras tu boca al mal volvió a colgarse en la última muestra que se hizo en la Fundación Banco Patricios, también en 1996, que la publicó en el catálogo. Un año después fue vendida por Benzacar a un cliente. «Ella nunca te decía a quien le había vendido las obras, así que no tengo idea dónde puede estar ahora. El destino de las obras es raro, a veces pasan de mano en mano y me las terminan mostrando por Facebook o Instagram», cuenta García.

El artista se sintió interpelado en su estética por la pandemia desde que empezaron a llegar las primeras imágenes de multitudes con barbijos en China o Corea del Sur. «El rostro oculto es algo en lo que he trabajado mucho tiempo. Hay una serie de 2007 que se llama Bandidos y si ves esas obras ahora son retratos de personas con barbijos». Más aún, en su cuaderno de bocetos realizó un retrato de Li Wenliang, el oftalmólogo chino que advirtió sobre el virus, y lo subió a su cuenta de Instagram el 7 de febrero, el mismo día que Wenliang murió infectado.

Rara avis del arte contemporáneo, Daniel García pasó en un abrir y cerrar de ojos de ser un desconocido a tener presencia en el circuito de las bienales: Venecia, La Habana, Porto Alegre y Fortaleza. Con obras en colecciones públicas como las del Castagnino + Macro (Rosario), Bellas Artes, Malba y Museo Caraffa (Córdoba), entre otras, llegó a exhibir en Shangai en 2019.

Acaso este destino debió alertar sobre lo que venía: no tanto un virus de propagación mundial sino el regreso de una de sus obras como el retrato universal de la pandemia. Como la mayoría de su catálogo de imágenes una magnífica pintura sin tiempo: un viejo reloj roto que ahora mismo está diciendo la hora que es.

Fuente: Fernando García, La Nación